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miércoles, 4 de marzo de 2015

Los gais no son mejores padres o madres

Columnista Hugo Andrés Arévalo González.

Aunque estoy de acuerdo con la reivindicación de los derechos humanos y aunque es comprensible la resistencia a través de la acción y del discurso de determinados grupos sociales, como por ejemplo las minorías, y recientemente la comunidad LGBTI; hay que pensar cuidadosamente las formas de solicitar y participar, teniendo en cuenta los contenidos del discurso. Y en el caso de adopción de niños y niñas por parte de personas gais, se ha se construido un discurso social (tanto desde personas homosexuales como heterosexuales) con una tendencia similar a este texto del autor que se hace llamar “Cordobés Sensato”:

Mientras tanto, ustedes, colombianos heterosexuales, defensores de la constitución y de la familia y fieles creyentes de su Omnipresente Dios, preocúpense por seguir teniendo hijos a diestra y siniestra, abandonándolos, maltratándolos, educándolos de la manera más indigna. Que mientras tanto nosotros, homosexuales, nos preocupamos por cuidar animales, poner lindas a sus mujeres, curándolos cuando estén enfermos, educando a sus hijos, construyendo sus casas, entre muchas otras cosas, porque nos los creo tan ignorantes para pensar que homosexuales solo hay en una salón de belleza.

El fragmento en mención, es un texto ejemplo, de la punta de lanza de los discursos sociales que dentro de su lucha por reivindicarse, sólo profundizan y legitiman su segregación.

Por supuesto: todas las personas deberían tener derecho a adoptar a niños y niñas, casarse, etc., independientemente de la condición humana que tengan. Sin embargo, en este tipo de olas discursivas, se evidencia lo que en psicología social se conoce como "prejuicio benévolo" en la categoría de sesgos intergrupales. Los sesgos intergrupales, vienen siendo aquellas concepciones erróneas que tenemos sobre los grupos a los cuales pertenecemos, o sobre grupos ajenos a nosotros. Se suelen calificar a estos grupos por ser grupos, es decir, por estar en colectivo, y no por estar conformados más bien por individuos, personas. Esto facilita que cuando pensemos sobre alguien, lo hagamos frecuentemente de manera generalizada, calificando a su grupo y no a la persona, tal y como ha sonado el discurso que aparece en el párrafo anterior, en el que el autor desde su posición individual, al pertenecer a una minoría social, piensa de manera prejuiciosa que todas las personas gais desean adoptar a niños y niñas; y que los gais son las únicas personas en el mundo que se preocupan por la naturaleza, los animales, etc.

El texto de “Cordobés Sensato”, es similar a otro discurso muy común en ciertos escenarios sociales. Los psicólogos sociales Peter Glick y Susan Fiske, ejemplifican al respecto:

Algunas formas de sexismo son, para el responsable, subjetivamente benevolentes, caracterizando a las mujeres como criaturas puras que deben ser protegidas, respaldadas y adoradas. Esta idealización de las mujeres implica simultáneamente que son débiles y más apropiadas para los roles convencionales del género; ser puestas en un pedestal es limitarlas, pero el hombre que pone a una mujer en un pedestal lo interpreta como aprecio hacia ella, en vez de restricción, (y muchas mujeres están de acuerdo).

Concluye el profesor de psicología, Scott Plous al respecto: “Todos estos estereotipos parecieran halagos, y todos tienen un granito de verdad en que el estereotipo describe con exactitud algunos miembros del grupo, pero son todas generalizaciones excesivas que reducen un grupo diverso de personas a un solo tipo: un estereotipo”.

El hecho de responderle a la lógica agresiva de los discursos sectarios de las diferentes formas de dominación social, con el mismo tipo de estructura pero desde el bando contrario sea cual sea, sólo acrecienta el abismo de la violencia simbólica, que lamentablemente muchas veces ha pasado al plano material sin mucha dificultad.

Se puede evidenciar entonces cómo ese discurso de que sólo las personas gais "son buenas" o adoptarían a los niños en condiciones favorables por encima de una familia heterosexual, cae por su propio peso en el mismo saco prejuicioso. Tal cual lo afirma la periodista Virginia Mayer en dos comentarios en su cuenta de Twitter (el primero): "Ese argumento de que se deben dejar adoptar a las parejas del mismo género a los niños abandonados por parejas heterosexuales es flojo”. Y el segundo: “No todos los niños que hay para adoptar fueron ‘abandonados’ por parejas heterosexuales. Eso es tan sesgado como es la homofobia".

Finalmente, lo último que le beneficiaría a un niño o niña para que fuese adoptado, sea cual sea la condición de sus progenitores, es creer que un tipo de persona es mejor que otra. Ni los estudios en mano de Viviane Morales, sirven para generalizar la individualidad y decir quiénes son más aptos o quiénes no para ser padres o madres; como también el hecho de trasladar el discurso de la competencia económica (mejor-peor) al plano emocional y afectivo como éste, sólo nos seguirán obstaculizando el camino para construir de verdad un nuevo país.

lunes, 16 de junio de 2014

Los sueños del Otro

Columnista Hugo Andrés Arévalo González.

Hace un par de días hablaba con alguien que me decía: "y ¿cómo sabemos si los sueños que queremos cumplir, no son los de otras personas?". Me recordó esa vieja conversación conmigo mismo hace años: ¿era mi vida una repetición de voluntades heredades de familiares, amigos o desconocidos que influyeron en mi personalidad débil y facilitaron un camino ajeno a lo que realmente quería? Había dejado el tema abandonado porque creía hasta ese momento que con seguridad, mis sueños hacían parte realmente de mí... pero tuve que pensarlo. Luego, la duda era porque no lo tenía tan seguro, o porque simplemente es de carácter humano el someter seguridades a la duda y por supuesto, los resultados de lo que se crean saber o tener, podrían variar en el autoexamen.

Pensé en todo lo que tengo planeado y estoy construyendo para mi corto y mediano plazo, porque el largo plazo no es más que el puerto de llegada de estos dos primeros. En general, mis sueños, parecían haber sido sometidos en mi cabeza por otras personas.

Pero analizando cuidadosamente, pude ver que por más que quisiera no haber tenido incidencia de sueños de otras personas en los míos, era imposible, puesto que las relaciones interpersonales y sociales son tan complejas, que tan solo un gesto, una señal, una palabra escrita o hablada, puede cambiar el curso de las cosas y dejar una huella o una marca en nosotros; por supuesto, nuestro destino depende en gran medida de la determinación que tomemos en ese tipo de momentos.

Parecía que mi destino había sido influido de manera brutal por muchas personas que han tenido personalidades fuertes, sin embargo, hubo un rompimiento: hallé un abandono a las seguridades con el paso del tiempo y lo que parecía ser el sueño de otra persona en mi vida, comenzó a tener argumentos propios para ser cumplidos como mis propios objetivos.

No es malo pensar, como tampoco lo es solo actuar sin reflexionar; creo que cada persona debe darse la oportunidad de encontrar entre ambas formas, cómo enriquecer su vida y sacar sus propias conclusiones; no hay recetas para la vida. Y según las circunstancias, un modo de decidir o actuar o pensar depende de lo que queramos; o también de dejarnos llevar por la esa corazonada, la intuición, la voz, por lo que nos mueve desde adentro...

Decía Carl Jung en su documental El mundo interior, que la construcción de la realidad había comenzado a partir de fantasías o sueños de cada ser humano, que con el paso del tiempo y la voluntad de cada uno, se fue plasmando de manera material; por ejemplo, a través de las casas y su necesidad de forjar un lugar para cuidarse de los peligros exteriores. Por tanto, las fantasías no es solamente aquello despojado de valor: "la fantasía, nos dice Lacan, es una construcción de la realidad desde el deseo. Es decir, que la fantasía no es una forma de escapar a la realidad, sino, por el contrario, una forma de posibilitarla" (ver más).

Podríamos empezar a reflexionar cuáles de nuestros sueños, imaginación y fantasías corresponden solamente a nuestra verdadera voluntad, guiada por nuestra conciencia y no hacen parte de miedos, culpas y auto castigos inconscientes para repetir cadenas o patrones de traumas que habremos vivido en otro momento. Nuestros sueños que quisiéramos realizar para nuestras vidas, bien pudieran ser enmascarados con estas culpas y remordimientos como forma de expiar nuestro dolor...actuando así, solo estaremos existiendo y no viviendo... seríamos el personaje de un guion escrito por otra persona. Simples autómatas.

Un ejemplo: Leonard Zelig, el protagonista de la película Zelig de Woody Allen (ver película) tiene una crisis de identidad. Se tocan ambientes como: la Gran Depresión de Estados Unidos en 1920, la Alemania Nazi, la Segunda Guerra Mundial, etc... y Zelig, aparece en todos los escenarios en momentos totalmente distintos como si los hubiera vivido en carne propia.

"La doctora Eudora Nesbitt Fletcher (Mia Farrow), la profesional que arriesga toda su carrera por solucionar el problema de Leonard Zelig (Woody Allen), a quien la prensa llama el camaleón humano por su propensión a transformar su personalidad según las personas que tiene al lado. La doctora aplica técnicas psicoanalíticas en contra de la opinión de sus colegas, que defienden la procedencia orgánica de su dolencia hasta el punto de atribuirla a una ‘indigestión de comida mexicana o a un tumor cerebral’ (ver más). De manera graciosa pero no por ello menos intensa y compleja, Allen parece denunciar y a la vez reírse sobre situaciones de política: la locura del nazismo y las crisis económicas, y cómo el individuo, no exento a dichos problemas, se sumerge obediente en los ires y venires del mundo, donde es más fácil seguir los sucesos que hacer un alto en el camino y preguntarse un por qué. En el caso de Zelig, es de tal manera su vida una mera existencia; un vivir por vivir, que es un muerto en vida, como lo evidencia una de sus frases: "Porque es seguro. Es seguro ser como los demás. Quiero gustarle a la gente" (ampliar).

El caso de Zelig, es apenas un caso dentro del cine, pero este funciona como representación de la realidad. Si bien no todos los casos tienen una incidencia solamente psicológica, puesto que también hay gran influencia del desarrollo orgánico del cerebro en las personas, lo que a veces impide el funcionamiento normal de actividades o del reconocimiento del sí mismo y del cuerpo que se tiene como un organismo propio; me parece que para muchos de los que nos consideramos afortunados por tener un cuerpo desarrollado dentro de lo normal, es prudente con nosotros mismos, empezar a pensar sobre esto: ¿son mis sueños, mis sueños? ¿o son de Otros? Un Otro que se dirige dos vías: aquel que vive en nosotros y no hemos despertado y aceptado; y también aquel que vive en las demás personas, y que estando despierto o no, también nos complica las cosas. Lo importante es saber cómo complicarnos la vida a conciencia.

domingo, 1 de junio de 2014

Ni hombres masculinos, ni mujeres femeninas

Columnista Hugo Andrés Arévalo González.
"Hombre y mujer no son más que significantes enteramente ligados al uso corriente del lenguaje", Jaques Lacan

Para controlar mejor: divide y etiqueta. Vuelve y juega: el capitalismo salvaje se arma de los discursos de género y orientación sexual para preservarse. Por ejemplo, basta con ir al supermercado para comprobarlo: ver la separación de alimentos para niños y niñas o mujeres y hombres, aunque sus componentes sean los mismos. Aunque no necesariamente esta división tenga ese fin conspiratorio, porque hay que reconocer que entran en juego factores de gustos y estéticas; sí habría que comprobar hasta qué punto hace parte de la voluntad propia de la persona, la necesidad de adquirir objetos o productos que no son necesarios para vivir; averiguar esto y evidenciar sino parte de un gusto sugestionado por la publicidad. Sigmund Freud insinuaba en el Malestar de la Cultura que: “La belleza no tiene utilidad evidente ni es manifiesta su necesidad cultural, y, sin embargo, la cultura no podría prescindir de ella”. Hasta qué punto, pues, esta necesidad de consumir tiene realmente qué ver con “lo bello” o lo “diferente” y gustamos de ella a través de los sentidos. Y sin embargo, resulta contradictorio para la lógica del capital salvaje -mas no para la de la sociedad, puesto que las necesidades sociales deben ajustar a las leyes y no al revés-, que el tema de géneros sexuales, se haya instaurado incluso en las economías, en un modelo que pese a ser estrictamente conservador, lo vende todo. Es decir, ya hay personas que siendo excluidas por hacer parte de la población LGBTI, han aprovechado su situación, ya no solamente como marginados que desean hacerse valer y ser reconocidos, sino que buscan incursionar como un nicho de mercado con una propuesta de negocio en la nunca antes tuvieron posibilidades de emprender a no ser de forma clandestina (Ver ejemplo).

En un sistema que margina a minorías –aunque sean la mayoría- por su origen étnico, clase social, color de piel y de orientación sexual; se entretejen discursos de dominación y segregación de quienes desean conservar el control –violencia a costa de todo para que las cosas se mantengan como creen que deben ser-, por encima de los discursos de reivindicación de aquellos olvidados o quienes van naciendo después de nacer, es decir, la ley de doble moral cae sobre aquellos que ahora tienen nuevas necesidades individuales o colectivas, y que su sistema obsoleto no los satisface por prejuicio, desconocimiento y egocentrismo.

Me decía mi colega Daniel Alzate a través de Facebook hace un tiempo, que yo había sido “llamado” para un comentario suyo en el que el día del hombre en Colombia, le hacía pensar qué era realmente ser un hombre. Eso me dio pie para escribir algo que venía pensando hace rato.

Desde la biología, el hombre a diferencia de la mujer, es lo que es por sus órganos genitales. En el reconocimiento legal, los términos de hombre o mujer, por consecuencia, van ligados a su encadenamiento biológico, que se reduce al reconocimiento como “persona”, en este caso “persona natural”: “Son personas todos los individuos de la especie humana, cualquiera que sea su edad, sexo, estirpe o condición” (Ver Artículo 74 del Código Civil). Y quizá se traba un poco la explicación si la persona nace hermafrodita y su deseo es ser reconocido ya sea como hombre o mujer. Tal es el caso de Claudette, una prostituta intersexual de Suiza: "nacido con genitales masculinos y femeninos, los padres de Claudette le asignan un género masculino cuando ella nació en Suiza en 1937, cuando el ser hombre era una clara ventaja. A lo largo de su vida, el género ha tenido un papel importante en la identidad de Claudette, aunque no definitorio: 'nunca me sentí mal por ser hermafrodita, son los otros que tienen un problema con él, no yo', dijo Claudette Delrieu. '... Siempre me he sentido como una niña y yo vivido mi vida en consecuencia. Tengo el sexo de los ángeles, ¿por qué iba yo a estar avergonzado de ella?'” (ver crónica completa). Esto supone que más allá de lo biológico, el lenguaje y la conciencia nos permite definir cómo nos vemos y construimos el mundo.

Por su parte, el biólogo chileno, Humberto Maturana, habla de cómo las cualidades maternales son las que nos han permitido sobrevivir y de una manera sana. Sin embargo estas cualidades, van en contravía de lo que debería ser el “mero macho” posicionado en la cultura patriarcal, es decir, el “hombre” muchas veces es entendido como: el líder, el seguro, el fuerte, el musculoso, casanova; desde luego, las concepciones pueden variar. Ajustándonos al “hombre macho”, resulta curioso, como lo menciona Henry Murraín Knudson de la Corporación Corpovisionarios en un foro de Cultura ciudadana en Cali, que: en “esta cultura de ‘machos’, la mayoría de los que golpean a sus parejas, son hombres inseguros”.

Este concepto de hombre “macho” es una receta que generalmente se cocina en la familia, por lo que el término “hombre” así como el de “mujer” y todo de lo que de ellos como seres se espera que sean, tiene una importancia vital en cómo son educados desde el núcleo familiar. Maturana menciona la importancia del rol maternal del padre y cómo la visión competitiva dentro de las familias, atenta a la vida sana: “yo distingo entre papá y padre. El papá es como la mamá. Si hay papá, por supuesto que es absolutamente necesario porque es una mamá masculina, y es porque la mamá femenina desaparece completamente. Pero el padre es una figura de la cultura patriarcal: es autoridad, exigencia. Y este padre, de nuestra historia, digamos, 40 años atrás, estaba en un conflicto: por un lado quería ser papá, pero por otro lado quería ser padre, quería representar la autoridad” (ver entrevista completa).

A su vez, la abogada mexicana Karla Lara, expresa que “el papá ha tenido roles dictados por la historia, la cultura y la costumbre: proveer, orientar, disciplinar, sostener emocionalmente a la madre, etc., pero son actividades que no son exclusivas del papá, como tampoco es exclusivo de la mamá el amar y formar a los hijos, porque todas las actividades alrededor de un bebé o de un niño, pueden y en el mejor de los casos, deben compartirse entre la pareja" (ver nota). Lo anterior, permite ver que diversas actividades o responsabilidades son asexuadas, es decir, un padre no va a dejar de ser padre por lavar la loza o trapear, así como una madre no será un padre por conducir carro o por trabajar para sostener a su familia.

Estos roles de padre y madre tienen que ver directamente de cómo percibimos y qué esperamos también del carácter de lo masculino y lo femenino y de cómo su instalación social, mediante roles, nos permite libertades pero también nos pone límites.

El sociólogo Anthony Giddens, ofrece al respecto una mirada no menos valiosa: “los grupos de estatus conllevan por lo general a un estilo particular de vida, es decir, pautas de comportamiento que siguen sus miembros. El privilegio que concede una posición puede ser positivo o negativo”, así, este estatus, funciona como una marca de caracterización social” (ver libro Sociología), lo que implica que debe haber indiscutiblemente una identificación en la sociedad que permita reconocer al individuo entre todos sus semejantes, porque así como la ley tiene como fin la igualdad de condiciones, también debe reconocer al individuo por ser lo que es sin anularlo o invisibilizarlo.

Un hombre no deja de ser hombre por ser considerado metrosexual o por tener comportamientos “amanerados” o una voz aguda, por ejemplo. O una mujer no será menos mujer por vestirse diferente al promedio de su género, o por tener comportamientos “toscos” o “bruscos” o por no maquillarse nunca.

Los prototipos de orientaciones sexuales y géneros están tan marcados dentro de la sociedad, que pareciera imposible salir de ella sin que nada tuviese una explicación con dichas connotaciones. Grandes aciertos tuvo Freud al mirar en el desarrollo evolutivo y biológico del ser humano, la instauración de un sistema psíquico que surgió por el paso de animal a hombre en el que un poco de represión o sublimación (e incluso hipocresía), son necesarias para sobrevivir en comunidad, y a su vez, el exceso de estas prácticas dentro de la cultura y la civilización, facilitaron la aparición de afecciones y patologías que no afectan normalmente a los animales. El éxito de Freud, está en haber identificado lo sexual como uno de los grandes tabúes, lo que carga consigo múltiples tensiones tal y como lo señalan los asexuales: "dentro de una sociedad naturalmente obsesionada con el sexo, para algunos podría resultar increíble que algunas personas simplemente no están interesadas en el sexo" (ver completo).

Ese rechazo por orientaciones sexuales, se vive incluso dentro de algunos círculos LGBTI, donde los transexuales son quienes han sido más violentados. Tal es el caso de “Catalina Ángel, una transgenerista de 27 años” a quien no dejaron entrar a Theatron, la discoteca gay más grande de Bogotá. Según “Federico Mejía Álvarez, abogado y experto en temas de género , explica que en ‘esta exclusión interna, un hombre gay que se siente "muy masculino", puede llegar a discriminar a otro hombre gay porque es muy femenino, es decir, las lógicas de los heterosexuales se reproducen en las lógicas de los homosexuales’ (ampliar informe).

El rechazo a las orientaciones sexuales, también parte desde la mirada de algunos psicólogos y psicoanalistas que consideran a algunas o todas esas tendencias como perversiones. Los bisexuales, por ejemplo, son considerados como personas que no deciden ser abiertamente homosexuales. Lo que supone entonces que detrás de su investigación, hay un discurso que intenta posicionarse como dominante y que invalida el reconocimiento de todas aquellas personas que difieran a su explicación. Así lo confirma el psicoanálisis freudiano retomado por Jacques Lacan: “en la represión Freud distingue el conflicto, en el interior del sujeto, de la bisexualidad (lucha narcisística para mantener su virilidad y suprimir, reprimir la tendencia homosexual)” (ver Seminario No. 1).

Por el contrario, Carl Jung, ex discípulo de Freud, tiene una visión quizá más “mística” y no por ello menos enriquecedora con su concepción del anima, alma femenina en el hombre, o animus, alma masculina en la mujer. Jung dice que el ser humano tiene ambas tendencias: lo masculino y femenino; y una de las grandes crisis en el hombre, es darse cuenta en algún momento pese al dolor de su ego, debe aceptar que tiene una esencia femenina (ver el problema de la mitad de la vida).

El tomar el carácter dual de la sexualidad ya no sería más un tema de denotación social, sino de carácter humano casi místico en el sentido de la evolución individual; así lo sugiere Dante en la película Martín Hache (Aristarain, 1997): "me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo a una mente que los mueve y que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente Hache, yo hago el amor con las mentes, ¡hay que follarse a las mentes!" (ver fragmento).

El psicólogo y psicoanalista Luis Tamayo Pérez, a su modo de ver, considera que: “El sujeto no es masculino ni femenino. Es un efecto significante, ubicable en una red significante, cultural e histórico por ende. Ubicarlo de otra manera, como se hace habitualmente, es simplemente una falta de rigor. La mujer no existe, esa madre completante es sólo una fantasía, un objeto perdido que nunca se tuvo. Una fantasía. Y el hombre, ese dechado de potencia y poder, ese dotado de los órganos de la generación, ese padre ideal que puede conducir familias y legiones sin dudar y con eficacia… es sólo una ilusión digna de los hermanos Grimm. Y respecto a los sexos, esos definidos por su objeto de amor, tal como lo plantea Freud en sus Tres ensayos de teoría sexual, son muchos: heterosexual, homosexual, trasvestista, transexual, voyeur, sádico, masoquista, etc. Ese jardín de las delicias es realmente exuberante. No considero correcto confinarlo en un modelo bipolar” (ver análisis).

Cada persona es libre de adoptar una moralidad que le haga ser consecuente y responsable de las determinaciones que tome para su vida sin perjudicar a los demás. En esta visión ética y moral, la persona apropiada de su fiel pensar y actuar sano, daría ejemplo a los demás: cambiaría la estructura social desde su propio ejemplo. En este sentido, nos encontraríamos con un nuevo ser humano, revolucionario antes que a los demás; a sí mismo, para iniciar la difícil empresa que es vivir.

Mi colega Silvia Dangond Gibsone, fue la chispa para desarrollar este texto. Basado en su columna ‘Redefiniendo la masculinidad’, pensé que una vez adaptada la revolución (aceptación y trabajo) del sí mismo para permear el colectivo, es necesaria luego la toma de las banderas de la reivindicación de la mujer ante la agresividad del hombre o de quienes creen ser hombres cuando actúan de manera agresiva: “el significado de la masculinidad y los comportamientos negativos, agresivos e irrespetuosos ligados al concepto, están tan arraigados a la cultura de los hombres que es necesario permitirles un espacio donde se sientan seguros para que puedan hablar y liberarse de las cargas sociales asociadas a ‘Ser hombre’”.

domingo, 18 de mayo de 2014

Queremos paz… ¡con mano dura!

Columnista Hugo Andrés Arévalo González.

Ven en él, un discurso y una figura claras y contundentes. Quieren a toda costa que se penalicen a los grupos armados que han desangrado a Colombia: que paguen por las muertes de niños, mujeres y hombres; por las violaciones, robos y desplazamientos. Muchos hemos sentido tanta rabia por estas situaciones que me imagino que es la primera sensación que se experimenta: venganza a través de la mano dura de la justicia.

Él es un personaje sin propuesta, por eso no es el “número uno”: es claro que todo lo que hace y dice es un monólogo emitido por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez (ver video). Resulta tan idéntico su discurso, que da risa verlo haciendo incluso los mismos gestos que aquel paisa iracundo viudo del poder.

El otro, que ahora busca la reelección, parecía en sus comienzos de gobierno como un náufrago aferrado una tabla en medio del inmenso mar. Emite con una convicción sorprendente, unas iniciativas absurdas, como por ejemplo: que Colombia perteneciera al “selecto” grupo armado de la OTAN, que dizque porque Colombia también “tiene el derecho” (ver video). Que Colombia tiene también el derecho de qué? ¿No le basta con la guerra interna para ir a buscar más pleitos por fuera? Luego -y como nos tiene acostumbrados-, vería la reacción de las personas, y con base en eso, se retractaría de sus despropósitos. Sin embargo, este otro que parecía que iba a tener peores resultados que Uribe; terminó quitándole –no con mucho esfuerzo voluntario- gran parte de las huestes conservadoras, liberales, etc., etc., a su maestro de corruptelas.

Del candidato que por prejuicio social denotaría con su cabello blanco, “sabiduría”, nos queda nada más que mirar y no esbozar palabra alguna ante su burrada. Pero para argumentar el porqué de lo dicho anteriormente, no es sino recordar que en una reunión de Hang Out de El Tiempo, afirmó que "en la agricultura moderna, casi que lo menos importante es la tierra" (ver video). Resulta vergonzosa su cita en un país donde la violencia creciente desde la década de los 50 ha sido ocasionada básicamente por un problema de injusta distribución de la tierra.

Jorge*, es uno de tantos colombianos que le critica las políticas “sociales” a Uribe, sobre todo cuando tiene que ver con seguridad. Es por eso que está en contra de las evidencias de los ciudadanos y campesinos asesinados por la fuerza pública, presentados como insurgentes abatidos. Jorge tiene 53 años y es médico, y como profesional ha tenido que ver cómo sus colegas de trabajo le sonríen al sistema de salud corrompido por la Ley 100 de 1993 de su majestad Álvaro Uribe. Conoce de cerca la muerte en manos de quienes se supone, deben salvar las vidas de los ciudadanos, pero para sorpresa de muchos, Jorge votará (¡botará!) por Óscar Iván Zuluaga, porque dice ser muy conservador y quiere recuperar la posibilidad de volver tranquilo a su finca; y porque, según él, lo peor de todo es que las FARC no sean culpabilizadas y castigadas por todo el daño que le han hecho a la sociedad.

La guerra ya no es opción: si usted quiere un cambio pero piensa como Jorge*, no puede seguir pidiendo el mismo modelo guerrerista que han elegido los colombianos que vivieron antes que usted: bala y más bala. La alternativa es otra y muy obvia: la guerrilla nació por las desigualdades del gobierno; porque los campesinos no eran tenidos en cuenta, porque se les estaban robando la tierra y no se les daban garantías de una vida digna. La respuesta coherente para acabar con gran parte de la guerra colombiana, es ésa: dar educación, garantizar el derecho a la vida, a la libre expresión; redistribuir las tierras según sus aptitudes y en extensiones similares, regular la explotación mineral de las multinacionales, mejorar la educación reforzándola con nuevas estrategias de aprendizaje dignas de nuestro siglo; mayor inversión económica, incentivar el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Sólo cuando entendamos que la opción para acabar la guerra, no es más guerra; habrá paz.

Para terminar, lo más preocupante: algunos compañeros y colegas de mi juventud, justifican y promueven la reelección de Santos porque es el “único” que ha estado tan cerca de un proceso de paz. Sin embargo, aunque sea verdad, son innegables dos hechos: 1. Que su iniciativa del fin del conflicto armado en mutuo acuerdo con los grupos guerrilleros es un caballo de Troya para su reelección. Y 2. Mis compañeros dicen que cómo no firmar el proceso de paz bajo mano de Santos, si es él y su equipo quienes conocen ya los procedimientos. Y que firmarlo AHORA, evitará más guerra; que pensemos en las familias y su dolor.

Mis respuestas: el proceso de paz y su gabinete, pueden seguir sin Santos hasta que se pacte lo necesario. El fin del conflicto sí evitaría más violencia en teoría, pero es falso: cuando las políticas paternalistas entregan subsidios por todos lados para maquillar los daños del TLC al sistema productivo y económico; cuando el modelo de salud es otro tipo de guerrilla para los colombianos; cuando la educación deplorable son las minas que quiebran los sueños de los niños; cuando los salarios, son bombas devaluadas ante los altos costos de la canasta familiar, etc.

Ante todo esto, no hay argumentos para apoyar al proceso de paz bajo la mano de que quien escribe una cosa con una de ellas; lo borra con la otra.

Jorge* es un alias dado para proteger a la persona.

jueves, 17 de abril de 2014

El lado humano de los psicópatas

Columnista Hugo Andrés Arévalo González.

Las primeras imágenes que se le vienen a uno a la mente cada que escucha nombres como: "Adolf Hitler, Luis Alfredo Garavito, Charles Manson, etc...", suelen desencadenar juicios de valor como: “monstruos, asesinos” y en general, frases con carga de odio e impotencia, y no es para menos, puesto que tanto daño han causado a la sociedad.

Sin embargo, como lo ha demostrado la sabia naturaleza: nada tiene su efecto sin su causa. Y la gran mayoría de estos "monstruos" no hubieran llegado a serlo si no hubieran sido humanos primero. Y Cuando digo "humanos", me refiero a que tuvieron, por ejemplo, una infancia cercana a situaciones familiares traumáticas.

Por otro lado, no todos los asesinos considerados desde una visión psicológica o psiquiátrica como "psicópatas", se hacen. Es decir que una persona no sólo se construye desde su experiencia de vida; sino que también hay casos en que el infante nace así. De igual manera, el proceso evolutivo de las personas se complementa entre el legado genético y la experiencia del día a día (epigenética). El segundo caso, lo trata la película ‘Tenemos que hablar de Kevin (2011)' de Lynne Ramsay (ver película), donde se aborda la vida de un adolescente que asesina a su familia y compañeros del colegio; se comenta el origen psicopatológico como una posible afección de un desbalance neurológico en el córtex prefrontal ventromedial, según el neurocientífico Simon Baron-Cohen. Y añade al caso de Kevin en la película (ver columna): “Psicópatas como Kevin tienen cero grados de empatía afectiva (simplemente no les importan los sentimientos de los demás) pero tienen excelente empatía cognitiva (capaces de introducirse a la mente de otra persona usando su habilidad para descubrir lo que otra persona piensa, siente o quiere; manipular a los otros a través del engaño)”.

Otra película que trata sobre esta temática, es ‘Stoker (Lazos perversos, 2013)’ de Chan-Wook Park (ver tráiler).

Fuera de los casos de las películas, lo que conocemos de la historia nos devela el porqué personas como Hitler han desatado caos en el mundo. Tiene que ver con su infancia. Para citar un caso de maltrato de su padre hacia él: "Le gustaba humillar a su hijo. En una muestra de rebelión, Adolf, entonces de seis años, trató de escapar de su casa durante la noche, saltando por una ventana. Se desvistió para salir con menos ruido, pero quedó enganchado. Su padre lo oyó y trajo al resto de la familia para que se rieran de él. Adolf lloró durante tres días” (ver noticia completa).

De igual manera sucedió con Charles Manson: “El primer día de colegio el niño fue regañado por su maestra, lo que hizo que el pequeño volviera a su casa corriendo y llorando. Como castigo y para enseñarle una lección, su tío lo mandó al colegio al día siguiente vestido con ropas de su prima JoAnn” (ver completo).

Y aunque pareciera que este tipo de castigos no fueran mayor cosa como para que estas personas se convirtieran en lo que llegaron a ser; sí son el abrebocas del continuo sufrimiento que ellos y otras tantas personas siguen padeciendo, llevando en su interior el presente como una bomba social en el futuro.

En el caso de Colombia, Luis Alfredo Garavito no ha contado con menos odio. Y su experiencia familiar habrá sido para él tan fuerte como lo fue para ya mencionados: vivió un proceso de violencia en su municipio, Génova en Antioquia, asediado por guerrilla, ejército y paramilitares. Cuando se desplazaron al norte del Valle, el problema se enfocó ahora en su núcleo familiar; por mencionar un caso, y quizá el más representativo: “La relación de Luis Alfredo con su padre y su madre no era la más idónea, expresando que ‘mi padre fue muy rígido y mi madre, una persona que poco afecto y cariño me brindo. De mi tierna infancia tengo muy amargos recuerdos… cuando llegué a tener uso de razón yo veía cómo mi padre, en innumerables ocasiones, golpeaba a mi madre y la arrastraba; todavía tengo yo esos gritos que ella desesperadamente lanzaba. Yo vi cuando él la cortó; esa imagen quedó grabada dentro de mi cerebro de por vida, no la he podido olvidar…. Yo fui el único que la defendí…. Le metió una pela que la dejó coja estando embarazada de mi hermano Ricardo. Fueron casi cuarenta años que le aguanto mi mama a ese señor humillaciones, desprecios; recuerdo que le decía: "yo la recogí del fango, mujerzuela’” (ver completo).

Y a quien quiera ampliar la visión de la vida de Garavito, puede también leer el informe sobre su estructura de la personalidad desde una visión psicoanalítica (ver), en la que se reflexiona la problemática: “Las luchas y rebeldías externas del adolescente no son más que reflejos de los conflictos de dependencia infantil que íntimamente aún persisten. Los procesos de duelo obligan a actuaciones que tienen características defensivas, de carácter psicopático, fóbico, o contra fóbico, maníaco o esquizoparanoide según el individuo y sus circunstancias. Es por esta razón que se puede hablar de un verdadero ‘síndrome normal’ del adolescente, en el sentido en que precisamente este exterioriza sus conflictos de acuerdo con su estructura y sus experiencias”.

Para ver un cambio real, es necesario, comprender la vida de estas personas lejos del prejuicio y reforzar el trabajo de las políticas públicas en materia de salud mental en Colombia, donde a noviembre de 2013, los afectados eran “2 millones de personas y sólo una de cada 10 recibía tratamiento terapéutico” (ver). El primer detonante de las enfermedades mentales de las personas, suelen darse por medio del trato violento de las familias.

Un reportaje de Séptimo Día de Caracol, aclara la situación, exhibiendo diferentes casos de negligencia estatal donde es necesario para promover campañas y apoyo a las familias dentro de lo educativo, económico y de la salud (ver reportaje).

El reto y el compromiso político frente a este tema es pues, más que necesario, según el profesor de economía y ciencias conductuales: "Tiene sentido para los científicos sociales participar más en la política, ya que muchos de los problemas más difíciles de la sociedad son, en esencia, de comportamiento. Usando los hallazgos científicos sociales para crear intervenciones plausibles, entonces probar su eficacia con ensayos controlados aleatorios, puede mejorar - y en ocasiones salvar - la vida de las personas, al tiempo que reduce la necesidad de aumentar el gasto público para solucionar problemas en el futuro" (ver columna).

Finalmente, la responsabilidad como seres humanos sanos no sería menos eficaz si a parte de la ideal intervención política desde el gobierno y el Estado; las familias también colaboraran con su constancia educativa y de amor. El padre y la madre son igual de importantes y la capacidad de estos para sobrellevar las adversidades desiguales de la sociedad, por ejemplo en materia económica o familiar, son vitales para romper ciclos de violencia con sus hijos.

martes, 4 de febrero de 2014

La escritura: una herramienta cultural que facilita el desarrollo cognitivo, rescata la memoria y privilegia el poder

Columnista Hugo Andrés Arévalo González.
“Miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante, alguien me deletrea”, Octavio Paz

Desde la aparición de la imprenta –ahora evolucionada a impresoras, computadores y dispositivos móviles, etc.- de Johann Gutenberg en el siglo XV, la escritura ha alcanzado un desarrollo que ha permitido no solo educar, gracias a la difusión que se podía hacer con los libros, sino también rescatar memoria y fortalecer algunas identidades –algunas, porque hay culturas que no utilizan escritura sino oralidad-. La escritura es una herramienta cultural puesto que hace parte de la cultura, entendida como todos los significados del mundo que tienen tanto la sociedad como el individuo: “la cultura es entendida como un proceso (o red, malla o entramado) de significados en un acto de comunicación, objetivos y subjetivos, entre los procesos mentales que crean los significados (la cultura en el interior de la mente) y un medio ambiente o contexto significativo (el ambiente cultural exterior de la mente, que se convierte en significativo para la cultura interior)[1]”.

La representación escrita es una herramienta que permite la construcción del conocimiento desde lo que se sabe, de lo que se habla (por lo tanto se vuelve un proceso cognitivo en permanente resignificación): “la escritura afecta nuestra cognición. Al aprender a escribir también inauguramos una frontera de nuestra mente; no es sólo un problema de redacción, es ante todo, una reformulación o una reconstrucción de nuestra interioridad psíquica[2]”. Se podría decir que el hecho de escribir y hablar, son dinámicas que juntas prevalecen para una sola causa, en términos generales: el desarrollo del individuo: “se aprende a escribir, en parte, con el fin de aprender a expresarse correctamente y con precisión en las exposiciones orales[3]”. Como es un proceso de retroalimentación ente pensamiento, habla y escritura, estos se alimentan entre sí, sin posicionarse ninguno como más importante que otro, y con la finalidad de permitir el desarrollo cognitivo del individuo. Si se le prestara atención detenidamente al proceso cognitivo, se verían dinámicas complejas que hacen parte del pensamiento de un ser humano, y que en general se dan con más frecuencia en la escuela, el colegio y universidad, donde estudiantes y docentes deben observar paso a paso las construcciones textuales que les permitirán diseñar la manera de hablar según lo que piensan; en palabras de Reina Caldera:

Según la concepción cognoscitiva, escribir es un proceso que requiere la participación activa del escritor quien debe aplicar operaciones mentales muy complejas: planificar, redactar y revisar. Cada una de estas operaciones requiere que el que escribe tenga en cuenta diversos niveles textuales que involucran varios aspectos: propósito del escrito, posible lector, plan de acción de la tarea de escritura, contenido, características del tipo de texto, léxico adecuado (uso de términos comunes o técnicos según el lector al que se dirige), morfosintaxis normativa (forma y estructura de las palabras y párrafos), cohesión (que haya relación de lo que se dice), ortografía, etc. De esta manera, la escritura es entendida como producción de textos de diversos tipos y con varios fines, un proceso complejo de alto compromiso cognitivo, que necesita destinarle suficiente tiempo en el aula para atender a las diferentes fases por las que pasa la elaboración de un texto[4].

Otra de las características importantes que nos brinda el hecho escritural, es que es una herramienta para luchar contra el olvido, para lograr la inmortalidad, para rescatar nuestras memorias: “con la escritura dejamos de estar presos del mito, rompimos las fronteras de lo inmediato, salimos del pequeño mundo de nuestro cuerpo para vislumbrar la historia, la ciencia, la ley. Es gracias a esta tecnología de la mente como logramos quebrarle el espinazo al olvido, como pudimos saltar por encima de las edades y las lenguas, como nos hicimos más universales, más perennes[5]”.

Un ejemplo histórico de legado, memoria y conocimiento mediante la escritura, nos lo facilitaron los griegos: ‘la civilización creada por los griegos y romanos fue la primera de la tierra fundada en la actividad del lector común; la primera equipada con medios para expresarse adecuadamente con palabras escritas; la primera es capaz de poner la palabra escrita en circulación general; en pocas palabras, la primera en convertirse en letrada en el sentido pleno del término, y en transmitirnos su cultura escrita[6]’.

Por último, no debe descartarse que todo en la sociedad humana tiene su contrapeso, y esencialmente es la escritura otra temática que no se aparta de esta dualidad; al ser parte de la cultura, da orden, jerarquiza, y por lo tanto discrimina; la escritura es una herramienta de poder; el ser humano no hará nunca algo que no tenga una funcionalidad y menos, aun, que no sirva a los intereses de él mismo o su círculo cercano: ‘al parecer, el arte de la escritura está estricta y casi inevitablemente conectado con la urbanización y el intercambio comercial[7]’. Y en este caso, el círculo cercano, termino siendo todo el mundo.

Nuestra cultura occidental que utiliza con frecuencia términos como “progreso” y “desarrollo” incluso en la escritura, ha sido construida poco a poco en una visión clasista, discriminatoria y egocéntrica, en algunos casos: ‘el uso de letras es la principal circunstancia que distingue un pueblo civilizado de una horda de salvajes, incapaz de conocimiento y reflexión[8]’. La cita anterior, de entrada, sí es un comentario debatible; si se analiza a la luz de la realidad hoy en día, desde la experiencia individual y/o familiar, uno podría recordar el cambio de vida que han tenido personas sin educación alguna, y que después de años de trabajo mal pagado, llegan a ser grandes empresarias.

Para ponerlo más complejo aún, el antropólogo Lévi-Strauss comenta el dominio incluso, a nivel de esclavitud que genera esta herramienta cultural:

Si queremos correlacionar la aparición de la escritura con otras características de la civilización, debemos buscar en otra parte. Uno de los fenómenos invariablemente presentes es la formación de ciudades e imperios: la integración en un sistema político, es decir, de un considerable número de individuos, y la distribución de esos individuos en una jerarquía de castas y clases…parece favorecer la explotación y no el esclarecimiento de la humanidad. Esta explotación hizo posible reunir a los trabajadores por millares y fijarles tareas que los agobiaron hasta los límites de su fuerza. Si mi hipótesis es correcta, la función primaria de la escritura, como medio de comunicación, es facilitar la esclavitud de otros seres humanos. El uso de la escritura con fines desinteresados, y con vistas a satisfacer el espíritu en el campo de las ciencias y las artes, es un resultado secundario de su invención (y tal vez no sea sino una manera de reforzar, justificar o disimular su función primaria[9]).

Finalmente, la escritura así como facilita el desarrollo cognitivo de los individuos, y nos in inmortaliza, nos separa paradójicamente a los unos de los otros, por las barreras de clasismo (en este caso, que una persona se creer mejor que otra por saber leer y escribir). En pocas palabras, la escritura es doble cara: si el desarrollo cognitivo y el rescate de nuestras memorias son las venas de la escritura; segregación, clasismo y poder hacen parte de su sangre, que son una violencia simbólica: “todo poder de violencia simbólica, o sea, todo poder que logra imponer significados e imponerlas como legítimas disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica, a esas relaciones de fuerza[10]".


[1]  MILLÁN, Tomás R. Austin. ‘Para comprender el concepto de cultura’. Marzo, 2000. P. 7-8. Recurso online: http://www.javeriana.edu.co/Facultades/C_Sociales/Profesores/jramirez/PDF/Austin-concepto_de_cultura.pdf

[2]  OLSON, R. David. El mundo sobre el papel. El impacto de la escritura y la lectura en la estructura del conocimiento. Gedisa Editorial. P.1

[3]  OLSON, op. cit., p. 24.

[4]  CALDERA, Reina. Revista Educere, Venezuela. El enfoque cognitivo de la escritura y sus consecuencias metodológicas en la escuela - Reina Caldera - Universidad de los Andes. P. 34-365. Link: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/356/35662002.pdf

[5]  VÁSQUEZ, Fernando. Un mosaico de reflexiones y estrategias alrededor de la escritura. Revista Actualidades Pedagógicas Nº 51: 101-114 / Enero - junio 2008. P.3.

[6]  OLSON, op. cit., p. 27.

[7]  OLSON, op. cit., p. 25.

[8]  Ibíd., p. 25.

[9]  OLSON, op. 29-30.

[10]   COLLAZOS, Peña, Wilmar. La violencia simbólica como reproducción biopolítica del poder. Revista Latinoamericana de Bioética, vol. 9, núm. 2, julio-diciembre, 2009, pp. 62-75. Título: ‘El poder de la violencia simbólica’. P. 5 Recurso online: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=127020306005

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