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sábado, 25 de abril de 2020

Los deportes

Por Mary Dagua.

Los deportes son para la vida una parte fundamental, teniendo en cuenta la posibilidad que tenemos todos de realizarlos, la necesidad de hacerlo por bienes en la salud y las emociones que producen en algunos. Viendo, escuchando o practicando algún deporte son cientos las emociones que se trasladan del corazón al pecho y la garganta de un aficionado. Sin embargo, la realidad vista desde un panorama más social nos lleva a plantearnos la posibilidad de que los deportes hayan sido manchados por acontecimientos bochornosos o de carácter social negativo.

Son tantos los momentos históricos en el deporte qué debemos hacer un viaje por países, continentes, lenguas y culturas muy diversas. Me planteo hacer ese viaje así como lo logró hacerlo Carpentier sobre la música en Concierto Barroco al igual que lo hace este autor Cubano, adentrándose en vidas de músicos relevantes para la historia de ese arte lo haré yo con los actores principales del deporte mundial.

Un viaje que emprenden unos aficionados hacia el estadio de Hillsborough sería el inicio de un fatídico sábado, cientos de jóvenes, niños y adultos se adentran en un estadio con capacidad reducida, 96 entraron por última vez a un estadio de fútbol. Son los deportes estos contrastes, la ilusión de viajar incluso kilómetros para ver a una camiseta roja con tintes blancos patear un balón en busca de pasar de fase, ni siquiera en busca de una copa. Morir debido a una fase clasificatoria ¿Sería menos doloroso si hubiera sido en la final de la Champions League? es una estupidez tan solo plantearse la pregunta, pero lo fue aún más lo que opinaron medios de comunicación y policía al respecto, buscando hallar en las víctimas un culpable. Víctima y victimario puestos sobre una misma mesa, comiendo juntos de la misma injusticia.

Son los prejuicios los culpables de los peores momentos del deporte, sin dudarlo dos veces considero mi afirmación verídica e inquebrantable. Fueron 96 las personas fallecidas en Hillsborough y fueron esas mismas 96 las catalogadas como hooligans, hinchas extremadamente violentos que visitaban los estadios de Gran Bretaña para ver deporte. Los prejuicios de manera irremediable interfirieron en la noticia fatídica, fueron los desadaptados quienes provocaron la muerte de 96 personas. Vemos en los videos repartirse unos a otros publicidad como si fuesen camillas que iban a salvar una, dos, tres o noventaises vidas, fueron los desadaptados quienes permitieron que ese 96 no fuera un 97, 98 o 100.

Los desadaptados corriendo por toda la cancha en busca de ayuda, halando personas de los brazos para poder sacarlos de las montañas humanas. Los desadaptados salvando vidas y luego calificados de eso, de inhumanos, de hooligans peligrosos que habían provocado 96 muertes al no saber comportarse en un estadio de fútbol. La culpa la tienen ellos, eso dicen los medios oficiales, para no admitir que utilizaron los prejuicios como pared de contención para no ahogarse en el caos que ellos habían provocado. 96 vidas perdidas y una sociedad evidentemente corrompida por lanzarse la pelota no de un arco al otro sino de un culpable a un inocente que debe cargar con la presión social. 96 motivos para hablar del deporte.

-¿36 es un número menor que 96?
- No.

36 fue un número mayor que 96 en un momento específico de la historia en el cual los deportes reunidos en un solo lugar fueron tergiversados de maneras inimaginables en la actualidad. Berlín fue el lugar escogido, no fueron 96 los muertos, fueron millones los escondidos detrás de una verdadera cortina de humo. La anterior es una afirmación que suelo detestar “el deporte es una cortina de humo” no lo es, una cortina de humo no saca vidas adelante y enseña carácter a personitas que dedican su vida a una pasión en específico. Pero esta sí fue una verdadera cortina de humo.

Criminales fueron aplaudidos en Berlín en 1936 en la Olimpiada Nazi. Los deportes reunidos en su maxima representacion mundial fueron utilizados para fomentar crímenes contra la humanidad. Un hombre negro humilló al pequeño hombre blanco llevándose tres medallas de oro a su congregación llena de más gente de color. Crímenes cometidos contra los considerados inferiores, de razas que no tenían nada que rescatar. Un hombre blanco ayudó a un hombre negro a ganar una de esas tres medallas. Discriminación, censura y privación de libertad. Libertad, un salto triple y un hombre negro con una medalla dorada en su cuello. Odio, desprecio, miradas humillantes. Un himno que hizo enojar al genocida conocido como Hitler.

Las manchas en los deportes son incontables. Contables si nos ponemos en la ardua labor de discriminar una mancha de otra hasta llegar a hacer una lista con las manchas y manchitas. La del 36 fue la máxima expresión de un reguero de manchas. No fue sino casi 20 años después cuando la sociedad se dió cuenta de su error, de lo cometido por ellos mismos, de lo que habían permitido que sucediera. Pero era ya una mancha imposible de borrar, una mancha que llega hasta el 2020 en un escrito sobre los deportes. Quizás porque fueron los mayores asesinos de la historia quienes se escondieron detrás de esa mancha y cortina de humo. Los primeros prejuicios contra los mal llamados hooligans son difícilmente comparables con los realizados por los nazis contra todo lo que no se asemejara a ellos.

Hooligans y Nazis son dos términos tan diferentes, maneras de llamar a personas igual de diferentes, pero hay algo en lo cual se ingresan ambos, los prejuicios y los deportes. La utilización de unas olimpiadas para esconder la mugre que hay en casa y buscar propaganda la podemos contrastar con la necesidad de llamar vándalos a unos aficionados con la finalidad de cubrir sus propias manchas. Una mancha histórica que tiene el fútbol con la sociedad ha sido utilizada para tapar una que tiene la justicia con las víctimas.

La construcción de una identidad es lo que creo ha influido notoriamente en los dos acontecimientos anteriores, unos tomados por bandidos y los otros por héroes, siendo todo lo contrario “¿Héroes o payasos?” se preguntan dos personajes de Demasiados Héroes de Laura Restrepo, somos payasos creyendole a unos falsos héroes, concluiría yo. Construimos una identidad como sociedad americana, otra como europeos, una más como colombianos o franceses, alemanes o ingleses, pero compartimos una misma como payasos, una que no fue construida por nosotros mismo sino que nos la hachantamos de manera graciosa. Confiando en payasos y dudando de héroes. Considerando mayor el 96 que el 36, payasos.

Un recorrido histórico por la música, quizá es lo que hace Carpentier, he perdido yo mi rumbo. No soy una “fomentora” de lo real maravilloso, ni autora de ningún Boom, son una estudiante que empezó hablando de los deportes sabiendo que terminaría hablando de estos con carácter social. Una denuncia no es lo que escribo, me tomo libertades de buscar una voz dentro de todo este lenguaje que no es clásico pero tampoco barroco. Encuentro en este un tema tan interesante que debí no haberlo escogido, sumar una pasión por los deportes con una por la historia me ha llevado a perder el hilo de ese recorrido que dió Carpentier y yo quería dar.

Yo no soy una autora del Boom por eso me doy la licencia para continuar hablando de los deportes como una reunión de sentimientos que han hecho relevante ciertos momentos históricos. Hay uno en particular que ha dejado huella en mi memoria, el partido de fútbol que presencié, que viví que ví con mis propios ojos, el partido de fútbol más desigual e igualitario de la vida. Dos bandos nunca antes tan opuestos, unos dejaron se quitaron sus botas pesadas y se pusieron las de caucho para poder moverse a la velocidad del balón por encima del barro, los otros 11 dejaron el temor de desconocer a quienes habían combatido durante años. Eran 11 vs 11.

Hombres fornidos que habían luchado con balas durante décadas se encontraban dándose las manos en señal de cortesía para iniciar una batalla que sería más significativa que los disparos que habían realizado años atras. Estaban de-construyendo identidades que les habían dado sectores políticos y sociales. No encuentro manera poética de decir lo que sentí en ese momento, porque no hay manera terrenal de decirlo y no es porque conozca el cielo “sino porque aquí nunca ha habido nada tan bello”.

Un conflicto armado pasó a ser uno deportivo, mucho más ameno y divertido, significativo para ambos bandos como para el público expectante que miraba con ilusión el futuro cada vez más llevadero. Los deportes que antes habían significado prejuicios y cortinas de humo ahora, en mi actualidad, tienen un significado mucho menos metafórico pero más significativo. Era el inicio de un fin, eliminando esas limitaciones que teníamos frente a nuestros rostros. Jamás una joven podía llegar a estar tan emocionada al ver un balón entrar en una portería, sin importar si era la del ala sur o norte. Hipocresía se le podría llamar en una cancha de futbol normal, doble cara, vendida, sandía, doble camiseta y tantos apodos más, pero en ese momento solo fuí una colombiana feliz.

jueves, 31 de agosto de 2017

Los jóvenes: una cuestión difícil de explicar

Por Mary Dagua.

Son muchos los cambios que se han hecho a lo largo de la historia en cuanto a la etapa de la juventud en la vida de una persona. La educación es uno de los aspectos que ha sufrido mayores cambios a lo largo del paso del tiempo.

¿Son los jóvenes postmodernos precoces y menos educados? Pues bien la pregunta es bastante difícil de explicar, muchos pedagogos intentan solucionar la interrogante continua de ¿cómo educar a los jóvenes? Y con cada año pasado esta interrogante debe ser reformulada y reinventada. Pero no podemos dejarnos alcanzar en el tiempo, es un fenómeno que nunca se detiene y la educación le va de la mano en su continuo movimiento y cambio.

En el siglo XIX se vivía por y para el avance continuo, se terminaba la etapa de la juventud en una edad temprana con la consolidación del matrimonio. Pero era solo quienes fuesen de familias adineradas quienes podían soñar son una buena familia, una buena casa y formar su propio hogar dejando de lado el de la juventud. Luego en la segunda mitad del siglo XX esto cambio y los jóvenes empezaron a ser más revolucionarios y empezó la época de la meritocracia, la cual consistía en que cualquier joven de cualquier estatus social podía a acceder a una educación superior, con esto se lograba subir su nivel de intelectualidad y por ende al conseguir un mejor empleo con la ayuda de dicha educación se subía de estatus económico, todo lo anterior a punta de méritos de cada uno de los individuos.

Para llegar a la culminación de cada una de las etapas que se trazaban en el siglo XIX y el siglo XX se necesitaba de esfuerzo y educación, si bien son momentos de la historia diferentes, se puede entender que tenían varios factores en común en cuanto a los jóvenes y su concepto de evolución.

De nuevo cambio ese concepto en el siglo XXI. Algunos pedagogos afirman que la juventud postmoderna, como la denominan, ha dado un cambio drástico dejando de hacer su educación lineal y convirtiéndola en una circular, tal es el caso de Enrique Gil Calvo y Fernando Vásquez. Ellos afirman que esta nueva forma de aprender con un cambio de transiciones ha llevado a que se sueñe más y se haga menos. Se deja de lado el “gran esfuerzo” que requiere empezar y concluir una carrera universitaria para aventurarse en la ruleta rusa de los deportes, el modelaje, la música, el teatro y demás. Áreas en las cuales sobre salen unos pocos que o tienen los amigos correctos o habilidades majestuosas, como sería el caso de un deportista destacado.

Hace esto que una parte de mi pregunta inicial se responda. Cuan menos educados son los jóvenes de nuestra generación también depende de esos sueños y metas distantes que se tienen y se persiguen cada vez más. Pero no solo estos deseos, validos según mi convicción, sino también la tecnología y la educación circular de la que nos habla Fernando Vásquez han ayudado a que se disminuya el nivel de intelectualidad en los jóvenes. Al darse un deseo de consumir siempre lo mismo sin dejar que una cosa te lleve a otra más grande ha hecho que se desconozcan muchas facetas de la vida que los jóvenes sustituyen con experiencias que repiten una y otra vez.

Una de esas experiencias me lleva a responder la segunda parte de mi pregunta inicial. ¿Son los jóvenes posmodernos precoces? Y es que yo consideraría que sí lo son. Para citar el ejemplo más claro y que ocurre en nuestra sociedad colombiana con más concurrencia de lo que querríamos es el embarazo adolescente. Sin siquiera llegar a una edad en la cual se les puede considerar jóvenes ya se está teniendo la enorme responsabilidad de un embarazo, esto dejándonos muy claro que el sexo cada vez se practica en una edad más temprana, dejando de ser el premio mayor de la edad adulta a convertirse en el deseo pasional y momentáneo de la adolescencia.

Como inicie este artículo lo concluyo. Son innumerables los cambios que ha vivido el concepto de juventud a lo largo de la historia, pero a pesar de que algunos de esos cambios no son negativos si están aquellos que hacen que se pierda una evolución que se había conseguido con anterioridad, haciendo más difícil la educación y la concepción de lo que es en realidad un joven.

lunes, 21 de noviembre de 2016

La lectura desde dos perspectivas

Por Mary Dagua.
“La lectura, resurrección de Lázaro,
levantar la losa de las palabras”
Jorge Perros

El acto de leer es inmenso en todo el sentido de la palabra, nos permite conocer nuevas cosas, viajar en el tiempo, recordar, soñar, educarnos; en conclusión, nos lleva a vivir en la mejor medida posible. Pero más que ese romántico punto de vista de la lectura, esa que tenemos los soñadores y quienes amamos la lectura, hay dos puntos que resaltare y amplificaré con la ayuda de “Como una novela” del autor francés Daniel Pennac.

En primer lugar, hablare sobre “la lectura como comprensión”. El acto de leer algo, comprenderlo e incluso poder comentarlo, reseñarlo y compartirlo. La palabra clave en esta lectura es la deducción, pues bien, necesitamos para lograr deducir un texto de tres actos claves: comprender la relevancia del texto, recuperar lo más importante del texto y finalmente la inferencia utilizando nuestro horizonte hermenéutico.

El horizonte hermenéutico es ese diccionario que todos tenemos en la cabeza, una enciclopedia o incluso, para los más estudiosos o conocedores, una biblioteca llena de información relevante para comprender un texto. Con este podemos deducir actos y palabras así podremos tener una mejor comprensión lectora.

Nos cuenta Pennac que el comienzo de ese horizonte hermenéutico, de ese amor por la lectura se da cuando empezamos a preguntar, ¿cuáles serían ese tipo de preguntas?

“- ¿Cómo se escribe eso?
- ¿Cómo se escribe qué?
- prehistórico
- p.r.e.i.s…
- déjame ver”

Y está bien eso, preguntar nos abre muchas puertas, como dicen muchos docentes “es más bobo el que no pregunta porque continua ignorante en su pregunta”, así empezamos todos, comiendo tierra por la curiosidad de su sabor, tocando la candela para saber que se siente, mordiendo al perro ya que si el muerde ¿por qué yo no puedo?

Luego de ampliarlo, podemos continuar con la lectura ya desde un acto de deducción, ya sabemos que la princesa siempre termina con el príncipe y la bruja malvada en la ruina. Y después pasamos a querer ese pedacito de texto, ese párrafo que nos encanta, esa frase, esa página y luego ¿por qué no? Ese libro.

“El mismo párrafo, evidentemente – virtudes de la repetición –, después otro, su “pasaje predilecto, después textos completos. Textos que sabe casi de memoria, que reconoce más que lee, pero que lee de todas maneras por la alegría de reconocerlos”

Yo soy consciente del hecho que hay muchos más aspectos en cuanto a la comprensión de un texto, pero quise enfocarme en nuestros inicios como lectores y en como eso impulsa el resto de nuestra vida lectora.

El segundo punto es “la lectura como practica social y critica”. Ahora bien, son 4 los aspectos principales de este, según nuestra clase. El uso de la lectura en comunidad; la lectura como una práctica social; comprensión textual e ideológica; y finalmente la configuración semántica particular de las palabras.

Personalmente considero que la primera se puede perfectamente complementar la segunda, ya que cuando leemos en comunidad estamos dando mucho de nosotros, estamos haciendo una práctica social, enseñando y aprendiendo, lo llamare lectura social. Este será mi aspecto a tratar en este trabajo, al igual que en el primer punto lo ejemplificare con la obra, del autor de “la felicidad de los ogros” (1985) Daniel Pennac, “Como una novela”.

Se nos cuenta sobre Perros, un profesor, que leía a sus alumnos, les daba vida con esa lectura.

“Por su voz descubramos de repente que todo aquello había sido escrito para nosotros”

Anteriormente se nos cuenta que los jóvenes a los cuales le leía Perros, pensaban que no sabían nada, que no eran buenos para nada, que, si son buenos en algo, quizá, pero no mucho. Con la lectura aprendieron a conocerse, sus gustos, sus placeres, a saber, que si eran algo y en algo serian buenos. A causa de esa lectura esos jóvenes fueron transformados y eso no solo pasa en Francia, para no irnos a casos más remotos, hace cuatro años yo odiaba las letras, decía que no me entraban ni con sangre, gracias a una gran docente, a sus lecturas a su trabajo social mediante la literatura, hoy amo esas letras que algún dia odie.

“Este descubrimiento intervenía después de una interminable escolaridad en la que la enseñanza de la literatura nos había mantenido a una distancia respetuosa de los libros”

Y es eso lo que quiero recalcar más que cualquier cosa, como, aunque en la mayoría de las instituciones educativas nos ponen a comer letra sin saborearla, tan solo por decir estos jóvenes “leyeron” cuatro novelas en un semestre; sin ellos elegirlas, sin quererlas, sin entenderlas. Esto cambia cuando hay una lectura verdadera, con interés, teniendo a esa persona que nos lea o que nos impuse a hacerlo. Ahora bien, digo que no hay nada más hermoso que leerle a un amigo un pequeño párrafo de nuestro libro favorito y en un par de días nos diga que lo leyó completo. El trabajo social a partir de la lectura consiste en eso, dejar de lado eso negativo de los libros, que nos obligan a ver, y enseñar ese positivo, hermoso y dedicado lado de la lectura.

Terminare con mi parte favorita del libro.

“¡Que pedagogos éramos cuando no estábamos preocupados por la pedagogía!”

Bibliografía
PENNAC, D. (2004). Como una novela. Norma: Bogotá.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Lo lindo de mentir

Por Mary Dagua.

En el prólogo del ensayo “La verdad de las mentiras” el escritor peruano Mario Vargas Llosa nos cuenta desde su perspectiva, conocimientos y trayectoria porque cree firmemente que en las novelas se miente, pero dejando en claro que esa es tan solo una parte de la historia, porque al mentir, expresan una curiosa verdad. Pero realmente en la literatura no se dice que se miente, el término valido es “ficción” y esta es debido a la inconformidad de los seres humanos con nuestro entorno, queremos poder ser o hacer algo en la vida, no lo vemos hecho, entonces lo escribimos. El autor de “la cuidad y los perros” nos da como ejemplo muchas obras que han surgido a lo largo de la historia literaria, entre esas su obra.

Con todo y trayectoria encima suyo, el Premio Nobel de Literatura por fin nos responde esa pregunta tan cautivadora ¿lo que escribes es “verdad”?

A lo largo de “la verdad de las mentiras” Vargas llosa nos cuenta de una manera muy convincente porque aunque sus obras en muchos casos estén basadas en sus vivencias, el miente. Y es que tan solo empezando este ensayo nos da como ejemplo “la ciudad y los perros” una de sus obras más aclamadas, contándonos que incluso quemaron el libro acusándolo de calumnioso, no nos niega que tiene algo de verdad y anecdótico; pero también se deja en claro que no quería plasmar fielmente una historia. Al poner su obra como ejemplo al inicio es una buena jugada por parte del autor, ya que sentimos esa confianza en lo que nos está diciendo, podemos de entrada saber el tema del cual se va a hablar y como los ejemplos nos clarifican dicho tema, además de esto nos da un ejemplo aún más claro al mencionar al francés Restif de la Bretonne y sus novelas costumbristas del siglo XVII pero se nos resalta que hay algo aunque mínimo, diferente, la belleza de sus pies. Y es que claro, teniendo en cuenta que el autor francés era un fetichista del calzado femenino es apenas concebible que en sus obras se vieran plasmados los pies. Pero queda la duda ¿es posible que si Restif no hubiese sido fetichista sus obras serian “verdad”? y es que es una mala jugada por parte de Llosa, después de darnos como ejemplo su obra, ahora irse a tiempos más lejanos es bueno, pero darnos como ejemplo a un hombre que tergiverso sus “novelitas” (7) es algo muy arriesgado para esa credibilidad que ya teníamos en este ensayo. Es claro, por supuesto, que no va de la mano totalmente con la realidad, pero lo que logra eso es un fetichismo y no un deseo de no seguir la historia en la cual está basada, si es que hay una.

Lo que se perdió anteriormente se recupera muy rápido, Alejo Carpentier, Beckett y Faulkner son los elegidos por Llosa para su próximo ejemplo, y es que tienen en común que sus obras son tergiversadas mediante el tiempo en el cual ocurren, “viaje a la semilla” A. Carpentier es un ejemplo muy claro al empezar con la muerte de un anciano y terminar con su gestación (9) y es que esto me recuerda a Scott Fitzgerald y su libro “el curioso caso de Benjamín Button” porque aunque el cambio en el tiempo sucede debido a una enfermedad del protagonista y no por un cambio en el tiempo, se asemeja bastante con el hecho de querer darle un cambio muy notorio a la historia, quizá verdadera, en ese amor entre Button y Daisy. Y a partir de esto nos queda aún más claro que los grandes literatos a lo largo de la historia han mentido, pero a diferencia de las mentiras comunes que nos enfurecen y decepcionan estas no lo hacen, porque surgen obras tan maravillosas que ¿Quién podría molestarse?

“Toda buena novela dice la verdad y toda mala novela miente. Porque “decir la verdad” para una novela significa hacer vivir al lector una ilusión y “mentir” ser incapaz de lograr esa superchería”. (10) tiene mucha razón Vargas Llosa al mencionar esto y es que ¿quién no ha sentido a los Pevenci en “las crónicas de Narnia” de C. S. Lewis tan parte de su familia como a su propio primo o hermano? Bueno, aunque esto también depende del lector y es algo que Llosa no deja muy en claro a lo largo de su ensayo, porque si uno es un mal lector, o uno por moda, o por simple “desocupe” dudo mucho, o dudo todo, que logre sentir esa verdad en semejante mundo de mentiras.

"los hombres no están contentos con su suerte y casi todos -ricos o pobres, geniales o mediocres, celebres u oscuros- quisieran una vida distinta de la que viven" (6) tiene razón en eso de que los hombres siempre queremos algo más de la vida, jamás lo tendremos todo, y en la literatura nos perdemos en ese mundo de fantasía que queremos, pero también es cierto que la literatura no siempre narra maravillosos mundos, lugares hermosos, donde somos felices, o donde al final se logra lo que se quería, entonces esa literatura ficcional no entraría en el campo de lo que Llosa nos quiere hacer saber, y es que si como hombres queremos algo mejor sería absurdo escribir para perdernos, para ser felices, pero hacerlo en un mundo macabro, donde el final no era el esperado y la felicidad no se ve completada. Como ejemplo de esto tenemos "Santuario" de William Faulkner o perfectamente entraría la magnífica novela basada en la Batalla de Waterloo, con final inesperado incluido, pero perfectamente ficcional en muchos rasgos de la misma "los miserables" de Víctor Hugo.

En conclusión nos queda que el ensayo del peruano está muy bien desarrollado en cuanto a porque las novelas mienten; como la ficción es un género magnifico; pero que no cualquiera puede desarrollar con perfección. Pero por otro lado tiene falencias en cuanto a sus ejemplos y personalmente me quedan dudas respecto a su planteamiento.

Bibliografía
VAEGAS LLOSA, M. (1990) “prólogo” en La verdad de las mentiras. Seix Barral: Barcelona

martes, 20 de septiembre de 2016

La lectura como un acto de amor

Por Mary Dagua.

¿Qué es la lectura? Esa es la pregunta que muchos de los que leemos nos hacemos. Ahora yo responderé desde mi punto de vista, desde como lo siento y como lo vivo. Soy estudiante de licenciatura en literatura y por ello debo leer muchos textos semanalmente, algunos muy a mi estilo y otros no tanto, pero todos son textos que me dejan algo en que pensar, una reflexión, un aprendizaje, algo nuevo; y creo sobre todas las cosas que leer es eso, aprender, reflexionar y crear, pero también es amor. Y he aquí donde empieza la cuestión, el fin de este texto, y es que para muchos leer es una necesidad, para otros una simple cuestión de obligación, pero para esta humilde lectora, de libros baratos (económicamente hablando), esos que no voy a buscar a las librerías porque sé que sería una tortura total, ya que su precio es inalcanzable para mí, para esta lectora es un acto puramente de amor, de verlo en la estantería o en el piso de un mercado, leer su título, sonreír y decir ¡caray, yo tengo que leer esto!.

Y es que primero hay que saber que es el amor. Y según google es: “Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.” Concuerdo por supuesto, porque amamos a ese objeto como parte fundamental de nuestra vida, como un algo que debemos proteger de la lluvia, de ese gato inquieto, de ese perro mordelón, de esa mamá que todo lo que no ve en su puesto lo bota. Para ser mejor entendida, más útil no podría ser citar a un reconocido escritor como lo es Daniel Pennac; quien nos dice en su libro “Como una novela” (2004) que el leer es un hecho, si bien no puramente, pero si necesariamente de amor.

“Si, como se dice, mi hijo, mi hija, los jóvenes no aman la lectura -y el verbo es exacto, se trata precisamente de una herida de amor-, no hay que incriminar ni a la televisión, ni a la modernidad, ni a la escuela.”

A lo largo de mi vida he leído una buena cantidad de libros, textos, ensayos, reseñas y demás, con esto estoy convencida de que leer y amar, van totalmente de la mano. No puede uno convivir sin el otro, personalmente, no puedo leer un libro sino lo amo, por eso siempre investigo que es lo que “me mandan” a leer de la universidad, para enamorarme del autor, del tema, de las letras que voy a consumir. Ya para el final diré que espero encontrar aún más letras de las cuales enamorarme, casarme con ellas y tener una vida plena, sabiendo que ninguna de las cosas que he leído será olvidada.

Bibliografía
PENNAC, D. (2004). Como una novela. Norma: Bogotá, Colombia.

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