Integrante de la Organización de Jóvenes Liberales del Valle
Durante 77 años dirigentes libelares han ejercido la Presidencia de la República, lo que convierte al Partido Liberal en el partido que más tiempo ha ejercido el gobierno en nuestro país. Reconociendo aciertos históricos: la abolición de la esclavitud, la instauración de un Estado laico (separación de las funciones entre iglesia y Estado), las reformas agrarias de 1936 y 1961, el reconocimiento del derecho a la sindicalización y a los derechos laborales como la seguridad social, el contrato de trabajo y el salario mínimo, la creación de instituciones públicas como el Icbf, el Icfes, el Inderena (Ministerio de Ambiente a partir de 1993), Colciencias, Coldeportes, el Incoder (hoy Agencia Nacional de Tierras y Agencia de Desarrollo Rural) y Colcultura (desde 1997 Ministerio de Cultura). Fue en un gobierno liberal en el que se realizó el último proceso constituyente, aquel de 1991 (que nos entregó la Corte Constitucional, la Fiscalía, la tutela y el reconocimiento del derecho al libre desarrollo de la personalidad). Fueron las fuerzas liberales las que sacaron adelante el actual proceso de paz. Pero también habría que reconocer sus errores (por no decir horrores), como su participación en el periodo de la Violencia partidista y en fenómenos de corrupción como el “proceso 8.000” o la parapolítica.
La historia de nuestro país ha estado estrechamente vinculada al Partido Liberal, pues sus ideas y sus líderes han moldeado en diferentes momentos de nuestra vida republicana lo que es la Colombia actual. Su antigüedad no es sinónimo de viejo (en épocas en donde lo que prevalece en política es lo que se posesiona como lo novedoso, estilo Donald Trump) creo que se debe reivindicar el legado de una colectividad cuyas ideas han construido en gran parte lo que somos. Y es que, aunque tengamos mucho por mejorar como sociedad, y nos quejemos permanentemente o nos sintamos insatisfechos con el “status quo”, nadie puede desconocer que la Colombia de hoy es mucho mejor que la de hace 50 o 100 años (en todo sentido: cobertura en salud, en servicios públicos domiciliarios, en acceso a la educación, en alfabetización, en infraestructura, en generación de empleo, en índices de pobreza, en expectativas de vida, entre otros).
Los liberales de hoy somos herederos de unas banderas. Tal como lo dice el senador Luis Fernando Velasco “hay gente que cree que una bandera es simplemente un pedazo de tela, eso no es así. Una bandera tiene historia, tiene tradiciones. Esta bandera roja la defendieron nuestros mayores, luchando por los intereses de los sectores populares de nuestro país…por eso las banderas no se venden”.
Actualmente el partido pasa por una redefinición clave para su futuro. Aquel partido cuya lucha histórica fue la defensa de los sectores populares, de las minorías, y representó la fuerza progresista en nuestro país está “embolatado” en una red de pequeños intereses regionales, y desorientación tanto ideológica como programática. Hemos dejado de ser aquella fuerza transformadora…ya no somos como dicen nuestros estatutos “(…) el partido del pueblo, que tiene carácter pluralista y constituye una coalición de matices de izquierda democrática, cuya misión consiste en trabajar por resolver los problemas estructurales económicos, sociales, culturales y políticos, nacionales y regionales mediante la intervención del Estado”.
Hemos vendido y abandonado nuestras banderas históricas. Si queremos como partido volver a ganar el respaldo ciudadano, es decir, volver a ser alternativa de gobierno para desde el poder construir una Colombia más justa e igualitaria, entonces debemos asumir con coherencia nuestro legado histórico y defender con convicción lo que creemos.
No puede ser que el partido que dice defender y representar los derechos e intereses de las minorías y que dice defender un Estado laico respalde por activa o pasiva un referendo discriminatorio de una senadora liberal que pretende impedir, por una concepción religiosa, que parejas del mismo sexo o personas solteras puedan adoptar, desconociendo una sentencia del Tribunal Constitucional que les reconoce este derecho.
Es inadmisible que el partido que dice defender y representar los derechos e intereses de los sectores populares y de las clases medias vote mayoritariamente una reforma tributaria que aumentó el IVA, que redujo el umbral para declarantes del impuesto de renta, que le impuso nuevos impuestos a la gasolina (bien transversal que afecta el precio final de los demás bienes en el mercado), afectando negativamente el bolsillo de la gente más vulnerable.
No puede ser que una gran parte de los parlamentarios del partido que dice reivindicar lo público y la necesidad de que el Estado actué como agente regulador de la economía hayan votado a favor o se hayan abstenido de votar, por no quedar mal con el gobierno, la venta de la generadora de energía ISAGEN. O haciendo un paralelo y territorializando al partido, no puede ser que la bancada liberal del Concejo de Bogotá vote a favor de la privatización de la ETB (Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá).
No puede ser que el “partido del pueblo” sea un partido incapaz de renovar sus cuadros políticos, presentar nuevos perfiles de mujeres y hombres de toda la geografía nacional, jóvenes, negros, indígenas, comunidad LGBTI, a cargos de responsabilidad y de elección popular. Quizás por esto tal vez ya no somos mayoría en el Congreso de la República ni tenemos presidente desde 1994 con Ernesto Samper. Nuestro partido fue tomado por “dinastías políticas” dispuestas a perpetuarse a través de celebres apellidos, como los Gaviria, los Serpa, los Galán, los Turbay, los Lleras, los Samper y los Santos. Que han aportado a la construcción del partido y de Colombia pero que deben dar un paso al costado para que surjan nuevos liderazgos capaces de interpretar a la nueva Colombia. Sino dan ese paso, que seguro no lo darán, no hay otra opción para las fuerzas alternativas (regionales) que abrirse paso a través de elecciones, hasta ser mayoría y hacerse con el control del Partido Liberal.
El partido debe construir un relato político (a lo Uribe con su Seguridad Democrática) que lo posesione ante el electorado como una fuerza progresista capaz de transformar a Colombia, en este contexto, la construcción de la paz puede ser la piedra angular de esta apuesta.
El partido debe reafirmarse en su condición socialdemócrata y a partir de ello, debe hilar un programa acorde con su ideología y sus banderas históricas, nuestro derrotero debe ser...
“Respetar la libertad individual y ampliar los niveles de autonomía personal y de conseguir que las condiciones de partida sean lo más justas posibles. Debe civilizar el mercado para que se parezca más a su funcionamiento “ideal” y luchar para que haya una verdadera repartición de la riqueza (también debe generar las condiciones para que el país crezca y genere riqueza) y que esta no se vea afectada por monopolios privados. Debe promover instituciones que defienden a los individuos de los abusos del poderoso. Y debe luchar porque la igualdad y la justicia estén en el centro de la acción del Estado, y esto se concreta apoyando y focalizando el esfuerzo público en mejorar las condiciones de vida de los más humildes y de las clases medias (las grandes mayorías de nuestro país)”.1
Estas son algunas de mis opiniones sobre el estado actual del partido, hay muchos retos difíciles por asumir, pero como parte de esta generación de jóvenes liberales, creo que debemos darnos a la tarea de reflexionar para actuar, ayudar a transformar y modernizar a nuestro partido (y con él a la política colombiana), en sus cuadros, sus líneas ideológicas y su plan de gobierno…para hacer como dice el Senador Luis Fernando Velasco “reivindicar la historia de la bandera roja”, y llevar de nuevo a nuestro partido al gobierno para transformar a Colombia.
Notas
1. “La socialdemocracia no puede renunciar a su tradición liberal o asume formas no compatibles con las libertades individuales” tomado de: www.joserodriguez.info












No soy tan ingenuo para pensar que si gana el SÍ, este país será un paraíso terrenal, pero tengo la absoluta convicción de que un triunfo del SÍ es por mucho más conveniente que un triunfo de su opuesto... Colombia lleva 52 años diciendo NO, y ahí están mas de 230.000 muertos, 5 millones de desplazados y más de 230 billones de pesos gastados en guerra para recordárnoslo.
La misma federación muestra como tras cada una de las reformas tributarias desde 1994 hasta el año 2012 los ingresos fiscales de la nación han aumentado considerablemente pasando de 8,8 billones de pesos de recaudo en 1994 a 95,1 en 2012 (es decir un aumento de 1.080%). Mientras los departamentos pasaron de 0,7 billones en 1994 a 5,3 en 2012 (es decir un aumento de 757%) y por último los municipios pasaron de 1,1 billones a 13,5 en el mismo periodo (es decir un aumento de 1.227% que en términos absolutos es precario si se tiene en cuenta que van a distribuirse entre 1.123 entidades municipales) (Ver gráfico 2).

Lo que no entiende gran parte del país es que firmado un acuerdo con la guerrilla se abre un escenario inédito para el pueblo colombiano, el pos conflicto, es decir, la posibilidad de pensar ya no como superar una guerra vetusta sino como crear un país más justo e igualitario, y ello implica centrar el debate ya no en la guerra o la paz sino en la educación, el sistema tributario, en el medio ambiente, en cómo crear puestos de trabajo, en la seguridad social, la salud, en los derechos civiles etc. Como dijo el ex presidente sudafricano Frederick De Klerk (premio nobel de paz junto a Mándela por contribuir al desmantelamiento del apartheid) recientemente en una entrevista (
El atentado en Francia no fue solo contra la humanidad de las personas fallecidas, fue contra uno de los pilares de la democracia liberal, la libertad de expresión. Este derecho yace en la esencia misma de nuestros sistemas políticos, fue la primera herramienta usada por los revolucionarios franceses para desmontar el Estado monárquico hace mas de 200 años, un modelo arbitrario y abusivo de administrar el poder. La libertad de decir lo que pensamos hace la diferencia entre vivir un mundo de opresión, esclavitud o libertad. La larga lucha por la libertad le ha dado al mundo sus mayores logros, la abolición de la esclavitud, la igualdad ante la ley, los derechos de las mujeres, de los trabajadores, de los homosexuales de los indígenas... somos lo que somos, como sociedades, gracias a ese valor supremo.
Por estos días, todos han escuchado hablar de Luis Carlos Galán, hoy se están cumpliendo 25 años de su muerte. En este escrito no voy a hablar de su vida, ni su legado, ya mucho de ello se ha hablado por estos días, voy a hablar de cómo su ejemplo fue mi referente y lo es para muchos mas jóvenes.
El pasado 15 de junio, la mayoría de colombianos elegimos el camino de la reconciliación, el respeto a las instituciones y a la paz para nuestra nación. Una pluralidad de personas coadyuvaron en este objetivo, liberales, verdes, socialistas, progresistas e independientes, para darle vigorosidad, legitimidad y esperanza al proceso de dialogo con las guerrillas de las FARC. En pro de la paz se consiguió un primer objetivo, la reelección del Presidente Juan Manuel Santos y la obtención de la mayoría parlamentaria.
En noviembre de 2016 se elegirá el reemplazo de Barack Obama en la Casa Blanca. Me atrevo afirmar que la próxima Jefa de Estado de la Federación Americana, a no ser que algo extraordinario suceda será Hillary Clinton.
Ustedes votaron por tres buenos candidatos, Enrique Peñalosa y Marta Lucia Ramírez, defensores de la trasparencia en el manejo de los recursos públicos y de la lucha en contra de la politiquería, y Clara López, promotora de la igualdad y de la dignificación de la vida de los más humildes.
Escribo esta columna antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, seguramente Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga pasaron a segunda vuelta, que se celebrara el próximo 15 de junio. La elección presidencial se polarizo, y ello hizo que de 5 buenos candidatos, quedaran dos viables (con opciones reales)... el candidato de la Unidad Nacional (que es una coalición entre los partidos Liberal, Cambio Radical y de la U) y el del Centro Democrático.
La paz, va más allá de la dejación de las armas de los grupos al margen de la ley. Pero sin duda su desmovilización y reinserción a la sociedad civil es una condición necesaria para vivir en un clima nacional de mayor concordia y poder encaminar el futuro de la nación por sendas de progreso y desarrollo.
El líder de la llamada Revolución Bolivariana, fue un personaje profundamente polarizante, generador de amores y odios. Desde la ciudadanía colombiana según los resultados de una encuesta de Gallup en 2012 solo el 20% de los colombianos tienen una imagen favorable del expresidente venezolano.
Lo anterior se desprende del derecho a la libre autodeterminación de los pueblos y a su derecho a la soberanía en materia energética. A pesar de ello, hay actores internacionales como EEUU e Israel que ven en el programa nuclear Iraní una amenaza a su seguridad nacional. El principal argumento para presionar a Irán, es que consideran que su programa de “energía alternativa” realmente pretende la construcción de armamento atómico; lo que representa un inminente peligro para la estabilidad y seguridad internacional. Lo anterior se ha visto reforzado, ante la negativa de la república Islámica de Irán de permitir a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) corroborar las instalaciones y planes nucleares, el país árabe asegura que su programa es pacífico pues pretende proveer servicio eléctrico a su población, pero las potencias occidentales y sus aliados temen que busque desarrollar armas atómicas (Notimex, 2012). A pesar de que las autoridades iraníes aseguran que su país tiene como objetivo producir energía nuclear con fines pacíficos, países occidentales como Estados Unidos, organizaciones Supra-Estatales como la Unión Europea, e instituciones internacionales como la ONU se muestran preocupadas puesto que la Agencia Nuclear de Energía Atómica (AIEA) en su último informe sobre el programa nuclear de Irán, afirmo que la república Islámica se está enriqueciendo de uranio[1] mas allá de lo permitido por las resoluciones de de las Naciones Unidas que regulan la materia de energía nuclear a nivel internacional. Además acusa a Irán de destruir documentos que dan cuenta de su programa de energía nuclear, lo que obstaculiza la capacidad de la agencia para realizar una inspección eficaz sobre la materia.
Según la República Islámica su programa nuclear tiene fines pacíficos-civiles circunscritos a generar electricidad o investigación. Su posición se basa en el tratado de no proliferación nuclear de 1970 cuyo artículo 4 establece: que es derecho inalienable de todo estado parte de beneficiarse de la energía nuclear para fines pacíficos. Otro interés es convertirse en una gran potencia regional y en ese sentido tener capacidad suficientemente disuasiva como para no ser susceptible a ataques externos, Irán busca su propia seguridad.