Nuestra guerra, porque lo que hemos tenido durante décadas es una guerra de “baja intensidad y larga duración” -según la literatura de los conflictos y paz- llamada conflicto interno armado, no es nueva y se pueden rastrear puntos neurálgicos en la historia de Colombia en los que casi se acabó la violencia política.
En tan solo medio siglo hemos asistido a dos intentos muy importantes de solucionar el conflicto armado por medios políticos y a través de las negociaciones entre el gobierno nacional y los grupos insurgentes al margen de la ley.
El primero de ellos fue la Ley de Amnistía promulgada en 1953 por el presidente de la República de ese entonces, el General Gustavo Rojas Pinilla, hacia las Guerrillas Liberales conformadas en todo el país con principal presencia en el Tolima, Huila y los llanos orientales. José Guadalupe Salcedo, Jorge Enrique González, Humberto Paredes, Dumar Aljure, Rafael Calderón, Marco A. Torres, José Raúl Mogollón, entre otros, firmaron el documento que “deponía las armas de forma honrosa” ante el Estado colombiano. Entre las filas de estas guerrillas liberales había un hombre que aparecería en los libros del conflicto y la violencia del país, Pedro Antonio Marín Rodríguez, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo. Los acuerdos entre estas guerrillas y el Gobierno nacional se respetaron en alguna medida hasta 1957 cuando ya Rojas Pinilla no era presidente y asesinaron al comandante más notorio de este movimiento en otrora guerrillero, Guadalupe Salcedo. Así inició la espiral de asesinatos contra exguerrilleros, por parte de agentes del Estado y grupos vengativos.
Ante este panorama, varios exguerrilleros, entre ellos Tirofijo y Jacobo Arenas, se devolvieron al monte a seguir con la lucha armada, con la guerra. Y en 1964 fundaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo -FARC-EP-. Combatieron sin tregua con el Estado hasta 1982 cuando Belisario Betancur entabló negociaciones de paz con las FARC. Producto de ese proceso surgieron los Acuerdos de La Uribe que procuraban una tregua de un año con posibilidad de ser definitiva. Esos acuerdos lograron también la creación del partido político Unión Patriótica -UP-. Las FARC no se desmovilizaron como organización, pero varios de sus miembros cambiaron la lucha armada por la política.
El segundo caso, más reciente y relacionado con el anterior es el vinculado con el Movimiento 19 de Abril -M-19-. Este movimiento guerrillero surge por la exigencia de más democracia. El Frente Nacional, o sea, la oligarquía partidista, liberal y conservadora, había cooptado al Estado impidiendo que otras fuerzas políticas se concretaran. Y el hecho cumbre fue el manejo fraudulento que le dieron a las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970. El virtual ganador era Gustavo Rojas Pinilla, líder de la Alianza Nacional Popular -ANAPO- un movimiento donde convergían diferentes posturas políticas, no obstante fue declarado presidente Misael Pastrana Borrero (padre de Andrés Pastrana Arango, quien después desarrollaría una negociación fracasada con las FARC a finales de los 90). Esto motivó a que sectores de la izquierda, intelectuales, clase media se organizaran en una “democracia en armas”. El M-19 a diferencia de las FARC, era un grupo urbano y llevó a cabo acciones de mayor impacto tanto simbólicas, como el hurto de la Espada de Bolívar, como bélicas al tomarse el Palacio de Justicia en noviembre de 1985.
Por múltiples factores (narcotráfico, descrédito del Estado, violencia exacerbada, etc.), se desarrolló un proceso de paz entre el gobierno de Virgilio Barco y el M-19 cuyo epicentro fue en Santo Domingo, Cauca. Que dejaría una imagen imborrable en los colombianos, aquella que muestra al comandante máximo de esa guerrilla, Carlos Pizarro León-Gómez, envolviendo su revólver en una pequeña bandera de Colombia. Luego de ese año memorable de 1989, no solo para Colombia sino también para el mundo, la agitación política llegó a un punto álgido, se convocó entre 1990 y 1991 a una Asamblea Nacional Constituyente y a mediados de 1991 se firmó la Constitución Política de Colombia.
No obstante, en medio de estos dos acontecimientos mataron, miembros del Estado en representación del Departamento Administrativo de Seguridad -D.A.S.- en concordancia con los paramilitares, a cuatro candidatos a la presidencia: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro León-Gómez y Luis Carlos Galán. Lastimosamente estos cuatro hombres, miembros de sectores socialdemócratas, de izquierda y representantes de la Unión Patriótica (los dos primeros), del Movimiento Alianza Democrática M-19 y del Partido Liberal Colombiano, respectivamente, hicieron parte de un plan sistemático de extermino de agentes del Estado, paramilitares y sectores de la extrema derecha contra miembros de la izquierda o figuras de la socialdemocracia. Se calcula que entre 1985 y 1995 fueron asesinados entre 3.000 y 5.000 miembros de la Unión Patriótica. Se cometió un genocidio por razones políticas, hasta ahora único en el mundo. Muchos de los asesinados habían pertenecido a grupos subversivos.
No podemos permitir que la historia se repita. Ahora, más que nunca, vale la máxima “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. No se puede repetir el asesinato de hombres y mujeres que quieren dejar la guerra. En una nación con una historia tan violenta y bélica como Colombia, incitar a la resistencia civil desde la derecha puede representar otro exterminio, como el de finales de los 50 o el de los 80 y 90, de los excombatientes, de los líderes sociales, de los líderes y defensores de derechos humanos, de líderes de base… y más cuando las fuerzas armadas paramilitares siguen vigentes y todavía hay reductos en el Estado que pueden vincularse con estas fuerzas armadas para eliminar la oposición política e ideológica. No es necesario dar la orden expresa para que se cometa una barbarie, solo basta con un gesto, con una señal, con un par de palabras: “resistencia civil”, y los violentos sobreentienden que se está incitando a la eliminación física del otro.
martes, 13 de septiembre de 2016
La historia no se puede repetir
domingo, 18 de enero de 2015
Pour la liberté... je suis charlie
Integrante de la Organización de Jóvenes Liberales del Valle
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo" Voltaire
El atentado en Francia no fue solo contra la humanidad de las personas fallecidas, fue contra uno de los pilares de la democracia liberal, la libertad de expresión. Este derecho yace en la esencia misma de nuestros sistemas políticos, fue la primera herramienta usada por los revolucionarios franceses para desmontar el Estado monárquico hace mas de 200 años, un modelo arbitrario y abusivo de administrar el poder. La libertad de decir lo que pensamos hace la diferencia entre vivir un mundo de opresión, esclavitud o libertad. La larga lucha por la libertad le ha dado al mundo sus mayores logros, la abolición de la esclavitud, la igualdad ante la ley, los derechos de las mujeres, de los trabajadores, de los homosexuales de los indígenas... somos lo que somos, como sociedades, gracias a ese valor supremo.
Tal vez no sea de buen gusto para muchos que se burlen de su fe... pero también es cierto que no podemos permitir que una minoría violenta le imponga a sociedades libres sobre qué temas pueden o no pueden hablar, escribir o burlarse...en este caso, desde una posición liberal, es mejor el exceso del derecho a una limitación del mismo.
Por eso preocupa tanto lo que ha ocurrido. Hay minorías intolerantes y violentas que justificando su accionar en alguna idea religiosa, terminan por estigmatizar pueblos y sociedades completas. Tal es lo que ocurre con la comunidad musulmana en Europa. Ojala los líderes europeos sepan explicar a sus pueblos que no deben cargarse de odio contra los árabes, de lo contrario se estaría planteando una dicotomía entre un occidente civilizado y un oriente bárbaro. Esta no es una lucha entre civilizaciones, es una lucha contra fundamentalistas violentos.
Preocupa sobre manera, las implicaciones políticas que tendrá este atentado en Francia, el Frente Nacional (de extrema derecha), fuerza política en ascenso, que fue el partido francés que mas eurodiputados eligió en las pasadas elecciones y que según los últimos sondeos tendría la primera intención de voto para las elecciones presidenciales de 2017, tiene una agenda abiertamente contraria a la migración de población árabe musulmana, los acusan de pervertir la identidad de Francia, de usurpar los puestos de trabajo que le corresponderían a nacionales y de exprimir al Estado cobrando subsidios. Es muy probable que Marine Le Pen, Presidenta del Frente Nacional utilice políticamente los atentados terroristas ocurridos en París, avivando el debate contra los migrantes y estigmatizando a la población musulmana. Si la extrema derecha capitaliza la ola de indignación, estará mas cerca de llegar al palacio del elíseo y desde ahí desmontar la república de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
La sociedad francesa no debe dejarse llevar por los radicales yihadistas a los brazos del radicalismo político del Frente Nacional. Las posiciones extremas generan violencia. Por ellos es fundamental que las fuerzas políticas mas moderadas, lideradas (preocupantemente) por un debilitado Partido Socialista Francés, deben reafirmar que así como la libertad de expresión es un principio fundante de la república también lo es el ser una nación pluricultural abierta y respetuosa de la diferencia.
viernes, 31 de octubre de 2014
La opinión pública, un estruendo disfrazado de la voz de dios
La opinión pública es un concepto casi inasible para los académicos que han querido precisarlo. Elisabeth Noelle-Neumann en el capítulo cuarto ¿Qué es la opinión pública? de su libro La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social, -menciona los esfuerzos ingentes por dar con una definición satisfactoria de ésta. La autora cuenta que Harwood Childs, un profesor de Princeton, recogió cincuenta definiciones distintas en la literatura existente. Cita el caso de W. Phillips Davidson, quien en el principio de su artículo Public Opinion afirmaba:
“No hay definición generalmente aceptada de ‘opinión pública’. Sin embargo, el término se ha utilizado con frecuencia creciente […] Los esfuerzos por definir el término han llevado a expresiones de frustración tales como ‘la opinión pública no es nombre de ninguna cosa, sino una clasificación de un conjunto de cosas’” (NOELLE-NEUMANN, 1995).
Otros intelectuales, por su parte, han querido desechar el concepto, pero como lo comentaba Jürgen Habermas: “no sólo el uso coloquial […] se aferra a él, sino también los científicos y los investigadores, especialmente de derecho, política y sociología, que aparentemente no pueden reemplazar categorías tradicionales como la de ‘opinión pública’ por términos más precisos” (NOELLE-NEUMANN, 1995).
Para la autora, los esfuerzos por definir el concepto se han encausado a explorar diversas dimensiones del mismo en “estériles ejercicios académicos”. Por un lado, han investigado los contenidos de la opinión pública y los han caracterizado como temas de relevancia capital, es decir, han partido del supuesto de que son públicamente importantes. Por otro lado, han estudiado la pertenencia de la opinión pública, pensado que le es propia a los individuos “que quieren y pueden expresarse responsablemente sobre los asuntos de relevancia pública, ejerciendo así una misión crítica y control del gobierno en nombre de los gobernados” (NOELLE-NEUMANN, 1995). También han concebido la opinión pública como aquella que es accesible a todos especialmente a través de los medios de comunicación de masas. No obstante, Noelle-Neumann persiste en la búsqueda e identifica a la opinión pública con un sentido psicosociológico.
De acuerdo con la politóloga, en el hombre existe un temor al aislamiento y una inclinación a seguir -al menos públicamente- una idea u opinión que parece dominante. O dicho de otro modo: existe en él “una necesidad de consenso” (NOELLE-NEUMANN, 1995), que hace que se someta a la opinión ajena. También reconoce en él una capacidad de “percibir el crecimiento o debilitamiento de las opiniones públicas” (NOELLE-NEUMANN, 1995). Dentro de esta concepción antropológica se inscribe su versión de lo que es la opinión pública, según la cual se trata de una suerte de opinión comunitaria de lo que es correcto y bien visto en distintas esferas, por ejemplo, en la moral y en la política. Ahora bien, esta visión compromete dos espacios que la autora distingue como el interior del individuo y su exterior, donde se encuentra con la sociedad. Estos dos ámbitos no tienen el mismo valor, por así decirlo, ya que la sociedad tiene un poder de influencia mayor sobre el individuo, en tanto puede hacer que actúe conforme al ‘consenso’ por mediación del mecanismo de la opinión pública.
Noelle-Neumann cree que Michel de Montaigne fue quien acuñó por primera vez este término, en la edición de 1588 de sus ensayos, para justificar el hecho de que sus escritos estuvieran llenos de citas de otros autores: “En realidad, es la opinión pública la que me hace presentarme con todos estos adornos prestados” (NOELLE-NEUMANN, 1995). En otra ocasión, recuerda la autora, Montaigne usó el término al tratar “la cuestión de cómo podían cambiarse las costumbres y las ideas morales” (NOELLE-NEUMANN, 1995). La autora también ve en la obra del pensador francés una división ostensible entre la dimensión pública y privada de su vida: “El hombre sabio –cita la politóloga– debe retirar la mente internamente de la muchedumbre vulgar; pero, en asuntos externos, debe seguir estrictamente las modas y formas recibidas por la costumbre” (NOELLE-NEUMANN, 1995). La relación que se establece entre estas dos dimensiones, de acuerdo con Montaigne y por su puesto con Noelle-Neumann, se plantea en términos de dominación la una sobre la otra: “Ni una entre mil de nuestras acciones habituales nos concierne como individuos” (NOELLE-NEUMANN, 1995). No obstante, una interpretación más amplia de la relación entre el individuo y la sociedad podría sugerir que el sujeto es al fin de cuentas una construcción social. Esta interpretación más amplia corresponde a la del estructuralismo.
El estructuralismo, visto desde la perspectiva de Roland Barthes en El Sistema de la Moda y Otros Escritos, plantea al espacio fuera del hombre, la ‘estructura’, como un sistema exógeno con sus propias reglas que, desde su posición, condiciona los hechos humanos. La estructura es, entonces, una compleja red de relaciones autónoma y omnipresente que es más grande que la suma de sus partes, en la que los actores concretos son posteriores a las realidades estructurales. Los individuos, en consecuencia, encarnan la estructura como síntomas de la existencia de esta. El estructuralismo a ultranza niega la existencia del espacio interior e individual que señalaba Noelle-Neumann, dado que, como se indicaba anteriormente, resulta ser una construcción más de la estructura.
Vale la pena detenerse a mostrar que existe, a partir de la oposición entre la acción –o posibilidad de autonomía del individuo– y la estructura, tres vertientes de estructuralismo: el ya mencionado estructuralismo a ultranza, donde el actor social no es más que una marioneta de la estructura; aquel estructuralismo que propone que el individuo es capaz de configurar la estructura, dado que la acción social predomina sobre esta; y por último, un estructuralismo moderado, donde se reconoce la estructura, pero también la acción social.
En la visión de Noelle-Neumann, esta ‘conciencia social’, mal llamada opinión pública, actúa desde fuera del sujeto, como un “tribunal de justicia invisible” que condiciona las acciones del hombre. El estructuralismo a ultranza sostiene que la conciencia social corresponde a la conciencia misma del humano. Dicho esto, considero apropiado introducir los conceptos de Habitus y Violencia simbólica, acuñado por el pensador francés Pierre Bourdieu, dado que nos ayudará a comprender mejor la relación establecida entre sujeto y sociedad. Bourdieu –aun cuando pretende superar la dicotomía del objetivismo estructural y el subjetivismo- reconoce que las estructuras o categorías mentales (entiéndase, en este caso, ‘conciencia social’) se integran a la conciencia del sujeto. Esta integración se da en la forma de Habitus, un conjunto de huellas sociales que han sido adquiridas por el individuo como resultado de ciertos saberes y experiencias. En el libro Introducción elemental a la obra de Pierre Bourdieu de Álvaro Moreno y José Ramírez, se afirma que estas características propias del Habitus “se interiorizan e incorporan de tal manera que no son disociables del ser individual” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). Así, conforme esta teoría, “todo agente es socialmente programado para ejercer una serie de funciones o roles, dentro de un espacio social” (MORENO y RAMÍREZ, 2003).
La integración de estructuras mentales a la conciencia del individuo puede lograrse a través de lo que Bourdieu llama como violencia simbólica. Este tipo de violencia comporta la función “de hacer inteligible ciertas formas de dominación” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). Con la violencia simbólica se imponen y posteriormente se naturalizan “categorías de percepción, de apreciación y valoración” (BOURDIEU,1994). En suma, la ‘conciencia consensuada’ no es exterior al sujeto, sino que le integra y le determina. Otra conclusión derivada de estas premisas es que la acepción dada por Noelle-Neumann a la opinión pública quizá no sea la más apropiada.
Para encontrar un significado más preciso de opinión pública remitámonos al capítulo La opinión pública no existe del libro de Pierre Bourdieu Sociología y Cultura. En ese texto el autor plantea que la opinión pública no es la que se manifiesta a través de las encuestas de opinión ni las elecciones, en tanto sus dinámicas parten de tres supuestos: Primero, que “cualquier encuesta supone que todo el mundo puede tener una opinión” (BOURDIEU,1994) o dicho de otra forma, que todos tienen la capacidad de producir una opinión. Segundo, que todas las opiniones tienen el mismo valor. La suma de ellas, concluye Bourdieu, conduce a la producción de “artefactos que no tienen sentido” (BOURDIEU,1994). Tercero, que hay un consenso en las preguntas que merecen ser formuladas en un cuestionario, lo que es igual a que hay un consenso en las problemáticas que deben plantearse.
Bourdieu piensa que los ejes temáticos que se imponen, y en torno a los cuales giran los cuestionarios, “están profundamente relacionad(os) con la coyuntura y dominad(os) por determinado tipo de demanda social” (BOURDIEU,1994). Esto implica que existe una subordinación de las problemáticas de las encuestas a intereses políticos, y que “ello determina con fuerza a la vez el significado de las respuestas y el que se atribuye a la publicación de resultados” (BOURDIEU,1994). Significa entonces que, para el autor, los sondeos de opinión son mecanismos que buscan dar el efecto de consenso. Con este propósito entran en juego algunas operaciones como la de ignorar las no-respuestas. Eliminar las no-respuestas tiene una implicación importante en el momento de analizar “lo que significa la pregunta así como sobre la categoría considerada” (BOURDIEU,1994), dado que cuanto más tensiones le genere una pregunta “más frecuentes serán las no respuestas dentro de esa categoría” (BOURDIEU,1994) de encuestados.
Uno de los imperativos, opina Bourdieu, en el momento de estudiar una encuesta es “preguntarse a qué pregunta creyeron contestar las diferentes categorías de personas encuestadas” (BOURDIEU,1994), teniendo en cuenta que no hay pregunta que no sea susceptible de ser reinterpretada conforme los intereses de las personas a quienes se les hace. Para algunos, por ejemplo, un problema puede ser de índole política, mientras que para otros puede ser de tipo moral. Esta variación en la percepción de un problema depende de la competencia política, del estrato social, del grado de escolaridad, del ethos de clase… Esto desde luego genera respuestas de género distinto, por lo cual la suma arbitraria de estas dentro de un artefacto como la encuesta constituye un absurdo. El autor identifica, de acuerdo con lo anterior, como defectos de las encuestas el hecho de que las preguntas que se formulan no son las que se hacen las personas de manera natural, asimismo, no se interpretan las repuestas “en función de la problemática en relación con la cual han respondido las diferentes categorías de encuestados” (BOURDIEU,1994).
Bourdieu cree que las encuestas de opinión son incapaces de captar “los movimientos de la opinión” (BOURDIEU,1994), debido a que los aprehenden en situaciones artificiales. El sondeo insta a que el sujeto exprese de manera aislada su opinión. Por el contrario, Bourdieu arguye que los individuos se encuentran ante opiniones que ya han sido formuladas por ciertos grupos, de modo que tomar una opción equivale a elegir a uno de ellos. En resumidas cuentas, para el autor “las opiniones son fuerzas y las relaciones de opiniones son conflictos de fuerza entre grupos” (BOURDIEU,1994).
Si la opinión pública no es el producto de una encuesta, ni mucho menos un tribunal de justicia como lo define sin fortuna Noelle-Neumann, ¿entonces qué es? La opinión pública es, a mi juicio, un discurso de legitimación de un orden social y de unas relaciones de dominación. La teoría de Bourdieu acerca de la legitimación respalda esta premisa. El sociólogo aduce que “cualquier ejercicio de fuerza viene acompañado por un discurso que está dirigido a legitimar la fuerza de aquel que la ejerce” (BOURDIEU,1994). En otras palabras, la opinión pública es el recurso mediante el cual se da la idea de que existe un consenso. Por medio de él se puede “legitimar una política y reforzar las relaciones de fuerza que la fundan o la hacen posible” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). En Introducción elemental a la obra de Pierre Bourdieu la legitimidad es “el proceso por el cual un dominante –que a su vez hace el objeto– comunica –de la parte de los dominados– un reconocimiento en el doble sentido del término: de una parte, su poder es reconocido, es decir, admitido, aceptado y justificado. De otra parte, los dominados también son reconocidos por la dominación misma en cuanto a sus contribuciones en la relación” (MORENO y RAMÍREZ, 2003).
Adicionalmente, en la relación de dominación es necesario que cada quien crea que ocupa el lugar que le corresponde, y que “los ocupantes de las posiciones dominantes (sean) considerados como servidores de intereses generales” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). Aquí es donde la opinión pública se desempeña como un discurso de legitimación del orden social y de las relaciones de dominación, al dar la ilusión de que un sujeto o una política cuenta con el respaldo de las mayorías. Esta dominación se manifiesta en el plano simbólico y no es necesariamente explícita, en tanto puede disimularse hasta hacerse imperceptible o hasta volverse aceptable y deseable.
Por un discurso de legitimación efectivo debe circular “un conjunto de representaciones, religiosas, míticas, políticas y demás, relativas a la realidad –sociedad, naturaleza, universo, etc.– que comparten tanto dominantes como dominados” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). Paradójicamente el texto de Noelle-Neumann da un ejemplo que puede ilustrar cómo esa constelación de representaciones comunes es el principal mecanismo para la legitimación del poder. La autora hace mención de El Príncipe (1514), donde Maquiavelo plantea que son pocos los que se ven directamente afectados por un gobierno. Sin embargo,
“todos lo ven, y todo depende de que parezca, a ojos de quien lo ve, poderoso y virtuoso. ‘Al vulgo le guían las apariencias’. ‘No es, pues, necesario que el príncipe tenga todas cualidades deseables [misericordia, fidelidad, humanidad, sinceridad, religiosidad, etc.], pero sí mucho que pareciera tenerlas’” (NOELLE-NEUMANN, 1995).
Son esas ‘cualidades deseables’, que son comunes en el ideario de la relación de dominación, las que terminan integrándose al discurso de legitimación. Por tanto, en una sociedad como en la que vivía Maquiavelo, un gobierno debía justificar sus acciones políticas a través de discurso de moralidad y religiosidad. Paralelamente, en una sociedad occidental como la nuestra, dichas acciones deben estar enmarcadas y legitimadas por un discurso democrático e institucional, el cual puede ser artificialmente forjado por medio de encuestas, además de otras fuentes posibles de aquello llamado opinión pública (la academia, los medios de comunicación, las movilizaciones sociales, etc.). Esto nos lleva a pensar que la diferencia entre la opinión pública y esas ‘cualidades deseables’ de las que hablaba Maquiavelo es que la primera corresponde a un valor democrático contemporáneo, mientras que las segundas se tratan de valores morales del medioevo. Lo anterior parece señalar que la opinión pública es un discurso de legitimación, un eco distorsionado que los dominantes en las relaciones de poder disfrazan como la voz del pueblo, como la voz de dios.
Referencia Bibliográfica
BOURDIEU, Pierre (1994). La opinión pública no existe. En: Sociología y Cultura. México: Grijalbo.
MORENO, Álvaro y RAMÍREZ, José. (2003). Habitus. En: Introducción elemental a la obra de Pierre Bourdieu. Bogotá, Colombia: ILAE
NOELLE-NEUMANN, Elisabeth (1995). ¿Qué es la opinión pública? En: La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social. Barcelona, España: Edición Paidós
miércoles, 20 de noviembre de 2013
La Enfermedad más Terrible de los Colombianos
“En Colombia, la gente se muere más de envidia que de cáncer.”
Cochise Rodriguez. Primer Latinoamericano que obtuvo el Campeonato Mundial de Ciclismo.
Mientras Pedro decía: “hombre viejo Juan, en cambio a mí me ha ido muy bien gracias a Dios; el negocio de importaciones de productos colombianos que monté, ha caído muy bien entre estos extranjeros. Cada vez, mi microempresa crece más y más. Incluso al punto de que hace 3 meses pude comprarme un Ferrari!“. Su amigo mientras tanto pensaba: “Mínimo es un carro Chimbo o Robado!“…
Esta historia jocosa y ficticia en su momento me hizo recordar, en medio de carcajadas, un mal que aqueja a gran parte de los colombianos en la vida real y cotidiana; pero lo que definitivamente no puede ser coincidencia, es que haya recordado nuevamente dicha historia en las últimas semanas. El mal, ese que dice que “En Colombia la gente se muere más de envidia que de cáncer” para nada es una novedad. Pero lo que sí es una novedad, o al menos un motivo gigantesco de indignación o incluso vergüenza para mí, siendo parte de esta grandiosa y a veces increíble patria, han sido ciertas noticias recientes que han tenido un alto cubrimiento de los medios de comunicación: Amplios debates o discusiones en los cuales se ha puesto en tela de juicio los méritos de algunas personas que han triunfado y/o son reconocidos ampliamente por fuera de nuestro país. Esto puede parecer trivial o incluso ridículo, pero créanme, no lo es.
Y digo que no es trivial porque he visto la forma en la que el trabajo de tres colombianos ha sido, sino menospreciado, definitivamente se ha intentado minar el mérito que representan. Pero esto no sigue siendo lo grave, ni lo que me indigna. Lo que a mi manera de ver es terrible, es que los ataques más fuertes, las críticas mas subjetivas y los comentarios más incisivamente destructivos hacia el mérito de los trabajos de estos colombianos provienen de: Sí señores, Bocas Colombianas.
En primer lugar, es necesario recordar lo que le sucedió a un, hasta hace unos meses poco conocido científico colombiano: el Dr. Raúl Cuero. La historia del Dr. Cuero es bastante ejemplar: nació en una pobreza profunda, en Buenaventura; creció jugando con plantas y pequeños animales, aspecto que despertó desde temprano su interés por la biología. Hijo de padres trabajadores, pero a los ojos de la academia, ignorantes. Siempre veía cómo su padre en casa leía todos los días. Cuando finalmente el Dr. Cuero aprendió a leer (en un prostíbulo, que era el único sitio con luz eléctrica en su barrio) se dio cuenta de que su padre, todos esos años había cogido el libro que leía, al revés.
Jugando basquetbol (llegó a ser el mejor jugador universitario del país), el Dr. Cuero pudo acceder a la Universidad del Valle, donde empezó a desarrollar sus estudios en biología, específicamente en botánica. Finalmente, la fundación Rockefeller se interesó en una de sus investigaciones y le ofreció una beca para seguir estudiando en los Estados Unidos. Su trabajo de investigación se ha desarrollado en el ámbito de la microbiología sintética, y se le adjudican importantes descubrimientos y desarrollos. Ha desarrollado investigaciones financiadas por la NASA y ha recibido premios de tecnología de la misma entidad. El Doctor Cuero siempre fue poco conocido por sus compatriotas, y apenas hasta hace poco, empezó a aparecer en medios de comunicación, entrevistas y foros organizados en nuestro País. Muchos de los medios que trataron de reivindicar lo poco que se conocía a este personaje en los círculos de la sociedad colombiana, empezaron a decir cosas como “el Bonaerense que trabaja en la NASA”, o empezaron a difundir información de este personaje, que al parecer, empezó a despertar envidias y recelos.
Éste, de los tres casos que este escrito trata, es quizá el que más me indigna. Yo he estado presente en al menos 6 conferencias, foros o charlas del Dr. Cuero. Yo vengo escuchando de él desde el año 2007, en una conferencia de la Fundación Yo Creo en Colombia diseñada por su presidente Pedro Medina y posteriormente como multiplicador de esa misma conferencia. He conocido personalmente al Dr. Cuero, y en todas y cada una de sus presentaciones, nunca he escuchado las “mentiras” que el profesor Bernal le achacaba. De hecho, escuchando una de esas deliciosas discusiones telefónicas que saben hacer en la W en las mañanas, escuchaba cómo ese señor Bernal menospreciaba los premios que el Dr. Cuero había recibido de la NASA, alegando que eran premios rutinarios y que sólo venían con bonificaciones monetarias de 300 ó 500 dólares, recuerdo haberme hecho la siguiente pregunta: “¿Y es que cuanto dinero de la NASA ha recibido ese profesor Bernal como premio pues? o incluso, ¿Será que el profesor Bernal alguna vez ha recibido alguna financiación de la NASA para cualquier investigación de tipo científico?” Claramente la respuesta favorecía mi indignación. El profesor Bernal, no era nadie, o al menos en el campo que se desarrolla el Dr. Cuero, no era nadie. Pero el daño que estaba causando era mucho, y al parecer sigue siéndolo.
Es allí donde se le abren las puertas del mundo del arte en una de las ciudades más especializadas en el tema a este colombiano. Se dedicó a seguir trabajando en oficinas, estudios de yoga, etc., siempre dedicando parte de su día al trabajo artístico en el taller. Murillo empezó a ser invitado a diferentes exposiciones en Los Ángeles y en su país de residencia; a lo que empezaron las sorpresas: Las obras de este artista empezaron a ser cotizadas a muy altos precios, al punto de que sus obras, monetariamente hablando, en cuanto artistas colombianos, sólo son superadas por las del Maestro Fernando Botero. Este aspecto es el que se termina convirtiendo en motivo de críticas y comentarios por parte de algunas personas que no son capaces de aceptar la existencia de un colombiano que casualmente es un artista talentoso y joven. Curiosamente en Colombia, se encuentran los primeros críticos de este desconocido artista: “¿cómo alguien tan joven puede vender obras que cuestan 400 mil dólares?”, “es alguien sin experiencia”; misteriosamente muchos conversadores colombianos terminaron conociendo más de arte que miembros de la galería Carlos/Ishikawa en Londres. De nuestra tierra empezaron a surgir aquellas palabras que sólo están compuestas por falso realismo, y una envidia que parece de ficción.
El último caso al que quisiera referirme, es el de Luis Abel Delgado. Este Costurero nariñense ya era conocido en el ámbito nacional por ser quien teje la banda presidencial que se le impone en la ceremonia de posesión a cada nuevo jefe de gobierno en Colombia.
En menos de tres días, ya habían colombianos saliendo a los medios a denunciar que el señor Delgado no era ningún sastre papal, habían medios que se habían tomado el trabajo de haber llamado al Vaticano a preguntar si efectivamente conocían a esta persona; salieron a decir que era un mentiroso o una farsa, que este colombiano no era conocido en los círculos relacionados con la indumentaria papal. Simplemente Indignante.
Y cuando a este señor se le preguntó de su relación con los Papas (Dado el revuelo de las noticias que lo acusaban de ser un farsante), fue sincero, y dijo que efectivamente había bordado algunos ornamentos para sus vestidos. También dijo que los conocía personalmente y que en varias ocasiones había conversado con ellos en privado. Pero dijo que él nunca había asegurado ser el sastre oficial del Papa; de hecho aclaró la diferencia entre un sastre oficial y ser quien bordara simplemente ornamentos para su vestido o su corona.
Estas tres historias se convierten en un argumento muy fuerte a la hora de criticarnos a nosotros mismos como colombianos. Han sido décadas, en las cuales nuestra imagen como nación ante el mundo siempre estuvo marcada por las toneladas de cocaína colombiana en el mundo, por la cantidad de atentados terroristas, por el número de niños asesinados por Luis Alfredo Garavito, por los interminables gobiernos influenciados por el narcotráfico, por la falta de esperanza; para que ahora, cuando la realidad colombiana definitivamente nos muestra un futuro mejor, cuando nuestro país es considerado una de las próximas economías emergentes más importantes del mundo, justo ahora, cuando cada vez son más los compatriotas que se dedican a hacer que nuestro nombre como nación esté en lo más alto y el mundo nos agache la cabeza en reconociminento de muchos de nuestros logros, somos nosotros mismos quienes nos empezamos a convertir en los principales obstáculos para los logros de muchos de nuestros compatriotas. De nuestras entrañas nacionales salen las críticas, las palabras destructivas, las envidias que opacan las cosas espectaculares que somos capaces de hacer.
En Colombia, parece que casi 50 años de guerra en este conflicto armado no nos hubieran enseñado la importancia de unirnos como sociedad y resaltar las cosas buenas que podamos tener. Parece que personas como el Profesor Bernal, o los críticos del Maestro Murillo o el señor Delgado, desconocieran la importancia que representa para nuestro país el esfuerzo y el trabajo que estas personas realizan día a día, muchas veces sin recibir ningún reconocimiento en la tierra que los vio nacer. Probablemente una nación en la cual el éxito de algunos es motivo suficiente para entrar a desprestigiarlos, encuentre en la forma de actuar de sus ciudadanos, las razones por las cuales los extremismos políticos y la falta de solidaridad son grandes factores para la existencia de un interminable conflicto armado interno.
@Juanfechava
lunes, 13 de febrero de 2012
La corrupción política y administrativa una consecuencia más del sistema neo-capitalista vigente
La corrupción política y administrativa, no es como suele creerse, una manifestación de algunas personas o grupos de desaprensivos sino el reflejo del orden capitalista actual representada en los sectores económicos y financieros, que hacen su agosto en las actividades financieras paralelas, es decir, la economía ilícita y la economía delictiva, practicadas, sin reservas, por los grupos de poder sean estos criminales o, en su defecto, de cuello blanco. Donde con más fuerza ha demostrado su influencia la primera, es en el fraude y la evasión fiscal, últimamente puestos a descubierto, con la colaboración, a regaña dientes, de los paraísos fiscales; La segunda, la criminal, abarca un amplio espectro, que va desde los más bajos fondos del crimen hasta las más elevadas esferas de guante blanco.
La compleja ingeniería financiera y contable, la libertad total de las empresas multinacionales y capitales financieros para el intercambio de bienes, servicios y movilización de capitales; el control, cada vez más acusado, del gasto público; la desreglamentación de la vida económica y privatización generalizada de las empresas públicas han generado toda clase de irregularidades ilícitas, públicas y privadas, con que nos encontramos los ciudadanos diariamente en los medios de comunicación. Escándalos que sonrojan a propios y extraños menos a sus autores que se sienten arropados por el Estado que tiene la capacidad de enunciar la norma, pero también de transgredirla. Las denuncias impuestas al respecto por los organismos internacionales: el Banco Mundial, el FMI, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, la ONU no han tenido la repercusión esperada en los medios de comunicación, ni la intervención judicial respectiva, ni las medidas administrativas y gubernamentales que impidan los desmanes. No quiere ello decir que no se hayan sancionado algunos de estos delitos y que sus responsables no estén en la cárcel, lo que quiero afirmar es que se siguen cometiendo sin que se tomen las medidas conducentes para impedirlo.
No es extraño, por ello, encontrarnos, en nuestro propio terruño, con la corrupción en el manejo de las arcas públicas. Los escándalos se multiplican y la actitud de los responsables políticos de los partidos son un claro ejemplo de lo que se expone en esta nota.
Los dirigentes, de algunas empresas saquearon las arcas públicas y ahora ninguno de sus superiores jerárquicos los conoce ni se hacen responsables de lo que ha ocurrido. Otros se dedicaron a la violación de los derechos humanos. El mejor ejemplo de estas atrocidades lo tenemos en el gobierno anterior. EL SEÑOR URIBE, entonces Presidente del Gobierno, AUN NO SE DA POR ENTERADO y no le ofrece a la ciudadanía una explicación satisfactoria de sus actos ni la de sus funcionarios inmediatos. Todos deben responder políticamente por sus acciones y no afirmar de forma irresponsable “que no han hecho nada”, ofendiendo con su actitud a todos los colombianos que creyeron en ellos de buena fe.
Quiero creer que la deshonestidad de algunos no puede ensuciar a la mayoría de los miembros de un Partido político. Pero también debe quedar claro que el silencio de los responsables políticos los convierte en cómplices por acción o por omisión. ¡La impunidad es hija del olvido!... Y no estamos dispuestos a olvidar. Todos los seres humanos tenemos una debilidad que nos hace vulnerables, un punto débil. Esa debilidad suele ser una necesidad incontrolable, o un placer secreto, o una emoción que nos supera. Sea como fuere, una vez que ha sido encontrada, quien lo hace, la explota sin medida en su propio beneficio, llevando a quien la padece a los más oscuros extremos de la criminalidad y la demencia...
jueves, 19 de enero de 2012
Sobre el discurso de Obama, el premio nobel de la paz y de la guerra
Como quiera que en el artículo anterior hiciera una mención sobre el discurso del señor Obama, quiero hoy, para que no se crea que yo haya sacado la frase de contexto, hacer una fría disección del mismo y dejarla como motivo de reflexión de mis amables lectores.
He leído con cuidado, detenimiento y fría reflexión el discurso pronunciado por el señor Obama, con motivo de la recepción del Premio Nobel de la Paz que le fuera otorgado por los miembros del Comité Nobel de Noruega. Lo primero que sorprende de la disertación no es su cinismo, que también, sino la alejada postura en relación con los principios y valores sobre los que se sustenta este galardón. Las palabras de Obama así lo confirman: “La guerra es una expresión de los sentimientos humanos”. ¡Sin complejos! Con esta frase, Obama, pretende darle un contenido moral y ético a la guerra. Desde la Antigüedad hasta nuestros días, ningún conquistador, invasor o tirano (Atila, Alejandro, Cesar, Napoleón, Hitler o Mussolini) pretendió justificar moralmente sus ambiciones de dominio, su codicia. La avaricia jamás tuvo una justificación moral fuera de aquella de satisfacer sus ansias de dominio. Obama se nos presenta como el salvador, pero también como el jefe del imperio y precursor de una nueva ideología sobre la guerra basada en que “el mal existe y hay que extirparlo” lo que no se nos dice, o se nos oculta, es quien va a calificar que es el mal ni quien lo está cometiendo.
Ahora bien, ¿qué buena intención puede tener un hombre que, sin pensarlo mucho, cita en la misma frase a Martin Luther King, Albert Schwaizer, Nelson Mandela y George Marshall? No se entiende como se puede mezclar el pensamiento de esos luchadores por la paz con el de un guerrero como fue Marshall, a quien es verdad le otorgaron el nobel de la paz por su plan Marshall para la recuperación de la Europa, destruida por la Guerra, y sin tener muy en cuenta su pasado, especialmente en la posesión y dominio de Filipinas entre 1899 y 1907 en la que participo y donde la población civil fue sujeta de todo tipo de atropellos, masacres y torturas, y luego, su participación en la guerra de Corea donde se dio más de lo mismo y Marshall era general de cinco estrellas y jefe del Pentágono.
Obama pretende justificar la guerra envolviendo en el conflicto a la sociedad de naciones, perdón, a sus amigos y marionetas dentro de la sociedad de naciones, a aquellos que comparten con el imperio la posesión, así sea a sangre y fuego, de los lugares geo estratégicos del planeta o de aquellos otros donde existan materias primas necesarias para el desarrollo industrial de los países del primer mundo, por ello afirma que: “Habrá ocasiones en que las naciones actuando -¡Cuales?- individual o conjuntamente concluirán que el uso de la fuerza no solo es necesario sino también justificado moralmente”, para afirmar a renglón seguido que, como dijo Martin Luther King, en esta misma ceremonia hace años: “La violencia nunca produce paz permanente. No resuelve los problemas sociales: Simplemente crea problemas nuevos y más complicados”. ¿Quién lo entiende?
Se ha convertido el señor Obama en un buen Sofista buscando la contradicción en el argumento del contrario y no en la esencia de las cosas, Veámoslo: “Que no quede la menor duda: la maldad existe en el mundo. Un movimiento no violento no podría haber detenido los ejércitos de Hitler, La negociación ¿…? No puede convencer a los líderes de Al Qaeda a deponer las armas. Decir que la fuerza es a veces necesaria no es un llamado al cinismo ¿…?; es reconocer la historia, las imperfecciones de los hombres y los límites de la razón” Con esta declaración esta todo justificado, incluso los genocidios, incluidos Hiroshima y Nagasaki, contra la población civil, Y termina confirmando su voluntad: “Hemos sobre llevado esta carga no porque queremos imponer nuestra voluntad ¿…?. Lo hemos hecho por un interés propio – al fin lo acepta- y bien informado (posiciones geo-estratégicas- recursos naturales): Porque queremos un futuro mejor para nuestros hijos y nietos, y creemos que su vida será mejor si los hijos y nietos de otras personas pueden vivir en prosperidad y libertad.” Las de sus Aliados y Amigos, ¡claro esta!
La disertación continúa citando lugares comunes, proponiendo paraísos y nirvanas, y olvidando, a propósito o por desconocimiento, que las guerras del Congo, el genocidio entre Hutus y Tutsis, el genocidio en Darfur, el conflicto Judeo-Palestino, la guerra de Irak, el conflicto en Colombia, Somalia y en muchos otros puntos del planeta está siendo avivado y sostenido por las compañías multinacionales que tienen asiento en Estados Unidos, Europa y Asia con la connivencia de sus respectivos gobiernos, cuando no, con el apoyo directo aduciendo que sus nacionales y sus intereses están en grave peligro…
Nelson Mandela, Martin Luther King, Mahatma Gandhi y Albert Shweitzer no permitirían que se usara su nombre alegremente para defender la guerra por muy “justa” que ella parezca. Dice Eduardo Galeano que, “La guerra de Irak nació de la necesidad de corregir el error que la geografía cometió cuando puso el petróleo de Occidente bajo las arenas de Oriente, pero ninguna guerra tiene la honestidad de confesar:- YO MATO PARA ROBAR-.Numerosas hazañas bélicas siguen cumpliendo la Mierda del Diablo, como las malas lenguas llaman al oro negro”.
“Una multitud perdió la vida en Sudan, entre finales del siglo XX y comienzos del XXI, en una larga guerra petrolera, que esboza Obama y que no termina de glosar, que se disfrazo de conflicto étnico y religioso. Torres y taladros, tuberías y oleoductos brotaban, por arte de magia, sobre las aldeas incendiadas y los cultivos aniquilados, el mal los poseía. Y en la región de Darfur, donde continuo la carnicería, los nativos, todos musulmanes, empezaron a “odiarse y a matarse” cuando se supo que había petróleo bajo sus pies.”
“También dijo ser guerra étnica y religiosa la matanza de las colinas de Ruanda, aunque matadores y matados eran todos católicos. El odio, herencia colonial, venia de los tiempos en que Bélgica había decidido que eran los Tutsis los que tenían vacas y los Hutus los que trabajaban la tierra y que la minoría Tutsi debía dominar a la mayoría Hutu.”
“En estos años, otra multitud perdió la vida en la Republica Democrática del Congo, al servicio de las empresas extranjeras que se disputaban el COLTAN. Este mineral raro es imprescindible para la fabricación de teléfonos celulares, computadoras, micro chips y baterías que usan los medios de comunicación, que sin embargo se olvidaron de mencionarlo.”
Por hoy, es suficiente, ahí les dejo algunos motivos de reflexión sobre el discurso del señor Barak Obama. Por mi parte me voy a descansar y nada mejor para hacerlo y olvidar, por un rato, tanta tragedia, que releer el Asno de Oro de Lucio Apuleyo.
El asno de oro (libro también conocido como La metamorfosis) es una feliz mezcla de relatos eróticos, historias fantásticas, secuencias de acción y reflexiones religiosas, en este sentido comparte varios aspectos con Las Mil y una noches. Franz Wiland llama a la estructura de este tipo de relatos La caja China: una silva de varia invención reunida bajo el marco de una historia principal que pocas veces se decide a tomar su papel rector. Como casi todos los libros estilo Caja-China, el ritmo del asno de oro es irregular, algunas historias son relatadas al detalle y con parsimonia mientras otras presentan la situación, el clímax y la resolución en un mismo párrafo. Lo mismo pasa con el ibérico Libro de buen amor, o el más célebre Viaje a varias naciones lejanas del mundo del capitán inglés Lemuel Gulliver de Swift.
El Asno de oro es un viaje por las capas bajas de la sociedad mediterránea del siglo II, aquí no hay reyes ni nobles, pero si peluqueros, cocineros, ladrones de poca monta, viejas alcahuetas, pastores y campesinos. Todos tratando de ir llevando la vida a fuerza de engaños e ingenio, todos aportando frases de sabiduría popular que no por cínicas e ingeniosas son menos ciertas. No en balde Shakespeare y Cervantes fueron agradecidos lectores de Apuleyo.
domingo, 4 de diciembre de 2011
¿Para qué sirve la política?
A fuerza de oír a muchas personas de diversas edades, jóvenes y viejos, hombres y mujeres que la política no sirve para nada, que no les interesa, que es un rollo, que solo sirve para que algunos desaprensivos se aprovechen de los bienes públicos, tengo la sensación de que algo está fallando en el concierto ideológico y practico de los partidos políticos, en la educación política de las nuevas generaciones de ciudadanos y en la estrategia general del Estado para acercar al ciudadano a las responsabilidades que le exige la sociedad como miembro de la colectividad en que vive.
Desde luego que si la concepción de la política fuera para los partidos y sus militantes la de su simple aspecto inmediato, transeúnte y mecánico; si la concepción de la política se encerrara en el ominoso cerco de las habilidades tendenciosas, malabaristas y espurias que suele ser a veces el contenido de propósitos de dirigentes a los que les falta esa pulsión dinámica y palpitante de saberse parte integral del conglomerado social al que representa; si la política fuera para quienes la ejercen tan solo la manera de concitar fuerzas y voluntades con la perspectiva de logros inmediatos, para encausar intereses económicos, para favorecer apetencias personales o simplemente electoralistas de pequeñas camarillas, podría haber razón para el desconcierto y el desanimo general de los ciudadanos. Pero, creo en mi fuero interno que, nada más alejado del propósito común de la política, no es ni puede ser la descrita sino aquella que busca el bien común y lo aplica equitativamente entre los ciudadanos. Por ello no cabe el quebrantamiento de la voluntad, ni la suplantación de los ideales y sus predicados, ni el desfallecimiento en la batalla en la consecución de resultados óptimos, frente al legitimo contradictor, que nos permitan acceder al poder.
Tenemos la obligación de insistir machaconamente que la más noble de las expresiones de los hombres que viven en sociedad es la política y acotar, a renglón seguido, que estamos en las antípodas de quienes creen ingenuamente que elevando plegarias -desde la más rancia antigüedad, para que cesen entre los hombres odios y rencores, el contraste de las pasiones, de las ideas diversas y de la formas como enfrentamos- concebimos y proyectamos la vida en sociedad.
Es verdad que hay espíritus generosos que quisieran que se evitará el enfrentamiento ideológico entre los partidos. Que fuera posible lo que algunas personas, seguramente con buena fe y poco análisis, han dado en llamar: “gobierno de unidad nacional”, “pacto de gobernabilidad”, etc., etc. sin comprender que estos buenos propósitos solo conducen, por falta de partidos de oposición bien organizados, al silencio de las conciencias olvidadas y angustiadas para repartirse, sin ningún control, la cosa pública en provecho de turbias ambiciones económicas y sociales. De ahí la importancia de acceder al poder con el respaldo de las mayorías.
La existencia de los partidos políticos, de sus fuerzas contrapuestas, de sus diversas ideologías, de su concepción diversa del mundo y de la vida obedece a un proceso de razón de lógica social profundo sin el cual el devenir histórico de las naciones se vería truncado o permanentemente paralizado a falta del impulso vital de las ideologías.
La pervivencia de los contrastes ideológicos de los partidos se arraiga profundamente en los albores de la civilización occidental y explica, por ello, la existencia equilibrada de los pueblos sujetos a este proceso. La razón de los partidos y de las ideas encontradas cuando ya se mueven por verdaderas causas y conductos ideológicos, tienen tanta razón de ser en el proceso de la integración social como las fuerzas del amor y el odio en las relaciones interpersonales, porque solo la razón del encuentro de fuerzas contrapuestas logran la unidad y el equilibrio que los conglomerados sociales necesitan para su subsistencia y sin las cuales sería inevitable la carnicería permanente.
La política, los partidos no son invenciones momentáneas. El contraste de las ideas, la lucha dialéctica, no son valores de paso que puedan ponerse al margen, ni es posible, cuando los partidos, o uno de los bandos en conflicto tienen un impedimento en el plano de las ideas, caso en el cual una de las fuerzas en liza le arrebate el liderazgo, las banderas al otro, indicando sin lugar a dudas que el otro bando claudico o abandono sus lineamientos ideológicos, por lo que su persistencia dentro del conglomerado político y socialmente civilizado deja de tener vigencia. Es entonces cuando el contraste ideológico tiene mayor razón expresando, sin lugar a otras interpretaciones, la validez del presupuesto democrático. Ni los Estados totalitarios, ni las fuerzas opresoras que siempre han existido a través de la historia, han podido anular el contraste beligerante de la ideología entre los partidos, por ser ellos los intérpretes de las diversas concepciones de la vida social a lo largo de la historia y en todos los lugares del mundo.
La democracia reside perentoriamente en la existencia de unos partidos políticos poseedores de una ideología con la cual gobiernan, y otros partidos, con unas ideas con las que se sitúan en la oposición, de ahí el valor de su pujanza y permanencia malogrando las transitorias debilidades de dirigentes estrechos de mentalidad y con desmedidas ambiciones. El partido opositor vive y debe vivir para la oposición, con el idealismo de sus mejores convicciones poniendo un freno y un dique natural a las ambiciones desmedidas y a la abulia que se apodera siempre de los hombres que gobiernan. Y entre el equilibrio ponderado del gobierno y sus razones de mando y la controversia que brota de la oposición que censura, critica, lucha y hace de fiscal de la sociedad en los cuerpos colegiados se forma, como en una labor de ganchillo, el progreso social de la nación, siempre y cuando los partidos no se presten a los juegos marrulleros de los grupos de presión que siempre están ahí, queriendo meter basa buscando canonjías bajo las sombras del poder.
Tan esencial y necesaria es en la vida de los pueblos la actividad política, la lucha ideológica como la pugna por el poder. El progreso de los pueblos se mide por la valía de sus dirigentes, por la mesurada concepción de sus estadistas, por el impulso y la vitalidad vehemente de los partidos que gobiernan y por la racional oposición de quienes se oponen para impedir la degradación o la pereza de quienes gobiernan. Por todo ello es incomprensible, no se entiende o no tiene razón de ser, la pulsión reiterativa de un alto porcentaje de la sociedad en el sentido de que LA POLITICA NO ME IMPORTA. No es agradable escucharlo porque nos llevamos el amargo presentimiento de que las nuevas generaciones de ciudadanos están nutridas en la inanición pasional de las ideologías políticas. Para ellos la política no existe. Para ellos la política es la expresión de la corrupción. Para ellos la política esta ejercida por demagogos y ladrones. Para ellos la política es la satisfacción de desmedidas ambiciones. Para ellos los políticos deben ser puestos al margen de la vida pública y social. A todos ellos, a los que tienen la concepción de que la política no sirve para nada los invito a que en lugar de silenciar sus gargantas nos acompañen, con su concurso, a cambiar lo que no nos gusta y a mantener vigentes todas aquellas conquistas conseguidas en duras luchas sociales: Seguridad social, educación, salud, pensiones, igualdad de derechos etc., etc... Nunca se debe olvidar que el pueblo, los ciudadanos, son superiores a sus dirigentes como tantas veces defendió Jorge Eliecer Gaitán. Que podemos cambiar las cosas pero que estos procesos no se dan por generación espontanea sino mediante la lucha activa y coordinada del organismo social, que es un proceso histórico que no está en las manos individuales transformar o modificar, por ello es importante tu presencia permanente en las actividades sociales orientadas a mejorar las colectividades en las que nos ha tocado vivir... Y por fin, después de un trabajo honesto, concienciado y meditado, con nuestra presencia en las urnas por ser el único lugar donde podremos transformar y mejorar, para nosotros y para las nuevas generaciones, nuestro medio de vida.
El mercado laboral y la vulnerabilidad de los jóvenes caleños
Más de la mitad de homicidios cometidos en Santiago de Cali tienen como víctimas a personas jóvenes en situación de riesgo que habitan las zonas más marginales de la ciudad. La ausencia de oportunidades reales en el mercado laboral para una gran cantidad de jóvenes es la causa de que la asociación con pandillas sea una alternativa económica o de vida, sobre alguna carrera técnica, tecnológica o profesional o cualquier tipo de actividad política, al igual que sobre la vinculación a organizaciones civiles de juventud. Estos factores, sumados a una profunda tradición delincuencial, hacen que la juventud caleña sea presa fácil para incurrir en la violencia.
Cuando hablamos de juventud no nos referimos únicamente a una condición física o biológica, sino como un proceso de construcción social e imaginarios colectivos que nacen del entramado social y cultural en el que se encuentra inmersa la persona. Tales construcciones se hacen más complejas y particulares en dicha etapa, pues es cuando el sujeto se junta con sus pares construyendo nuevas relaciones en las cuales adquiere más importancia su papel en la sociedad, la pertenencia a un grupo y la construcción del yo a partir de lo social.
Con respecto al mercado laboral, el DANE publicó que la tasa de desempleo disminuyó en enero del 2010 comparándola con la del 2009, pasando de 14,1% a 12,8%. Si bien, esta tasa es menor, el sub-empleo sigue siendo un problema relevante en Cali. Los subempleados son quienes ocupan un puesto que no corresponde a las expectativas del trabajador ni ofrece condiciones que posibiliten el mejoramiento de su calidad de vida. Este fenómeno es el reflejo de la incapacidad del mercado para satisfacer de forma significativa los requerimientos de las personas que constituyen la fuerza laboral, en términos de horarios, salario o cualificación. Así, el subempleo comprende a todos aquellos quienes desean trabajar bajo condiciones más ajustadas a sus intereses, sean cuales sean. Este se mide teniendo en cuenta dos dimensiones, el sub-empleo subjetivo y el objetivo. El primero -sub-empleo subjetivo- toma en cuenta la opinión manifestada por el trabajador acerca de la optimización de sus ingresos, su horario o de tener una labor afín con sus aptitudes. En Cali, el subempleo subjetivo pasó del 32,9% en enero del 2009 a 37,1% en enero del 2010. Por otro lado, el sub-empleo objetivo comprende a aquellos que tienen el deseo de mejorar sus ingresos y han hecho una gestión para ello y están en disposición de efectuar el cambio. En nuestra ciudad, la tasa de subempleo objetivo pasó de 27,6% a 30,2%. (Alonso, 2010).
Continuando con las cifras del DANE, de los desempleados a nivel nacional un 22,6% son jóvenes, es decir aproximadamente 1.228.000 personas. Si bien no encontré información acerca de cuál es la proporción de jóvenes desempleados en Cali específicamente, no es difícil imaginarse que puede ser cercana al promedio nacional, ya que ha tenido, durante los últimos años, una de las tasas de desempleo más altas en el país.
Actualmente Cali cuenta con aproximadamente 379.280 jóvenes entre los 15 y 24 años (Cali en Cifras, 2009), que representa el 17% de la población total de la ciudad. Entre ellos, se pueden distinguir diferentes tipos de grupos juveniles. Uno de estos lo constituyen las pandillas, que son los más notorios por sus manifestaciones violentas. Estas constituyen un conjunto de jóvenes que comparten tiempo y se reconocen como parte del grupo, tienen un nombre que los identifica y los diferencia de otros grupos, cuentan con una historia de enfrentamiento con otros grupos juveniles y frecuentemente, y de manera coordinada, ejecutan acciones que transgreden el orden, entendido como las normas y las costumbres, lo que a veces se enmarca en conductas delictivas (Solís, 2007). A ciencia cierta no existen cifras que muestren qué porcentaje de jóvenes están involucrados y hasta qué punto con este tipo de grupos. No obstante las pandillas son uno de los principales motores de violencia y delincuencia, no sólo en Cali sino en todo el país. De esta forma, la población juvenil de Cali se ha convertido en blanco fácil para la violencia debido a que la situación económica no llena las expectativas de los jóvenes que, al ver improductivo su acceso a la educación y al mercado laboral regular, optan por formar parte de las pandillas o relacionarse con grupos delincuenciales, lo cual aumenta su situación de riesgo y los hace más vulnerables a la violencia.
Durante los últimos quince años, transcurridos entre 1995 y 2010, Cali reporta una tasa promedio anual de homicidios de 83 por cada 100 mil habitantes, lo cual indica que existe un problema estructural con raíces muy profundas tanto en la delincuencia como en la violencia. En el 2010, de los 1.860 homicidios registrados, el 54% estuvo asociado a diferentes tipos de delincuencia y el otro 46% al uso de la violencia como un medio para resolver diferencias entre ciudadanos del común.
Es importante mencionar que el 42% de los homicidios ocurrieron en zonas marginadas del oriente y suroriente de la ciudad de Cali, especialmente en las comunas 13, 14, 15, 21, 7 y 6, y que precisamente los homicidios que más se incrementaron (85%) fueron los ocasionados por enfrentamientos entre pandillas, integradas por jóvenes armados involucrados en disputas por micro-tráfico de estupefacientes y otras actividades ilegales que derivan en luchas por control territorial que terminan en muerte. La segunda zona de la ciudad que sigue en concentración de homicidios es la ladera, donde se reportó un 22% de los homicidios del 2010. De la misma forma es notorio, que en promedio en toda la ciudad y en particular en estas dos zonas el 60% de las víctimas y victimarios son jóvenes (Cali Cómo Vamos, 2011).
Sería insensato pensar que la falta de políticas efectivas contra el desempleo es la única razón por la cual los jóvenes se ven involucrados en la delincuencia y/o victimizados por la violencia. De hecho, siempre he sido partidario de que el principal factor que inicialmente pone a los jóvenes en riesgo, es la educación que se da en la familia. Es esa socialización primaria la que nos da bases fuertes para enfrentarnos a las situaciones inclementes de la vida en el espacio público, en la calle. Y muchas de las familias de los jóvenes en situación de riesgo fallan significativamente en la educación de sus generaciones más jóvenes, pero ese no es el tema en cuestión. Pese a esto, es una tarea muy difícil para las familias entregar o legar valores fuertes y sensatos a un joven que tiene que salir a enfrentar situaciones injustas, como las malas condiciones de un mercado laboral que podrían ser subsanadas mediante políticas administrativas efectivas. Tiene que ser un proceso simultáneo de educación y mejores políticas laborales y económicas, por no hablar de las educativas. Existe una gran variedad de programas y proyectos sociales que involucran a la población joven en riesgo (Conviviendo Sin Pandillas, Cali actuando Frente a las Drogas, las Ciudadelas Educativas, entre otros) pero, en mi opinión, esto sólo actúa como paños de agua tibia sobre un problema mucho mayor que, como ya lo expresé, se relaciona directamente con las condiciones laborales.
En conclusión, Cali es una ciudad con una población joven bastante vulnerable en términos sociales debido a que se encuentra muy expuesta a grupos delincuenciales y por ende a la violencia. Esto se debe a múltiples factores de tipo social y económico, pero principalmente la carencia de oportunidades laborales explica que los jóvenes busquen alternativas económicas ilegales para suplir las necesidades o las de su familia. Esto solo aumenta su vulnerabilidad y los hace más propensos a ser víctimas mortales de la violencia relacionada con el narcotráfico y la delincuencia común, caminos cuyo sendero es cercano a ellos porque se encuentra en el mismo lugar donde viven. De esta forma, es necesario que el Gobierno implemente políticas realmente efectivas contra las excesivas carencias del mercado laboral, porque de otra forma los proyectos sociales que ha puesto en marcha solo representarán registros en los archivos y pérdidas monetarias del dinero público. Con la optimización de las oportunidades que ofrece el mercado laboral se estaría quitando la base del problema, lo cual haría más posible su solución en un futuro. Sin embargo, como ya lo mencioné no es suficiente atacar este problema desde un solo flanco. Así, esto constituye un proceso largo que requiere compromiso por parte de la Administración Nacional y Local y también por parte de toda la sociedad civil, y sus esfuerzos para seguir educando a las siguientes generaciones y preparándolas para las difíciles condiciones que les esperan.
lunes, 24 de octubre de 2011
La opinión pública y la política
Reseña del capítulo 20: “la comunicación política y la opinión pública”, del texto de Josep M. Vallès (2000) Ciencia política: una introducción
Esta lectura trata la relación entre la política, los medios de comunicación y la opinión pública, un triangulo de inmanente e intrínseca positiva correlación. Considero que esta relación triangular podría hacerse más visible si analizamos sobre quién serían los agentes que corresponderían a cada uno de los tres conceptos anteriores. En congruencia con lo anterior, presento los que, a mi parecer, son los principales agentes responsables de cada uno de los términos. Primero, los agentes de la política sería la élite política minoritaria; segundo, los responsable de los medios de comunicación responden a la lógica de la empresa privada; tercero, la opinión pública es la “distribución de las opiniones individuales” (ibíd., 2000:297) presentes en una sociedad civil determinada. En este sentido, el vínculo de estos tres conceptos se traduce a la interacción de una élite política, de la empresa privada y de la sociedad civil misma.
Ahora, debido a que “los protagonistas de la vida política recurren constantemente a los medios de comunicación […] para conseguir el favor público a sus propuestas y para erosionar la credibilidad de sus adversarios” (ibíd., 2000:300) y la opinión pública responde a la combinación de dos factores: primero, el “sistema de actitudes predominantes en la sociedad (como) la cultura política de aquella comunidad”; segundo, la inclinación determinada ante los mensajes recibidos de la “intervención de los medios de comunicación” (ibíd., 2000:297).
En este sentido, para el autor, es evidente que la “política de masas (implica) una relación […] entre gobernantes y opinión. Los la sociedad civil tienen “mayores oportunidades para expresar públicamente sus demandas y aspiraciones. Por su parte, los dirigentes políticos se esfuerzan por captar las tendencias de la opinión, intentando evitar errores de apreciación que puedan costarles el apoyo popular” (ibíd., 2000:299-300). Luego, la opinión pública puede entenderse como un fenómeno coyuntural dinámico y que responde, a las transformaciones de una opinión en generalizada que “equivale a la traducción verbal de una actitud política en un momento dado. (Es decir) un pronunciamiento a favor o en contra de una situación, una propuesta o un personaje” (ibíd., 2000:296).
Es en este sentido que el autor se propone a analizar en profundidad el elemento que permite segmentar información que alimenta la construcción de una opinión pública en tanto a que la “mayor parte de la experiencia política de los ciudadanos es indirecta (en otras palabras) nos llega por medio de alguna forma de comunicación, que nos aproxima datos y opiniones alejados de nuestro entorno inmediato” (ibíd., 2000:289). Aquí es importante resaltar que el autor no está hablando de cualquier la comunicación en general, sino que se está refiriendo a un tipo de comunicación en particular: la «comunicación política» la cual define como el “intercambio de mensajes de todo tipo que acompaña necesariamente, a la toma de decisiones vinculantes sobre conflictos de interés colectivo” (ibíd., 2000:289) presente durante los procesos políticos en forma de expresión, elaboración y negociación, adopción y aplicación, movilización y definición de demandas, propuestas de intervención, apoyo e implementación de la misma.
Con base a lo anterior, para el autor, el modelo ideal la comunicación política incorpora los siguientes elementos: el emisor, el receptor, el mensaje y los canales de transmisión y de retroalimentación (ibíd., 2000:289). En este sentido, la comunicación política puede concebirse como una relación entre individuos: emisor-receptor, que llevan puesto una especie de lentes que funcionan como filtros de predisposiciones lo que les permite seleccionar e interpretar las fuentes de comunicación a las que se expone y a las que presta mayor atención (ibíd., 2000:293). Ahora con la intensión de conocer esa predisposición, en las democracias liberales se usan las “encuestas y sondeos de opinión funcionan como instrumento central de comunicación política […] (para) averiguar las orientaciones de los ciudadanos sobre determinadas cuestiones de actualidad política, escrutar sus futuras intenciones de voto o medir la aceptación de los líderes políticos y de sus propuestas” (ibíd., 2000:298). Por otro lado, la comunicación puede también entenderse como una actividad de grupo del cual se destaca la existencia de “actores más atentos a los mensajes que circulan por el espacio político y que «re-emiten» hacia su círculo de contactos” (ibíd., 2000:293).
De esta actividad grupal se desprende la comunicación de masas como forma de transmisión de información a un número mayor individuos y que puede ser interpretada, como muestra el autor (ibíd., 2000:294-295), desde tres puntos de vistas diferentes:
Desde la perspectiva del Emisor, el cual parece tener la capacidad ilimitada para manipular al receptor y forzarle a comportamientos inicialmente no deseados, lo que se conoce como el fenómeno de la propaganda política.
Desde la perspectiva del Receptor, el cual no es pasivo, en este sentido, los medios fortalecen las actitudes y opiniones previas del sujeto: la comunicación no modificaría, sino que consolidaría posiciones previas.
Desde una perspectiva diferente a las anteriores, la del Canal de transmisión, el cual moldea, a través de la forma de transmitir el mensaje, la capacidad de percepción y de análisis del sujeto receptor. Así, la importancia se centra en el medio que lo transmite: el mensaje (influyente) es el propio medio.
A manera de conclusión, cabe resaltar que el intercambio de mensajes entre los emisores y receptores, por un lado, y la forma en que se trasmiten los mensajes mismos, por el otro lado, son el centro de concentración de las prácticas políticas, según el autor, debido a que en cada uno de estos momentos, “los actores son emisores-receptores constantes de mensajes, mediante los cuales formulan su visión de la situación y pretenden que sea compartida por otros. Por ello, no es concebible en las sociedades de hoy una política sin la intervención intensísima de los medios de comunicación, convertidos en actores políticos de primer plano” (ibíd., 2000:296).
Bibliografía
VALLÈS, Josep (2000). “la comunicación política y la opinión pública” en Ciencia política: una introducción, pp.298-301. Barcelona: Editorial Ariel, S.A.
sábado, 6 de agosto de 2011
jueves, 10 de febrero de 2011
¿Premio de paz?
01 de Febrero del 2011
Invité a mi programa de TV (CableNoticias, domingos 8 p.m.) a Jaime Restrepo, líder de la Asociación de Víctimas de la Guerrilla. Casi me da un patatús con su primera afirmación: "El Premio Nacional de Paz (2010) fue otorgado a las Farc". No moché de tajo la grabación porque Jaime es persona documentada; a cualquiera otro, seguro, lo habría mandado a freír espárragos.
-La ACVC, dijo, Premio Nacional de Paz 2010, es de las Farc.
-No te creo, Jaime. Se te está yendo la mano en suspicacia, o, peor, en macartismo.
-Hablo con pruebas, ripostó Jaime. Y, efectivamente, presentó tal cúmulo, que me dejó frío: piezas judiciales, entrevistas de guerrilleros desmovilizados, fotografías de locales de la asociación con carteleras informativas de las Farc... un testimonio impresionante es el de Hernando Naranjo, campesino anciano, quien hace esta acusación sin atenuantes: "A mí me desplazó la ACVC, que es de la misma guerrilla de las Farc" (ver http://bit.ly/g4lvAP y http://bit.ly/hmi9be).
La reacción ante este tipo de acusaciones es variopinta. Usted mismo, lector, compruébelo: 1) Puede que lo embargue el escepticismo y piense que se trata de exageraciones. 2) Puede que se indigne: a) porque crea que el informe es un montaje de la extrema derecha; b) porque crea que la información recaudada es cierta y es inaceptable que la sociedad civil haga ese homenaje a camaradas, 'parceros', de 'Pastor Alape', miembro del secretariado de las Farc. 3) Puede que no sopese la información, sino que la rechace instintivamente, simple y llanamente porque la comunico yo. 4) Puede que esté automáticamente asombrado e indignado, porque, simple y llanamente siempre está de acuerdo conmigo. 5) Puede que esté feliz porque piense: ¡muy bueno que la 'insurgencia' les gane una a esos 'malandros' del establecimiento capitalista! 6) Puede que -si es un soldado o policía- piense que es mejor ir pensando en cambiar de profesión. 7) Puede que... digamos, mejor, etcétera...
Hasta mayo del 2002 -cuando triunfó en las urnas la política de seguridad democrática- era muy bien visto tener condescendencia verbal y trato social con el terrorismo. De hecho, 'terrorista' era palabra en desuso; lo in era decir 'insurgente', 'actor', guerrillero, paramilitar.
A pesar de que hubo ocho años de discurso directo, de expresiones rudas y descalificadoras de las organizaciones terroristas, como que no fueron suficientes. Al contrario, muchos publicistas están de plácemes dizque porque ya no se 'insulta' a los 'actores armados', con lo que, piensan, se dará 'una nueva oportunidad a la paz'.
¿Sería ese el criterio de quienes decidieron galardonar a la ACVC? ¿Se trató, acaso, de un guiño a las Farc? Grave si eso ocurrió. Cualquier fuerza militar necesita mantener el espíritu de lucha. La prédica de la seguridad democrática horadó la moral de los guerrilleros y generó su desmovilización masiva. Ahora, en cambio, parecería que lo que se quiere es la desmovilización de la fuerza pública; es decir, el regreso al infierno caguanero: carreteras sin tráfico, comunas ciudadanas perdidas, cascos urbanos abandonados, sillas universitarias vacías, huida de la inversión, del turismo...
Creo que un jurado tan calificado como el que otorga el premio, bien podría enmendar el error y castigar el engaño, anulando el galardón de la ACVC. Es que es su propio ex presidente, Álvaro Manzano, quien en el acta de su desmovilización de las Farc, dijo: "Mi misión era respaldar las decisiones y proyectos de la ACVC. Para comunicar y coordinar las actividades (a) realizar, lo hacían (las Farc) a través de GILBERTO GUERRA HERNÁNDEZ (...) vocero del Bloque Magdalena Medio de las Farc y quien dirige la Asociación por orden de alias 'Pastor Alape'...
http://www.periodismosinfronteras.com/farc-premio-nacional-de-paz.html
José Obdulio, el sofista
Dom, 02/06/2011 - 01:00
JOSÉ OBDULIO GAVIRIA, EN UN PROgrama de televisión que le dieron y desde donde le pone minas quiebrapatas a Santos, ha resuelto cargarla contra la figura de Reservas Campesinas (Ley 160 de 1994) y las Comunidades de Paz, acolitado por un señor Restrepo, de la Asociación de Víctimas de la Guerrilla.
El argumento es simple: son organizaciones de las Farc. La evidencia: videos de personas que lo afirman. Punto. José Obdulio es un maestro del sofisma. Un publicista dogmático amparado en el poder de Uribe y miembro de esa escuela conocida y decadente que encabezan Plinio Apuleyo y Fernando Londoño. No es buen escritor como Plinio ni buen orador como Londoño, pero es mucho más cansón que los dos juntos.
José Obdulio está furioso porque el Premio Nacional de Paz fue otorgado a la Asociación Campesina del Valle del Cimitarra (ACVC). Por tanto, dice, se ha premiado a las Farc. No sé si la afirmación justifique un juicio de injuria y calumnia, porque es falsa, temeraria e insidiosa, como todas las que hace. Más aún, acusa veladamente al Programa de Paz y Desarrollo del Magdalena Medio (PPDMM) y al Banco Mundial de financiar a los campesinos del Cimitarra y así, a la guerrilla. Su razonamiento induce a cerrar el silogismo con una conclusión ridícula: la Compañía de Jesús y la banca mundial están apoyando la subversión. Pero además criminaliza a priori: Todo aquel que defienda a la Asociación, a cualquier ONG, e incluso a un gobierno extranjero que haya contribuido con el PPDMM, es un defensor de las Farc. Con idéntica lógica José Obdulio podría acusar a Uribe de simpatizar con la guerrilla por haber financiado a través de la Red Social los programas de Pacho de Roux, creador de los programas de paz y desarrollo en el Magdalena Medio que contribuyeron a mermar el derramamiento de sangre en la región. De Roux es hoy provincial de los jesuitas. Oír a José Obdulio es oír al siniestro Escobar Sierra, ministro de Gobierno de Turbay, acusando al Cinep a finales de los años 70, de ser un nido de comunistas, o a Rito Alejo del Río, a finales de los 90, gritando que la Comunidad de Paz de San José de Apartadó estaba en el organigrama de la guerrilla.
Resbalar acusaciones por medio de silogismos, donde las premisas son gratuitas, nos permitiría decir que como en el Congreso hay paramilitares, el Congreso es paramilitar. Yo no sé —ni me corresponde investigar— si en tal o cual asociación, comunidad o reserva hay miembros de la guerrilla. Pero si los hubiera, nadie tiene derecho a decir que, por tanto, son organizaciones guerrilleras. Nadie puede afirmar, sin exponerse al ridículo, que los gremios de ganaderos son frentes de las Auc porque Visbal Martelo fue investigado en la Corte Suprema de Justicia por parapolítica. Tampoco puede afirmar que puesto que Miguel Cifuentes, miembro de la asociación del Cimitarra, estuvo detenido por presuntos vínculos con las Farc, los campesinos del Valle del Cimitarra sean una célula subversiva. Cínico y tramposo el argumento.
José Obdulio es ordinario y tosco, pero no bruto, y toda la acusación contra la ACVC es el primer tiro disparado contra la Ley de Tierras que el Gobierno presentará en marzo al Congreso. Para buen entendedor, como es Juan Camilo Restrepo, pocas palabras bastan para saber hacia dónde van las balas trazadoras. El caso es simple: si se resuelve el problema agrario, la guerra se debilita y así se demostraría que la Seguridad Democrática fue una estrategia brutal que no liquidó el conflicto, pero alimentó negocios. Las Reservas Campesinas no son, como dice el calanchín de José Obdulio, zonas de repliegue de las guerrillas para negociar coca. Son un mecanismo para que la tierra que llegue a ser devuelta a los campesinos no vuelva a caer en manos de los terratenientes unos años después, como siempre ha sucedido. Debe ser eso lo que le duele. Las Reservas Campesinas de El Pato, Calamar y Cabrera fueron financiadas con dineros del Banco Mundial, y el resultado de sus programas estudiado y valorado por la Universidad Javeriana.
miércoles, 5 de enero de 2011
Peter Wade: Raza y etnicidad (TALLER)
1. Realice un mapa conceptual de la trayectoria de la idea raza donde se evidencia por qué el concepto raza es una construcción social
| RAZA | ||||
| Hasta 1800 Linaje: vínculos de descendientes a un ancestro en común. | Siglo XIX La noción raza se pensó como cualidades permanentes, separables y heredables de los seres humanos. | Siglo XX Declaración de la «UNESCO» sobre la raza: los humanos son fundamentalmente iguales y las diferencias de apariencia no implican diferencia intelectual. | ||
Cabe destacar como constante el hecho de que el concepto «raza» no ha sido tomado como un elemento de carácter neutral a través de su trayectoria. Lo que se advierte su significado, es un valor que indica diferencia que clasifica y jerarquiza a personas de alguna descendencia determinada o con ciertos rasgos fenotípicos, frente a otras. En otras palabras, la raza incide como elemento clave en la clasificación social. No hay que pasar por alto que esta diferenciación parte del hecho de que han sido los Europeos, la raza blanca, los que inventaron este concepto para comprender la diferencia de los Otros en comparación con Ellos. Diferencia que se construye desde el argumento por medio del cual los Europeos se atribuyeron un valor de superioridad natural que justificaba el poderío, dominio, esclavización de todas las otras razas. | ||||
Como podemos observar, para definir el concepto «raza» ha sido necesario recurrir a la historia y sus dinámicas socioculturales y científicas, lo que muestra que esta categoría es relacional y se ha transformado con el paso del tiempo, esto es: el término «raza» se ha construido de acuerdo a las demandas y proceso claves que ocurren en cierto momentos de la historia. Así, en el siglo XVII tuvo un significado particular asociado a la idea de linaje y a la necesidad colonial de identificar las descendencias comunes de las culturas y grupos poblacionales para dominarlos, donde el concepto de «hombre civilizado» frente a «salvajes» fue determinantes.
Luego vemos que en el siglo XIX el termino se define en función del auge científico de la época, pues se establecen las diferencias fenotípicas entre humanos, hecho que es aprovechado por los movimientos antisemitas, utilizando la categoría de «raza», para llevar a cabo sus proyectos políticos y sociales (eugenesia). Es en este contexto que toma fuerza la idea de racismo y para justificarlo utilizar argumentos científicos para explicar la inferioridad de las razas negras y mixtas, incluyente sus culturas, frete a la superioridad de la raza blanca o aria.
Posteriormente, en el siglo XX, encontramos que la razas se comprende como una construcción social y establece, en términos de igualdad, genéticamente al ser humano como especia igual y que, psicológicamente, posee las mismas capacidades. No obstante, la carga moral de diferencias para dominar y segregar en la sociedad contemporánea sigue en pie, y la raza, continua siendo un elemento diferenciador con connotación negativa.
Ahora, la distinción entre raza y racismo es compleja pues tiene que ver con los imaginarios culturales y el contexto donde toma fuerza. Poe ejemplo, la categoría raza en los pueblos africano no se utiliza para distinguir una cultura de otra mientras que en el occidente si, ¿cómo si hablar de racismo en esos pueblos? El racismo se convierte entonces en una idea que se sustenta en categorías morales hoy en día.
Bibliografía
WADE, Peter (2000). Raza y Etnicidad en Latinoamérica. Quito: Ediciones Abya-Yala.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
Constitución de 1991: Norma de normas
Éste video hace parte de unos casos estudiados para la clase de "Representación Política y Sistemas de Representación" de la Universidad ICESI dirigida por el profesor Orlando J. Trujillo. El tema de éste video fue "la Constituyente". En él se deberá poder evaluar (1) la representación política en (2) contextos particulares, con (3) actores e instituciones determinadas.
La originalidad en el diseño de la propuesta constituye un factor muy importante en términos de la evaluación y además debe considerar, durante la preparación de la exposición, la siguiente matriz metodológicos:
1. Contexto histórico.
2. Marco conceptual.
3. Identificación de los actores relevantes y sus posturas.
4. Identificación de las estructuras organizativas y de representación.
5. La relación del actor/institución con el sistema político.
6. La relación del actor/institución con la agenda internacional.
7. Organización de las fuentes consultadas (Bibliografía, entrevistas, etc).











