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lunes, 11 de diciembre de 2017

La función social de la investigación

Por Cecilia Restrepo Neira y Adolfo A. Abadía.
Publicado en Unicesi Investiga No. 3, 2017 (p. 38)

El conocimiento está considerado como la mayor riqueza de la humanidad. Una riqueza que transforma realidades y que, generado a través de la investigación, evoca procesos de creación, de reestructuración, de reflexión, de impacto, entre otros factores que convocan la solución de problemáticas de índole social que aborda diferentes contextos.

En este sentido, actualmente, se pide a las universidades que generen conocimientos que sean útiles para la sociedad a través de procesos investigativos. Esta demanda modifica la relación academia y sociedad, concientizado a las universidades ha generar proyectos que reconozcan la función social de la investigación, y que permitan abrir espacios de transferencia para la búsqueda de soluciones a problemáticas sociales que transformen la realidad en un sentido de justicia y bienestar social.

En consecuencia, es posible advertir que la primera y principal función social de la investigación universitaria está relacionada con la connotación que arrastra consigo el concepto de lo social. Es decir, lo social como ligado a la sociedad, lo que imprescindiblemente, evoca el aporte de soluciones a problemáticas y necesidades que preocupan a nuestra sociedad, así como a los beneficiarios directos vinculados a los diversos proyectos de investigación.

A su vez, esto implica considerar el componente ético de la investigación en todas las etapas del ejercicio investigativo, no solo por el vínculo directo con los seres humanos, sino también por los imprevistos que se pueden generar sobre el ambiente. Es importante que los investigadores en las universidades sean conscientes de todos los sujetos involucrados en sus proyectos y les concedan un lugar privilegiado como agentes colaborativos en la toma de decisiones durante el proceso y presentación de resultados.

Una segunda función social concierne al componente de formación de la investigación, y está asociado a la participación e iniciación científica de estudiantes. En consecuencia, la generación de nuevo conocimiento no solo busca llenar vacíos o generar nuevas líneas de investigación, sino también nutrir y actualizar los conceptos, métodos y teorías que se manejan en las aulas.

Finalmente, una tercera función social de la investigación compete, inevitablemente, a los investigadores mismos. Aunque por lo general suele pasarse por alto este punto, no cabe duda que en primer lugar el compromiso social de los investigadores es consigo mismos. Su capacidad de reflexión y análisis crítico, y de curiosidad para abordar un problema o innovar en un enfoque, debería ser el motor de todo investigador. Son este tipo de factores los que están asociados a la vocación del investigador y a la pasión que imprime en su ejercicio como agentes transformadores de realidades.

Para finalizar vale la pena reflexionar sobre la difusión y comunicación de los resultados, debido a su capacidad de determinar los alcances que se pueden esperar del ejercicio investigativo. Si bien el conocimiento científico tiene como ventaja un lenguaje preciso, que da poco espacio a ambigüedades, muchas veces es concebido como oscuro e ininteligible para un público más amplio que la comunidad académica al que está dirigido. Esto sugiere, además, que la función social de la investigación está relacionada con la habilidad de traducir el conocimiento científico a un lenguaje que pueda ser comprendido y apropiado por un público distinto al lector especializado.

jueves, 3 de marzo de 2016

¿Cómo los medios de masas configuran formas de vida social e imaginarios?

Por Adolfo A. Abadía.

A la luz del texto de Lila Abu-Lughod (2005) Dramas of Nationhood. The Politics of Television in Egypt, me propongo a entender cómo los medios de masas configuran formas de vida social e imaginarios que permiten entender la idea de nación como un marco que definen (imponen) posturas ideológicas

La autora nos invita a mirar el impacto de la televisión en tanto a transmisor de mensajes, narrativas, imágenes y sentidos, en la vida cotidiana de los ciudadanos de una nación, como Egipto. Para ella, la televisión juega un importante rol en este proceso de configuración de un carácter hegemonizante del Estado-nación (Abu-Lughod, 2005). Para ello, la autora revisa el caso de Egipto y sostiene que su estudio se justifica por dos razones, principalmente, por un lado, la televisión puede dar cuenta de cómo se ha configurado el proceso de construcción de una cultura nacional, si se entiende como una institución; por otro lado, la televisión se ha involucrado en todo el proceso de construcción de nación y de sentimientos nacionales así como modelando imaginarios nacionales (Abu-Lughod, 2005).

Como antropóloga, su intención de fondo es hacer una etnografía del Estado(-nación) y para ello se ha propuesto rastrear cómo en Egipto se ha construido un imaginario de Estado-nación a partir de los medios masivos de comunicación, principalmente, la televisión. Por lo tanto, es importante partir de lo que se va a entender por estado-nación. Ella parte de la idea de comunidad imaginada (Anderson, 1991) y sugiere entender el Estado como un artefacto cultural. En este marco analítico, el Estado-nación constituye un modelo ordenador del día-día, y la autora lo ve cristalizado en las series que transmite los canales estatales de Egipto. Con esto en mente, metodológicamente, la autora propone una mirada articuladora, por un lado, de la circulación de sentidos, objetos e identidades culturales con perspectiva espacio-temporal difusa, y por el otro, de una etnografía multisituada identificando las conexiones con los "mundos" de la vida que se dan en diferentes lugares. Con esta propuesta, la autor intenta desentrañar las relaciones de las vidas particulares dentro de un sistemas más amplio (Abu-Lughod, 2005).

Dicho lo anterior, la autora reconoce que la televisión, mejor dicho, los programas y películas transmitidos por los canales nacionales, sus estrellas (actores/as) ofrecen formas de cómo naturalizar la nación. Lo que ocurre, por un parte, en la medida en que el ritmo de la cotidianidad se ve organizada según los tiempos de estos programas y por otra parte, porque trata preocupaciones nacionales "palpables": escándalos, corrupción, violencia, entre otros, articulando asuntos de orden estatal y religioso. En todo caso, la lógica detrás del asunto consiste en que por medio la televisión se imponen formas que modelan los componentes que inciden en la configuración ideológica de una nación.

Me causa inquietud, o más bien curiosidad, que la autora no registre (ni en la bibliografía) un texto como Homo Videns. La Sociedad Teledirigida (1997) o La opinión teledirigida. Videopolítica (1998) del italiano Giovanni Sartori (1997), quien aborda la relación de la televisión en su vínculo con la política y la construcción de ciudadanía, haciendo hincapié en el contenido que se transmite que condiciona el vivir y el convivir. Aunque Sartori se preocupa más sobre los tipos de contenidos (contenido/información frívola u objetiva) y cómo la televisión ha privilegiado el tipo de información que, el autor, entiende como carente relevancia “significante”. A esta conclusión llega el autor al advertir que la televisión ofrece un contenido que apela más al entretenimiento, distracción y diversión, que a la reflexión crítica. Lo que no debe constituir un asunto de desinterés pues, para Sartori, es la televisión, entre los demás tipos de medios de comunicación de su época, la principal fuente de información, es a partir de ella que los ciudadanos construyen su mirada sobre los asuntos cotidianos.

Lo que más me inquieta del asunto, es que para gran parte de la población que estudia el autor, la televisión es la única fuente de creación de opinión, para aprobar o desaprobar decisiones políticas. De esta forma, esta población solo puede opinar de la forma en que la televisión le induce (Sartori, 1998).

De ambas posturas, destaco su inquietud acerca de cómo la televisión (la cultura de la televisión como menciona Abu-Lughod, 2005) influye, tanto en la construcción de imaginarios, de símbolos, de identidades afín a un proyecto de nación particular, como en la determinación de los asuntos acerca de los cuales se opina, o al menos se tiene idea, en la cotidianidad social de los individuos que se constituyen como insumos para la toma de decisiones políticas.

Bibliografía
SARTORI, Giovanni (1998). “La opinión teledirigida. Videopolítica” [traducción al español por Valentina Valverde] en Claves de Razón Práctica, enero-febrero 1998, núm. 79.

ABU-LUGHOD, Lila (2005). Dramas Of Nationhood: The Politics Of Television In Egypt. (pags, 1-53, 111-134, 193-245)

ANDERSON, Benedict (1991). Imagined communities. London: Verso.

jueves, 22 de octubre de 2015

¿Es útil hablar de “Estados frágiles” en la actualidad?

Columnista Adolfo A. Abadía.

En las siguientes líneas me propongo abordar la siguiente pregunta orientadora ¿Es útil hablar de “Estados frágiles” en la actualidad?. En primera instancia, desarrollaré un análisis histórico-conceptual para dar luz al contexto de donde emerge la noción Estado fallido. Luego abordaré los límites y alcances de cómo se ha operacionalizado esta noción en el ámbito internacional.

La noción de “Estado frágil” emerge en un contexto histórico particular y en referencia a un tipo ideal de organización política: el Estado moderno. En relación al contexto histórico, no hay que perder de vista que la noción emerge en un momento muy particular. Estamos a finales de la primera década del fin de la Guerra Fría y del desmantelamiento de formas de organización política, económica y social como lo fue el modelo socialista/comunista en la Unión Soviética (proceso que puede verse materializado con la caída del Muro de Berlín). Pero al mismo tiempo, observamos la sobrevivencia (victoria) de la contraparte y de su modelo capitalista-neoliberal, con los Estados Unidos como única potencia (al menos por la siguiente década) y principal referente político y económico del mundo. Según Francis Fukuyama, el proceso a seguir de los estados (el imperativo del State-building) consiste en la consolidación de un modelo económico neoliberal con poca intervención estatal (Estado mínimo en línea a la propuesta de Robert Nozick), con instituciones políticas fuertes y con un régimen democrático.

Por otra parte, el ataque del 11 de septiembre de 2001 puso en evidencia la existencia de nuevas formas de organización militar y política que cuestionan al Estado como poder soberano y supremo. Estas organizaciones rompen con la idea del contrato social Hobbesiano consagrado en la relación protección-obediencia en la medida en que, por una parte, la orquestación del ataque a las torres gemelas en Nueva York puede entenderse como un acto de desobediencia a ese contrato social; y por otra parte, deja en evidencia su rechazo al Estado como el único actor que tiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza física en un territorio.

Además de los dos eventos anteriormente mencionados, no hay que perder de vista la intensificación del narcotráfico y del crimen organizado transnacional como un problema a escala mundial; así como la emergencia del problema de las “amenazas externas no convencionales” y de los “actores transnacionales no estatales” en el discurso de seguridad estatal (impulsado, principalmente, desde los Estados Unidos).

Todo lo anterior, dio paso a pensarse en la necesidad de revisar algunos asuntos domésticos de los estados en aras de identificar falencias generadoras de inestabilidad política, social y económica propiciando un ambiente adecuado de organizaciones que dejen entredicho la paz y estabilidad internacional (esta idea se abordará con mayor profundidad más adelante).

Por lo tanto, aún sin existir un consenso común sobre lo que significa un Estado frágil (fallido); existen características que antes de hablar de un Estado frágil remiten a la idea de un Estado con múltiples fragilidades. Se identifica, en este sentido, principalmente tres tipos de fragilidades. Primero, la fragilidad, o déficit, de autoridad estatal remite a las dificultades de un Estado a responder a amenazas internas, esto se manifiesta en estados con alto niveles de criminalidad, con conflictos armados internos y en grupos que cuestionan el monopolio legítimo de la fuerza física del Estado; segundo, la fragilidad de legitimidad estatal remite a ausencia de libertades civiles y políticas, se objetiviza tanto en expresiones de represión y opresión de toda forma de oposición política y militar, como en las violaciones a los Derechos Humanos. Por último, la fragilidades de capacidad estatal que se relaciona con la imposibilidad de suministrar servicios básicos a su población y de ejercer sus responsabilidades mínimas.

Como puede entreverse del párrafo anterior, existe una concepción del Estado como el encargado de garantizar ciertos bienes comunes. Es esta mirada la que privilegia Max Weber cuando arguye que son los “medios”, y no los “fines”, los que define al Estado, por lo tanto, sugiere entenderlo como “aquella comunidad humana que en el interior de un determinado territorio reclama para sí (con éxito) el monopolio de la coacción física legítima”. De esta manera, se puede decir la característica principal del Estado, como dice Charles Tilly a partir de una mirada de las guerras y sus formas de financiación, es que como resultado de un proceso histórico se ha consolidado como la forma exitosa de organización social y política. Por lo tanto, a razón de que el Estado ha sobrevivido diferentes transformaciones y deformaciones, es que puede ofrecer los servicios “fundamentales” que hoy en día se le atribuye como funciones mínimas. Por lo tanto, el Estado moderno es resultado del proceso histórico por medio del cual logra reclamar con éxito el monopolio legítimo de la fuerza se manifiesta en diferentes dimensiones, uno, monopolio de la fuerza física con el poder militar y policivo; dos, monopolio de la construcción de orden legal con el poder judicial; y tres, monopolio para determinar un orden político con el poder legislativo.

Sobre las formas en que la noción de Estado frágil se ha operacionalizado en el ámbito internacional sólo puede entenderse teniendo como punto de referencia lo mencionado anteriormente. Es decir, como un espacio geográficamente determinado en el que internamente se gestan diferentes formas de órdenes sociales, políticos y militares que van en contravía al desarrollo (no solo económico sino también, y principalmente, humanos como sugieren entender este concepto Heather Marquette y Danielle Beswick) sino también a la estabilidad interna e internacional. Por lo tanto, este concepto ha permitido justificar formas de intervención internacional/humanitarias con la finalidad de reconstruir la estabilidad en situaciones donde coexisten tanto graves y reales problemas de seguridad, como órdenes políticos internos que no logran resolverlos (problemas de stateness). La discusión entorno a los Estados frágiles culminan con argumentar que sólo vía intervención (internacional) se podría aportar a la mejoría de estas situaciones problemáticas. Aunado a todo lo anterior, su incapacidad para interactuar como igual con los demás estados que conforman la comunidad internacional.

Con este horizonte, se han desarrollado diferentes indices que muestran diferentes dimensiones de falencias. Entre ellos se encuentra el Fragile State Index del Fund for Peace, que ofrece una mirada sobre el asunto a partir de la medición de variables como la presión demográfica, migración masivas de refugiados y desplazados internos, pero también niveles de descontento grupal, grados de desarrollo desigual entre grupos sociales, así como niveles de crisis económica, la intensidad de la criminalización y deslegitimación del Estado, entre otros.

Como se puede ver, estos indicadores hacen un importante de esfuerzo por generar formas de comparación de los niveles de desarrollo entre los diferentes estados a un nivel nacional. Son instrumentos para la toma de decisiones en la política exterior. Sin embargo, son ciegos ante situaciones de desarrollo por debajo del nivel nacional sin lograr visibilizar diferencias a nivel subnacional.

En este sentido, hablar de Estados frágiles en la actualidad es útil para establecer niveles de desarrollo que permita identificar dimensiones de falencias estatal con la finalidad de ofrecer formas de ayuda vía intervención internacional. Sin embargo, esto nos invita a cuestionar la intervención internacional pues, como se muestra en los rankings de estados fallidos, existe una marcada diferenciación entre los estados que intervienen (los nominados estados del hemisferio norte) y los estados intervenidos (los del hemisferio sur),asunto que puede ser abordado a mayor profundidad en futuras reflexiones.

Referencia bibliográfica
Di John, J. (2010). “Conceptualización de las causas y consecuencias de los Estados fallidos:Una reseña crítica de la literatura”. Revista de Estudios Sociales, no. 37, pp. 46-86.

Fukuyama, F. (2004). “The Imperative of State Building”. Journal of Democracy, Vol. 15, No. 2, pp. 17-31.

Marquette, H. & Beswick, D. (2011). “State Building, Security and Development: state building as a new development paradigm?”. Third World Quarterly, 32:10, pp. 1703-1714

Nozick, R. (1988). Anarquía, Estado y utopía. Fondo de Cultura Económica. Méjico: 1988.

Stanton, T. (2011). "Hobbes and Schmitt". History of European Ideas, 37:2, pp. 160-167.

Tilly, C. (1989). “Cities and States in Europe, 1000-1800”. Theory and Society, Vol. 18, No. 5, pp. 563-584

Weber, M. (1946). “Politics as a Vocation”. En H.H. Gerth and C. Wright Mills (eds), Essays in Sociology (New York: Macmillian), pp. 26-45.

martes, 18 de agosto de 2015

Sobre la competencia a la Alcaldía de Santiago de Cali

Columnista Adolfo A. Abadía.
Investigador del programa de Ciencia Política
Universidad Icesi - Cali


“Aguablanca elige al Alcalde”. Esta es una de las frases más comúnmente escuchada entre los caleños cuando hacemos referencia a elecciones en esta ciudad. Cada cuatro años reaparece en buena parte de los análisis y corrillos, expresándose como lamento, celebración o con indiferencia pero, sobre todo, como una verdad revelada. Sin embargo, ¿Cuánto hay de cierto en ella?

La respuesta es definitivamente no. Un simple examen descriptivo de los resultados electorales basta para demostrar que esto es imposible. Aguablanca –que aunque comúnmente sea asociado a la totalidad de las comunas del oriente de la ciudad, está formalmente constituida por las 13, 14 y 15– representó poco más que el 15% del total de los votos en cada una de las pasadas tres elecciones a la Alcaldía; por lo tanto, es técnicamente imposible considerar el control electoral del “distrito” como una condición suficiente para obtener una victoria electoral.

De hecho, para que la totalidad de los sectores populares de la ciudad (los estratos 1 y 2 que representaron poco menos del 50% de los votos por candidatos en las últimas tres elecciones) pueda elegir autónomamente al Alcalde, necesitarían un comportamiento perfectamente homogéneo; es decir, que todos votaran de la misma forma. Este es un escenario impensable e irreal, sobre todo, si tenemos en cuenta que candidatos cuyos electorados “naturales” no se encuentran en esas parte de la ciudad (como Lloreda o Guerreo) recogieron alrededor de un 30% del total de sus votos. En otras palabras, la estrategia de electoral de concentrar votos en un solo sector específico no basta para obtener triunfo.

Nuevamente, si observamos los datos de las últimas tres elecciones, encontramos una relativa homogeneidad en el comportamiento electoral, principalmente, en dos grupos. Por un lado, las comunas de estrato 4, 5 y 6 muestran el comportamiento más uniforme y consistente, inclinándose por candidatos con el perfil de Lloreda, Guerrero o Armitege (en esta elección) oscilando entre un 55 y 65% de los votos. En menor medida, como fue señalado anteriormente, en los estratos 1 y 2 ocurre algo similar, donde predomina otro perfil de candidaturas como las de Salcedo, Ospina, Castrillón o Urrutia.

Por el contrario, un comportamiento más irregular puede observarse en las zonas de estrato 3 que muestra no solo una mayor heterogeneidad en cada elección, sino también una más alta volatilidad entre ellas. Esas mismas caracteríscticas han influido notablemente a la hora de definir los resultados, estableciéndolo como una suerte de pívot electoral.

Como se observa en la tabla, las candidaturas ganadoras dan cuenta de estos comportamientos. En los años 2003 y 2007 se observa un predominio de los candidatos ganadores (Salcedo y Ospina) en comunas estrato 1 y 2, mientras en el 2011 las comunas de estrato 4, 5 y 6 marcan la diferencia en la elección de Guerrero. Así mismo, también se puede observar que la comuna estratificada como medio refleja su heterogeneidad en la medida en que su votación por el candidato ganador no presenta grandes oscilaciones.

Como se pudo demostrar, empíricamente, es indispensable una combinación de diferentes factores para ganar las elecciones, en contravía a lo que el “olfato” popular permite entrever. En este sentido, cualquier candidato que pretenda acceder a la Alcadía de Cali deberá predominar no solo en los sectores de preferencia “natural”, sino también hacerlo en las comunas estrato 3 que se constituye como una condición necesaria para la victoria.

Nota: agradecimientos especiales a Juan Pablo Milanese.

Bibliografía relacionada

ABADÍA, A. A. y J. P. Milanese (2015). "Análisis del comportamiento electoral en la ciudad de Cali utilizando Fuzzy Sets. Elecciones para la alcaldía municipal 2003-2011". En Politai. Revista de Ciencia Política, año 6, núm. 10, pp. 13-37 - VER

ABADÍA, A. A. (2014). "Opciones políticas, comunas y votos. Distribución territorial de los apoyos electorales a la Alcaldía de Santiago de Cali 2003-2011". En Trans-pasando Fronteras, núm. 6, pp. 183-216. DOI: http://dx.doi.org/10.18046/retf.i6.1872 - VER

ABADÍA, A. A. y J. P. Milanese (2014). "Impactos del perfil socioeconómico de los votantes sobre el comportamiento electoral. Análisis de las elecciones a la Alcaldía de Cali 2003-2011". En Revista Renacer Jurídico - VER

miércoles, 28 de mayo de 2014

Violencia, terror y narcotráfico en Buenaventura

Por Seminario Narcotráfico y Securitización.*

Casas completamente desocupadas, barrios parcialmente desplazados y controlados por grupos criminales, jóvenes masacrados, y mujeres intimidadas, son algunas de las frases características de los titulares de prensa que han hablado últimamente de Buenaventura. Además, las movilizaciones, las denuncias, los informes, los testimonios y las miles de voces de miedo y resistencia que han hecho visible la realidad del puerto, ponen ante el estado y la sociedad civil, escenarios de un conflicto cambiante, que exige a gritos llevar a cabo procesos y acciones de inversión social de corto y largo plazo que son mucho más complejas que las etapas de militarización que la población del puerto vive hoy.

Buenaventura es hoy un territorio de fronteras políticas, culturales y económicas, producto de años de migración e importantes desplazamientos poblacionales. Los escenarios de violencia que hoy caracterizan a esta ciudad, representan los límites ente la violencia y la convivencia, la ruralidad y la urbanidad, la ilegalidad y la legalidad, la destrucción y la conservación, y la pobreza y la riqueza. Entender los escenarios de violencia en Buenaventura como una reacción a las condiciones estructurales que le han acontecido históricamente, terminaría por respaldar una versión que se queda corta para entrever la complejidad de las dinámicas coyunturales en virtud de todos los elementos que coexisten en escena. Como elemento de poder, es necesario explorar más allá del ejercicio físico directo de la violencia y comenzar a indagar por gramáticas, estéticas y lógicas particulares que se desprenden del acto violento.

Una mirada al pasado
No fue hasta comienzos del XIX que el estado inicia algunos cambios importantes que transformaron la realidad de Buenaventura. La reactivación de la ruta Cali-Buenaventura, el nombramiento de un alcalde, notario, registrador, y del decreto que oficializó la apertura del puerto, permitieron demostrar el interes para darle un impulso economico al puerto que jugara un papel muy importante en las exportaciones de café durante todo el comienzo del siglo XX. Sin embargo, desde este momento la situación socio-económica de la ciudad comienza a dejarse de lado, situación que se perpetúa hasta el presente. Esto permite entrever una falta de voluntad política por mejorar la situación de la población en contravía al comercio portuario que empieza a presentar importantes resultados de bonanza económica. Diferencia que se acentúa, aún más, luego de la privatización del puerto el 21 de diciembre de 1993.

Su cercanía a Panamá y proximidad a países del Asia-pacífico y ciudades del este los Estados Unidos, ha convertido a Buenaventura en el puerto geoestratégicamente más importante del país. En congruencia con lo anterior, en Buenaventura se empiezan a dar dinámicas delictivas que la van convirtiendo en un caldo de cultivo para diferentes formas de expresión de la ilegalidad, desde la emergencia de grandes capos responsables de la exportación de las drogas ilícitas del Cartel de Cali a los Estados Unidos en los 80 y 90, hasta la conformación de pequeños traficantes locales, herederos del negocio del narcotráfico luego de la entrega de los grandes cabecillas de dichos carteles. A partir de 2000 suceden, por un lado, la mayor etapa de fragmentación del tráfico de drogas en la que se fortalece la articulación de actores nacionales e internacionales que participan de manera independiente y diferenciada en cada eslabón de la cadena productiva, y por el otro, una expansión de la siembra de coca y la arremetida de los paramilitares en la zona. Así, además de actores que hacen parte del proceso de producción, en Buenaventura también hacen presencia actores que actúan de intermediarios, encargados de hacer funcionar la red de transacciones, que en este caso no sólo son de orden internacional sino que involucra, también, a la primera etapa: el cultivo de la hoja de coca.

Como un fenómeno macro de transformación de las estructuras criminales, en Buenaventura se produce un fenómeno de expansión de las denominadas bandas criminales o neo-paramilitares (La Empresa, Los Urabeños), que nacen con el proceso de desmovilización del 2005, y que se expresan en una nueva forma de apropiación y adaptación de la violencia, y unas formas de control territorial que visibilizan procesos transitorios de re-territorialización de la misma. Los actores armados de los grupos criminales no son externos a estos territorios, sino que es a diferencia del paramilitarismo contrinsurgente, en esta fase sera la misma población de estas ciudades la que se está vinculando a las dinámicas del narcotráfico. Lo anterior, a través de un proceso de reconfiguración de las estructuras organizacionales del tráfico de drogas que hoy han llegado a presentar una cara cada vez más relacionada a formas de outsourcing criminal.

Violencia en Buenaventura
Buenaventura se configura como lugar de interés estratégico, pues su área marítima une al norte y sur del Litoral Pacífico y dentro del territorio colombiano este puerto es considerado como punto final de las rutas de exportación de la producción nacional de la droga ilícita proveniente, principalmente, de los departamentos de Cauca y Tolima. Así pues, Buenaventura se constituye como un lugar de conflicto en donde tienen lugar fuertes disputas por el control territorial por parte de varios actores armados ilegalmente; los cuales luego de cierta permanencia en este territorio, expanden sus repertorios de acción con tal de obtener mayor control sobre todas las actividades ilícitas que van desde narcotráfico hasta el cartel de robo y el contrabando de gasolina. La diversificación de las fuentes de financiación, además, es una de las características de las bandas criminales que ocupan los vacíos de poder que dejó, en distintas zonas del país, el proceso de Desmovilización, Desarme y Reintegración realizado durante una de las administraciones de Álvaro Uribe. Esto coincide con que desde los últimos diez años, Buenaventura se ha caracterizado por sufrir recurrentes episodios de violencia cargada, cada vez más, de barbarie y sevicia.

Claramente es un territorio de frontera, una puerta para la importación y exportación, lo cual se presta, infaliblemente, para el contrabando que va desde exportaciones ilegales hasta la entrada de insumos químicos para la industria ilegal, relacionadas al comercio de drogas ilegales, pero también al comercio de armas para la guerra y las redes de protección a la industria, y los bienes utilizados en los procesos de lavado de activos. Por lo tanto, el Pacífico terrestre de Buenaventura, así como su extensión marítima, se configura como un lugar de interés no sólo para el Estado y demás actores políticos, sino también para el narcotráfico en general que vincula bandas criminales (Paisas, Urabeños, Rastrojos, Empresa) y guerrillas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC).

Esta confluencia de intereses, hace de Buenaventura una población con indicadores de pobreza, marginalidad y violencia que se expresa entre 2003 y 2010, en cifras de aproximadamente 1900 personas muertas, de las cuales más de 1300 son jóvenes entre 15 y 35 años, es decir que el 67% de la población total víctimas son estas generaciones de jóvenes. Desde el 2000 se presentan denuncias, reportes de prensa, e informes de medicina legal que indican un aumento considerable de asesinatos, desplazamientos, masacres colectivas, amenazas y desapariciones forzadas que incluyen personas tanto inocentes como pertenecientes a los grupos criminales, o a las fuerzas armadas. Además de las víctimas que han sido líderes comunitarios, periodistas, activistas, etc. De hecho, durante el 2014, se han presentado más de 50 personas asesinadas y la Armada Nacional ha capturado a 41 personas de las cuales 12 son menores de edad y la Policía ha capturado a 60 miembros de las bandas criminales.

Impactos y cambios sociales
Por un lado, el descuartizamiento que se viene llevando a cabo hace varios años en Buenaventura, se hace público con la puesta en evidencia de las casas de pique. El aumento significativo de los desmebramientos, decapitaciones y torturas, hacen parte de técnicas del terror que deshumanizan al enemigo, pues más allá del ejercicio de matar, se expresan sistemas de normas y valores internos trasgredidos, manifestados en la corporalidad mediante la tortura, que anulan la subjetividad de la víctima. Por demás la agresión no va dirigida únicamente sobre quien se ejerce la acción; más bien se configura como un mensaje emitido, al resto de la población con el fin de hacer patente una advertencia para implantar terror colectivo, dejando en manos de cada individuo la responsabilidad de la existencia propia, nunca será culpa del verdugo. La violencia y la muerte dejan de ser elementos instrumentales que suprimen el obstáculo que el enemigo representa en la consecución de un fin, para demostrar un ejercicio de poder sobre el cuerpo hasta denigrarlo. También debe reconocerse que esta dinámica obedece a un cambio de repertorios que se inaugura con la llegada y arraigo del neoparamilitarismo que con el narcotráfico, involucran la disputa territorial por rutas estratégicas de tráfico de drogas.

Así, el narcotráfico ha gestado lógicas diversas de crimen. Una de ellas es la forma en que se racionaliza la violencia mediante la tercerización de la misma, como si se tratase de la prestación de un servicio. El ejercicio de la violencia se ha descentralizado dando lugar a pequeños focos de control, para regular la competitividad y especialización en la prestación de un servicio susceptible de ser contratado. En ese escenario, el papel del narcotráfico se expresa en tanto consumidor de ese tipo de violencia, representada en Colombia por las “oficinas de cobro” y los llamados sicarios a sueldo, sector que en general, contrata y coopta jóvenes de barrios marginales como ha venido dándose en aumento en Buenaventura. La tecnificación y la instrumentalización de la violencia, dejan ver que su ejercicio como práctica performativa ya no justifica un ideal político, la defensa de los propios, o una motivación emocional, sino que se vuelve un fin en sí mismo al estar mediada por una transacción económica.

Por ello, la situación actual de Buenaventura no se puede entender sin hacer una lectura adecuada de los elementos históricos mencionados y del contexto social y económico atravesado por dinámicas del narcotráfico, el conflicto armado y el capital privado. El gran ausente ha sido el Estado como protector de la población y principal combatiente de la pobreza, la escasez de oportunidades económicas, la negación o restricción de los servicios públicos, los conflictos y la represión del Estado mismo. Con todo y eso, la precariedad de las condiciones de vida de los habitantes de Buenaventura ha sido una constante histórica y aunque desde los años 70 se vienen estipulando políticas que ayuden a cambiar este panorama, la efectividad de dichas políticas, sin embargo, quedan en entredicho al ver la situación social en que está sumida la totalidad de la población. Recordemos dque de acuerdo al Dane el 80,6% de la población del puerto viven en condiciones de pobreza.

Finalmente, otra forma de dar cuenta de esa racionalización de la violencia, viene desde la idea de seguridad como política estratégica del Estado, que en nombre de la protección a la población despliega un proceso de militarización del espacio como una forma de control sobre el mismo. Se desconoce así que lo que se ataca es la consecuencia de un abandono histórico de la población, que permitió la emergencia de poderes y legitimidades locales. Por otra parte, las políticas de seguridad expresadas en la militarización dan cuenta de técnicas de gobernanza, que involucran variables económicas, pues recordemos el lugar estratégico que representa Buenaventura para la economía del país.

En virtud del neoliberalismo y la protección de las élites políticas y económicas en juego, se despliega todo un andamiaje político-militar, que desconoce las implicaciones sobre la población misma, pues su cotidianidad es invadida por un ambiente de intimidación que impide el desarrollo de las prácticas diarias a plena cabalidad, y que ya no es sólo ejercida por los actores armados al margen de la ley. A mayor escala, las implicaciones económicas y políticas rebosan las agendas de seguridad y económicas; a menor escala las repercusiones de la violencia en la sociedad civil inmediata a estos enfrentamientos está cobrando cada vez más la tranquilidad de muchos habitantes.

Militarización: ¿solución?
A corto plazo, son preocupantes todas estas generaciones de jóvenes que proyectan su vida a través de formas de ascenso social y económico asociadas a su interés por la vinculación formal o informal a las empresas criminales. Desde una perspectiva tanto individual como colectiva, su identidad se construye política, económica y socioculturalmente a través de lenguajes, relaciones de poder, prácticas económicas y saberes, que se expresan a través de los diversos repertorios de violencia que se han mencionado. Sin embargo, a mediano o largo plazo, la población de Buenaventura a futuro estará mayoritariamente constituida por aquellos niños que hoy incluyen en su memoria colectiva los gritos de las casas de piques y de torturas, que escuchan mientras intentan prestar atención al profesor(a) que enseña frente al tablero en su escuela.

Buenaventura no aguanta más. Mientras se militarizan los barrios, la sociedad es permeada por procesos de naturalización de la muerte a temprana edad, de transformación de las estructuras familiares en función de la deasparación y asesinato de los hombres jóvenes, de rupturas en la credibilidad de la población en las instituciones que representan autoridad y poder dentro de la sociedad, de reproducción de prácticas y relaciones sociales marcadas por la individualidad y de reproducción de factores de miedo dentro de la población.

A pesar de lo anterior, asesinatos como los de Luis Carlos Rentería de 29 años, las masacres y desapariciones colectivas de los jóvenes desde hace más de 10 años, están despertando movilizaciones y llamados de atención de la comunidad que sacrifica su seguridad y su vida, divulgando y denunciando los constantes crímenes, que hacen de uno de los puertos más importantes del país, un lugar de violencia invisibilizado y maquillado por discursos de securitización. Porque la violencia no son solo los asesinatos, violencia es la marginalidad y pobreza en que está sumida la totalidad de la población del Puerto colombiano más importante del país. Violencia es la indiferencia con la que el resto del país, se ha olvidado del Puerto.


* En este artículo colaboraron: Inge H. Valencia, Natalia Perez, Laura Torres, Olga Llanos, Cristian Erazo y Adolfo A. Abadia.

domingo, 25 de mayo de 2014

La democracia es un estilo de vida

Columnista Adolfo A. Abadía.

Cada cuatro años los ciudadanos colombianos tenemos la oportunidad de ejercer una de las expresiones democráticas, quizás de las pocas que muchos podremos ejercer. Esta es, a su vez, una de las piezas fundamentales de todo humano como ciudadano de alguna nación. No es nada más que manifestarse políticamente a través del voto. Esto significa elegir la preferencia y el rumbo político que se considera más acertado, es dejar sentado nuestra inclinación política y dar prerrogativas a una postura frente a otras. Con el voto estamos participando en la configuración de los políticos que participarán en los debates que están implícitos en el quehacer de la política. Es una oportunidad para vivir la experiencia de la democracia.

Esta jornada electoral registró quizá el más alto nivel de abstencionismo para elecciones presidenciales de las últimas de las que se tiene registro para el principal cargo político del país. Y esto me da pie a pensar un par de cosas. Por un lado, a pesar del alto abstencionismo, es evidente que los colombianos queremos vivir en un régimen democrático. Esto se ve expresado en que muchos colombianos se enorgullecen de la estabilidad de régimen democrático colombiano, más aún cuando se comparan otros casos de países latinoamericanos. La idea de trasfondo que apoya esa afirmación, en muchos de los casos, varía entre dos extremos, –es que no nos convertimos en una nueva Cuba– dicen unos, y –es que no nos volvimos en una dictadura como ocurrió en varios países del cono sur del continente-. Mi posición ante estas dos dicotomías es muy simple, no vivimos en Cuba, pero emergieron grupos de lucha revolucionaria que han dado lora hasta el día de hoy. No vivimos una dictadura que arrasara quienes respiraran “aires de izquierda”, pero hemos sido testigos de cómo se han asesinados sistemáticamente a los líderes políticos que representaran la oposición a los partidos tradicionales de Colombia, en particular a los partidos de izquierda como ocurrió con la Unión Patriótica en los 80. En todo caso, nuestros dos partidos tradicionales han sido promotores de grandes y sangrientos enfrentamientos que se han reproducido a lo largo y ancho de la historia colombiana.

A pesar del alto abstencionismo, también es común escuchar -es que Venezuela es una Democracia pero en decadencia-. Aquí lo que está en discusión es el grado que se le da a ciertos valores y principios que se consideran implícitos en la experiencia de vivir en una democracia. Por lo tanto, si una nación privilegia principios como la igualdad, la libertad, el libre mercado, la justicia, el derecho, la multiculturalidad y la pluri-etnicidad, no es nada anormal que se manifieste en contra de cualquier acto que vaya en contra de esos principios. En este sentido, se entiende que muchos colombianos critiquen los golpes a la libertad de expresión que ocurre en Venezuela; que cause conmoción la intención de invitar a Cuba, país que difiere a Colombia entre otras cosas por su modelo económico, a un foro de presidentes latinoamericanos como ocurrió en la pasada VI Cumbre de las Américas. Al parecer, sentar una posición es más sencillo cuando se mira hacia afuera, pero si observamos hacia el interior, lo que ha pasado y sigue ocurriendo, entonces llegaríamos a la conclusión que aquí también ocurren cosas tan graves como en países vecinos. Por ejemplo, la interceptación ilegal de la comunicación privada de personas de la opción o de aquellos quienes presuntamente representan un “peligro” para la democracia rompiendo con todas las libertades y derechos de la contraparte es un asunto demasiado grave. Retomando el caso venezolano, a pesar de todo lo que ha ocurrido, y está ocurriendo, en términos de violación a los derecho humanos y fraude electoral, el nivel de abstención es aproximadamente 3 veces menor que en Colombia.

A pesar del alto abstencionismo, no paro de escuchar afirmaciones como -para que votar si siempre son los mismos-. Nada es tan recurrente como escuchar la anterior frase, y más en momentos próximos a las elecciones y en círculos familiares. Si bien, sí se eligen, y últimamente reeligen, candidatos de amplia trayectoria política y cercana a las familias de la élite política que, directa o indirectamente, han jugado un importante rol en la política colombiana; sin embargo, jamás son los mismos. No son los mismos pues, por ejemplo y a simple vista, Gaviria y la constitución del 91 no es lo mismo que el proceso 8000 con Samper; el Samper “sin visado norteamericano” no fue lo mismo como el “Tour internacional” de Pastrana en busca de apoyo para su proceso de paz; la zona de distención de Pastrana no se puede comparar con las políticas de seguridad democrática de Uribe; y ni siguiera el Uribe de 2002-2006 se puede comparar con el Uribe que fue hasta el 2010 pues el Uribe del segundo periodo le tocó defenderse de mucho de lo que hizo en su primer periodo (DAS, DMG, AIS, AUC, Falsos positivos, Yidispolítica, Parapolítica, etc.); y para notar la diferencia entre Santos y Uribe, no falta sino googlear sus cuentas de twitter y mirar como sus posituras están constantemente enfrentadas. Por otro lado, la variedad de candidatos y opciones políticas no son las mismas. Fácil fue, por mucho tiempo, votar por el candidato del partido liberal o el del partido conservador. Ahora la emergencia de nuevos partidos y movimientos políticos, así como de candidaturas independientes, han marcado la diferencia en las últimas elecciones. La variedad de opciones es tan variada como los colores del arcoíris; también, la fuente de los apoyos políticos así como de los apoyos económicos se mueve a multiniveles. En una nivel van de lo legal a lo ilegal, en otro nivel de la “Para”- a “Farc-política”; en un tercer nivel, la tensión gira entre políticas seguridad y políticas con impacto social, en otro nivel de carácter más coyuntural, la disyuntiva es entre el Uribismo y el Santismo, o cualquier oposición política que el exmandatario Álvaro Uribe mencione en su cuenta Twitter. Actualmente, la polarización política gira entorno a proceso de paz adelantado en La Habana, entre quienes apoyan este proceso de negociación y quienes no lo hacen.

Y sin embargo, el abstencionismo también puede entenderse como una elección racional, una decisión que indica desacuerdo con las opciones que se presentan como candidatos, sus propuestas, sus trayectorias políticas. El abstencionismo puede también indicar un ambiente de inconformidad generalizado con el método de elección de las personas que aspiran al poder político, incertidumbre por el alto grado de probabilidad de que “se pierda el voto”; pero más preocupante aún, puede ser un indicador de que la democracia, con todos los “pro y contras”, no es el régimen político con el cual se sienten identificados.

Yo los invito a que nos pensemos la democracia no como un conjunto de oportunidades, de reglas, de instituciones y entidades, ni como la acumulación de derechos, valores y principios, de libertades y deberes. La democracia es todo eso y mucho más. Es una forma de ver al mundo, de aproximarse a la vida, de resolver los conflictos, de apreciar la alteridad, de interactuar con el “otro”, de comunicarse con los demás, de interpretar la complejidad, de entender las relaciones sociales. La democracia es un estilo de vida, la cual es mejor vivirla a plenitud.

domingo, 15 de julio de 2012

Transformación en el discurso político, 1809-1810

Columnista Adolfo A. Abadía.

Parafraseando la definición del concepto Título de la versión virtual del diccionario oficial de la Real Academia Española (RAE), se define este término, entre otras formas, como la palabra o frase distintiva que da a conocer el asunto en cuestión, es decir, la causa y razón de una obra o escrito, así como de sus partes. En otras palabras, en los títulos encontramos, habitualmente, la imagen general de la cuestión a tratar y la misma puede quedar, explicita o implícitamente, en manifiesto.

En este sentido, una forma de comparación puede surgir partir de la interpretación de los títulos de los artículos. Éstos permiten una aproximación a los argumentos globales de las motivaciones contextuales y, en cierto modo, permite inferir cierta inclinación hacia el tono que el escritor asume en cada artículo para referirse, en este caso, a la situación en el que se encuentra la relación del Nuevo Reino de Granada con el antiguo Gobierno.

En este escrito se realizará un ejercicio de desglosar y rastrear las palabras claves manifiestas desde los títulos en cada uno de los dos artículos. A razón de lo anterior se definirán las palabras claves para tener en cuenta en cada artículo. Para el 1er artículo éstas son: representación, cabildo, suprema junta central de España; para el 2do artículo: soberanía, autoridades del antiguo gobierno, suprema junta, consejo de regencia.

Tabla 1: Comparación a partir de la interpretación de los títulos
Artículo 1 Artículo 2

Título

Representación, del cabildo de Bogotá capital del Nuevo Reino de Granada a la Suprema Junta Central de España en el año de 1809.

Motivos que han obligado al Nuevo Reino de Granada a reasumir los derechos de la soberanía, remover las Autoridades del antiguo Gobierno e instalar una Suprema Junta bajo la sola dominación y en nombre de nuestro Soberano Fernando VII y con independencia del Consejo de Regencia y de cualquiera otra representación.

Argumento global

Gira entorno a la relación de representación.

Gira entorno a la explicación de los motivos que han obligado a remover las Autoridades del antiguo Gobierno y a la instauración de una Suprema Junta con independencia del Consejo de Regencia.

Procedencia

Cabildo de Bogotá capital del Nuevo Reino de Granada.

Suprema Junta del Nuevo Reino de Granada.

Destinatario

Suprema Junta Central de España.

Población del Nuevo Reino de Granada, Americanos, mundo.

Palabras claves

Representación, Suprema Junta Central de España, Cabildo.

Soberanía, Autoridades del antiguo Gobierno, Suprema Junta, Consejo de Regencia.

Año

1809

1810

Autor(es)

Camilo Torres Tenorio

Frutos Joaquín Gutiérrez y Camilo Torres Tenorio



Fuente: elaboración propia.

Una primera diferencia radica, como podemos ver en la tabla 1, en el argumento global de cada artículo. En el artículo 1 podemos inferir que existen relaciones políticas de representación entre el cabildo de Bogotá como capital del Nuevo Reino de Granada y la Suprema Junta Centra de España. Efectivamente, el autor desarrolla durante todo el texto la idea de que existe una desigualdad en términos de representación política entre las Américas y España, y este desbalance se queda en manifiesto en el número de representantes de las America respecto al número de representantes de España en la Suprema Junta Central. Si bien este punto genera descontento en el autor, tanto así que lo motiva a escribir este artículo, su tono discursivo es muy conciliador y se cuida de usar argumentos que puedan ser motivo de discordia. De inicio a fin del artículo, el autor procura de usar los argumentos adecuando para sustentar su posición frente al problema de desigualdad de representación. Además, hace uso de ejemplos para apoyar sus argumentos, lo que deja en manifiesto la pericia del autor para lograr un discurso que pone en evidencia el ejercicio concienzudo de un razonamiento científico a la par de sus homólogos en Europa, particularmente, en España; de esta forma el autor pretendió dar fortaleza a su tesis principal que se resaltar del testo en la siguiente cita:

America y España, son dos partes integrantes y constituyentes de la monarquía española, y bajo este principio, y el de sus mutuos y comunes interésese, jamás podrá haber un amor sincero y fraterno, sino sobre la reciprocidad e igualdad de derecho.

En el artículo 2 podemos advertir un cambio en el tono pero una continuación del recurso discursivo científico en tanto al uso de ciertos términos que implican un alto grado de razonamiento de lo social y político como lo es el concepto de Soberanía. Este artículo contiene un tono acusativo, despreciativo y, en cierta forma hasta, agresivo frente a las Autoridades del antiguo Gobierno y el Consejo de Regencia. Esto deja en claro que las relaciones entre las Américas, específicamente del Nuevo Reino de Granada, y España han vivido una transformación rotunda de tal modo que si antes se pretendía llegar a un acuerdo para equilibrar la balanza de la representación política, ahora no se intenta ni siquiera mostrar interés por participar en un cuerpo político que permita formas de representación entre las Américas y España. Lo expuesto anteriormente se vislumbra en las siguientes citas:

Se hace en España la creación de Juntas Provinciales, y se priva de este derecho a las Américas. Se proclama allí la confraternidad de los Americanos y su igualdad con los Europeos, la identidad del uno con el otro hemisferios, pero ésta proclama es dolosa, y destinada a deslumbrar a la America, y jamás llega el caso de que esta goce de una representación activa.

La America es parte integrante de la Nación, conforme a lo que dijo la junta Central; la Junta centra se disuelve y el Consejo de Regencia se instala sin el consentimiento y sin el voto de los Pueblos americanos. ¡Qué tejido de falsedades y contradicciones!

Finalmente, otra distinción presente en los artículos es su carácter en tanto a su pretensión en relación a la población objeto de los mismos. En este sentido, en el artículo 1 queda claro que se pretende una concertación entre el Cabildo de Bogotá capital en representación del Nuevo Reino de Granada y la Suprema Junta Central de España, luego su carácter es más argumentativo que propone llegar a un acuerdo de conveniencia mutua debido a que esta siendo quebrantado el principio de igualdad entre España y las Américas en cuestiones como la representación política. Algo muy diferente sucede en el artículo 2. Aquí lo que se pretende es justificar un nuevo discurso político que legitime el divorcio entre las Américas y España. Por eso este artículo dirige se hacia un público mayor: la población del Nuevo Reino de Granada, a los Americanos, al Mundo, con esto se pretende encontrar apoyo a lo declarado como el propósito del interés general de una nación soberana que empieza a gestarse.

martes, 1 de noviembre de 2011

De bosques a potreros: transformaciónes del medio ambiente en torno a la actividad ganadera en Colombia

Columnista Adolfo A. Abadía.

Reseña del artículo: Potreros, ganancias y poder. Una historia ambiental de la ganadería en Colombia, 1850-1950 de Shawn van Ausdal (2009)

Potreros, ganancias y poder. Una historia ambiental de la ganadería en Colombia, 1850-1950 de Shawn van Ausdal (2009)Este texto propone una versión alternativa a la “imagen tergiversada” debido a que los investigadores que han estudiado este tema, según el autor, “han prestado poca atención al proceso de formación de potreros” (Von Ausdal., 140) y han privilegiado el desenvolvimiento histórico de la ganadería como el “resultado de factores que tienen poco que ver con la cría y venta de ganado” (ibídem., 138). El autor construye una nueva perspectiva del desarrollo (ibídem., 139) a partir de la articulación de tres aspectos significativos de la ganadería en Colombia durante el centenario 1850 - 1950 (Von Ausdal, 128). En este sentido, el autor reconoce que:

  1. Los empresarios gastaron una buena cantidad de energía y dinero en tumbar bosques y sembrar pastos en lugar de criar ganado;

  2. La introducción de pastos africanos no eliminó la empresa de convertir los bosques en potreros;

  3. Existe la necesidad de reexaminar algunos estereotipos comunes:

    1. La ganadería en términos de prestigio político, económico, social y cultural relacionada a la lógica de la ganadería no era la producción de carne.

    2. La ganadería como forma de reserva de capital a diferencia de su función comercial per se, relacionada a que las “ganancias” de la ganadería provenían de fuentes extraeconómicas.

    3. La ganadería como medio para adquirir grandes áreas de tierra relacionada con la idea de que el ganado era principalmente un medio para controlar el territorio.

En este sentido, vemos que el autor incluye el fenómeno ambiental en tanto al riesgo, costo y esfuerzo, en términos de recursos económicos y humanos, que implica convertir bosques en potreros (ibídem., 140) como referente para analizar el desarrollo y la expansión de la actividad ganadera en Colombia. Por un lado, debido a que el desarrollo de potreros a partir de los bosques de tierra caliente “implicaba un esfuerzo, gastos y riesgo; […] trabajadores, administradores y propietarios se enfermaron. La mano de obra no era siempre fácil de obtener o conservar” (ibídem., 141), y, por el otro lado, debido a que con frecuencia “los bosques se interponían al uso del ganado para reclamar territorio; la rentabilidad podía ser más importante que el estatus; y el costo de la mano de obra requerida para desarrollar potreros también fue un aspecto significativo de la expansión de la ganadería” (ibídem., 149).

El autor advierte, como evidencia al primer punto, los rápidos cambios de la geografía de la industria ganadera el cual ocurrió a expensas de los bosques de tierra caliente (ibídem., 131), específicamente, como se observa para 1960, en las regiones de las Llanuras de la costa Caribe y Gran Antioquia. Inicialmente, para 1985, los “hatos de ganado estaban más bien circunscritos geográficamente: cuatro centros de producción -el altiplano cundiboyacense, el valle del alto Magdalena, el valle del alto río Cauca, y porciones del interior de la costa Caribe” (ibídem., 130).

El segundo punto responde a “una “revolución” técnica que tuvo sus inicios cerca de 1850” (ibídem., 135) como lo fue el alambre de púas y la más significativa de estas nuevas tecnologías: la utilización de un par de “pastos africanos cerca de 1840: pará (Brachiaria mutica) y guinea (Panicum maximum); […] (debido a que) ayudaban en la conversión de boques en potreros al sofocar el crecimiento secundario […] (al) crecer más rápido y a producir una biomasa mayor a la de muchos pastos nativos” (ibídem., 135-136).

En relación al tercer punto, el autor propone una pregunta orientadora al análisis de los estereotipos alrededor de la ganadería: “¿qué ventajas explicativas tiene el dar mayor atención al trabajo y al gasto que implicaba la formación de potreros al reexaminar la supuesta función territorial del ganado y el carácter no productivo de la ganadería?” (ibídem., 143).

La respuesta a la anterior preguntar deja en manifiesto que aunque el ganado puede “usarse para controlar territorio, a menudo el hacerlo requiere mucho más que simplemente ponerlo a pastar (además) el simple hecho de ocupar las tierras públicas con ganado no aseguraba los derechos de propiedad” (ibídem., 143-144) es por eso que se generaron gran parte de los conflictos de colonización de la frontera en Colombia. Conflicto entre los “colonos”: quienes talaban bosques para sembrar cultivos y crear potreros, y los “empresarios terratenientes”: quienes aparecían luego con un título (supuestamente) otorgado por el Estado para forzar a los colonos originales a pagarles arriendo o a venderles sus mejoras e irse (ibídem., 143-144). Por otro lado, la ganadería, efectivamente, ofrecía numerosas ventajas comparativas en relación a la mayoría de los cultivos agrícolas dependientes a los “caprichos del clima y a las plagas periódicas de langostas y otras pestes. La coordinación del tiempo no era tan crucial en su “cosecha” y, dada la pobre infraestructura del país, era significativo el hecho de que el ganado podía caminar al mercado” (ibídem., 146).

En este sentido, el desarrollo de potreros permitió a los ganaderos expandir sus operaciones dentro de una propiedad contigua y beneficiarse de su valorización incrementada (ibídem., 147) sin embargo, el poder terrateniente no era siempre claro, por un lado, debido a que se ha asumido que los ganaderos eran acusadores, jueces, jurados y agentes de la ley, por el otro, debido al “esfuerzo para incrementar su poder precisamente porque los ganaderos tenían problemas para obtener y conservar la mano de obra”, en este sentido, normatividades como la ley de matrícula de 1892, parece responder a la “frustración causada por la pérdida de parte del dinero que avanzaban y por las tareas sin concluir que se extendían” (ibídem., 147-148).

A razón de lo anterior el autor concluye que es importante analizar la historia de la ganadería desde la lógica productiva y económica de la ganadería per se y no como, reiteradamente, se intenta arguye: como un medio para otro fin.

Bibliografía

VAN AUSDAL, Shawn (2009). “Potreros, ganancias y poder. Una historia ambiental de la ganadería en Colombia, 1850-1950” en historia critica Edición especial, Noviembre 2009, pp. 126-149, Bogotá

lunes, 24 de octubre de 2011

La opinión pública y la política

Columnista Adolfo A. Abadía.

Reseña del capítulo 20: “la comunicación política y la opinión pública”, del texto de Josep M. Vallès (2000) Ciencia política: una introducción

Esta lectura trata la relación entre la política, los medios de comunicación y la opinión pública, un triangulo de inmanente e intrínseca positiva correlación. Considero que esta relación triangular podría hacerse más visible si analizamos sobre quién serían los agentes que corresponderían a cada uno de los tres conceptos anteriores. En congruencia con lo anterior, presento los que, a mi parecer, son los principales agentes responsables de cada uno de los términos. Primero, los agentes de la política sería la élite política minoritaria; segundo, los responsable de los medios de comunicación responden a la lógica de la empresa privada; tercero, la opinión pública es la “distribución de las opiniones individuales” (ibíd., 2000:297) presentes en una sociedad civil determinada. En este sentido, el vínculo de estos tres conceptos se traduce a la interacción de una élite política, de la empresa privada y de la sociedad civil misma.

Josep Maria Vallès i CasadevallAhora, debido a que “los protagonistas de la vida política recurren constantemente a los medios de comunicación […] para conseguir el favor público a sus propuestas y para erosionar la credibilidad de sus adversarios” (ibíd., 2000:300) y la opinión pública responde a la combinación de dos factores: primero, el “sistema de actitudes predominantes en la sociedad (como) la cultura política de aquella comunidad”; segundo, la inclinación determinada ante los mensajes recibidos de la “intervención de los medios de comunicación” (ibíd., 2000:297).

En este sentido, para el autor, es evidente que la “política de masas (implica) una relación […] entre gobernantes y opinión. Los la sociedad civil tienen “mayores oportunidades para expresar públicamente sus demandas y aspiraciones. Por su parte, los dirigentes políticos se esfuerzan por captar las tendencias de la opinión, intentando evitar errores de apreciación que puedan costarles el apoyo popular” (ibíd., 2000:299-300). Luego, la opinión pública puede entenderse como un fenómeno coyuntural dinámico y que responde, a las transformaciones de una opinión en generalizada que “equivale a la traducción verbal de una actitud política en un momento dado. (Es decir) un pronunciamiento a favor o en contra de una situación, una propuesta o un personaje” (ibíd., 2000:296).

Es en este sentido que el autor se propone a analizar en profundidad el elemento que permite segmentar información que alimenta la construcción de una opinión pública en tanto a que la “mayor parte de la experiencia política de los ciudadanos es indirecta (en otras palabras) nos llega por medio de alguna forma de comunicación, que nos aproxima datos y opiniones alejados de nuestro entorno inmediato” (ibíd., 2000:289). Aquí es importante resaltar que el autor no está hablando de cualquier la comunicación en general, sino que se está refiriendo a un tipo de comunicación en particular: la «comunicación política» la cual define como el “intercambio de mensajes de todo tipo que acompaña necesariamente, a la toma de decisiones vinculantes sobre conflictos de interés colectivo” (ibíd., 2000:289) presente durante los procesos políticos en forma de expresión, elaboración y negociación, adopción y aplicación, movilización y definición de demandas, propuestas de intervención, apoyo e implementación de la misma.

La comunicación política y la opinión pública en Ciencia política: una introducción de Josep M. Vallès (2000)Con base a lo anterior, para el autor, el modelo ideal la comunicación política incorpora los siguientes elementos: el emisor, el receptor, el mensaje y los canales de transmisión y de retroalimentación (ibíd., 2000:289). En este sentido, la comunicación política puede concebirse como una relación entre individuos: emisor-receptor, que llevan puesto una especie de lentes que funcionan como filtros de predisposiciones lo que les permite seleccionar e interpretar las fuentes de comunicación a las que se expone y a las que presta mayor atención (ibíd., 2000:293). Ahora con la intensión de conocer esa predisposición, en las democracias liberales se usan las “encuestas y sondeos de opinión funcionan como instrumento central de comunicación política […] (para) averiguar las orientaciones de los ciudadanos sobre determinadas cuestiones de actualidad política, escrutar sus futuras intenciones de voto o medir la aceptación de los líderes políticos y de sus propuestas” (ibíd., 2000:298). Por otro lado, la comunicación puede también entenderse como una actividad de grupo del cual se destaca la existencia de “actores más atentos a los mensajes que circulan por el espacio político y que «re-emiten» hacia su círculo de contactos” (ibíd., 2000:293).

De esta actividad grupal se desprende la comunicación de masas como forma de transmisión de información a un número mayor individuos y que puede ser interpretada, como muestra el autor (ibíd., 2000:294-295), desde tres puntos de vistas diferentes:

  1. Desde la perspectiva del Emisor, el cual parece tener la capacidad ilimitada para manipular al receptor y forzarle a comportamientos inicialmente no deseados, lo que se conoce como el fenómeno de la propaganda política.

  2. Desde la perspectiva del Receptor, el cual no es pasivo, en este sentido, los medios fortalecen las actitudes y opiniones previas del sujeto: la comunicación no modificaría, sino que consolidaría posiciones previas.

  3. Desde una perspectiva diferente a las anteriores, la del Canal de transmisión, el cual moldea, a través de la forma de transmitir el mensaje, la capacidad de percepción y de análisis del sujeto receptor. Así, la importancia se centra en el medio que lo transmite: el mensaje (influyente) es el propio medio.

A manera de conclusión, cabe resaltar que el intercambio de mensajes entre los emisores y receptores, por un lado, y la forma en que se trasmiten los mensajes mismos, por el otro lado, son el centro de concentración de las prácticas políticas, según el autor, debido a que en cada uno de estos momentos, “los actores son emisores-receptores constantes de mensajes, mediante los cuales formulan su visión de la situación y pretenden que sea compartida por otros. Por ello, no es concebible en las sociedades de hoy una política sin la intervención intensísima de los medios de comunicación, convertidos en actores políticos de primer plano” (ibíd., 2000:296).

Bibliografía

VALLÈS, Josep (2000). “la comunicación política y la opinión pública” en Ciencia política: una introducción, pp.298-301. Barcelona: Editorial Ariel, S.A.

Conceptos como variables operacionalizadas

Columnista Adolfo A. Abadía.

Reseña del capítulo “3.3. de los conceptos a las variables” en Metodologías y técnicas de investigación social de Piergiorgio Corbetta.

Este documento considera el proceso metodológico del diseño investigativo que implica la operacionalización de conceptos a través de su construcción como variables. Operacionalizar se puede entender, en sentido estricto, como el paso que hace referencia a la conversión de propiedades en variables, en sentido amplio, del paso que articula la teoría con la investigación (p.84). En este sentido, una variable es una propiedad operacionalizada, es decir, la propiedad operacionalizada de un objeto. Es una propiedad en tanto a que es un atributo de los conceptos relacionados con el objeto concreto estudiados y es operacionalizada en tanto a que es producto del proceso de la traducción empírica del concepto mismo que responde 1. a la selección de una(s) unidad(es) de análisis, 2. a la establecimiento de una definición operativa, y 3. a la aplicación de las reglas a cosos concretos estudiados.

Conceptos como variables operacionalizadasEl concepto es, por una parte, el significado de los “signos lingüísticos y de las imágenes” (p.81), por otra parte, es la acción producto del intento de “ordenar lo múltiple bajo un único acto de pensamiento” (p.81) lo que hace referencia a que son, al mismo tiempo, productos del ejercicio mental de las personas. En este sentido, la hipótesis, como definición amplia, interconecta conceptos con están en correlación. A razón de lo anterior, los “conceptos son los (únicos) instrumentos” (p.82) que pueden conectar la teoría con el mundo empírico.

Lo que “representa el objeto social al que se refieren, en la investigación empírica, las propiedades estudiadas” (p.84) son las unidades analíticas. Esta puede ser el individuo, un colectivo como el conjunto de individuos o un grupo-organización-institución, un grupo-organización-institución con variable colectivas estructurales o globales, un acontecimiento, una representaciónx simbólica-producto cultural. En otras palabras, una unidad de análisis es una definición abstracta del tipo de objeto social al que se refieren las propiedades de localizada en un tiempo y espació determinado y que puede ser estudiada de manera integral o parcial.

Las variables corresponden a los diversos estados de una propiedad por lo tanto puede variar de dos formas: “en el tiempo, sobre un mismo caso; o bien entre los casos, al mismo tiempo” (p.88). Cuando una variable no se transforma en su forma operacionalizada entonces deja de llamarse variable y adopta el nombre de constante. Existen tres tipos de variables:

  1. Variables nominales: son propiedades discretas no ordenables. Discretas en tanto a que puede adoptar solamente una serie de estados finitos sin intermedio; y no ordenables posibles establecer una jerarquía o un orden. Estas variables deben cumplir con el requisito de que cada caso de poder ser ubicado al menos en una de las categorías previstas, es decir, debe cumplir con la condición de exhaustividad; y el requisito de que un caso no puede ser clasificado en más de una categoría, es decir que cumple con la condición de exclusividad mutua.

  2. Variables ordinales: son propiedades discretas ordenables. Aquí existen, además de un ordena entre los datos, relaciones de tipo “mayor que” y “menor que”. Estas variables son ordinales por dos motivos, porque 1. se desprenden de propiedades originalmente constituidas por estados discretos o porque 2. se derivan de propiedades continuas y han sido secuencialmente registradas.

  3. Variables cardinales: son propiedades para las cuales los número son asignados a los “estados de la variable operacionalizada”: modalidad (p.92) y tienen pleno significado numérico. Aquí existen relaciones de igualdad y desigualdad, como relaciones de orden y relaciones producto de operaciones “de suma y de resta” (p.94) entre los “símbolos asignados a las modalidades”: valores (p.92).

La lectura de este artículo permite una mejor certeza en el ejercicio investigativo debido a da herramientas para una mayor exactitud en el proceso del diseño de una investigación, en el sentido en que permite reducir el carácter de arbitrariedad y subjetividad presentes en la investigación social. En otras palabras, el carácter de cientificidad y de objetividad se fortalece en tanto a la capacidad de poder controlar los elementos arbitrarios y subjetivos de la investigación.

viernes, 21 de octubre de 2011

La esfera pública habermarsiana (4 críticas)

Columnista Adolfo A. Abadía.

Reseña de La teoría de la esfera pública. Una aproximación al pensamiento de Habermas de John B. Thompson (1996)

Esta lectura analiza la propuesta teórica para entender el fenómeno de la esfera pública, en esta sentido, y parte de que “la transformación estructural es una extensa reflexión sobre la naturaleza de la vida pública y sobre los modos en que ha cambiado a lo largo de la evolución histórica de Occidente” (Thompson, 1996:2) que inicia desde la distinción de la Gracia clásica entre «público» y «privado». Luego, en la Edad Media europea, se perdió la esfera pública en la medida en que el status de reyes y señores se consolidaron como las figuras públicas y se “exhibían como representantes o personificaciones de un poder superior (ibíd., 1996:2); en otras palabas, la esfera pública se concentró en una élite política instaurando así un orden jerárquico en las relaciones dentro de lo público.

La teoría de la esfera pública. Una aproximación al pensamiento de Habermas de John B. Thompson (1996)Es con el surgimiento del capitalismo mercantil en el siglo XVI y el reordenamiento de las formas de poder político que aparece una “nueva clase de esfera pública […] atribuido a la «autoridad pública» (que) empezó a cambiar […] al mismo tiempo, la «sociedad civil» surgió como un campo de relaciones económicas privatizadas que fueron establecidas bajo la tutela de la autoridad pública” (ibíd., 1996:2-3). Esta implicó una apertura en término de una amplitud en el número de participes muy ligada a la noción de ilustración en tanto a la separación entre el Estado-Iglesia, es decir, al uso de la razón como único instrumento válido de argumentación. Es en este sentido que nace la “esfera pública burguesa (que está) integrada por individuos privados que se reunían para debatir entre sí sobre la regulación de la sociedad civil y la administración del Estado […] que se pudo hacer frente a las actividades del Estado y someterlas a crítica” (ibíd., 1996:2-3).

En este periodo histórico de la transformación de la esfera pública es acompañado por el desarrollo de la prensa periódica y el desarrollo de una variedad de nuevos centros de sociabilidad en los pueblos y ciudades de inicios de la Europa moderna (ibíd., 1996:3). Los lugares donde la censura y el control político de la prensa fueron menos rigurosos se logró consolidar las condiciones propicias para el surgimiento y fortalecimiento de las esfera pública burguesa, este fue el caso de Inglaterra a principios del siglo XVIII (ibíd., 1996:3).

Sin embargo, la esfera pública burguesa vive un declive resultado de la confluencia de diversas tendencias como la separación entre el Estado y la sociedad civil, y en la medida en que los “grupos de interés organizados se impusieron crecientemente en el proceso político. Al mismo tiempo, las instituciones que una vez proporcionaron un fórum para la esfera pública burguesa, o bien desaparecieron, o bien sufrieron un cambio radical” (ibíd., 1996:4). La teoría de la esfera pública. Una aproximación al pensamiento de Habermas de John B. Thompson (1996)Este último punto se relaciona con la fuerte “comercialización de los medios de comunicación (que) alteró su carácter en un sentido fundamental […] de consumo cultural […] en un mundo simulado de creación de imagen y de manejo de la opinión en el que la difusión de los productos de los medios de comunicación se pone el servicio de intereses creados” (ibíd., 1996:4). El resultado de esta transformación de la esfera pública es, primero, una población despolitizada y excluida de la discusión pública, de los procesos de toma de decisiones y, segundo, una población convertida en un medio para que los líderes políticos logren obtener, con la ayuda de las técnicas massmediáticas, suficiente asentimiento para legitimar sus programas políticos (ibíd., 1996:4).

Luego de presentar la transformación de la esfera pública según Habermas, Thompson presenta los cuatros problemas están bastante bien discutidos actualmente en la literatura crítica (ibíd., 1996:5):

  1. La idoneidad y la plausibilidad del surgimiento de la esfera pública burguesa: Habermas olvida otras formas de actividad y de discurso público que existieron en los siglos XVII, XVIII y XIX en Europa (ibíd., 1996:5-6) que aun estando en oposición a la autoridad tradicional del poder real, también se enfrentó al desarrollo de los movimientos populares, que se esforzó por contener, en este sentido, el surgimiento de esta esfera pública burguesa se vio inmerso en un “campo de relaciones sociales conflictivas que determinaron su formación y evolución” (ibíd., 1996:6)

  2. Idealización de procesos históricos reales: Habermas no muestra tan claramente la visión de hasta qué punto la “esfera pública burguesa estuvo no sólo restringida a las élites instruidas y propietarias, sino limitada además a un coto predominantemente masculino” (ibíd., 1996:6). Esto es importante de destacar debido a que el “carácter masculino de la esfera pública burguesa […] fue un rasgo fundamental de una esfera pública que […] fue determinada por una serie de presunciones, profundamente arraigadas, sobre las diferencias de sexo” (ibíd., 1996:7), en este sentido, la exclusión de las mujeres por su «significación estructurante», es un elemento importante a resaltar en la transformación de la esfera pública (ibíd., 1996:7).

  3. Las pretendida decadencia de la esfera pública burguesa: Habermas, por un lado, exagera “la pasividad de los individuos y da el proceso de recepción demasiado por sentado” (ibíd., 1996:8); y, por el otro lado, desconoce que el desarrollo de los medios de comunicación “ha creado nuevas formas de interacción social y de difusión de la información que existen a una escala y que son organizadas de una manera que excluye cualquier comparación consistente con las prácticas teatrales de las cortes feudales” (ibíd., 1996:8).

  4. Las idea democratización intra-organizativa: Habermas menosprecia la “complejidad de las sociedades modernas, internamente diferenciadas” (ibíd., 1996:9) haciendo de sus propuesta en su mayor parte prácticamente inaplicables.

La formación de la esfera pública habermarsiana atribuye un papel significativo y predominante a la prensa. Pero al mismo tiempo, Habermas no se interesó, según el autor de este texto, por la “prensa como tal, por las características específicas de este medio de comunicación y por las clases de relaciones sociales establecidas por él” (ibíd., 1996:10). En este sentido, la concepción de la vida pública queda sujeta a la esfera pública de la Grecia clásica. Luego, según Thompson, “los salones, los clubes y las casas de café de París y Londres fueron el equivalente, en el contexto de inicios de la Europa moderna, de las asambleas y plazas de mercado de la antigua Grecia” (ibíd., 1996:11). De la misma forma es comprensible, según el autor, que Habermas se inclinó por interpretar el “impacto de los medios de comunicación más recientes […] en términos mayoritariamente negativos” (ibíd., 1996:11) debido a que ellas han transformado la forma de apropiación de la información a una manera privatizada que tenía poco que ver con el intercambio dialógico entre los individuos es un espacio compartido. (ibíd., 1996:11).

Bibliografía

THOMPSON, John B. (1996). “La teoría de la esfera pública. Una aproximación al pensamiento de Habermas” en, Revista de comunicación: Voces y Cultura, No.10, pp. 81-110. Barcelona

sábado, 15 de octubre de 2011

La política y la televisión

Columnista Adolfo A. Abadía.

Reseña de La opinión teledirigida. Videopolítica de Giovanni Sartori (1998)

Giovanni Sartori (1998) muestra las transformaciones de las medios informativos que se han ido moldeando a su público y al mismo tiempo ha ido cambiando su forma de mostrar contenido. Esto debido a que “informarse exige una inversión de tiempo y de atención que gratifica (es un precio que compensa) sólo cuando la información almacenada llega a una masa crítica preparada para recibirla […] Pero quien no dispone de un "almacén" informativo debe hacer un esfuerzo, no comprende de la misma manera, y por tanto se aburre” (Sartori, 1998:4). En este caso, el autor centra su análisis al medio televisivo, específicamente, al contenido informativo relacionado a uno de los campos que condiciona nuestro vivir y nuestro convivir: la política, en otras palabras, a lo que el autor denomina: Videopolítica: concepto que “comprende sólo uno de los múltiples aspectos del poder del video: su incidencia en los procesos políticos mediante una transformación radical del "ser político" y de la "administración de la política" (ibíd., 1998:1).

La opinión teledirigida. Videopolítica de Giovanni Sartori (1998)El autor no desconoce el hecho que “la televisión informa más que la radio puesto que llega a una audiencia más amplia –la tesis del autor es que, a pesar de eso– la televisión da menos información que cualquier otro medio de comunicación” (ibíd., 1998:4). A razón de lo anterior, vemos que para el autor información e informar guarda diferencias. Esta diferencia radica, como sostiene el autor, que “información no es conocimiento, (tampoco) es comprensión: se puede estar muy informado sobre muchas cosas y, al mismo tiempo, no entenderlas (ibíd., 1998:3). Ahora, la televisión ha logrado informar, indiscutiblemente, a un mayor número de personas que las formas preexistentes, pero la importancia de su información es variable. Aquí, el autor distingue dos grados de importancia de la información (ibíd., 1998:3):

  1. Informaciones frívolas: estas están desprovistas de cualquier valor o relevancia “significante”.

  2. Informaciones objetivas: estas crean una opinión pública sobre problemas públicos sobre problemas de interés público y tratan temas de “relevancia pública”. Y son latentes a caer en la

    • Subinformación: que es la información insuficiente que es producto de una reducción excesiva de la noticia sobre la que se informa lo que empobrece la noticia misma.

    • Desinformación: es una forma dela manipulación de la información que se manifiesta como una distorsión dela información que induce a engaño al receptor de la misma.

Por otra parte, la televisión se destaca por cultivar el Homo Ludens que es el hombre que demanda entretenimiento, distracción y diversión (ibíd., 1998:1) pero al mismo tiempo y casi en contraposición al espíritu lúdico que pueda irradiar la televisión, ésta funciona como una “fuente importante de creación de opinión. En la actualidad, el pueblo soberano "opina" sobre todo de acuerdo con la forma con la que la televisión le induce a opinar […] (especialmente) por su capacidad de orientar la opinión” (ibíd., 1998:1), en otras palabras, la televisión logra poner los parámetros de un gobierno en relación a la toma de decisiones vinculantes. Con la televisión como fuente de información “la autoridad reside en la visión misma: […] la imagen” (ibíd., 1998:3) acorde a la premisa: ver para creer, es decir, “lo que se ve parece "real", (luego,) puede ser considerado como verdad” (ibíd., 1998:3). En este sentido, se desplaza la descripción de un evento noticioso por la presentación de una imagen debido a la idea ampliamente difundida de que la imagen habla por sí sola o una imagen vale más que mil palabras, pero esto para el autor no es válido, según él “los problemas no son "visibles" y la imagen que privilegia la televisión es la que "conmueve" a nivel de sentimientos y emociones” (ibíd., 1998:5). Hasta ahora hemos analizado manipulaciones que son fruto de un mundo visto parcialmente y que son, por lo tanto, manipulaciones de lo no visto las manipulaciones informativas más relevantes, y empezaré por las estadísticas falsas y por las entrevistas casuales. Por estadísticas falsas, entiende el autor, los resultados estadísticos falsamente interpretados (ibíd., 1998:6); y por entrevista casual entiende el fenómeno donde un entrevistador es mandado a rellenar un acontecimiento con imágenes a la calle y entrevistando a transeúntes intentando capturar “la voz del pueblo” pero esto no es más que un engaño el “transeúnte no representa nada y a nadie: es sólo su punto de vista” (ibíd., 1998:7). Hasta hace un par de décadas atrás, los “telediarios fueron sobre todo lecturas de noticias hechas en el estudio. Posteriormente, alguien descubrió que la misión, el deber de la televisión era "mostrar" las cosas de las que se hablaba” (ibíd., 1998:4). A partir de ese momento, es que inicia el proceso de empoderamiento de la imagen como significativo de autoridad y verdad. Sin embargo, afirma el autor, olvidamos que una fotografía miente, sencillamente, si es producto de un fotomontaje. Y la “televisión de los acontecimientos, cuando llega al espectador, es siempre un fotomontaje” (ibíd., 1998:8). En este sentido, la “visión en video siempre falsea un poco porque descontextualiza, porque está basada en primeros planos fuera de contexto” (ibíd., 1998:9). Esto responde a la perspectiva que, generalmente recoge la información televisiva: la voz de quien ataca. Pero “si quien ataca sale en pantalla, también debe salir el atacado” (ibíd., 1998:7). Como reflexión final, es importante resaltar lo que dice el autor sobre la opinión: “Opinión es Doxa, no es Episteme, no es saber y ciencia; es sencillamente un "parecer", una opinión subjetiva que no necesita ser demostrada […] las opiniones son convicciones débiles y variables” (ibíd., 1998:2). Esto es importante, porque si pretendemos apoyar la noción de que en la democracia se debe promover el Estado de opinión, entonces debemos tener en cuenta qué fuentes de información tomamos de referente para construir una opinión pública que sea “pública no sólo porque es del público sino también porque incluye la res publica, la cosa pública, es decir, los argumentos que son de naturaleza pública: el interés general, el bien común, los problemas colectivos” (ibíd., 1998:2).

Bibliografía

SARTORI, Giovanni (1998). “La opinión teledirigida. Videopolítica” [traducción al español por Valentina Valverde] en Claves de Razón Práctica, enero-febrero 1998, núm. 79.

domingo, 9 de octubre de 2011

Tipos y funciones de los partidos políticos

Columnista Adolfo A. Abadía.

Types and Functions of Parties de Larry Diamond & Richard Gunther (2001)Esta es una reseña realizada del en el texto Types and Functions of Parties de Larry Diamond & Richard Gunther (2001). Ellos hacen una revisión del papel que juegan los partidos políticos (PP) en las democracias modernas debido a que existe una tendencia que afirma la pérdida de importancia de los PP como institución política. En congruencia con lo anterior y como objetivo central, los autores se proponen dar respuesta a la pregunta “are political parties in modern democracies losing their importance, even their relevance, as vehicles for the articulation and aggregation of interests and the waging of election campaigns?” (Diamond, 2001:3). Lo anterior no refleja una problemática nueva, de hecho hasta tiene nombre propio y que se clasifica en el debate académico como “crisis de los partidos” (decline of parties), lo que refiere que éste tema ha sido objeto de varios estudios. Ahora, los autores se proponen sistematizar los tipos de PP existentes en las democracias actuales para examinar el tipo de funciones que están cumpliendo cada tipo de partido (Diamond, 2001:4).

CRITERIOS JUSTIFICACIÓN AUTOR/TIPOS DE PP
1. Según su función: (functionalist).

Los tipos de PP han de ser clasificados según sus objetivos específicos y metas.

S. Neumann diferencia 3 tipos de PP. Los PP de representación individual, PP de integración social y PP de integración total.
H. Kitschelt diferencia entre 2 tipos PP con una “logic of electoral competitios” y PP con una “logic of constituency representacion”.
R. Katz y P. Mair introduce un nuevo tipo de PP: partido cartel.

2. Según su estructura organizacional: (organitational).

Los PP han de distinguirse por tener una estructura organizacional pequeña o han desarrollado una estructura compleja de redes de cooperación relacional.

M. Duverger diferencia entre “cadre” parties, “mass” parties y “devotee” parties.
H. Kitschelt propone 4 tipos de PP “centralist clubs”, “Leninist cadre” parties, “decentralized clubs” y “decentralized mass”.
A. Panebianco contrasta “mass-bureaucratis” parties con “electoral-professional” parties.

3. Según su orientación sociológica: (sociological orientation)

Los PP han de distinguirse por los tipos de intereses que representan de diferentes grupos sociales.

Samuel Eldersveld, Robert Michels, A. Panebianco

4. Combinación de los criterios anteriores

Los PP han de definirse por el modo en que combinan elementos sociales, organizacionales y cumplen con funciones específicas.

Otto Kirchheimer diferencia entre 4 tipos de PP los “bourgeois parties of individual representation, “class-mass parties”, “denominational-mass parties” y “catch-all people´s parties”.

Cuadro 1: criterios definidores de la tipología de los partidos políticos.

En este texto, los autores parten de que se han utilizado 3 criteros en la formación de tipologías (Diamond, 2001:4-7) lo que resulta en 4 tipologías generalizadoras de los criterios específicos de clasificación de tipos de PP. La hipótesis de Diamond y Gunther (2001) es que estos criterios son insuficientes para la clasificación de los PP debido a que 1) esta forma de construir tipologías para los PP no se ha sistematizado ni ha acumulado suficiente información para considerarse un criterio distintivo; 2) al seleccionar sólo un criterio como base de la tipología, al mismo tiempo excluye en el análisis muchas otras variantes de PP; 3) los estudios realizados hasta ahora son extremadamente deductivos sin un análisis meticuloso de relevancia empírica; y 4) los estudios en base al esquema deductivo de análisis pierden en argumentación en la medida en que inflan los conceptos de atributos, propiedades y variables clasificatorias (concept stretching). Por eso los autores proponen un análisis “theoretically more modest but empirically comprehensive and accurate set of party types that are better reflective of real-world variations among parties” (Diamond, 2001:6).

Ahora, la clasificación desarrollada por los autores de los PP responde a tres criterios específicos (Diamond, 2001:6-7): a) al tamaño formal de la organización del PP y la extensión de sus funciones, b) al estilo de sus comportamientos y objetivos: tolerante y pluralistas o proto-hegemónico, y c) a la forma de sustentos de los compromisos: programáticos o ideológicos. Con la finalidad de facilitar el entendimiento y hermenéutica de los tipos de PP, los autores describirán «tipos ideales» aun siendo consientes que estos criterios no se cumplen a cabalidad en el mundo real, sino más bien se combinan elementos de más de un tipo ideal. (Diamond, 2001:7). Siguiendo este orden de ideas, los autores identifican 7 funciones que son el “common denominator” de los PP: i) los PP nombran candidatos (candidate nomination), ii) los PP movilizan al electorado (electoral mobilization), iii) estructuran las demandas del electorado (issue structuring), iv) los PP representan varios grupos sociales (societal representation), v) los PP agrega los intereses de los diferentes grupos de la sociedad (interest aggregation), vi) los PP forman y sostienen gobiernos (forming and sustaining governments), y vii) los PP cumplen con una función de integración social en relación a la participación en los procesos políticos (social integrations) (Diamond, 2001:7-8).

TIPOLOGÍA PLURALISMO PROTO-HEGEMÓNICO
Elite-based PP 1. Local Notable
2. Clientelismo
Mass-based PP 3. Class-mass
4. Pluralist Nationalist
5. Denomiational-mass
6. Leninist
7. Ultranationalist
8. Religious Fundamentalist
Ethnicity-based PP 9. Ethnic
10. Congres
Electoralist PP 11. Catch-all
12. Programmatic
13. Personalistic
Movement PP 14. Left-Libertarian
15. Post-Industrial Extrem Right
Cuadro 2: tipología de los partidos políticos.

Indiferentemente si los PP tienen una estructura organizacional pequeña o grande y compleja, o están sujetos a propiedades étnicas, religiosas o socioeconómicas, Diamond y Gunther (2001) llegan a la conclusión de que existen 5 géneros definitorios de los PP: 1) etile-based parties, 2) mass-based parties, 3) ethnicity-based parties, 4) electoralist parties y 5) movement parties. La tendencia de los PP es convertirse en “electoralist parties” aunque en sus orígenes el PP haya surgido por demandas culturales o sociales (Diamond, 2001:12). A razón de lo anterior, los autores presentan 15 «tipos-ideales» de estilos de PP existentes, teóricamente, en el mundo real. El cuadro 2 refleja la clasificación de los PP según los 5 tipos, anteriormente, expuestos.

Otros texto que tratan el tema de la crisis de los partidos es el de Phillip Schmitter (1999) Critical Reflexions on the "Functions" of political parties and their Perfomance in Neo-Democracies donde reduce las funciones de los PP a cuatro. Éste texto presenta una visión estática de las funciones de los PP en el sentido que existe cuatro funciones básicas de los PP que deben sobrevivir toda transformación. Empero, las formas de manifestar demandas y participar políticamente se han ido transformando paulatinamente en el tiempo ¿por qué sus funciones mínimas no han de hacerlo también? Es por eso que, según el autor, los PP están en crisis, pues ya no responden, exhaustivamente, a las demandas como institución relevante para le organización política. Un segundo texto es el de Hans Daadler (2007) ¿Partidos negados, obviados, o redundantes?. Aquí, inicialmente, la problemática es similar a como lo plantea Schmitter, sin embargo Hans Daadler (2007), sí advierte una transformación de las formas de organización política. En este sentido, él afirma que los partidos políticos pudieron ser un tema de relevancia en los periodos de la movilización de masas en la primera mitad del siglo XX y que lentamente han ido perdiendo relevancia política y adquiriendo nuevas funciones,en la medida que surgen nuevos actores políticos.

En la medida en que el texto de Larry Diamond y Richard Gunther (2001) parece involucrar criterios flexibles en el tiempo y dinámicos a elementos políticos, culturales y socio-económicos característicos de la evolución de los PP en la democracias modernas tanto del mundo oriental y occidental, su clasificación me parece más plausible y contenedora de elementos de la vida real de los PP.

Bibliografía

DAADLER, Hans (2007). “¿Partidos negados, obviados, o redundantes? Una crítica” en Partidos Políticos. Viejos conceptos y nuevos retos, José R. Montero, Richard Gunther & Juan J. Linz (Eds.), pp. 101-125. Madrid: Editorial Trotta - Fundación Alfonso Martín Escudero.

DIAMOND, Larry & Richard Gunther (2001). “Types and Functions of Parties” en Political Parties and Democracy, Larry Diamond & Richard Gunther (Eds.), pp. 3-39. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.

---------------------- (2003). “Species of political parties. A new typology” en Party Politics, vol. 9 no.2, pp. 167–199. London: SAGE publications.

SCHMITTER, Phillip (1999). “Critical Reflexions on the "Functions" of political parties and their Perfomance in Neo-Democracies” en Demokratie in Ost und West, Wolfgang Merkel and Andreas Busch (Eds.), pp. 475–495. Frankfurt/M.

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