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martes, 8 de octubre de 2019

¿No estamos cansados de que nos gobiernen siempre los mismos?

Por Santiago Ardila Giraldo.
Estudiante de Medicina
Universidad Icesi, Cali.

Decir que los partidos políticos son todos iguales es desconocer varios hitos históricos de las organizaciones políticas en Colombia. No es cierto que todos sean iguales, no lo es ahora ni tampoco lo fue antes. Es verdad que hubo momentos en los que en diferentes asuntos se solaparon partido liberal y conservador, pero, nunca iguales.

Habría que pensar en el tiempo en que los partidos políticos limitaban sus filas a los notables, cuando el sufragio era estricto y la actividad política se limitaba a los propietarios. Ni siquiera en ese entonces, y hablamos de finales de los 80 y principios de los 90, los partidos eran iguales. Hay que recordar que el partido liberal se dirigía a comerciantes, abogados y artesanos y el partido conservador al clero y los terratenientes. Tampoco sus objetivos eran iguales, como explica Gary Hoskin (2011), mientras el partido liberal buscaba la descentralización, el conservador se aferraba a la tradición y a la concentración del poder.

La historia de los partidos políticos está marcada no solo por sus diferencias sino también por su intolerancia. Mil días duró la guerra que marcó la hegemonía conservadora que obligo al partido liberal a diversificar su ideología y buscar simpatizantes en el socialismo, no le funcionó, pero, más lo alejó de ser igual al partido conservador.

Tan marcada ha sido la diferencia entre partidos en Colombia que la violencia que esto produjo tras la muerte de Gaitán se trató de mermar con una salida ridícula que solapó las diferencias que enriquecían sus debates y marcó un aumento en la burocracia y clientelismo que desconocía los problemas y necesidades del pueblo colombiano. El frente nacional, ese burdel político que repartía por partes iguales el estado y sus riquezas entre los dos partidos a costas de la miseria del pueblo. Tenía que acabarse esta fuente de corrupción porque lo que si demostró es que entre más parecidos son los partidos políticos más despilfarro de los recursos estatales se presenta. Por eso lo peor que le puede pasar a una democracia es que todos los partidos políticos sean iguales. El primero de diciembre de 1957 inicia el frente nacional con uno de los hechos más bonitos que puede tener la historia de un país, votan por primera vez las mujeres, marcando un periodo de 16 años de fata de interés político.

Es interesante la forma en que Mario Latorre (2008) en su obra Elecciones y Partidos Políticos en Colombia a partir de sus propias experiencias, e investigación de campo, retrata cómo se comportaban los partidos en sus convenciones para tomar las decisiones que marcarían la dirección de cada uno. El periodo es el que estamos criticando en este momento y el que a mi forma de ver fue cuando más se parecieron los partidos políticos entre sí. El presidente era Carlos Lleras Restrepo, el penúltimo de los presidentes del frente nacional y el Dios para la convención nacional liberal. Quizás uno de los puntos en los que más se parecían los partidos de ese entonces es que a raíz de la crisis política por la falta de identidad en carencia de la necesidad de competir veían al personaje de turno como un Dios. Mariano Ospina Pereza para la convención nacional conservadora unionista y así para el resto de las convenciones, la independiente de los conservadores, el banquete de Rojas Pinilla y la del MRL del pueblo. Importante de la obra de Latorre (2008) es ver la forma en que a pesar de que no eran iguales los partidos políticos si se parecían mucho y lo malo que eso fue para el desarrollo de ideas en los 16 años que duró el frente nacional.

Y en este recorrido que venimos haciendo por la historia de los partidos políticos en Colombia para demostrar que no todos los partidos políticos son iguales nos vamos acercando a la actualidad. Hoy en día conocemos una gran cantidad de partidos, pero, no fue sino hasta 1974 que aparecen de manera formal otros partidos. Aunque el liberal Alfonso López Michelsen ganara las elecciones. La gran variedad de partidos políticos que existen hoy fue posible con la constitución de 1991 aunque el antecedente sea de los 70 que es una fecha importante para tener en cuenta en el análisis que estamos haciendo.

Qué si estamos cansados que nos gobiernen los mismo no creo que sea lo que a todos nos incomoda, es lo que han hecho esos mismos con el poder que les seguimos entregando. En ultimas ni siquiera es que se parezcan o no, es la corrupción. Si los partidos políticos fueran igual de buenos, que administren bien, ejecuten adecuadamente, generen riqueza mantengan un alto nivel de prosperidad, por nosotros podrían ser todos iguales sin problema. Pero, los consideramos igual de malos. Hoy en día, contrario a su afirmación, la representación política es más diversa e incluyente y desde que aparecieron otros partidos esto es más evidente. Sin embargo, y como lo manifiesta Fernando Cepeda (2017), desde la década de 1970 a hoy, se ve un país más corrupto. Y es curioso que desde que aumenta la representatividad en el país, aumenta la corrupción. Los mismos autores proponen varias razones para esto, entre ellas, el aumento de la riqueza en el país y la falta de control en la descentralización y desconcentración de funciones. En otras palabras, hay más dinero y no existen medidas efectivas para la prevención y castigo a los actos de corrupción.

Por otro lado, y es algo que me cuestiono, es que con el aumento de la representatividad se consigue lo que se pretende, pero, a la sociedad a la cual se representa es una sociedad corrupta. Los ejemplos son largos y anchos, desde el cobro de un taxista de manera deshonesta hasta el cohecho que se realiza con un agente de tránsito para evitar una multa. Si todos los partidos políticos son iguales, son iguales a nosotros. Así, hasta los dos partidos tradicionales se mantienen vigentes, quizás porque la sociedad que representaban antes sigue ahí, pero, también porque son colombianos y como decía el primer autor que analizamos, Gary Hoskin, en 1998 y aún vigente en el 2019 “Los partidos políticos tradiciones siempre han demostrado, al menos en retrospectiva, una capacidad destacada para adaptar su comportamiento a ambientes cambiantes, como se ha manifestado en su continua, aunque también disminuida, hegemonía electoral”.

Referencias
Hoskin, G. (2011). El Estado y los partidos políticos en Colombia. En F. Botero (comp.) Partidos y elecciones en Colombia, pp. 289-321. Bogotá D.C.: Universidad de los Andes.

Latorre Rueda, M. (2008|1968). Convenciones nacionales y banquetes. En Elecciones y partidos políticos en Colombia, pp. 35-79. Bogotá D.C.: Universidad de los Andes.

Cepeda Ulloa, F. (2017). Corrupción en Colombia. En Bagley, B.M. y Rosen, J.D. (eds.) Economía y política de Colombia a principios del siglo 21. De Uribe a Santos y el postconflicto, pp. 88-108. Cali: Editorial Universidad Icesi.

jueves, 31 de enero de 2019

¿Qué tipo de partidos políticos tenemos en Colombia?

Por Jesús Felipe Rosero Cardon.
Estudiante de Medicina

Cuando se habla de los tipos de partidos políticos en Colombia, se hace referencia a modelos clásico de organización partidista; es decir, cómo funcionan, cuál es su dinámica de trabajo, ideología, qué intereses representan políticamente y cómo es su modelo de toma de decisiones. Teniendo esto en mente, es importante mencionar que en los años 90, nuestro país experimentó un periodo de cambio político intenso, un ejemplo claro de esta situación es la redacción de la Constitución Política de 1991, la cual se dio posterior al movimiento de la séptima papeleta. El auge de la actividad democrática, la expansión de sufragio, las crecientes ideologías políticas del pueblo colombiano y la “molestia” que se tenían que tomar los diferentes partidos políticos con el fin de identificar las preferencias de los votantes, motivó al desarrollo de diferentes modelos de organización de partidos. En este punto, es importante mencionar que, los partidos políticos de los años 90´ se encontraban bajo un régimen democrático limitado y elitista, el cual, se puede evidenciar en el texto titulado: Convenciones nacionales y banquetes, que hace parte del libro: Elecciones y partidos políticos en Colombia, escrito por Mario Latorre. (Latorre)1, sin embargo, posteriormente el sistema político pasó a formar parte de una distribución más equitativa de los recursos sociales.

Entrando en materia de las diferentes formas de representación política y de “hacer política” (Hoskin, 1998)2 afirma: “Basados en la literatura acerca de los partidos, Katz y Mair (1995, 5-6) capturan bien esta dinámica, al desarrollar un modelo dialectico para el modelo de estructura de partidos. Las primeras estructuras de partidos, con sus locus de poder en los cuerpos parlamentarios, eran de la variedad cacus cadre, seguidos por el surgimiento de partidos de masa que a su vez generaron un reacción estructural de los partidos cadre y eventualmente también de los partidos de masas, en forma de partidos agarra-todo. Finalmente, las contradicciones asociadas con los partidos agarra-todo generaron el modelo de cartel de partidos cuya función principal fue retener el poder gubernamental a través de la cooperación entre partidos y el apoyo estatal”

Como se pudo evidenciar anteriormente, Hoskin hace una magnífica reseña organizada cronológicamente explicando cómo se originaron los diferentes modelos de estructura de los partidos políticos en la historia mundial, mencionando las primeras estructuras como cacus cadre, que posteriormente fueron acompañados por los partidos de masa y luego por los llamados partidos agarra-todo que, finalmente, gracias a sus contradicciones, dieron origen al modelo de cartel de los partidos políticos.

Ahora bien, (Hoskin, 1998) refiere que: “los cuatro modelos analizados por Katz y Mair son aplicables al caso colombiano, aunque con salvedades en cuanto a los términos de transición de un modelo a otro y su secuencia. El modelo clásico de cacus cadre se corresponde perfectamente con los partidos colombianos hasta la década de 1930, cuando el partido liberal buscó construir un partido de masas dependiente en la movilización de trabajadores y campesinos, así como con la clase popular en la década de 1940. Sin embargo, el intento de institucionalizar un Partido Liberal de masas fue incompleto, y el modelo cadre al final prevaleció”. Posteriormente, en Colombia se desarrollaron modelos de partidos como: modelo de masas, modelo cartel y, por último, el modelo atrapa-todo, en ese mismo orden.

En resumidas cuentas, el sistema político colombiano atravesó grandes problemas al hacer la transición de una democracia representativa a una más participativa. Los diferentes partidos intentaron adaptarse a los ambientes cambiantes y, de esa forma, desarrollar diferentes estructuras con el fin de ganar las elecciones. Respecto a esto, nacieron diferentes modelos de estructura de partidos políticos colombianos, los cuales son: cacus-cadre, partidos de masas, modelo cartel y partidos atrapa-todo, los cuales no se van a definir en este texto.

Lo que viene a continuación es preguntarse ¿por qué se habla que los partidos políticos les han dado la espalda a sus ciudadanos? ¿Es por esta razón que ya no logran congregar suficiente masa como para llenar plazas? Para responder estas preguntas, es necesario señalar el análisis de Katz y Mair (1995, 5-6) según (Hoskin, 1998), la cual, evidencia que “la crítica hacia los diferentes partidos políticos se enfoca en el fracaso para representar satisfactoriamente a la sociedad civil ante las agencias estatales y que dicha critica, se basa en cuatro presuposiciones, la cuales son: 1) Los partidos son incapaces de identificar los intereses del electorado. 2) Los partidos no tienen la capacidad organizacional para traducir dichos intereses en victorias electorales. 3) Los intereses de las organizaciones de partidos no son isomorfos o coherentes con sus seguidores. 4) Los partidos son incapaces de traducir intereses sociales en política pública”. Estas afirmaciones son muy precisas, debido a que engloba toda la problemática sobre la incompetencia de los partidos políticos respecto a la representación política de los ciudadanos en cuatro puntos importantes, los cuales, se pueden extrapolar y encajar perfectamente con el comportamiento político de nuestro país. Estos cuatro puntos explican el por qué los ciudadanos sientes que les dan la espalda y es básicamente porque no se sienten representados políticamente, es decir, que sienten los partidos políticos no tienen la capacidad de ver los intereses del pueblo y por ende, están imposibilitados para traducir esos interés en una victoria política, lo que causa desmotivación, decepción y sentimientos de abandono en la población. Lo anterior, eventualmente se puede ver reflejado en la inasistencia de las personas a las diferentes plazas donde se realizan actos políticos de los diferentes partidos, de esta manera, los partidos políticos pierden progresivamente la capacidad de poder traducir los intereses políticos de las personas en políticas públicas.

Como conclusión, la política colombiana se encuentra atravesando diversas problemáticas en lo referente a lograr una democracia cada vez más participativa y representativa, lo que obliga a los diferentes partidos políticos a adaptarse a las exigencias de los ciudadanos, por lo tanto, se puede prever que dichos partidos se alejaran ostensiblemente del antiguo modelo cadre, el cual dependía profundamente del clientelismo. De igual manera, se puede afirmar que en Colombia el problema no está en responder qué tipo de partidos políticos hay en Colombia, el verdadero problema se encuentra en que esos partidos políticos no nos representan y no son coherentes políticamente con los ciudadanos, por consiguiente, no pueden lograr traducir los interés del pueblo en políticas públicas. El análisis de las cuatro presuposiciones del fracaso de los partidos políticos realizado por Katz y Mair (1995, 5-6) según (Hoskin, 1998) es sencillamente exacto y en mi opinión como ciudadano Colombiano, logra abarcar toda la problemática en esos cuatro puntos. Ahora bien, es tarea de las nuevas generaciones cambiar el viejo paradigma de la política en Colombia, teniendo en cuenta los cuatro puntos mencionados anteriormente y plantear una solución viable y justa para cada una, de esta manera, podremos logar la verdadera representación política en nuestro país, lo que se traduce en políticas públicas que verdaderamente reflejen los intereses del pueblo Colombiano. Soy fiel creyente en que una política hecha de la manera correcta, nos convertirá en potencia mundial.

Referencias

Hoskin, G. (1998). El estado y los partidos políticos en Colombia. En F. Botero, Partidos y elecciones en Colombia (págs. 289-319).

Latorre, M. (s.f.). Convenciones nacionales y banquetes. En Elecciones y partidos políticos en Colombia (págs. 35-79).

martes, 2 de mayo de 2017

Las banderas no se venden

Columnista José Jairo Jaramillo | @josejairojarami
Integrante de la Organización de Jóvenes Liberales del Valle

Durante 77 años dirigentes libelares han ejercido la Presidencia de la República, lo que convierte al Partido Liberal en el partido que más tiempo ha ejercido el gobierno en nuestro país. Reconociendo aciertos históricos: la abolición de la esclavitud, la instauración de un Estado laico (separación de las funciones entre iglesia y Estado), las reformas agrarias de 1936 y 1961, el reconocimiento del derecho a la sindicalización y a los derechos laborales como la seguridad social, el contrato de trabajo y el salario mínimo, la creación de instituciones públicas como el Icbf, el Icfes, el Inderena (Ministerio de Ambiente a partir de 1993), Colciencias, Coldeportes, el Incoder (hoy Agencia Nacional de Tierras y Agencia de Desarrollo Rural) y Colcultura (desde 1997 Ministerio de Cultura). Fue en un gobierno liberal en el que se realizó el último proceso constituyente, aquel de 1991 (que nos entregó la Corte Constitucional, la Fiscalía, la tutela y el reconocimiento del derecho al libre desarrollo de la personalidad). Fueron las fuerzas liberales las que sacaron adelante el actual proceso de paz. Pero también habría que reconocer sus errores (por no decir horrores), como su participación en el periodo de la Violencia partidista y en fenómenos de corrupción como el “proceso 8.000” o la parapolítica.

La historia de nuestro país ha estado estrechamente vinculada al Partido Liberal, pues sus ideas y sus líderes han moldeado en diferentes momentos de nuestra vida republicana lo que es la Colombia actual. Su antigüedad no es sinónimo de viejo (en épocas en donde lo que prevalece en política es lo que se posesiona como lo novedoso, estilo Donald Trump) creo que se debe reivindicar el legado de una colectividad cuyas ideas han construido en gran parte lo que somos. Y es que, aunque tengamos mucho por mejorar como sociedad, y nos quejemos permanentemente o nos sintamos insatisfechos con el “status quo”, nadie puede desconocer que la Colombia de hoy es mucho mejor que la de hace 50 o 100 años (en todo sentido: cobertura en salud, en servicios públicos domiciliarios, en acceso a la educación, en alfabetización, en infraestructura, en generación de empleo, en índices de pobreza, en expectativas de vida, entre otros).

Los liberales de hoy somos herederos de unas banderas. Tal como lo dice el senador Luis Fernando Velasco “hay gente que cree que una bandera es simplemente un pedazo de tela, eso no es así. Una bandera tiene historia, tiene tradiciones. Esta bandera roja la defendieron nuestros mayores, luchando por los intereses de los sectores populares de nuestro país…por eso las banderas no se venden”.

Actualmente el partido pasa por una redefinición clave para su futuro. Aquel partido cuya lucha histórica fue la defensa de los sectores populares, de las minorías, y representó la fuerza progresista en nuestro país está “embolatado” en una red de pequeños intereses regionales, y desorientación tanto ideológica como programática. Hemos dejado de ser aquella fuerza transformadora…ya no somos como dicen nuestros estatutos “(…) el partido del pueblo, que tiene carácter pluralista y constituye una coalición de matices de izquierda democrática, cuya misión consiste en trabajar por resolver los problemas estructurales económicos, sociales, culturales y políticos, nacionales y regionales mediante la intervención del Estado”.

Hemos vendido y abandonado nuestras banderas históricas. Si queremos como partido volver a ganar el respaldo ciudadano, es decir, volver a ser alternativa de gobierno para desde el poder construir una Colombia más justa e igualitaria, entonces debemos asumir con coherencia nuestro legado histórico y defender con convicción lo que creemos.

No puede ser que el partido que dice defender y representar los derechos e intereses de las minorías y que dice defender un Estado laico respalde por activa o pasiva un referendo discriminatorio de una senadora liberal que pretende impedir, por una concepción religiosa, que parejas del mismo sexo o personas solteras puedan adoptar, desconociendo una sentencia del Tribunal Constitucional que les reconoce este derecho.

Es inadmisible que el partido que dice defender y representar los derechos e intereses de los sectores populares y de las clases medias vote mayoritariamente una reforma tributaria que aumentó el IVA, que redujo el umbral para declarantes del impuesto de renta, que le impuso nuevos impuestos a la gasolina (bien transversal que afecta el precio final de los demás bienes en el mercado), afectando negativamente el bolsillo de la gente más vulnerable.

No puede ser que una gran parte de los parlamentarios del partido que dice reivindicar lo público y la necesidad de que el Estado actué como agente regulador de la economía hayan votado a favor o se hayan abstenido de votar, por no quedar mal con el gobierno, la venta de la generadora de energía ISAGEN. O haciendo un paralelo y territorializando al partido, no puede ser que la bancada liberal del Concejo de Bogotá vote a favor de la privatización de la ETB (Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá).

No puede ser que el “partido del pueblo” sea un partido incapaz de renovar sus cuadros políticos, presentar nuevos perfiles de mujeres y hombres de toda la geografía nacional, jóvenes, negros, indígenas, comunidad LGBTI, a cargos de responsabilidad y de elección popular. Quizás por esto tal vez ya no somos mayoría en el Congreso de la República ni tenemos presidente desde 1994 con Ernesto Samper. Nuestro partido fue tomado por “dinastías políticas” dispuestas a perpetuarse a través de celebres apellidos, como los Gaviria, los Serpa, los Galán, los Turbay, los Lleras, los Samper y los Santos. Que han aportado a la construcción del partido y de Colombia pero que deben dar un paso al costado para que surjan nuevos liderazgos capaces de interpretar a la nueva Colombia. Sino dan ese paso, que seguro no lo darán, no hay otra opción para las fuerzas alternativas (regionales) que abrirse paso a través de elecciones, hasta ser mayoría y hacerse con el control del Partido Liberal.

El partido debe construir un relato político (a lo Uribe con su Seguridad Democrática) que lo posesione ante el electorado como una fuerza progresista capaz de transformar a Colombia, en este contexto, la construcción de la paz puede ser la piedra angular de esta apuesta.

El partido debe reafirmarse en su condición socialdemócrata y a partir de ello, debe hilar un programa acorde con su ideología y sus banderas históricas, nuestro derrotero debe ser...

“Respetar la libertad individual y ampliar los niveles de autonomía personal y de conseguir que las condiciones de partida sean lo más justas posibles. Debe civilizar el mercado para que se parezca más a su funcionamiento “ideal” y luchar para que haya una verdadera repartición de la riqueza (también debe generar las condiciones para que el país crezca y genere riqueza) y que esta no se vea afectada por monopolios privados. Debe promover instituciones que defienden a los individuos de los abusos del poderoso. Y debe luchar porque la igualdad y la justicia estén en el centro de la acción del Estado, y esto se concreta apoyando y focalizando el esfuerzo público en mejorar las condiciones de vida de los más humildes y de las clases medias (las grandes mayorías de nuestro país)”.1

Estas son algunas de mis opiniones sobre el estado actual del partido, hay muchos retos difíciles por asumir, pero como parte de esta generación de jóvenes liberales, creo que debemos darnos a la tarea de reflexionar para actuar, ayudar a transformar y modernizar a nuestro partido (y con él a la política colombiana), en sus cuadros, sus líneas ideológicas y su plan de gobierno…para hacer como dice el Senador Luis Fernando Velasco “reivindicar la historia de la bandera roja”, y llevar de nuevo a nuestro partido al gobierno para transformar a Colombia.

Notas
1. “La socialdemocracia no puede renunciar a su tradición liberal o asume formas no compatibles con las libertades individuales” tomado de: www.joserodriguez.info

martes, 18 de agosto de 2015

Sobre la competencia a la Alcaldía de Santiago de Cali

Columnista Adolfo A. Abadía.
Investigador del programa de Ciencia Política
Universidad Icesi - Cali


“Aguablanca elige al Alcalde”. Esta es una de las frases más comúnmente escuchada entre los caleños cuando hacemos referencia a elecciones en esta ciudad. Cada cuatro años reaparece en buena parte de los análisis y corrillos, expresándose como lamento, celebración o con indiferencia pero, sobre todo, como una verdad revelada. Sin embargo, ¿Cuánto hay de cierto en ella?

La respuesta es definitivamente no. Un simple examen descriptivo de los resultados electorales basta para demostrar que esto es imposible. Aguablanca –que aunque comúnmente sea asociado a la totalidad de las comunas del oriente de la ciudad, está formalmente constituida por las 13, 14 y 15– representó poco más que el 15% del total de los votos en cada una de las pasadas tres elecciones a la Alcaldía; por lo tanto, es técnicamente imposible considerar el control electoral del “distrito” como una condición suficiente para obtener una victoria electoral.

De hecho, para que la totalidad de los sectores populares de la ciudad (los estratos 1 y 2 que representaron poco menos del 50% de los votos por candidatos en las últimas tres elecciones) pueda elegir autónomamente al Alcalde, necesitarían un comportamiento perfectamente homogéneo; es decir, que todos votaran de la misma forma. Este es un escenario impensable e irreal, sobre todo, si tenemos en cuenta que candidatos cuyos electorados “naturales” no se encuentran en esas parte de la ciudad (como Lloreda o Guerreo) recogieron alrededor de un 30% del total de sus votos. En otras palabras, la estrategia de electoral de concentrar votos en un solo sector específico no basta para obtener triunfo.

Nuevamente, si observamos los datos de las últimas tres elecciones, encontramos una relativa homogeneidad en el comportamiento electoral, principalmente, en dos grupos. Por un lado, las comunas de estrato 4, 5 y 6 muestran el comportamiento más uniforme y consistente, inclinándose por candidatos con el perfil de Lloreda, Guerrero o Armitege (en esta elección) oscilando entre un 55 y 65% de los votos. En menor medida, como fue señalado anteriormente, en los estratos 1 y 2 ocurre algo similar, donde predomina otro perfil de candidaturas como las de Salcedo, Ospina, Castrillón o Urrutia.

Por el contrario, un comportamiento más irregular puede observarse en las zonas de estrato 3 que muestra no solo una mayor heterogeneidad en cada elección, sino también una más alta volatilidad entre ellas. Esas mismas caracteríscticas han influido notablemente a la hora de definir los resultados, estableciéndolo como una suerte de pívot electoral.

Como se observa en la tabla, las candidaturas ganadoras dan cuenta de estos comportamientos. En los años 2003 y 2007 se observa un predominio de los candidatos ganadores (Salcedo y Ospina) en comunas estrato 1 y 2, mientras en el 2011 las comunas de estrato 4, 5 y 6 marcan la diferencia en la elección de Guerrero. Así mismo, también se puede observar que la comuna estratificada como medio refleja su heterogeneidad en la medida en que su votación por el candidato ganador no presenta grandes oscilaciones.

Como se pudo demostrar, empíricamente, es indispensable una combinación de diferentes factores para ganar las elecciones, en contravía a lo que el “olfato” popular permite entrever. En este sentido, cualquier candidato que pretenda acceder a la Alcadía de Cali deberá predominar no solo en los sectores de preferencia “natural”, sino también hacerlo en las comunas estrato 3 que se constituye como una condición necesaria para la victoria.

Nota: agradecimientos especiales a Juan Pablo Milanese.

Bibliografía relacionada

ABADÍA, A. A. y J. P. Milanese (2015). "Análisis del comportamiento electoral en la ciudad de Cali utilizando Fuzzy Sets. Elecciones para la alcaldía municipal 2003-2011". En Politai. Revista de Ciencia Política, año 6, núm. 10, pp. 13-37 - VER

ABADÍA, A. A. (2014). "Opciones políticas, comunas y votos. Distribución territorial de los apoyos electorales a la Alcaldía de Santiago de Cali 2003-2011". En Trans-pasando Fronteras, núm. 6, pp. 183-216. DOI: http://dx.doi.org/10.18046/retf.i6.1872 - VER

ABADÍA, A. A. y J. P. Milanese (2014). "Impactos del perfil socioeconómico de los votantes sobre el comportamiento electoral. Análisis de las elecciones a la Alcaldía de Cali 2003-2011". En Revista Renacer Jurídico - VER

lunes, 14 de octubre de 2013

¿Por qué soy liberal?

Columnista José Jairo Jaramillo.

Partido LiberalLos partidos políticos son un espacio de ideas, donde confluyen personas con valores, principios y una visión común de la organización social.

El Partido Liberal Colombiano nació hace más de 150 años alrededor del programa presidencial de José Hilario López, quien fue un vehemente defensor de la libertad de los esclavos negros y la protección económica de los artesanos (gran parte de la clase trabajadora colombiana de entonces). En este siglo y medio de vida, la colectividad ha cometido desaciertos, algo propio de cualquier institución manejada por seres humanos y donde confluyen intereses diversos. Mas estoy convencido que han sido más sus triunfos que fracasos.

Como por ejemplo:

  1. La lucha por la democratización y desconcentración del poder político, primero en el siglo XIX, instaurando el federalismo en Colombia, y luego en el siglo XX por la elección popular de autoridades territoriales: alcaldes y gobernadores. Como una forma de democratizar el poder político local, acercar el Estado a los ciudadanos y evitar la concentración excesiva de atribuciones en cabeza del Presidente de la República, quien elegía a “dedo” a los gobernadores y estos a su vez a los alcaldes.

  2. Intentos por democratizar la propiedad de la tierra, objetivo loable, perseguido en los gobiernos liberales de Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo. Donde se busco acabar con el latifundio, y garantizar la productividad del campo entregándole tierra a los campesinos. En el gobierno Pumarejo, se creó la clausula constitucional que instituyo “que la propiedad privada tiene una función social por cumplir” desmitificando la percepción de que esta es un derecho absoluto y sometiéndola al interés general y al bien público.

    En el gobierno Lleras se creó la institucionalidad para hacer efectiva la repartición de la tierra, como por ejemplo el Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA-hoy llamado INCODER) se lograron algunos avances en la materia, mas estos gobiernos liberales encontraron fuerte oposición a la reforma agraria de los grandes terratenientes y de algunos sectores del conservatismo, que a través de acuerdos como el Pacto de Chicoral a mediados de los 70, decidieron no implementar las reformas liberales. Aun hoy es una materia pendiente en el país, democratizar la propiedad, concentrada en cabeza de grandes latifundista que valiéndose de todos los medios, legales e ilegales, se han apoderado de ellas, aliados (aclaro, NO TODOS) con narcotraficantes, guerrillas y paramilitares. Si Colombia tuviera 100 habitantes, 4 de ellos serian dueños de alrededor del 65% del territorio rural de la nación. (Una realidad vergonzosa, que se debe modificar). El liberalismo tiene este reto pendiente…llevar a cabo en la practica la reforma agraria iniciada y boicoteada el siglo pasado.

  3. Impulso a la educación pública y al sistema de salud para los sectores populares. Un pilar esencial de la filosofía liberal, es la separación entre las funciones de la iglesia y el Estado, como una forma de garantizar la libertad de pensamiento, de cultos y rescatar los valores republicanos y civiles en la formación de la ciudadanía por sobre los religiosos, que se circunscriben a la esfera intima del individuo y por tanto no deben determinar la acción política del Estado. Fue bajo esta concepción, la de un Estado laico, que el Partido Liberal le aposto a la consolidación de la educación pública como una manera de formar ciudadanos consientes de los valores de nuestra república y como una manera de democratizar las oportunidades en la sociedad, Para que hijos de obreros, campesinos, y la clase media tenga acceso al bien mas do valioso… el conocimiento. Por otro lado respecto a la salud, y solo como ejemplo cito al gobierno del ex Presidente Liberal Ernesto Samper, que mas allá de las críticas que se le pueden hacer por el proceso 8.000, se dio a la tarea de construir el SISBEN, programa que permite a los más humildes acceder al sistema público en salud.

  4. La convicción de que el problema del conflicto armado debe tener una solución política, sin renunciar nunca al ejercicio legitimo de la fuerza contra actores al margen de la ley. Ejemplo de ello el estatuto de seguridad del ex Presidente Liberal Julio Cesar Turbay Ayala y del presidente Liberal Virgilio Barco en cuyo gobierno se desmovilizo el grupo guerrillero M19 y se inicio la desmovilización del EPL (ejército popular de liberación). El partido es consciente de la imposibilidad física de eliminar a los grupos guerrilleros y de los altos costos en términos de vidas humanas, crisis humanitarias y económicos que ello implica. Por tanto promueve la solución política de estos problemas, a través de la negociación, porque siempre será mejor y más sensato tener a estos sectores defendiendo su visión de la sociedad en el marco de las instituciones democráticas y no en las montañas de Colombia con un fusil al hombro.

  5. Porque la posición en política internacional ha sido siempre de respeto y concordia con todos los países del mundo, bajo el supuesto de libre autodeterminación de los pueblos y soberanía del Estado.

  6. Por último porque el partido en su esencia es una colectividad socialdemócrata, es decir, promueve y concilia tres de los valores humanos más importantes, la libertad, la igualdad y la solidaridad. No comparte la posición extrema de neoliberales que consideran que el mercado debe ser el mecanismo para asignar todo tipo de bienes, y que mercantilizan la educación, la cultura y la salud, y desconocen el rol del Estado en la construcción de una sociedad más justa, y de marxistas que en nombre de la igualdad absoluta sacrifican la libertad y promueven una organización política que hace que el Estado usurpe la voluntad política de la suma de individualidades. El partido Liberal, defiende un modelo económico regulado por el Estado, para evitar los excesos y el abuso de los operadores económicos y para redistribuir la riqueza (manifestación de la solidaridad, entendida como la máxima que obliga al Estado a buscar la incorporación de los sectores mas oprimidos a un modelo de calidad de vida en condiciones de dignidad). El país a la par que crece económicamente debe distribuir, para que no se de ese efecto perverso de crecimiento con desigualdad. Creemos en un modelo capitalista con rostro humano y solidario, donde se produce riqueza, y esta es utilizada para lograr en palabras de Jorge Eliecer Gaitán: “la igualdad material frente a la vida” igualad de oportunidades, en salud, educación, y acceso al bienestar…de los más humildes, los liberales creemos en una sociedad donde no sea la cuna la que establezca el destino del ser humano, sino su propio carácter y determinación.

Como decía Luis Carlos Galán “una vida digna es como una carrera de un kilometro, en nuestro país hay quienes inician esa carrera 100, 400 metros adelante, otros 200, o 600 metros atrás, otros nunca inician la carrera…es deber del Estado garantizar que al menos todos los colombianos recorran ese kilometro… a través de asegurar los derechos mínimos como la educación, la salud, la alimentación y la vivienda”. En esto creemos lo liberales colombianos, reconocemos los errores cometidos en el pasado, pero estamos convencidos de la misión histórica de nuestra colectividad…hacer una nación más justa.

sábado, 1 de septiembre de 2012

A propósito de los acuerdos de paz

Columnista Carlos Herrera Rozo.

A propósito de los acuerdos de PazHace días me hice el propósito de no volver a escribir sobre temas de la actualidad colombiana, quizás equivocadamente, pero fundada mi decisión en los artículos de prensa y, fundamentalmente, en los comentarios soeces y desproporcionados, de los ciudadanos que los firman. No se dan cuenta que esa actitud descalifica, ética y moralmente, aun llevando razón, a quienes los suscriben. Pero debemos de convenir que su actitud es el reflejo de una política de desinformación, de desconocimiento de las instituciones que nos rigen, de ignorancia supina sobre los manejos del poder, de miedo a lo que ocurre a lo largo y ancho del país, de sometimiento a los dictados de la violencia, de incredulidad ante la ineptitud o la complacencia de los jueces, de sometimiento a quienes utilizando los medios de comunicación narcotizan a los ciudadanos falseando la verdad creando paraísos y nirvanas donde solo existe odio, resentimiento, fanatismo y desdén por el otro que piensa diferente, sirviendo, a contra pelo de la opinión pública, a quienes quieren imponer, desde la caverna, el pensamiento único, que les permita obrar a sus anchas incumpliendo los principios que han jurado defender.

Hoy, después de las lecturas de los diarios y de los comentarios anexos, sobre los temas motivo de esta nota, “Los Acuerdos de Paz” entre el gobierno del Presidente Santos y las guerrillas de las FARC y el ELN . me propongo llamar la atención de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes, en aras de las buenas maneras, de la reconciliación entre los colombianos, apostando por salvaguardar los principios fundamentales de nuestra Carta Magna, de modo significativo en lo referente a la libertad de expresión, fundamento sin el cual, la democracia no es posible. Nada agregamos cuando afirmamos que el fallo es del sistema político y, menos aun, cuando señalamos con el dedo a nuestro legitimo contradictor, al opositor, sea este comunista, fascista, liberal o conservador. Debemos comprender que la disposición al desacuerdo, al libre disenso, así se lleve a extremos fastidiosos, es la columna vertebral de una sociedad abierta. La democracia exige, para no naufragar en el marasmo de las opiniones hechas, de la existencia de individuos que se opongan a la opinión de las mayorías, porque una democracia de consensos, como el frente nacional, o de pactos permanentes entre partidos políticos para repartirse el poder, no será una democracia que perdure mucho tiempo.

Entiendo que a las comunidades les resulta más sencilla la vida cuando todos parecen estar de acuerdo sobre su gobernabilidad, lejos de ideas reformistas por buenas que ellas sean, en aras de salvaguardar las convenciones y las formas de convivencia, optando por rechazar al disconforme. Pero también tenemos que aceptar que la vida, desde esa perspectiva restringida, será menos activa y poco satisfactoria. Quien observe con detenimiento las sociedades, las naciones en que su actividad democrática natural se ha detenido, como la nuestra, gracias a la violencia mantenida a lo largo de más de cincuenta años, vera que sus instituciones se han desintegrado y que el caos reina para satisfacción de unos pocos que medran a costa del sufrimiento general de los ciudadanos para los cuales gobiernan. Es el precio que se paga por acallar la voz de los disconformes, aceptando luego, en silencio, un círculo cerrado de opiniones y de ideas en el que nunca se permite la voz de la oposición, ni para escuchar el grito desgarrador del silencio impuesto por la fuerza. Me dirá, algún avispado lector, que no es el caso colombiano, solo debo afirmar que, aparentemente las personas siguen siendo libres de decir lo que les venga en gana, pero cuando sus opiniones se apartan de lo que dice el statu quo, son apartadas y marginadas de la sociedad, cuando no, asesinadas u obligadas al exilio. Los ejemplos de este proceder son múltiples en el país, y si no nos proponemos con seriedad y rigor constitucional en conseguir la paz continuaremos alejándonos de la realidad que nos acucia y permitiendo que la sangre de nuestros compatriotas se siga derramando y el presupuesto que debería servir para mejorar la vida de todos los ciudadanos desperdiciándose en una guerra inútil.

Creo que los ciudadanos en general, los intelectuales y los jóvenes en particular, están en mora de participar activamente en la vida política de la nación. No podemos aceptar “el no me importa la política”, porque es dejar en manos de desaprensivos la forma en que debemos gobernarnos, la forma en que debatimos nuestros intereses comunes, el problema no es, ni se centra en saber, si estamos o no de acuerdo con un acto legislativo sino en la forma en que se debate y los actores interesados o no en que salga adelante. Es asombroso observar como las sociedades han ido aceptando, sin protestar, la invasión indebida de sus derechos personalísimos, por no hablar de la invasión de Irak, el racismo, la homofobia, las diferencias de clases, etc. En el siglo pasado los intelectuales fueron la voz en defensa de las libertades: se identificaron con las protestas contra el abuso de poder por parte del estado secundados por los jóvenes que exigían un cambio de las instituciones que consideraban caducas y alejadas de la realidad social a las que se aplicaban. Hoy, tanto unos como otros, quizás sometidos por el miedo, hablan y escriben a contrapelo de lo que ocurre en las sociedades avanzadas. Los ciudadanos en general, los intelectuales y los jóvenes en particular no deben olvidar que si renuncian a la política activa abandonan a la nación en manos de políticos corruptos, de funcionarios mediocres y venales, y al vaivén de los intereses desmedidos de las multinacionales y de los grupos de presión. Por lo mismo no debemos abandonar el desafío de la renovación tanto de las instituciones cuando la costumbre lo demanda como de la clase política existente cuando sus principios y valores lesionan el interés general.

A propósito de los acuerdos de PazEl disentir, la disconformidad, la disidencia, la oposición siempre han sido obra de mentes jóvenes y renovadoras. Para corroborar este aserto basta con mirar las páginas de la historia: La revolución Francesa, La revolución Americana, La independencia de América del Sur, La revolución de Octubre, el New Deal, la Europa de la posguerra, el movimiento del 68, fueron movimientos liderados por jóvenes. Frente a los excesos del poderes más probable que los jóvenes los afronten y exijan su solución, que se resignen a ser sometidos y a acallar sus conciencias. Pero, como ocurre hoy día, también, debido mas a la desinformación y a la persistencia de los desarreglos sociales, que se sometan más que sus mayores a caer en el apoliticismo desviando sus intereses hacia cosas superfluas, o a aquellas otras que llaman su atención y que llenan intelectualmente el espacio vacío que les deja la política, como las ONG, Green Peace, médicos sin fronteras, etc., con la disculpa de que, “la degradación política no es cosa nuestra”. No son conscientes de que la sociedad en que viven, las instituciones que se ha dado solo podrán seguir existiendo en la medida en que su compromiso con la gestión de la cosa pública no decaiga.

Todo lo que tiene el ciudadano para defender el interés general son las elecciones a los consejos municipales, a las asambleas, a los cuerpos legislativos y al ejecutivo. Son estos los únicos medios que poseemos para convertir la opinión ciudadana en acción ejecutiva dentro de la ley para poder convivir en paz y armonía. Por todo ello es fundamental la garantía de las libertades ciudadanas, en especial, aquella que defiende la libertad de expresión, la expresión del legitimo contradictor. El fracaso de la democracia trasciende las fronteras y nos muestra ante extraños como fieras en un estado fallido. Jóvenes, que no sea ese nuestro destino, actuemos siempre en política como si estuviéramos frente a una catástrofe inminente: Espíritu crítico, imaginación permanente y voluntad de acción ejecutiva. Para salir del subdesarrollo necesitamos leyes nuevas, sistemas electorales diferentes, participación activa de todo el espectro político: Liberales, conservadores, comunistas, socialistas, fascistas, socialdemócratas, etc., restricciones efectivas a los grupos de presión, legislar con rigor la financiación de los partidos políticos, encontrar los medios legales para que las autoridades elegidas o no respondan por sus acciones ante la ley y ante los ciudadanos a quienes se deben y que son en ultimas quienes con sus impuestos les pagan.

El encabezamiento de esta nota indicaba que íbamos a hablar de LOS ACUERDOS DE PAZ No lo he hecho, porque es un tema, hoy y ahora, privativo del ejecutivo. Es el presidente quien deberá ir poniéndolo en conocimiento de los ciudadanos y de los cuerpos legislativos; de los cuerpos de seguridad del estado y del poder, judicial en la medida en que avancen las negociaciones. Sí he hablado de las causas que dan lugar al extravío de algunos ciudadanos empeñados en continuar inflando sus cuentas bancarias con el sostenimiento de la guerra y al peligro que entraña el desconocimiento del derecho constitucional, de la libre expresión dentro del arco social y parlamentario. Los jueces no están para judicializar la política ni para encubrir a los corruptos sino para hacer respetar la ley y perseguir a los criminales. independientemente de quienes ellos sean; Los ex presidentes de la Nación para apoyar las medidas que adopte el ejecutivo y guardar el debido silencio en un tema tan trascendental como el que hoy se discute en beneficio de todos los colombianos; el Parlamento para ayudar a buscar cauces por los que rápidamente progresen las negociaciones y se apliquen sin dilación salvaguardando los principios constitucionales vigentes Todos ellos serán más efectivos, y le sirvieran mas a la nación y a la democracia, si dedican todos sus esfuerzos en conseguir la paz.

Los colombianos lo que realmente desean es que el gobierno del señor Santos abandone la política de guerra abierta de su antecesor y abra canales que permitan el entendimiento entre los colombianos; que dedique más tiempo a buscar un modelo económico diferente al impuesto desde Washington y que sea más acorde con los intereses sociales de todos los colombianos; que se evite, cumpliendo con la constitución y la ley el total DESCUADERNAMIENTO DEL PAIS, la perdida de los valores democráticos, para conseguir, mediante el esfuerzo mancomunado de todos los colombianos, sin excepciones de ninguna índole, un país viable, dejando de pertenecer, con ello, al grupo de países fracasados, donde actualmente figuramos, en los anales de la geopolítica mundial.

Hoy, visto lo visto, los ciudadanos tenemos que organizarnos en asociaciones efectivas y rodear sin fisuras al ejecutivo en la consecución de los acuerdos de paz que nos permitan acceder, por derecho, en las decisiones que afecten la vida comunitaria. Ello requiere la exigencia irrenunciable de un cambio fundamental en las estructuras institucionales. Leyes nuevas que le permitan al ciudadano una mayor participación democrática en las decisiones que afecten a la sociedad. Los jóvenes y los intelectuales tienen la obligación de encabezar esta cruzada.

domingo, 4 de diciembre de 2011

¿Para qué sirve la política?

Columnista Carlos Herrera Rozo.

A fuerza de oír a muchas personas de diversas edades, jóvenes y viejos, hombres y mujeres que la política no sirve para nada, que no les interesa, que es un rollo, que solo sirve para que algunos desaprensivos se aprovechen de los bienes públicos, tengo la sensación de que algo está fallando en el concierto ideológico y practico de los partidos políticos, en la educación política de las nuevas generaciones de ciudadanos y en la estrategia general del Estado para acercar al ciudadano a las responsabilidades que le exige la sociedad como miembro de la colectividad en que vive.

Desde luego que si la concepción de la política fuera para los partidos y sus militantes la de su simple aspecto inmediato, transeúnte y mecánico; si la concepción de la política se encerrara en el ominoso cerco de las habilidades tendenciosas, malabaristas y espurias que suele ser a veces el contenido de propósitos de dirigentes a los que les falta esa pulsión dinámica y palpitante de saberse parte integral del conglomerado social al que representa; si la política fuera para quienes la ejercen tan solo la manera de concitar fuerzas y voluntades con la perspectiva de logros inmediatos, para encausar intereses económicos, para favorecer apetencias personales o simplemente electoralistas de pequeñas camarillas, podría haber razón para el desconcierto y el desanimo general de los ciudadanos. Pero, creo en mi fuero interno que, nada más alejado del propósito común de la política, no es ni puede ser la descrita sino aquella que busca el bien común y lo aplica equitativamente entre los ciudadanos. Por ello no cabe el quebrantamiento de la voluntad, ni la suplantación de los ideales y sus predicados, ni el desfallecimiento en la batalla en la consecución de resultados óptimos, frente al legitimo contradictor, que nos permitan acceder al poder.

Estabilidad políticaTenemos la obligación de insistir machaconamente que la más noble de las expresiones de los hombres que viven en sociedad es la política y acotar, a renglón seguido, que estamos en las antípodas de quienes creen ingenuamente que elevando plegarias -desde la más rancia antigüedad, para que cesen entre los hombres odios y rencores, el contraste de las pasiones, de las ideas diversas y de la formas como enfrentamos- concebimos y proyectamos la vida en sociedad.

Es verdad que hay espíritus generosos que quisieran que se evitará el enfrentamiento ideológico entre los partidos. Que fuera posible lo que algunas personas, seguramente con buena fe y poco análisis, han dado en llamar: “gobierno de unidad nacional”, “pacto de gobernabilidad”, etc., etc. sin comprender que estos buenos propósitos solo conducen, por falta de partidos de oposición bien organizados, al silencio de las conciencias olvidadas y angustiadas para repartirse, sin ningún control, la cosa pública en provecho de turbias ambiciones económicas y sociales. De ahí la importancia de acceder al poder con el respaldo de las mayorías.

La existencia de los partidos políticos, de sus fuerzas contrapuestas, de sus diversas ideologías, de su concepción diversa del mundo y de la vida obedece a un proceso de razón de lógica social profundo sin el cual el devenir histórico de las naciones se vería truncado o permanentemente paralizado a falta del impulso vital de las ideologías.

La pervivencia de los contrastes ideológicos de los partidos se arraiga profundamente en los albores de la civilización occidental y explica, por ello, la existencia equilibrada de los pueblos sujetos a este proceso. La razón de los partidos y de las ideas encontradas cuando ya se mueven por verdaderas causas y conductos ideológicos, tienen tanta razón de ser en el proceso de la integración social como las fuerzas del amor y el odio en las relaciones interpersonales, porque solo la razón del encuentro de fuerzas contrapuestas logran la unidad y el equilibrio que los conglomerados sociales necesitan para su subsistencia y sin las cuales sería inevitable la carnicería permanente.

La política, los partidos no son invenciones momentáneas. El contraste de las ideas, la lucha dialéctica, no son valores de paso que puedan ponerse al margen, ni es posible, cuando los partidos, o uno de los bandos en conflicto tienen un impedimento en el plano de las ideas, caso en el cual una de las fuerzas en liza le arrebate el liderazgo, las banderas al otro, indicando sin lugar a dudas que el otro bando claudico o abandono sus lineamientos ideológicos, por lo que su persistencia dentro del conglomerado político y socialmente civilizado deja de tener vigencia. Es entonces cuando el contraste ideológico tiene mayor razón expresando, sin lugar a otras interpretaciones, la validez del presupuesto democrático. Ni los Estados totalitarios, ni las fuerzas opresoras que siempre han existido a través de la historia, han podido anular el contraste beligerante de la ideología entre los partidos, por ser ellos los intérpretes de las diversas concepciones de la vida social a lo largo de la historia y en todos los lugares del mundo.

Democracia: gobierno en que el pueblo ejerce la soberaníaLa democracia reside perentoriamente en la existencia de unos partidos políticos poseedores de una ideología con la cual gobiernan, y otros partidos, con unas ideas con las que se sitúan en la oposición, de ahí el valor de su pujanza y permanencia malogrando las transitorias debilidades de dirigentes estrechos de mentalidad y con desmedidas ambiciones. El partido opositor vive y debe vivir para la oposición, con el idealismo de sus mejores convicciones poniendo un freno y un dique natural a las ambiciones desmedidas y a la abulia que se apodera siempre de los hombres que gobiernan. Y entre el equilibrio ponderado del gobierno y sus razones de mando y la controversia que brota de la oposición que censura, critica, lucha y hace de fiscal de la sociedad en los cuerpos colegiados se forma, como en una labor de ganchillo, el progreso social de la nación, siempre y cuando los partidos no se presten a los juegos marrulleros de los grupos de presión que siempre están ahí, queriendo meter basa buscando canonjías bajo las sombras del poder.

Tan esencial y necesaria es en la vida de los pueblos la actividad política, la lucha ideológica como la pugna por el poder. El progreso de los pueblos se mide por la valía de sus dirigentes, por la mesurada concepción de sus estadistas, por el impulso y la vitalidad vehemente de los partidos que gobiernan y por la racional oposición de quienes se oponen para impedir la degradación o la pereza de quienes gobiernan. Por todo ello es incomprensible, no se entiende o no tiene razón de ser, la pulsión reiterativa de un alto porcentaje de la sociedad en el sentido de que LA POLITICA NO ME IMPORTA. No es agradable escucharlo porque nos llevamos el amargo presentimiento de que las nuevas generaciones de ciudadanos están nutridas en la inanición pasional de las ideologías políticas. Para ellos la política no existe. Para ellos la política es la expresión de la corrupción. Para ellos la política esta ejercida por demagogos y ladrones. Para ellos la política es la satisfacción de desmedidas ambiciones. Para ellos los políticos deben ser puestos al margen de la vida pública y social. A todos ellos, a los que tienen la concepción de que la política no sirve para nada los invito a que en lugar de silenciar sus gargantas nos acompañen, con su concurso, a cambiar lo que no nos gusta y a mantener vigentes todas aquellas conquistas conseguidas en duras luchas sociales: Seguridad social, educación, salud, pensiones, igualdad de derechos etc., etc... Nunca se debe olvidar que el pueblo, los ciudadanos, son superiores a sus dirigentes como tantas veces defendió Jorge Eliecer Gaitán. Que podemos cambiar las cosas pero que estos procesos no se dan por generación espontanea sino mediante la lucha activa y coordinada del organismo social, que es un proceso histórico que no está en las manos individuales transformar o modificar, por ello es importante tu presencia permanente en las actividades sociales orientadas a mejorar las colectividades en las que nos ha tocado vivir... Y por fin, después de un trabajo honesto, concienciado y meditado, con nuestra presencia en las urnas por ser el único lugar donde podremos transformar y mejorar, para nosotros y para las nuevas generaciones, nuestro medio de vida.

domingo, 9 de octubre de 2011

Tipos y funciones de los partidos políticos

Columnista Adolfo A. Abadía.

Types and Functions of Parties de Larry Diamond & Richard Gunther (2001)Esta es una reseña realizada del en el texto Types and Functions of Parties de Larry Diamond & Richard Gunther (2001). Ellos hacen una revisión del papel que juegan los partidos políticos (PP) en las democracias modernas debido a que existe una tendencia que afirma la pérdida de importancia de los PP como institución política. En congruencia con lo anterior y como objetivo central, los autores se proponen dar respuesta a la pregunta “are political parties in modern democracies losing their importance, even their relevance, as vehicles for the articulation and aggregation of interests and the waging of election campaigns?” (Diamond, 2001:3). Lo anterior no refleja una problemática nueva, de hecho hasta tiene nombre propio y que se clasifica en el debate académico como “crisis de los partidos” (decline of parties), lo que refiere que éste tema ha sido objeto de varios estudios. Ahora, los autores se proponen sistematizar los tipos de PP existentes en las democracias actuales para examinar el tipo de funciones que están cumpliendo cada tipo de partido (Diamond, 2001:4).

CRITERIOS JUSTIFICACIÓN AUTOR/TIPOS DE PP
1. Según su función: (functionalist).

Los tipos de PP han de ser clasificados según sus objetivos específicos y metas.

S. Neumann diferencia 3 tipos de PP. Los PP de representación individual, PP de integración social y PP de integración total.
H. Kitschelt diferencia entre 2 tipos PP con una “logic of electoral competitios” y PP con una “logic of constituency representacion”.
R. Katz y P. Mair introduce un nuevo tipo de PP: partido cartel.

2. Según su estructura organizacional: (organitational).

Los PP han de distinguirse por tener una estructura organizacional pequeña o han desarrollado una estructura compleja de redes de cooperación relacional.

M. Duverger diferencia entre “cadre” parties, “mass” parties y “devotee” parties.
H. Kitschelt propone 4 tipos de PP “centralist clubs”, “Leninist cadre” parties, “decentralized clubs” y “decentralized mass”.
A. Panebianco contrasta “mass-bureaucratis” parties con “electoral-professional” parties.

3. Según su orientación sociológica: (sociological orientation)

Los PP han de distinguirse por los tipos de intereses que representan de diferentes grupos sociales.

Samuel Eldersveld, Robert Michels, A. Panebianco

4. Combinación de los criterios anteriores

Los PP han de definirse por el modo en que combinan elementos sociales, organizacionales y cumplen con funciones específicas.

Otto Kirchheimer diferencia entre 4 tipos de PP los “bourgeois parties of individual representation, “class-mass parties”, “denominational-mass parties” y “catch-all people´s parties”.

Cuadro 1: criterios definidores de la tipología de los partidos políticos.

En este texto, los autores parten de que se han utilizado 3 criteros en la formación de tipologías (Diamond, 2001:4-7) lo que resulta en 4 tipologías generalizadoras de los criterios específicos de clasificación de tipos de PP. La hipótesis de Diamond y Gunther (2001) es que estos criterios son insuficientes para la clasificación de los PP debido a que 1) esta forma de construir tipologías para los PP no se ha sistematizado ni ha acumulado suficiente información para considerarse un criterio distintivo; 2) al seleccionar sólo un criterio como base de la tipología, al mismo tiempo excluye en el análisis muchas otras variantes de PP; 3) los estudios realizados hasta ahora son extremadamente deductivos sin un análisis meticuloso de relevancia empírica; y 4) los estudios en base al esquema deductivo de análisis pierden en argumentación en la medida en que inflan los conceptos de atributos, propiedades y variables clasificatorias (concept stretching). Por eso los autores proponen un análisis “theoretically more modest but empirically comprehensive and accurate set of party types that are better reflective of real-world variations among parties” (Diamond, 2001:6).

Ahora, la clasificación desarrollada por los autores de los PP responde a tres criterios específicos (Diamond, 2001:6-7): a) al tamaño formal de la organización del PP y la extensión de sus funciones, b) al estilo de sus comportamientos y objetivos: tolerante y pluralistas o proto-hegemónico, y c) a la forma de sustentos de los compromisos: programáticos o ideológicos. Con la finalidad de facilitar el entendimiento y hermenéutica de los tipos de PP, los autores describirán «tipos ideales» aun siendo consientes que estos criterios no se cumplen a cabalidad en el mundo real, sino más bien se combinan elementos de más de un tipo ideal. (Diamond, 2001:7). Siguiendo este orden de ideas, los autores identifican 7 funciones que son el “common denominator” de los PP: i) los PP nombran candidatos (candidate nomination), ii) los PP movilizan al electorado (electoral mobilization), iii) estructuran las demandas del electorado (issue structuring), iv) los PP representan varios grupos sociales (societal representation), v) los PP agrega los intereses de los diferentes grupos de la sociedad (interest aggregation), vi) los PP forman y sostienen gobiernos (forming and sustaining governments), y vii) los PP cumplen con una función de integración social en relación a la participación en los procesos políticos (social integrations) (Diamond, 2001:7-8).

TIPOLOGÍA PLURALISMO PROTO-HEGEMÓNICO
Elite-based PP 1. Local Notable
2. Clientelismo
Mass-based PP 3. Class-mass
4. Pluralist Nationalist
5. Denomiational-mass
6. Leninist
7. Ultranationalist
8. Religious Fundamentalist
Ethnicity-based PP 9. Ethnic
10. Congres
Electoralist PP 11. Catch-all
12. Programmatic
13. Personalistic
Movement PP 14. Left-Libertarian
15. Post-Industrial Extrem Right
Cuadro 2: tipología de los partidos políticos.

Indiferentemente si los PP tienen una estructura organizacional pequeña o grande y compleja, o están sujetos a propiedades étnicas, religiosas o socioeconómicas, Diamond y Gunther (2001) llegan a la conclusión de que existen 5 géneros definitorios de los PP: 1) etile-based parties, 2) mass-based parties, 3) ethnicity-based parties, 4) electoralist parties y 5) movement parties. La tendencia de los PP es convertirse en “electoralist parties” aunque en sus orígenes el PP haya surgido por demandas culturales o sociales (Diamond, 2001:12). A razón de lo anterior, los autores presentan 15 «tipos-ideales» de estilos de PP existentes, teóricamente, en el mundo real. El cuadro 2 refleja la clasificación de los PP según los 5 tipos, anteriormente, expuestos.

Otros texto que tratan el tema de la crisis de los partidos es el de Phillip Schmitter (1999) Critical Reflexions on the "Functions" of political parties and their Perfomance in Neo-Democracies donde reduce las funciones de los PP a cuatro. Éste texto presenta una visión estática de las funciones de los PP en el sentido que existe cuatro funciones básicas de los PP que deben sobrevivir toda transformación. Empero, las formas de manifestar demandas y participar políticamente se han ido transformando paulatinamente en el tiempo ¿por qué sus funciones mínimas no han de hacerlo también? Es por eso que, según el autor, los PP están en crisis, pues ya no responden, exhaustivamente, a las demandas como institución relevante para le organización política. Un segundo texto es el de Hans Daadler (2007) ¿Partidos negados, obviados, o redundantes?. Aquí, inicialmente, la problemática es similar a como lo plantea Schmitter, sin embargo Hans Daadler (2007), sí advierte una transformación de las formas de organización política. En este sentido, él afirma que los partidos políticos pudieron ser un tema de relevancia en los periodos de la movilización de masas en la primera mitad del siglo XX y que lentamente han ido perdiendo relevancia política y adquiriendo nuevas funciones,en la medida que surgen nuevos actores políticos.

En la medida en que el texto de Larry Diamond y Richard Gunther (2001) parece involucrar criterios flexibles en el tiempo y dinámicos a elementos políticos, culturales y socio-económicos característicos de la evolución de los PP en la democracias modernas tanto del mundo oriental y occidental, su clasificación me parece más plausible y contenedora de elementos de la vida real de los PP.

Bibliografía

DAADLER, Hans (2007). “¿Partidos negados, obviados, o redundantes? Una crítica” en Partidos Políticos. Viejos conceptos y nuevos retos, José R. Montero, Richard Gunther & Juan J. Linz (Eds.), pp. 101-125. Madrid: Editorial Trotta - Fundación Alfonso Martín Escudero.

DIAMOND, Larry & Richard Gunther (2001). “Types and Functions of Parties” en Political Parties and Democracy, Larry Diamond & Richard Gunther (Eds.), pp. 3-39. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.

---------------------- (2003). “Species of political parties. A new typology” en Party Politics, vol. 9 no.2, pp. 167–199. London: SAGE publications.

SCHMITTER, Phillip (1999). “Critical Reflexions on the "Functions" of political parties and their Perfomance in Neo-Democracies” en Demokratie in Ost und West, Wolfgang Merkel and Andreas Busch (Eds.), pp. 475–495. Frankfurt/M.

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