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martes, 7 de noviembre de 2017

Modelo de medición de homicidios de Rodrigo Guerrero en Cali: ¿Gobernabilidad sin gobernanza?

Por Diana Vinasco.
La diferencia entre la gobernabilidad y la gobernanza está determinada porque en la primera una persona logra promover una idea con la mayor cantidad de adhesiones y con la menor cantidad de críticas. En la segunda, convergen múltiples ideas de todos los actores involucrados tomando decisiones a través del consenso.

En el año 2014 el entonces alcalde de Cali Rodrigo Guerrero (2012-2015) recibió el Premio Roux, otorgado por la Universidad de Washington en Estados Unidos “por la creación del método de registro científico para reducir las tasas de muertes violentas” (Alcaldía de Cali, 2014), que había creado en su anterior gestión como alcalde de la misma ciudad entre 1992 y 1994. El método consistió en determinar, a través de información suministrada por diversas entidades estatales, los factores desencadenantes de las muertes violentas en Cali, contribuyendo de esta manera en la aplicación de estrategias que combatieran dichos factores disminuyendo así las cifras de homicidios.

Mientras Guerrero era premiado en el extranjero y su estrategia recibía apoyo del gobierno nacional, en Cali le llovieron críticas por recibir un mérito difícil de percibir, pues para muchos la violencia, la delincuencia, el miedo y la percepción de inseguridad dentro de la ciudad, crecían inversamente proporcionales a las cifras que Guerrero exhibía afuera. En ellas se evidencia que efectivamente, en sus dos periodos como mandatario local la tasa de homicidios descendió (ver tabla 1 y 2).





Ante la pregunta de ¿Por qué mientras las evidencias reales de violencia cedían, en Cali nadie celebraba? Los críticos del alcalde plantearon varias explicaciones. Se argumentó que la alcaldía acomodaba las cifras a su conveniencia, que la reducción de 15% era un simple número o una cifra muy baja que no representaba cambios en la realidad o que las fluctuaciones en las tasas de homicidios obedecían más a las dinámicas del crimen que a la aplicación de una estrategia científica (Salazar, 2012; 2014).

Independiente de la veracidad de estos argumentos, se podría analizar este asunto a partir de la gobernabilidad y la gobernanza, indagando si es posible que en este caso específico el alcalde Guerrero allá acudido a una fórmula con la que pretendía garantizar su gobernabilidad en la ciudad, pero cuyo divorcio de la ciudadanía reducía su gobernanza. Para ello se puede tener en cuenta lo que afirma Joan Prats sobre este tema:

Por gobernabilidad [se] entiende la cualidad conjunta de un sistema sociopolítico para gobernarse a sí mismo en el contexto de otros sistemas más amplios de los que forma parte. Esta cualidad depende del ajuste efectivo y legítimo entre las necesidades y las capacidades de gobernación. Este concepto de gobernabilidad no contempla las necesidades como algo perteneciente a la sociedad y las capacidades como algo perteneciente al gobierno. La capacidad de gobernar de un sistema está claramente conectada a sus procesos de governance y de gobernación. Sin un ajuste efectivo y legítimo entre las necesidades y las capacidades no puede existir gobernabilidad. Pero este ajuste depende de las estructuras de governance y de los actores de gobernación. Las necesidades y las capacidades se construyen socialmente y el resultado final depende de la estructura institucional o fábrica social y de los actores. (Prats, 2005, p.138)

La nueva forma de medición implantada en los años noventa podría ser catalogada como un paso en la gobernabilidad de la ciudad, pues hasta la llegada de Guerrero las cifras de homicidios eran ambiguas y no existía un método confiable para determinar sus causas. El método en cuestión supuso aumentar las capacidades de la estructura institucional en cuanto al mejoramiento de estadísticas que permitían un replanteamiento en las estrategias de las autoridades encargadas de la seguridad. Sin embargo, estas estrategias estaban construidas “desde arriba” sin tener en cuenta lo que Prats denomina un “ajuste efectivo y legítimo entre las necesidades y las capacidades”. Si se tiene en cuenta lo señalado por el autor, el modelo de medición habría desconocido las capacidades que podían tener los ciudadanos para aportar en el mejoramiento de la seguridad, y a su vez, que estas capacidades podían suplir las necesidades de la alcaldía en la disminución de la violencia.

Teniendo en cuenta lo anterior, se podría pensar que, aunque el método implantado por el exalcalde se reflejaba como exitoso en las cifras de reducción de homicidios, este no tenía por qué redundar en mejoras de la percepción de inseguridad de la ciudadanía ni en una mayor aprobación de la gestión del alcalde, pues aunque la reducción pudiera significar una mejor imagen de la ciudad para el país, su método no representaba beneficios evidentes o inmediatos para la ciudad, ya que pasar de una cifra de 1900 a 1600 muertos no significaba un cambio social sustancial.

Más que una conclusión definitiva sobre las diferencias entre el éxito del modelo de Rodrigo Guerrero fuera de la ciudad y su fracaso para cambiar la percepción dentro de ella; lo que se ha pretendido aquí es ampliar el debate sobre la efectividad de los gobiernos locales en la implantación de estrategias de seguridad que pueden permitir reducir la mala imagen de las ciudades pero no mejorar el bienestar de los ciudadanos. En ese sentido, la alcaldía de Rodrigo Guerrero, al no incluir la gobernanza en su fórmula para reducir la violencia en la ciudad, no constituiría tampoco un modelo de gobernabilidad, pues tal como afirma Prats, las capacidades se construyen involucrando tanto a la estructura institucional como a los actores sociales. El actor social que fue dejado por fuera en la toma de decisiones sobre la seguridad de la ciudad fue precisamente la ciudadanía, lo que podría explicar la falta de aceptación y los cuestionamientos al premio otorgado a Guerrero. Tal vez un poco de gobernanza hubiera permitido que el premio incluyera, además, una disminución en la percepción de inseguridad, es decir, un mayor consenso en cuanto a las ideas que promovia.

Bibliografía
Alcaldía de Cali (2014). Alcalde gana Premio Roux por abordar la violencia como crisis de salud pública. Recuperado el: 26 de agosto de 2017. Consultado en:

Concha-East, Alberto; Espitia, Victoria E.; Espinosa, Rafael y Guerrero, Rodrigo (2002) La epidemiología de los homicidios en Cali, 1993-1998: seis años de un modelo poblacional. Revista Panamericana de Salud Pública. 2002, vol.12.

El País (2016). El mapa de la muerte: 15 años de homicidios en Cali. Recuperado el: 26 de agosto de 2017. Consultado en:

Prats, Joan (2005). De la burocracia al management, del management a la gobernanza. Madrid: Instituto Nacional de Administración Pública.

Salazar, Boris (2012). La seguridad en Cali: de la indiferencia a la resignación. En: El observador Regional, Cali: CIDSE.

Salazar, Boris (2014). Lo que va de Washington a Cali: premio para el alcalde, violencia para la ciudad. En: Boletín del Observatorio de Realidades sociales, Nº 28. Cali: Arquidiócesis de Cali.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Principios de la teoría realista de la política internacional. Una reflexión de la obra de Morgenthau

Por Cecilia Restrepo Neira.
Estudiante de la Maestría en Estudios Sociales y Políticos de la Universidad Icesi

En el presente texto, realizo una descripción de los 6 principios que plantea el texto de Morgenthau (1986) Política entre las naciones: la lucha por el poder y la paz, acerca de la teoría realista. Posteriormente, identifico cómo se puede establecer una reciprocidad con algunos aspectos, respecto al planteamiento del texto de Celestino Arenal (1981) La génesis de las relaciones internacionales como disciplina científica.

Es importante destacar que Morgenthau es reconocido como el fundador de la escuela realista en las Relaciones Internacionales a mediados del siglo XX. En su texto, se hace evidente su pensamiento respecto a una política internacional basada en el poder, relaciones de tensión entre Estados, y si se quiere, entre individuos corriendo, con el riesgo que se solapen intereses personales, aludiendo así a una concepción de moral universal.

A continuación, se describen los 6 principios planteados desde la teoría realista de la política internacional:

1. La Racionalidad y la universalidad de las leyes: el realismo político supone que la política, al igual que la sociedad, debe obedecer a leyes objetivas que prevalecen en la naturaleza humana. De acuerdo a este principio, en términos de la política, es necesario separar la verdad de la opinión y es importante tener en cuenta que verificar los hechos no es suficiente para comprobar la realidad de los mismos y sus consecuencias. De esta manera, los hechos de la teoría internacional cobran sentido teórico.

2. El poder como un rasgo fundamental del concepto de interés: el interés definido en términos de poder, traza un camino para la política internacional e infunde un orden a la esencia de la misma. En este principio se hace evidente la articulación entre los hechos y la razón, haciendo énfasis en lo racional, en lo objetivo y no en lo emocional. Es decir, debe haber una distinción entre los intereses personales y el deber oficial de la política siguiendo la pretensión de distinguir entre la política y el político.

3. El interés en el poder como categoría: se legitima que el realismo asume el concepto de poder como elemento fundamental del concepto de interés, y entiende que este concepto es válido universalmente como categoría objetiva.

4. Tensión entre la moral y la política: el realismo político manifiesta tener conciencia de los preceptos morales que se encuentran en la acción política, y la tensión que se presenta entre éstos y la eficacia de la acción política. El juicio que se establezca de la acción política debe hacerse desde la mirada de una moral universal a la luz de los principios morales universales, puesto que un individuo puede exigir justicia, aunque el mundo perezca como lo indica el aforismo usado en el texto, y cada uno tiene una idea de lo implica dicha exigencia. Sin embargo, el Estado no tiene derecho a decir lo mismo, en nombre de quienes tiene bajo su cuenta. Un individuo puede sacrificarse así mismo, pero el Estado no puede interferir en la acción política de esta manera, por tanto, el realismo político considera la prudencia como la suprema virtud en política, puesto que le permite reconocer que no tiene el control total y debe llegar a acuerdos para mantener o alcanzar el poder.

5. Las ideas morales: en este principio, el realismo político se niega a dar un valor excelso a las pretensiones morales de una nación. Es decir, que no justifica que en nombre de la moral o de ideales morales, se ejecuten destrucciones de naciones y civilizaciones, y en este sentido establece una diferencia entre verdad y opinión, asimismo, como discrimina entre verdad e idolatría. Este principio destaca nuevamente la importancia del interés en términos de poder, como el concepto que nos pone a salvo de los excesos de la moral.

6. La autonomía: de este principio, es posible destacar 4 aspectos que, a mi juicio, son relevantes:

6.1. La concepción pluralista del realismo político: el realismo político reconoce al hombre como un sujeto económico, político, moral y religioso que converge en uno mismo como la combinación de diversas proyecciones humanas. Puesto que no tendría sentido un hombre que solo se encaminará hacia una proyección, el autor menciona que, por ejemplo, un hombre con una solo proyección política sería como una bestia, porque carecería de la proyección moral y no sería posible que tuviera control sobre su comportamiento.

6.2. La defensa por la autonomía: el realismo político mantiene la autonomía de su esfera política, pensando en el interés desde la concepción del poder.

6.3. La aceptación de la divergencia de pensamiento: acepta la existencia de otros parámetros de pensamiento diferentes a los parámetros políticos; sin embargo, tiene claro que no someterá dichos parámetros a los políticos.

6.4. El distanciamiento del realismo político de la aproximación legalista-moralista a la política internacional: el realismo político se aleja de otras escuelas de pensamiento, cuando propone una imposición de sus parámetros de pensamiento sobre la esfera política.

Cabe mencionar que el texto de Arenal y el texto de Morgenthau, convergen en un debate importante acerca de las relaciones de poder establecidas por los Estados, en la búsqueda de un equilibrio entre los extremos, representados en los conceptos claves: la guerra y la paz. Lo que en suma, genera una serie de conflictos y tensiones de todo tipo. Dicho equilibrio de poder, se convierte entonces en un actor fundamental de las relaciones internacionales, lo que implica que entre más grande y fuerte es el Estado mayor será su protagonismo. Las formas de posicionar el poder pueden adoptar un performance de violencia ocasionando guerras o también puede tomar vías diplomáticas. Es decir, la presencia de las negociaciones, acuerdos, entre otros, en búsqueda de (re)establecer un equilibrio, generando condiciones de paz, seguridad y orden, ya que la guerra amenazaría dicho equilibrio.

Por otra parte, para la comprensión de las dinámicas sociales del contexto internacional, es importante desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales como una disciplina en interacción con otras áreas de conocimiento. En este sentido, desde el principio de autonomía, Morgenthau plantea la aceptación de la existencia de otras formas de pensamiento, lo que fortalece a las relaciones internacionales en su carácter científico y como una disciplina autónoma.

En este mismo sentido, plantea que las relaciones internacionales están representadas por esferas autónomas de acción, que para ser comprendidas dependían de un modelo teórico específico para la política internacional. En consecuencia, esto llevaría un cambio importante que impulsaría el desarrollo de la disciplina, teniendo como punto de partida la creación de un nuevo modelo teórico: el realismo político, Realpolitik. Asimismo, Arenal (1981) plantea: “El desarrollo de las relaciones internacionales como ciencia autónoma se inserta igualmente en esa dinámica que señalamos, configurándose como ciencia de la sociedad internacional, que busca superar planteamientos ya insuficientes y dar respuesta a los complejos problemas internacionales” (pág. 881).

De acuerdo a lo anterior, y siguiendo a Arenal, en la medida en que se requiera llenar un vacío de conocimiento acerca de los aportes y análisis sobre el poder, realizados desde otras ciencias sociales, se valida la importancia de la transdisciplinariedad para abordar y profundizar en las dinámicas de la sociedad internacional y de la política internacional.

Referencias Bibliográficas
Arenal, C. D. E. L. (1981). La génesis de las relaciones internacionales como disciplina científica, 2, 849–892.

Morgenthau, Hans Joachim (1986). Principios de la teoría realista de la política internacional tomado del texto de Política entre las naciones: la lucha por el poder y la paz. 11-25

Cuando la raza importa por el racismo

Por Lina Jaramillo.
Politóloga e Innovadora social en formación. Parte del equipo del Centro de Estudios Afrodiaspóricos de la Universidad Icesi.

Debo decir que me encantan los lugares públicos en los que puedo escuchar conversaciones ajenas. No me enorgullece hacerlo, pero en mi cabeza lo pienso como un ejercicio de etnografía cotidiana para entender el mundo. Es que los seres humanos somos complejos, llenos de matices, cargamos con un pasado y a veces siento que no nos esmeramos por construir un mundo más sensato para el futuro. Estaba sentada en un café esperando a encontrarme con un amigo. Me senté en las mesitas de afuera del local para prender un cigarrillo. Entraron dos señoras de mediana edad con aspecto juvenil. Eran mujeres mestizas (aunque seguro ellas se autodenominaban blancas), ambas emperifolladas de arriba abajo, con carteras de marca de quinta avenida que apuesto compraron en el barrio chino de Nueva York. Una de ellas, estaba impaciente porque no las atendían, el café estaba lleno, quedaba en una zona concurrida del oeste de Cali. Entre las meseras, había una mujer joven afro, con trenzas largas y bien peinadas. Era una mujer guapa. Una de las mujeres, mestiza y con el cabello rubio, le decía a la otra mujer que le hacía señas a la mesera afro: -no, no llamemos a la negra. Llamemos a la que esta en la barra mejor-. La señora le preguntó que por qué no llamaban a la mujer afro que estaba más cerca de su mesa. Y esta le contesto: -ayyy, porque estoy aburrida de esos negros. Te acordás de María? La muchacha de servicio de mi mamá? Pues si vieras como me contestó el otro día que fui a la casa de mi mamá, sólo porque le dije que se acomodara bien ese pelo. Es que ya no se les puede decir nada. Para mí que los racistas, son ellos. No uno-. Apenas la señora cambio de tema, yo sentí un zumbido en la cabeza que no me dejaba seguir escuchando y quede absorta en mis pensamientos, esperando que mi amigo llegará pronto. Recordé la película de Sembène, La Noire de..., en donde Diouna, una mujer senegalesa llega a Francia con el sueño de una vida cosmopolita y termina trabajando como empleada doméstica para una familia rica francesa que arrebata su sueño y su dignidad.

No puedo decir que a mi me duele igual que a las personas afro escuchar este tipo de barbaridades. No puedo ser tan ingenua y decir que siento lo mismo que ellos porque no es verdad. Pero sí puedo rechazar completamente esta clase de afirmaciones de cualquiera que todavía no pueda entender que la raza importa debido al racismo, como lo expresa Chimamanda Ngozi Adichie en su novela Americanah: “La raza no es biología; es sociología. La raza no es genotipo; es fenotipo. La raza importa debido al racismo. Y el racismo es absurdo porque tiene que ver con el aspecto de uno. No con la sangre que corre por sus venas. Tiene que ver con el tono de piel y la forma de la nariz, y los rizos del pelo”. Debemos dejar de decir que son los “negros” los racistas. Es como si repitiéramos esa frase para justificar a nuestros antepasados, o a nosotros mismos que todavía cargamos con ese lenguaje racista implícito en nuestra cotidianidad. Me avergüenza decir “nosotros” pero debo reconocer que en ese nosotros se encierran mis antepasados que me convierten en una persona mestiza. Claro está que yo lucho por erradicar de mí ese pasado del cuál no me enorgullezco ni un poquito. Me cuesta entablar una conversación con alguien que me diga que el tema de la raza es muy complejo. Claro que lo es, pero no podemos ser tan conformistas y huir de él. Todos los postmodernillos de hoy afirman no ser racistas porque tienen un amigo afro, o simpatizan con Obama, como si eso cumpliera su cuota antirracista, pero no estarían cómodos teniendo, por ejemplo, un jefe afrodescendiente.

Cómo me gustaría que esas dos mujeres supieran cuánto daño hacen esos comentarios, sencillamente porque siguen reproduciendo prácticas racistas de nuestros antepasados. No puedo decir que no distinguimos el color de piel o el pelo afro. Claro que lo hacemos, no somos ciegos y la diferencia es evidente. Pero cuan importante sería apreciar esa diferencia, no desconocerla. Aunque seamos diferentes por nuestros rasgos físicos o color de piel, ahí está la belleza de la diferencia. Necesitamos ser conscientes de ello, y de que hoy debemos garantizar la libertad de todos y todas, a desarrollar nuestras capacidades en igualdad de condiciones. O ¿por qué asumieron los jefes de Diouna que ella no podía vestir bien y comprar vestidos finos al llegar a Francia? ¿Por qué la condenan a servir en su casa como si implícitamente el ser afro la convirtiera en empleada doméstica?

Yo llevo pequeñas luchas en contra de la discriminación todos los días, bien sea en medio de reflexiones en reuniones familiares, en donde enseño a decir afro en vez de negro, o en mi trabajo en el Centro de Estudios Afrodiaspóricos. La mayoría de mis colegas son afrodescendientes y yo entro en el grupo de mestizos que trabajamos en un centro que se dedica a los estudios de la diáspora africana. Es curioso que cuando entré a trabajar al CEAF, llamaron al decano de la Facultad a la que se adscribe el Centro, a decirle que por qué me habían contratado para trabajar aquí si yo no era afro. También algunas veces cuando trabajo en espacios en donde la mayoría de las personas son afrodescendientes, algunas de ellas me miren con desconfianza, como si mi color de piel me imposibilitara trabajar en el Centro, creyendo que yo no merezco estar ahí. Yo he ignorado esos comportamientos, esas miradas, aunque me duelan a veces, por mi reafirmación constante de lo importante que es trabajar en el CEAF. No puedo culpar esas miradas de desconfianza, cuando seguramente esas personas recibieron las mismas miradas o peores, de personas con mi color de piel. Simplemente es injusto, aunque tampoco crea que las merezco porque yo no soy mi pasado.

Debo decir que a pesar de estos desencuentros, necesitamos seguir luchando por la reivindicación de los y las afrodescendientes, contra el racismo, las desigualdades e injusticias sociales. Las conversaciones y comportamientos de señoras como las del café, que quitan valor a la lucha constante en contra del racismo, una lucha histórica que debe estar abanderada también por nosotros, los que no somos afro, los que vemos más allá de las diferencias, a esos comentarios que aniquilan el espíritu. A entender también de donde viene la desconfianza ocasional de algunas personas afro por personas como yo, porque es también una lucha, al menos personal, de rechazar a nuestros antepasados que tanto daño ocasionaron. Creo honestamente en que debemos enriquecer nuestro espíritu, a no creer que el trabajo ya está hecho y que el racismo es cosa del pasado.

Tendremos mejores resultados en la construcción del mundo que caminamos a diario si nos apoyamos y complementamos entre nuestras diferencias.


miércoles, 30 de agosto de 2017

Es el turno de la danza respaldada por el Folclor colombiano

Por Angie Viviana Romero Alegría.

¿Qué pasaría si decidiéramos ser folclóricamente colombianos? A muchos esa pregunta les parecerá absurda, a otros tantos jocosa, y a unos pocos les generará inquietud. Esto en razón de que ninguno de ellos se siente identificado con el término folclor y, menos aún, con la expresión folclóricamente. Lo anterior puede explicarse por el hecho de que tales términos para la mayoría de las personas denotan algo carente de seriedad, complejidad o rigor intelectual. Sin embargo, en otros sentidos, hablar de lo folclórico implica hablar de una realidad cultural compleja, pues es, de alguna manera, el modo en que puede aparecer representada una sociedad por medio de diversas expresiones.

En el desarrollo de este escrito se describirán las bondades de la danza y la importancia de su rol en las manifestaciones folclóricas colombianas, las que aportan a la integración social y a la conservación de nuestras tradiciones e identidad cultural. Pues la danza, además de brindar beneficios corporales y sensoriales a quienes la practican, puede contribuir a la recuperación, divulgación y preservación de las raíces culturales de nuestra sociedad.

Antes de continuar, es importante conocer el significado del término folclor. Designado así por el Inglés William John Thoms, quien lo creó a partir de dos palabras: Folk, que significa pueblo y Lore, saber popular. Es decir, que el folclor abarca todo lo relacionado a las creencias, saberes, costumbres, ideologías, comportamientos y pensamientos de una comunidad, un pueblo, región o país. Es un referente diferenciador, pues permite exaltar las particularidades de cada cultura. El folclor es trasmitido entre generaciones, principalmente, por medio de la tradición oral, contribuyendo, de esta forma, a la preservación de la identidad colectiva a través del tiempo por medio de sus múltiples manifestaciones como la danza, la música, mitos, leyendas, bromatología, entre otros.

En la actualidad, es evidente que nuestras tradiciones y nuestras raíces folclóricas se han ido perdiendo, están siendo relegadas por la imposición de estándares socio-culturales extranjeros; pues se tiende a creer que imponer otros patrones culturales foráneos acelerará el desarrollo y el progreso de un país tan diverso en su cultura como Colombia. Esto les resulta razonable a unos cuantos, desde la idea de convertir a este país, algún día, en uno del “primer mundo”.

Este pensamiento ha promovido el desarraigo cultural, las disfuncionalidades de lo tradicional en lo cotidiano, y el olvido del valor de sus beneficios y sus riquezas. Hoy no sólo es bien visto, sino admirado, que un adolescente conozca ampliamente las tendencias musicales y coreográficas internacionales, antes que un bambuco, un pasillo, un currulao o una cumbia. Lo que puede ocasionar una distorsión de nuestra identidad, que cataloga a los referentes ajenos como lo único admirable. Referentes que pueden ocasionar la pérdida del sentido de pertenencia comunitaria, enajenación en lo foráneo, como el rechazo a las minoría culturales e intolerancia a sus múltiples creencias y valores.

Lo anterior ha sido expresado por Restrepo desde la perspectiva de la danza folclórica (2000: 97) y describe, muy bien, la falencia cultural hegemónica, sustentada en valores predominantemente europeizantes y anglosajones, de los modelos de representación social en Colombia. En contra de estos modelos Restrepo sostiene que: “la riqueza dancística Colombia es respetable y desconocida aún por nosotros mismos, porque tenemos un complejo de inferioridad; siempre hemos considerado que son estas formas menores y primitivas” (Martínez, 2005: 97).

Es comprensible que la afirmación de Restrepo se mantenga vigente, porque no es posible querer lo desconocido y mucho menos, cuidar lo que no es querido. Si no se le da valor a nuestras tradiciones y se continúan transmitiendo a las nuevas generaciones se seguirá menospreciando el aporte que éstas podrían ofrecerle a la Nación.

En relación con lo anterior, vale la pena citar a Splenger el cual afirma que: “la cultura es autenticidad y espontaneidad del alma; la civilización, en cambio, se constituye cuando la inteligencia reemplaza al alma; la técnica a la autenticidad. Por eso, cuando una cultura entra en su última fase por la creación de su civilización, comienza su decadencia” (Splenger, 1923).

Decadencia, un concepto cada vez más común, tan común que ha ido perdiendo su “acento” naturalmente alarmante. Ahora se necesita más que un término alarmante para tomar medidas frente a una situación que esté afectando un entorno. Factores como la carencia de identidad, la inseguridad que produce no sentirse parte de una comunidad, la falta de orgullo por pertenecer a ella y la ausencia de respeto por sus costumbres y tradiciones ya no se identifican como las consecuencias de esta grave crisis. No se contemplan tampoco las

implicaciones que tiene para los habitantes el creer que las tradiciones del lugar al que pertenecen, son inferiores y que, en este sentido, ellas nunca están a la par del progreso y el desarrollo de los países del “primer mundo”. Ocasionando desinterés por sus raíces, falta de identidad, rechazo por su cultura y como consecuencia, un ciudadano inconforme con su entorno.

Por todo esto, es tiempo de permitirle a la danza ejercer su rol como herramienta de cambio. Y posibilitarle su contribución a la trasformación de nuestra identidad, por medio del movimiento al ritmo de nuestro folclor. Generar experiencias que permitan que el ser humano logre reencontrarse consigo mismo por un momento, contemplar sus tradiciones, conocer sus orígenes, recordar quién es y qué tanto conserva de su versión original que ha sido expuesta a las exigencias socioculturales ajenas, a expectativas autoimpuestas, a situaciones adversas y al implacable paso del tiempo. Vivencias que le permitan sentirse folclóricamente colombiano, encontrando ese equilibrio que ayuda a apaciguar todo aquello que distorsiona la autoimagen y le dé un reconocimiento más auténtico de sí mismo.

La Danza puede ser un modo de reconocimiento de nuestro ser, de nuestra identidad. Un modo de propiciar una introspección. Pues ella logra reunir la música, las emociones, el movimiento, los sentidos y el corazón. “la Danza es la madre de las artes. La música y la poesía existen en el tiempo; la pintura y la escultura en el espacio. Pero la danza vive en el tiempo y en el espacio” (Martínez, 2005:96). Es ella, que al acoplarse con el ser puede generar momentos mágicos en los que cada paso se sentirá dado entre nubes, los movimientos fluirían como el mar, el aliento se convertirá en una ráfaga de viento y cada latido será tan fuerte que su vibración se convertirá en energía.

Fantásticamente, esa magia podrá multiplicarse exponencialmente, en relación a la cantidad de seres humanos que la vivencien y estén cohesionados por el común denominador del ritmo. Además estas experiencias permitirán, momentáneamente, sobrepasar diferencias usualmente limitantes entre las relaciones interpersonales como el género, la edad, la raza, la política y las diferencias ideologías. Generando en sus participantes una misma pasión, que les devuelva el orgullo de ser Colombianos.

De esta manera se deriva otra de las virtudes de la danza: propiciar el trabajo colectivo, que permite que la imaginación, la creatividad y la intención de trasmitir un mensaje sean canalizados y potencializados por el esfuerzo y la dedicación grupal, propiciando entornos que dan cabida a los más genuinos sentimientos interconectados, los que pueden contribuir a una mejora en la convivencia.

Y no se podría pasar por alto una las características más hermosas de la danza: su capacidad para adaptarse a cada corporalidad y habilidad en particular, ya que se aprecia como una expresión flexible ante los elementos de técnica y perfección, priorizando la libertad de expresión. Esto se traduce en autenticidad, componente fundamental para el sano desarrollo personal.

Reconocer la importancia que tiene la danza en el folclor colombiano, es fundamental para el desarrollo de nuestra identidad como país, porque su componente popular lo convierte en un promotor de inclusión social por naturaleza y uno de los mayores propulsores de nuestra idiosincrasia.

El folclor colombiano es como una lámpara mágica poseedora de historia, geografía, literatura, sociología, antropología, demografía, mitología, tradición, música, ritmo y fiesta; que sin necesidad de ser frotada, puede cobrar vida mediante la práctica de sus danzas llenas de sabor y disfrute, evocando así nuestras raíces.

Todo lo anterior me hace creer cada vez más en nuestras tradiciones, nuestras raíces y nuestra historia. Revivir nuestras costumbres y darles cabida en la actualidad, merece la pena intentarlo, al igual que reconocer a las bellas artes como una de las virtudes humanas más poderosas de transformación, gracias a la policromía de sus “lentes” para ver el mundo.

Finalmente, continúo depositando mi esperanza en las personas que nos dedicamos, con pasión y entrega, a ejercer el arte en sus múltiples formas, dejando en ellas su mejor versión para así aportar, desde su saber-hacer, a la construcción de un país mejor.

Referencias bibliográficas
Saco Álvarez, Alberto (2006). “El cambio social: definición, factores y agentes”. Sociología aplicada al Cambio Social. colombia: Ed. Andavira.

Spenser, Oswald (2011). La decadencia de Occidente. Ed. S.L.U. Espasa Libros. Barcelona.

Urtasun, Aliende Ana (2012). “Capitulo 1 Sociología y Cambio Social”. Para Comprender Las Transformaciones Sociales en el Mundo Contemporáneo. Ed. Verbo Divino.

Martínez Gilberto (2005). “La danza: una rápida visión histórica”. Danza Clásica y Tradicional Colombiana, Tomo II. Colombia: Ed. Alcaldía Mayor de Bogotá, Instituto Distrital de Cultura y Turismo.

jueves, 23 de junio de 2016

No, a mí no se no me olvida...

Por Johanna Trochez.

NO, a mí no se no me olvida bojayá, el nogal, las tomas guerrilleras, los collares, cilindros y correos humano-bomba, las minas antipersonales, los asesinatos, el reclutamiento de niñxs, las violaciones, los abortos forzados, el narcotráfico, los secuestrados, la privación de la libertad entre jaulas y cadenas, el daño ambiental, la minería ilegal, el desplazamiento, la perdida de nuestros soldados… Y mucho menos olvido mi propia historia, mi niñez asustada, el sonido de un disparo, el secuestro de mi abuelo, su posterior enfermedad que lo dejo en cama hasta el final de su vida, las “vacunas” que ha pagado mi papá y familiares por años para trabajar “tranquilos”, los secuestros y asesinatos de amigos y vecinos, la finca, nuestra casa de la que una vez salimos y por años no se nos permitió volver, el atentado a mi papá con balas y puñal, los “retenes del ejercito del pueblo” en la vía Cauca-Huila, inevitables cada temporada de vacaciones para ver a mi papá, los camiones de café incautados, robados y quemados, la quiebra, la toma de Quilichao y los bombazos que hacían retumbar mi ventana… esos y otros sucesos similares o peores que nos pasaron, a mi, a usted, a un conocido u otro colombiano y por los que lloró mi tierra, mi pueblo, las familias colombianas, mi familia, yo…

NO, a mí no se olvida y alguna vez segada en rabia clame venganza, aún me da irá cada atentado y el cinismo de los actores del conflicto, los errores del gobierno actual y los pasados y podría ponerme en el lugar de aquellos que hoy están en contra y entender sus motivos, renegar del acuerdo, gritar venganza y firmar por el NO…

Y sin embargo, NO puedo, no he perdido la sensibilidad, la empatía y el sueño del cambio. NO puedo acostumbrarme a la guerra como parte de mi vida y en el camino aprendí que “la violencia debe ser siempre el último recurso”. NO puedo, porque yo creo en la vida y respeto profundamente a las víctimas reales; los campesinos, los habitantes de las zonas en conflicto, las familias de militares y otros grupos armados, los niñxs hijxs de la guerra, los que empuñan verdaderamente las armas a diario. NO puedo porque soy mamá, y en mis manos está el ejemplo de amor y perdón que tanto merece mi hijo, el mismo ejemplo que me han dado mis papás.

Hoy, quiero creer que la paz es posible y prefiero creer porque representa mi anhelo por un futuro con capítulos que no hable de balas, odios y muerte. Creo en la necesidad del perdón y la reconciliación, en el cambio del discurso y de aptitud/actitud como acción y confío en los escenarios de reflexión, pedagogía e intervención como lugar común para la construcción de futuro, reintegrarse a la vida después del caos, transformar, curar el alma y hacernos más humanos.

Este no es el final de nuestros problemas, tan sólo es un inicio, una invitación a que hagamos posible la paz y sembremos flores en vez de odio y mierda… ¡Salud! - "...Creo en un país en paz, creo en la salvación, creo en la democracia y eso es un norte demasiado largo" ‪#‎ElÚltimoDíaDeLaGuerra‬

jueves, 12 de mayo de 2016

Resistencia civil, ¿negación del Estado y sus normas?

Por Alejandra Galindo Ceballos.*

El ex presidente y ahora senador Álvaro Uribe ha llamado a la “resistencia civil”, con el objetivo de rechazar los Acuerdos de Paz entre las FARC-EP y el Gobierno; situación que ha derivado en una controversia entre varios sectores políticos.

Entre los que pegaron el grito en el cielo encontramos a Clara López, Navarro, Cristo, Roy Barreras, Cepeda, Aida Avella, mejor dicho, el circo completo (falta Petro). Sin embargo, las afirmaciones que captaron mi atención fueron las de nuestro respetable Presidente del Senado.

Según Velasco, "la resistencia civil se desarrolla a través de una desobediencia civil: no reconocer al Estado, no reconocer las normas", añadiendo que es un error convocar a la resistencia civil “yo quisiera ver más esa fuerza, esa entereza, esa fortaleza de ese líder no llamando a la resistencia civil, sino haciéndole control desde la institucionalidad al cumplimiento de los acuerdos, a que se respeten, a que no haya impunidad, a que los acuerdos privilegien a las víctimas. Me parece -en este caso- que se ha equivocado el Presidente del Centro Democrático”. La verdad creo que es importante aclararle algunos puntos al señor.

En primer lugar, el concepto de “resistencia civil” alude a una forma de acción política, la cual consiste en una ejecución de estrategias que no conllevan VIOLENCIA contra el adversario, se trata entonces de persuadir a la opinión pública para que de forma voluntaria decida o no, seguir depositando su obediencia y apoyo al Estado. En segundo lugar, hablar de “no reconocer al Estado y las normas” es negar que la resistencia civil sea una opción legítima y viable, además ¿Cuáles normas?, acaso el lema “nada está acordado, hasta que todo este acordado", ¿es falso?

En tercer lugar, si bien es cierto que Colombia es un país caracterizado por violencias que ponen en peligro una verdadera construcción de paz, lo que aquí se está promulgando es una concepción del poder distinta, sin armas, como la defendía Mao Tse-tung, no como lo ha hecho las FARC-EP, el ELN, entre otras, a lo largo de la historia, es decir, militarmente.

Por último, no se dejen lavar tanto la cabeza que el hecho de acogerse a una posible “resistencia civil” claro está, para quienes no están de acuerdo con las negociaciones en la Habana, no los hace ni guerreristas y mucho menos Uribistas, se trata de una movilización política y social en la defensa de sus opiniones; o ¿ahora todos tenemos que ser Santistas y quedarnos callados? Por qué no tachan entonces de “agitadores” o "violentos" a las comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinos, comunidades eclesiásticas quienes han utilizado este mecanismo como método de oposición ante las autoridades estatales a lo largo de la historia en Colombia, tal y como lo han hecho desde 1971 con la experiencia del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

Si vamos a hablar de paz, empecemos entonces por descubrir sus espacios propios, ahí donde se materializan las experiencias de resistencia civil, vitales para el fortalecimiento de nuestra democracia.

* Publicado en el 13 de mayo de 2016 en ReEditor (ver)

martes, 10 de mayo de 2016

¿Es la impunidad el precio de la paz en Colombia?

Por Alejandra Galindo Ceballos.*

Como sabemos, la búsqueda de una salida negociada al conflicto armado en Colombia ha sido una constante con poco éxito durante décadas, sin embargo, durante los últimos treinta años hemos sido participes de las distintas fases de negociación política que se han llevado a cabo con grupos guerrilleros y paramilitares. Al igual que en otros países, concretar un Acuerdo de Paz que involucre a todas las partes del conflicto, resulta ser una tarea ardua, aún más si se trata de definir las estrategias de justicia transicional; Colombia, podría decirse que cuenta con experiencia en la cuestión, debido a que entre el año 2005 y la fecha, se han formulado políticas públicas, expedidas leyes y puesto en práctica los mecanismos de justicia transicional en justicia penal y rendición de cuentas para la desmovilización ,en ese entonces de las denominadas “AUC” (Autodefensas Unidas de Colombia)

A pesar de lo mencionado anteriormente, el modelo de justicia transicional que se imponga en este proceso de paz debe acompañado por mecanismos que narren la verdad, así como defiendan la construcción de memoria histórica ,aunque el compromiso renovado por mejorar la gobernabilidad seguramente se verá nublado ante los intereses mezquinos y la controversia política.

Las FARC-EP han manifestado en varias ocasiones que no están en la Habana para ir a la cárcel, por lo que cabe preguntarse si ¿están preparados para asumir los costos de un modelo integral de justicia transicional?

En respuesta a este cuestionamiento , tenemos dos panaromas por lo pronto. De un lado, la agenda de negociación de la Habana, no menciona con claridad los aspectos claves en justica transicional, ni los mecanismos para establecer responsabilidad penal individual y reparación, ni mucho menos los estándares nacionales e internacionales para satisfacer los derechos de las víctimas.

Por otro lado, las FARC-EP han logrado que no haya privación de la libertad , lo cual pone en peligro la sociedad civil en la medida en que no entreguen las armas. Todo esto aludiendo al principio de “rebelión” el cual es legítimo; empero, dicho principio encierra a quienes estén armados y tengan una pretensión política de cambiar el estado de las cosas . Ahora bien, no logro recordar ¿Cuál ha sido la pretensión política de las FARC-EP durante décadas? , pero si tengo presente que se han valido del terror, la extorsión, el secuestro, narcotráfico y homicidios para sostenerse.

En este orden de ideas ,el Acuerdo de Justicia Transicional enviado por la Procuraduría a la Fiscal de la Corte Penal Internacional, en el mes de enero, demuestra que no existen penas adecuadas, ni proporcionales a la gravedad del crimen cometido, sino sanciones simbólicas y manifiestamente groseras que ponen a Colombia en un intercambio de delitos sin ninguna garantía. Queridos lectores, que no se les olvide que sin justicia es imposible alcanzar la paz, la justicia transicional debe ajustarse al Estatuto de Roma por medio del cual se impongan penas equiparables a los delitos cometidos.

Ya sé, los colombianos estamos mal acostumbrados a transar con bandidos, permitimos que nuestro aparato judicial siga siendo socavado, que en nuestra cultura “el crimen page bien”, y que nos toque mamarnos a un montón de parásitos que jamás han contribuido al desarrollo de nuestro país, solo porque nos tienen convencidos de que la forma correcta de negociar es como se hace hoy en la Habana. La mentira tiene un gran poder de dominación.

* Publicado en el 10 de mayo de 2016 en ReEditor (ver)

viernes, 6 de noviembre de 2015

A propósito de la adopción homoparental. Opiniones después del fallo de la Corte

Por Johanna Trochez.

La realidad es que los modelos de familia, hace tiempo, dejaron de ser uno solo y podría decirse que con todo lo que se ve y vive a diario, urge la consideración de nuevas estructuras familiares con una visión en mayor sintonía con la realidad; de hecho, las familias diversas existen, y desde tiempo inmemorial.

Yo apoyo la idea de que la copaternidad y comaternidad de hijas(os) es una realidad que no debería "prohibirse" sólo por una cuestión de orientación sexual. Y al respecto, en mi más humilde y respetuosa posición, respecto los diferentes puntos de vista, creencias religiosas o prácticas socio-culturales. Creo también que ante esta situación cabría preguntarse: (1) si es preferible que niñas(os) sin padres continúen estando abandonados, negándoles la posibilidad de tener un hogar, que les brinden amor, protección, cuidado y oportunidades, que les enseñen a ser seres humanos de bien y garanticen su bienestar. (2) si está bien que a niños/as de padres biológicos homosexuales se les prive de la compañía y convivencia de su padre/madre por su orientación sexual. Sinceramente, no lo creo. Para mí, mientras que un padre/madre sea una fuente de amor, respeto, y sea un buen ejemplo de honestidad, humanidad y compromiso con el bienestar de su hijo/a, siempre será más seguro/a estar a su lado.

Ahora bien, respecto a las opiniones que sugieren preguntar primero a los menores sobre quienes podrían/desearían ser sus padre/madre, padres/madres adoptivos, quiero dejar muy en claro que estoy totalmente de acuerdo. Es más, considero que la opinión de los menores debe ser la base sobre la cual tomar una decisión. En todos los casos, se debe poner en primer plano al menor y sus derechos sobre el deseo o interés de la pareja adoptante. El asunto de la discordia es que este factor debería ser igual de preponderante en todos los casos, independientemente de que las parejas adoptantes sean heterosexuales o homosexuales. A la final, la contraparte en este asunto no es la sociedad, ni las leyes, ni la religión, ni siquiera la ciencia... la contraparte es aquella niña o aquel niño, quien debería tener siempre la total liberta de expresar sus deseos y argumentos sobre el modelo de familia con el cual desearía vivir. Y si no está de acuerdo con algo, o si le gusta, no debía ser obligada(o). Además, creo que toda adopción, independiente del tipo de pareja, debería ser, por supuesto, el resultado de un proceso arduo de investigación y evaluación de las familias que se postulan. Además, el proceso debería incluir un seguimiento a la familia para garantizar que el menor este en buenas manos.

Por último, cito un comentario que alguna vez puse por ahí... “En definitiva, el único problema relevante que encuentro para las posibles niñas y niños adoptados por homosexuales, no sería la mal llamada "anti-naturalidad" de los padres/madres sino, por el contrario, la presión social y constante discriminación en la vida diaria (vecindario, familias, colegios, etc.) a la que estarían expuestos y sometidos las nuevas familias. Este sí que sería un factor que en todos los casos llegaría a afectar negativamente el desarrollo de las niñas(os)/jóvenes si no se toman las medidas y soluciones adecuadas”.

jueves, 24 de septiembre de 2015

La inefable grandeza del Pacífico colombiano

Diálogo de saberes con el Consejo Comunitario La Plata, Bahía Málaga


Por Jenniffer Silva Jaramillo.

Del 15 al 20 de septiembre el laboratorio de estudios transnacionales de la Universidad Icesi, organizó una salida de campo al Consejo comunitario La Plata, en Bahía Málaga. A la convocatoria respondimos 11 estudiantes interesados en conocer las dinámicas internas de una comunidad tan autónoma.

Cuando llegamos al puerto, el calor y la humedad provocaban esa sensación fastidiosa de estar pegajoso y sin aire para respirar. Ya nos acercábamos al medio día, las expectativas de llegar a La Plata aumentaban en la misma medida que se pensaba en el almuerzo. Cuando arrancamos en la lancha el paisaje costero se confabulaba con un azul turquesa que nos dejaba absortos ante la inmensa belleza.

En el recorrido nos acompañó Ferney Valencia, líder del Consejo comunitario de La Plata, Bahía Málaga.. Un hombre pujante, sonriente y de una chispa brillante. Siempre presto a compartir el saber heredado de su comunidad y sus mayores. Poco a poco nos fue informando sobre las prácticas culturales, los conocimientos ancestrales y los problemas que hoy hacen más compleja la vida de los y las malagueñas, creando dicotomías entre la visión de conservar los recursos naturales y la necesidad de mejorar la calidad de vida de las 4 comunidades que comprende el archipiélago de La Plata.

En la primera reunión del día, líderes de la localidad nos expusieron cartografías y mapas de la zona, aquí se aseveró que La Plata, se encuentra ubicada en la parte interna de la Bahía. En ella habitan personas de ascendencia afrocolombiana, muchos de ellos colonos y otros asentados a raíz de procesos migratorios. El Consejo tiene unos 700 habitantes, que hacen parte de unas 160 familias, cuyo sentido de Territorio sobre pasa la idea de espacio físico y es pensado e interiorizado como herencia ancestral.

La biodiversidad de este inefable rincón, está dada tanto por los ecosistemas naturales, como por los ecosistemas sociales y sus prácticas culturales que intentan armonizar el dialogo con el entorno. Es así como la economía en las cuatro veredas del archipiélago, La plata, Mangaña, MiraMar y la Sierpe, se basa en la pesca artesanal, la agricultura de consumo local, el “lampareo” (como se le llama a la caza) y la extracción de madera para la construcción de viviendas y lanchas. La venta local a las comunidades vecinas ya los turistas, es otra de sus dinámicas económicas de sostenibilidad. Recientemente las comunidades han iniciado proyectos de Eco y Etno Turismo así como de recolección y procesamiento de Naidí (fruto de una palmera nativa del Pacífico Colombiano también conocida como asaí, azaí, huasaí y palma murrapo. También han desarrollado procesos de cooperación con organizaciones internacionales que los están llevando a entrar al mundo de la negociación de “bonos de carbono” (pagos de Estados, multinacionales y actores privados por la preservación y cuidado de sus bosques).

Las reglas de juego en su sistema de gobierno propio están mediadas por el Código de Régimen Interno, el reglamento para el manejo del Ecoturismo en el territorio y el Plan de Administración de los Recursos naturales. Con las normas claras, la identidad y la autonomía son pilares de su resistencia normativa ante un Estado que ha tenido una presencia diferencial en la historia de esta comunidad, como en todo el territorio de Buenaventura, tal y como mencionó uno de sus líderes.

Ya con un panorama más amplio sobre las condiciones socio-económicas y políticas del archipiélago, iniciamos los diálogos sobre el tema de reactivar el Ecoturismo autónomo y sostenible como proyecto de desarrollo para mejorar el bienestar de los malagueños. Teniendo en cuenta, primero, que este progreso al que me refiero, no se trata de explotar desmedidamente los recursos naturales de la región, sino más bien como lo dijo Ferney Valencia: “Se trata de un desarrollo sostenible con un consumo consciente y autónomo”. Segundo, teniendo presente las experiencias negativas de otras áreas cercanas, en las que su proyecto de desarrollo turístico no tuvo en cuenta aspectos de salubridad sanitaria, manejo de las basuras y tratamiento de aguas residuales. Lo cual ha provocado el deterioro de sus ecosistemas. Por último se piensa en un desarrollo que genere otras oportunidades de vida a sus habitantes, en donde la educación deje de ser una expectativa poco viable y se generen espacios de intercambio colaborativo de saberes.

De esta manera, en el corazón del pacífico los días iniciaban con el sonido del agua y las carcajadas de los nativos, mientras se descubría el sol entre los manglares y algunos rayitos lograban colarse por la rendija de la madera con la que estaba hecha la cabaña en la que nos hospedábamos. El muy buen día y las sonrisas mañaneras lograban afianzar un poco más, la confianza no sólo entre los compañeros de equipo, sino con los habitantes de la vereda. Don Pepe por ejemplo; madrugaba a contarnos sus historias de miserias y fortunas en la ficción contemporánea. Don Aladino con sus 89 años aún conserva una fuerza descomunal que pone a merced de su oficio: carpintero naval. Trabajaen sus embarcaciones, que por herencia familiar, construye desde que tenía 14 años con las maderas que se dan en la zona: Iguanegro, Chachajo Amarillo, Balano, Tangare, entre otros. Doña Nelci, sazonadora tradicional madrugaba a consentirnos con sus delicias pacíficas, que empanadas de piangua, que pescadito fresco, que agua de panela con limoncillo y otros platos típicos de la zona: “Lo principal es que la comida se haga con amor, la sazón es el corazón y por eso queda rica”, nos dijo Doña Nelci.

De relato en relato íbamos entendiendo la complejidad del día a día de los malagueños. Un recorrido en lancha por las diferentes veredas del archipiélago, nos mostró el por qué este territorio es considerado como un pulmón del mundo. La biodiversidad se encuentra entre las gigantescas y diferentes redes de manglares, que a su vez albergan más de 1700 especies entre animales y plantas. Allí conocimos la legendaria y prehistórica Samia, la famosa Palma Mil Pesos, que produce un fruto delicioso que lleva el mismo nombre, iguanas, rayas, garzas moradas, las cascadas de agua dulce de la Sierpe, delfines y ballenas, todas estas fueron algunas de las maravillas que pudimos apreciar en esta salida de campo.

Por otro lado también tuvimos la oportunidad de comprender más de cerca los procesos de resistencia y cambio que la organización Eco-manglar ha venido desarrollando a través de diferentes actividades eco y etno-turísticas tales como el avistamiento de aves y ballenas, los recorridos ecológicos por los mangles, el lampareo fotográfico, la música folklórica, entre otros. Todo lo anterior con el fin de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de la comunidad y la protección del medio ambiente.

Sin duda alguna vivimos una de las experiencia más maravillosas, gracias no solo al equipo de trabajo sino a cada uno de los malagueños con ese don de gente, esa calidez humana con la que nos atendieron y nos abrieron no solo sus casas, sino también sus corazones. Gracias, muchas gracias Bahía Málaga por tanto. Esperamos que nuestro trabajo colectivo en las primeras iniciativas acordadas para ayudar a mejorar el bienestar de sus comunidades sea solo el principio de este trabajo mancomunado hacia una plataforma ecoturistica autónoma y sostenible que eleve las oportunidades de vida digna para todos.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Jesús Trump y la hidra de tres cabezas

Por Juan Felipe Ledesma.

A pesar su apariencia improvisada, desde el punto de vista comunicativo, la campaña de Donald Trump para ganar la representación del partido republicano de cara a las elecciones presidenciales del 2016, está muy bien orquestada.

"Make américa great again" La hidra de tres cabezas
Su consigna general es tan atractiva como la apelación a la defensa de la libertad y la lucha contra el terrorismo propias de la candidatura de George Bush hace catorce años, o las propuestas de moderación y mayor gasto social de Obama hace seis. La idea de hacer grande a América de nuevo, expresada con la frase “Make américa great again”, se desprende de una matriz de sentido cargada histórica y culturalmente que se encuentra arraigada en el inconsciente colectivo norteamericano. Esta es, la de que Estados Unidos es la tierra de la prosperidad y las oportunidades. Por lo anterior, el pequeño eslogan es enorme y genial, pero lo es aún más porque porta tres matrices de sentido al mismo tiempo, que legitiman y fortalecen su personificación del poder, es decir, su desmesura e irreverencia frente a cualquier oposición, gracias a su contenido nacionalista: la primera es que América fue grandiosa en algún momento histórico pero que actualmente no lo es. La segunda es que América puede ser grande de nuevo. La tercera es que tal loable propósito recae sobre cada uno de los ciudadanos norteamericanos y no directamente sobre Donald Trump. La frase lo engalana como un medio mediante el cual cada individuo en ese país puede ayudar a hacerlo glorioso de nuevo. ¿Quién no quisiera aportar a un sueño como aquel especialmente si no se encuentran medios para salir de la crisis? ¿si el problema importante es América, porqué preocuparse por la forma en como se exprese su salvador y más aún, por la forma como se va a alcanzar dicho objetivo? Como trataré de argumentar a continuación, la campaña de Trump es un monstruo que se explica y se justifica autorreferencialmente y contra el cual luchar sin extremada sutileza, terminaría fortaleciéndolo.

La construcción del sentido común y de Jesús Trump
En cada una de las matrices descritas cabe de todo. En la primer matriz caben los culpables de que el país ya no sea lo que era antes. Todo lo que el candidato conciba como repudiable. Malo. Trump ha presentado ya algunas de las cabezas que pueden componer ésta, también de una forma excepcional en términos de maquinaria comunicativa, relacionando actores concretos con formas de ser que pinta como impropias para el manejo del Estado y la política internacional, pero que al mismo tiempo son, según él, las formas de ser que imposibilitan el éxito en cualquier compañía contemporánea: incompetencia/Obama, debilidad/lenguaje políticamente correcto/Obama; falta de inteligencia estratégica/Obama/ falta de velocidad de pensamiento/Obama como incompetente para negociar y pelear verbalmente. El presidente actual es uno de los grandes chivos expiatorios que lo explica todo de acuerdo con la lógica de Trump. El otro gran chivo expiatorio es la población inmigrante ilegal mexicana (latinoamericana). Como veremos a continuación, ambos chivos expiatorios tienen una función singular en el conjunto de su campaña.

En la segunda matriz, necesariamente relacionada con la anterior, Trump se posiciona a sí mismo como un medio, un salvador, un símbolo a partir de la denuncia pública de un conjunto de procesos que los norteaméricanos han venido palpando en su realidad cotidiana y que han sido problematizados en las agendas públicas y mediáticas como la inmigración ilegal, el desempleo, la desindustrialización y la pérdida de hegemonía internacional frente a Rusia y China. Problemas que achaca en gran medida al actuar de Obama y la población ilegal mexicana. Lo que hace Trump con esto no es sólo denigrar y denunciar, sino explicar y convertirse en símbolo. El candidato permanentemente está ofreciendo narrativas explicatorias razonables y exageradamente comprensibles sobre las razones de la debacle, a un público expuesto a un sin fin de narrativas. Lo interesante es que además de reducir las explicaciones, el tono pendenciero, casi de indignación con que las expresa, las hace sumamente verosímiles, particularmente, porque además de ser explicaciones lógicamente bien estructuradas, la premisa de fondo que afirma con su postura frentera es: "yo no tengo nada que ocultar, aún siendo parte de una clase social acaudalada y de apoyar un partido desacreditado por las crisis. En otras palabras digo la verdad". Al mismo tiempo, sus réplicas irónicas, sus comentarios de doble sentido frente a las mujeres, su tono belicista refiriéndose al contexto internacional y el lenguaje que no duda en definir como fuera de lo políticamente correcto, pueden ser leídos como un conjunto de actos performativos en donde va construyendo el imaginario alrededor suyo de hombre fuerte, astuto, ganador y sobretodo honesto, en oposición a las imágenes de decadencia que mantiene señalando en el gobierno de Obama. Con su espectáculo mediático Trump se encarna en virtudes que son exaltadas masivamente por las industrias de entretenimiento audiovisual, y necesitadas ampliamente en un contexto de flexibilidad laboral, crisis económica y tensión global como el coraje, la agilidad mental, el amor por sí mismo y la entrega a una causa superior.

Ases bajo la manga
Finalmente en la tercera matriz están los ciudadanos. En el discurso del candidato los ciudadanos aparecen como los responsables del destino del país, los cuales actuarían a través de la mediación del mismo. Por la forma como está construida su campaña, los que no voten por él o son estúpidos o son latinos. En una gran cantidad de artículos aseguran que el candidato está labrando el desdén del partido republicano y su derrota en las elecciones presidenciales, aseverando que de no tener de su lado el voto de la población latinoamericana estaría perdido. Sin embargo resulta sospechoso que una estrategia de campaña se base en un sinsentido, es decir en una acción que conduzca de antemano a la derrota, a pesar de ser un multimillonario con claros signos de astucia y capaz de comprar asesoría política y comunicativa de la mayor calidad. ¿Qué puede estar ocurriendo?. Existe un as bajo la manga, el cual ha anunciando poco a poco y que es de un pragmatismo sin igual, desde la perspectiva de una élite republicana tradicionalmente racista. El apoyo electoral de la población afro-estadounidense. Como lo expresa Bruce Bartlett para el Washington post, "una campaña agresiva para ganar la población votante negra podría cambiar la dinámica política y vencer a los demócratas cuando ellos menos lo esperen" (VER).[1] El candidato ya ha expresado ante los medios de comunicación cómo la administración Obama no ha mejorado las condiciones de vida de esta población y lo que él haría por ella (VER + VER). Incluso ha llegado a afirmar con confianza que parte de la población latina, legítimamente radicada en los Estados Unidos, votará por él. ¿Qué se traerá entre manos?. Bartlett también ha insinuado que una segunda campaña del candidato con propuestas socialdemócratas le permitirían arrasar en las presidenciales. Al menos con plantear una medida pragmática como subir los impuestos a los más ricos (así no se lleve a cabo en la realidad). Trump ya ha afirmado públicamente su independencia con respecto al partido republicano a pesar de su clara inclinación política. Factor uno que le daría cierta credibilidad. También ha sabido construir el imaginario al rededor suyo de que se enfrentaría a quien sea por lograr lo que se propone y por renovar el sueño americano. Factor dos de credibilidad. Con una táctica de masiva exposición mediática reivindicando una medida "populista", aumentando el temor de la población ante las acciones Rusas y Chinas, y desacreditando cada vez más a los demócratas, Trump ni siquiera tendría que explicarse para generar la confianza que le faltaría por ser multimillonario y apoyar a los republicanos. Los medios de comunicación jugarían aquí un papel central.

Inquietudes
Es extraño que los medios hayan presentado a Trump como una especie de mentecato que habla lo que se le da la gana. A mi juicio su campaña está tan bien estructurada que le permite improvisar, aunque siempre con una orientación definida. Lo está tan bien, que cada denuncia en su contra es susceptible de ser una victoria. Al mismo tiempo, el partido republicano podría estar ganando las siguientes elecciones con él a la cabeza y la ciudadanía en general no tendría que darse cuenta siquiera, con un conjunto de implicaciones favorables para el partido. Esto, en caso de que no sea elegido en las primarias, lo cual podría usar para fortalecer su imagen de mártir y de hombre independiente. Aunque afirmen que algo así dividiría la población votante, es probable que los dirigentes del partido ya estén apostándole al ganador.

¿Qué podrían hacer los demócratas?

Continuará...

Notas a pie de página
[1] Barlett cita varios estudios donde se muestra la precariedad de la situación socioeconómica de la población afroaméricana la cual es explicada en parte por la ocupación laboral de la población latina inmigrante. También cita varios ejemplos históricos donde líderes políticos invocaban la participación de la población afro para ganar escaños electorales.

lunes, 30 de marzo de 2015

El desafío de los jóvenes en Hong Kong

Por Juan David Mesa.

Revolución de los paraguas: reflexión de una acción colectiva contenciosa

Motivados por el ideal de una democracia, centenares de jóvenes de Hong Kong se tomaron las calles de esta importante ciudad, por casi tres meses, reclamando la constitución de un gobierno local democrático con más candidatos que solo los del partido oficialista-comunista del Estado. 'Armados' de mucho valor, desafiaron a las fuerzas policiales con un ejército de paraguas para soportar los gases lacrimógenos que les eran lanzados. Teniendo en cuenta este marco situacional, mi idea central es que esta 'Revolución de los paraguas' constituyó una acción colectiva contenciosa. Para esto, tomaré las propuestas de Charles Tilly (2011) y Sidney Tarrow (2004) al respecto.

Para estos intelectuales, una acción colectiva es contenciosa cuando quienes actúan carecen de un acceso regular a las instituciones. Así mismo, para Tarrow, es contenciosa cuando quienes actúan lo hacen “en nombre de reivindicaciones nuevas o no aceptadas constituyendo una amenaza para las autoridades” (2004, 24). Dado que el Estado chino es un régimen político de un único partido, estas acciones colectivas fueron contenciosas porque provinieron de jóvenes con un acceso restringido al rígido marco institucional de ese país, al exigir una apertura democrática que permitiera que más actores políticos entraran a decidir el futuro de su nación.

Así mismo, esta 'Revolución de los paraguas' constituyó una acción colectiva contenciosa porque al desafiar a las autoridades, estos jóvenes buscaron una reivindicación simbólica por el cambio político y social, asunto de inmediato rechazado por representar una amenaza a ese orden social que pareciera el gobierno chino representar. Otro asunto clave que se asoma, a propósito de esta acción colectiva contenciosa, es la estructura de oportunidades que a nivel macrosocial posibilitó que estos jóvenes levantaran su contienda. Tomando como referencia una ley de 1997 en donde el gobierno chino se comprometía que se podría elegir democráticamente un alcalde para Hong Kong, los jóvenes justificaron y legitimaron activamente sus protestas.

Más allá de que los movimientos de jóvenes en Hong Kong hubieran representado una acción colectiva contenciosa por amenazar el orden social estando al margen de las instituciones, la pregunta que surge es ¿hasta qué punto, en un gobierno con esa estructura política rígida, pueden existir factores estratégicos y procesos políticos favorables que sigan impulsando movimientos sociales como estos? La pregunta surge partiendo de la propuesta de Jenkins (1994) que sostiene que el éxito de un movimiento depende, entre otros elementos, de los factores estratégicos y procesos políticos favorables. En ese sentido, ¿fueron exitosas las movilizaciones de los jóvenes en Hong Kong? ¿Qué papel entrarían a jugar, en estos movimientos sociales, la movilización de recursos como la información, propuesta en Melucci (1999), en un régimen totalitario que restringe muchas veces el acceso a, por ejemplo, internet? Amanecerá y veremos. Por lo pronto, en China los paraguas siguen abiertos.

Referencias
JENKINS, Craig. (1994). La Teoría de la Movilización de Recursos y el estudio de los movimientos sociales. En: M. Revilla (Comp.) Movimientos sociales. Acción e identidad. Madrid, España: Zona Abierta.

MELUCCI, Alberto. (1999). Qué hay de nuevo en los nuevos movimientos sociales. En: L. Enrique (Ed.) Los nuevos movimientos sociales: de la ideología a la identidad, (pp. 119-149). Madrid, España: Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

TARROW, Sidney. (2004). El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Madrid, España: Alianza.

TILLY, Charles. (2011). Describiendo, midiendo y explicando la lucha. En: R. Hobert y J. Auyero, (comp.), Acción e interpretación en la sociología cualitativa norteamericana, (pp. 13-38). Quito, Ecuador: Flacso.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

El Órgano antidemocrático de las Naciones Unidas que defiende la Democracia

Columnista Alejandro Díaz Castro.
Estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política
Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá D.C.
Columnista del periódico "El Campesino"

(Ver otras publicaciones del autor)

Este artículo busca responder de manera sucinta ¿cómo funciona el órgano antidemocrático de Naciones Unidas que es fundamental para el mantenimiento de la democracia? Teniendo como base de estudio la resolución 2085 del 2012 de este órgano. El desarrollo metodológico que se utilizará –para tener más claridad de lo que aquí se plasma-, estará escrito de manera cronológica; en la cual, en primer lugar, se hará una introducción al tema. En segundo lugar, se analizará el Consejo de seguridad de las Naciones unidas, y posteriormente se estudiará la resolución 2110 del 201 (S/Res/2110/2013) para terminar con unas breves conclusiones y generar unas recomendaciones finales.

Introducción
Son varias las críticas que se han realizado al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, desde incluso el primer día de su nacimiento. Principalmente, los más relevantes cuestionamientos están arraigados en la Teoría Realista sobre las organizaciones internacionales. Sin embargo, por contradictorio que parezca, este órgano de Naciones Unidas (ONU), hasta el momento ha sido capaz de mantener y velar por la resolución pacífica de conflictos, por la promoción y acompañamiento de una democracia, -que no practica- y por el mantenimiento de la paz a nivel mundial, temas que analizaremos a lo largo de este documento y ejemplificaremos mediante la S/Res/2085/2012.

¿Qué es el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas?
“[Es un] órgano de las Naciones Unidas cuya responsabilidad primordial es el mantenimiento de la paz y la seguridad [a nivel internacional]. Conforme a la carta [de las Naciones Unidas], los Estados miembros están obligados a aceptar y cumplir las decisiones del Consejo” (Unidas, 1998, pág. 74).

Dicho Consejo, está conformado por “[…] 15 miembros: cinco permanentes y diez electos por la asamblea general por periodos de dos años. Los miembros permanentes son China, Los Estados Unidos, La federación de Rusia, Francia y Reino Unido” (Unidas, 1998, pág. 9). Con respecto a los diez países elegidos por la asamblea general, dichos “[…] países no se pueden reelegir para el periodo siguiente al cual presentaron su concurso. Se eligen dos Estados de América latina y el Caribe, cinco por Asía y África y tres por los países Europeos (2 Europa occidental, 1 Europa Oriental)” (Donoso, 1997, pág. 101).

“Cada miembro del consejo tiene un voto. Las decisiones sobre cuestiones de procedimiento, se toman por voto afirmativo de, por lo menos nueve de los quince miembros. Las tocantes a cuestiones de fondo también requieren nueve votos afirmativos, pero esto tiene que incluir los de los cinco miembros permanentes. Esta es la regla de “unanimidad de las potencias” o, como se dice a menudo poder de veto. Si un miembro permanente no está de acuerdo con su decisión, puede emitir voto negativo, el cual tiene poder de veto. […] Si un miembro permanente no apoya una decisión pero no quiere bloquearla con su veto, se puede abstener de votación” (Unidas, 1998, pág. 9).

¿Por qué se considera antidemocrático el Consejo de Seguridad?
A pesar de la enorme responsabilidad que recae sobre este órgano de la ONU, es considerado antidemocrático por las siguientes razones:

“Es un cuerpo en el que cinco de sus miembros no necesitan ser elegidos y de ellos depende las decisiones que se van a tomar que con el poder de veto cuartan la decisión de la mayoría de sus integrantes” (Donoso, 1997, pág. 100) como lo podemos evidenciar en los artículos 23 y 27 de la Carta de las Naciones Unidas.

Artículo 27.
1. Cada miembro del Consejo de Seguridad tendrá un voto.
2. Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre cuestiones de procedimiento serán tomadas por el voto afirmativo de nueve miembros.
3. Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre todas las demás cuestiones serán tomadas por el voto afirmativo de nueve miembros, incluso los votos afirmativos de todos los miembros permanentes; pero en las decisiones tomadas en virtud del Capítulo VI y del párrafo 3 del Artículo 52, la parte en una controversia se abstendrá de votar
(Unidas, Carta de las Naciones Unidas, 2013).

Por estas razones y las enunciadas con anterioridad no se puede considerar como un órgano democrático a pesar de que defienda la democracia, ya que todas las decisiones dependen de cinco miembros permanentes. A lo anterior se le puede sumar que, “[…] las decisiones del Consejo de seguridad son legalmente obligatorias para los miembros, ya que de acuerdo con el artículo 25 [de la Carta de Naciones Unidas que los miembros permanentes redactaron] se ha convenido llevar a cabo tales decisiones acorde con lo establecido” (Montaño, 1992, pág. 34).

Resolución 2110 del 2013 (S/Res/2110/2013)
Con respecto a esta resolución –para ver resolución consultar el link– la utilizaré para ejemplificar, cómo y bajo qué parámetros consagrados en la Carta de las Naciones Unidas se expide la misma, haré algunas aclaraciones:

En primer lugar, la Resolución fue votada y aprobada con el fin mantener la seguridad y la estabilidad en el pueblo Iraquí ante la región y la comunidad internacional. Con base en lo establecido en el artículo 33 numeral (1), el artículo 34, el artículo 36 numerales (1) y (3), el articulo numero 37, numeral (2) dicho Consejo decide, generar algunas recomendaciones para el mantenimiento de la paz, en el inicio de la ya mencionada resolución, sin embargo al final de la misma expide algunas decisiones que analizaremos a continuación:

  • Con base en el numeral uno (1) del artículo 36 de la Carta, el consejo se permite mantener una Misión de Asistencia de las Naciones unidas (UNAMI) hasta el 31 de julio del 2014.

  • En segundo lugar y arraigado en el artículo 41 de la Carta de Naciones Unidas haciendo una interpretación hermenéutica del mismo que toma fuerza con los numerales (1), (2) y (3) del artículo 43 de se establece la protección y financiación de la delegación (UNAMI) así como la exhortación hacia el gobierno de Iraq para prestar apoyo logístico a la misma delegación.

  • Por otro lado y acorde con lo establecido en el artículo 49, no solo se fortalece la UNAMI sino que se programa una visita al territorio de Iraq para servir como veedor de los avances que se han efectuado por esta comisión, aunque establece que dé así solicitarlo el gobierno Iraquí puede ser antes.

  • Finalmente en el numeral seis de la resolución se aprecia cómo a pesar de que no está establecido en los artículos que rigen al consejo de seguridad pero que sí están en las funciones del Secretario General, se solicita al mismo que genere informes respecto a la situación del país que se trata en la resolución.

  • Por último y haciendo uso de las facultades por las que fue creado este consejo termina dicha resolución estableciendo que seguirá haciéndose cargo de la situación en este país hasta que se cumpla lo establecido en el artículo 26 de la Carta de las Naciones Unidas, la cual vela por el mantenimiento de la paz, la democracia y la seguridad a nivel internacional.

Conclusiones
Para concluir, lo que pudimos apreciar a lo largo del texto, es que a pesar de que como muchos académicos lo han manifestado, el consejo de seguridad es un órgano antidemocrático que vela por la seguridad de la democracia se está tratando de controlar el “uso y el abuso del veto mediante a) considerar que las ausencias de un miembro permanente no supone el ejercicio del veto. Haciendo una interpretación literal del articulo 27 numeral 3.” (Velasco, 1999, pág. 219) sin embargo, los efectos de estas reformas no se han evidenciado en la práctica de este consejo.

Por otro lado, con respecto a ciertas sugerencias que se han realizado al Consejo de Seguridad se han mencionado algunos "criterios para integrar el Consejo en el marco de la opción interina, se ha tomado en cuenta también la necesidad de que el candidato demuestre un probado compromiso y una contribución reconocida a la ONU, en especial en los temas referidos al mantenimiento de la paz y seguridad internacionales" (Sepúlveda, 2010, pág. 30), con lo cual se pretenden mitigar algunos efectos antidemocráticos que se presentan dentro del mismo.

Sin embargo, muy a pesar de las recomendaciones y de los documentos expedidos por los académicos, para que se lleven a cabo las reformas del Consejo de Seguridad solo depende del mismo que se lleven a cabo estas reformas, motivo por el cual soy un pesimista con razones de lectura entorno a que cambie el funcionamiento del mismo, sin embargo en teoría y bajo algunos errores su funcionamiento es eficiente en el actual sistema internacional y, tal vez es lo que esté sistema requiere y se merece.

Bibliografía
Donoso, F. A. (1997). Teoría y práctica en las Naciones Unidas. Bogotá: Temís S.A.

Montaño, J. (1992). Las Naciones Unidas y el orden mundial 1945-1992. Mexico: Fondo de cultura y económica.

Sepúlveda, J. P. (2010). La reforma del Consejo de Seguridad: Una mirada desde América Latina. Nueva Sociedad, 23-36.

Unidas, N. (1998). El A B C de las Naciones Unidas . Nueva York: Naciones Unidas.

Unidas, N. (24 de septiembre de 2013). Carta de las Naciones Unidas. Obtenido de http://www.un.org/es/documents/charter/

Velasco, M. D. (1999). Las Organizaciones Internacionales. Barcelona-España: Tecnos.

viernes, 31 de octubre de 2014

La opinión pública, un estruendo disfrazado de la voz de dios

Por Jorge Acero Portilla.

La opinión pública es un concepto casi inasible para los académicos que han querido precisarlo. Elisabeth Noelle-Neumann en el capítulo cuarto ¿Qué es la opinión pública? de su libro La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social, -menciona los esfuerzos ingentes por dar con una definición satisfactoria de ésta. La autora cuenta que Harwood Childs, un profesor de Princeton, recogió cincuenta definiciones distintas en la literatura existente. Cita el caso de W. Phillips Davidson, quien en el principio de su artículo Public Opinion afirmaba:

“No hay definición generalmente aceptada de ‘opinión pública’. Sin embargo, el término se ha utilizado con frecuencia creciente […] Los esfuerzos por definir el término han llevado a expresiones de frustración tales como ‘la opinión pública no es nombre de ninguna cosa, sino una clasificación de un conjunto de cosas’” (NOELLE-NEUMANN, 1995).

Otros intelectuales, por su parte, han querido desechar el concepto, pero como lo comentaba Jürgen Habermas: “no sólo el uso coloquial […] se aferra a él, sino también los científicos y los investigadores, especialmente de derecho, política y sociología, que aparentemente no pueden reemplazar categorías tradicionales como la de ‘opinión pública’ por términos más precisos” (NOELLE-NEUMANN, 1995).

Para la autora, los esfuerzos por definir el concepto se han encausado a explorar diversas dimensiones del mismo en “estériles ejercicios académicos”. Por un lado, han investigado los contenidos de la opinión pública y los han caracterizado como temas de relevancia capital, es decir, han partido del supuesto de que son públicamente importantes. Por otro lado, han estudiado la pertenencia de la opinión pública, pensado que le es propia a los individuos “que quieren y pueden expresarse responsablemente sobre los asuntos de relevancia pública, ejerciendo así una misión crítica y control del gobierno en nombre de los gobernados” (NOELLE-NEUMANN, 1995). También han concebido la opinión pública como aquella que es accesible a todos especialmente a través de los medios de comunicación de masas. No obstante, Noelle-Neumann persiste en la búsqueda e identifica a la opinión pública con un sentido psicosociológico.

De acuerdo con la politóloga, en el hombre existe un temor al aislamiento y una inclinación a seguir -al menos públicamente- una idea u opinión que parece dominante. O dicho de otro modo: existe en él “una necesidad de consenso” (NOELLE-NEUMANN, 1995), que hace que se someta a la opinión ajena. También reconoce en él una capacidad de “percibir el crecimiento o debilitamiento de las opiniones públicas” (NOELLE-NEUMANN, 1995). Dentro de esta concepción antropológica se inscribe su versión de lo que es la opinión pública, según la cual se trata de una suerte de opinión comunitaria de lo que es correcto y bien visto en distintas esferas, por ejemplo, en la moral y en la política. Ahora bien, esta visión compromete dos espacios que la autora distingue como el interior del individuo y su exterior, donde se encuentra con la sociedad. Estos dos ámbitos no tienen el mismo valor, por así decirlo, ya que la sociedad tiene un poder de influencia mayor sobre el individuo, en tanto puede hacer que actúe conforme al ‘consenso’ por mediación del mecanismo de la opinión pública.

Noelle-Neumann cree que Michel de Montaigne fue quien acuñó por primera vez este término, en la edición de 1588 de sus ensayos, para justificar el hecho de que sus escritos estuvieran llenos de citas de otros autores: “En realidad, es la opinión pública la que me hace presentarme con todos estos adornos prestados” (NOELLE-NEUMANN, 1995). En otra ocasión, recuerda la autora, Montaigne usó el término al tratar “la cuestión de cómo podían cambiarse las costumbres y las ideas morales” (NOELLE-NEUMANN, 1995). La autora también ve en la obra del pensador francés una división ostensible entre la dimensión pública y privada de su vida: “El hombre sabio –cita la politóloga– debe retirar la mente internamente de la muchedumbre vulgar; pero, en asuntos externos, debe seguir estrictamente las modas y formas recibidas por la costumbre” (NOELLE-NEUMANN, 1995). La relación que se establece entre estas dos dimensiones, de acuerdo con Montaigne y por su puesto con Noelle-Neumann, se plantea en términos de dominación la una sobre la otra: “Ni una entre mil de nuestras acciones habituales nos concierne como individuos” (NOELLE-NEUMANN, 1995). No obstante, una interpretación más amplia de la relación entre el individuo y la sociedad podría sugerir que el sujeto es al fin de cuentas una construcción social. Esta interpretación más amplia corresponde a la del estructuralismo.

El estructuralismo, visto desde la perspectiva de Roland Barthes en El Sistema de la Moda y Otros Escritos, plantea al espacio fuera del hombre, la ‘estructura’, como un sistema exógeno con sus propias reglas que, desde su posición, condiciona los hechos humanos. La estructura es, entonces, una compleja red de relaciones autónoma y omnipresente que es más grande que la suma de sus partes, en la que los actores concretos son posteriores a las realidades estructurales. Los individuos, en consecuencia, encarnan la estructura como síntomas de la existencia de esta. El estructuralismo a ultranza niega la existencia del espacio interior e individual que señalaba Noelle-Neumann, dado que, como se indicaba anteriormente, resulta ser una construcción más de la estructura.

Vale la pena detenerse a mostrar que existe, a partir de la oposición entre la acción –o posibilidad de autonomía del individuo– y la estructura, tres vertientes de estructuralismo: el ya mencionado estructuralismo a ultranza, donde el actor social no es más que una marioneta de la estructura; aquel estructuralismo que propone que el individuo es capaz de configurar la estructura, dado que la acción social predomina sobre esta; y por último, un estructuralismo moderado, donde se reconoce la estructura, pero también la acción social.

En la visión de Noelle-Neumann, esta ‘conciencia social’, mal llamada opinión pública, actúa desde fuera del sujeto, como un “tribunal de justicia invisible” que condiciona las acciones del hombre. El estructuralismo a ultranza sostiene que la conciencia social corresponde a la conciencia misma del humano. Dicho esto, considero apropiado introducir los conceptos de Habitus y Violencia simbólica, acuñado por el pensador francés Pierre Bourdieu, dado que nos ayudará a comprender mejor la relación establecida entre sujeto y sociedad. Bourdieu –aun cuando pretende superar la dicotomía del objetivismo estructural y el subjetivismo- reconoce que las estructuras o categorías mentales (entiéndase, en este caso, ‘conciencia social’) se integran a la conciencia del sujeto. Esta integración se da en la forma de Habitus, un conjunto de huellas sociales que han sido adquiridas por el individuo como resultado de ciertos saberes y experiencias. En el libro Introducción elemental a la obra de Pierre Bourdieu de Álvaro Moreno y José Ramírez, se afirma que estas características propias del Habitus “se interiorizan e incorporan de tal manera que no son disociables del ser individual” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). Así, conforme esta teoría, “todo agente es socialmente programado para ejercer una serie de funciones o roles, dentro de un espacio social” (MORENO y RAMÍREZ, 2003).

La integración de estructuras mentales a la conciencia del individuo puede lograrse a través de lo que Bourdieu llama como violencia simbólica. Este tipo de violencia comporta la función “de hacer inteligible ciertas formas de dominación” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). Con la violencia simbólica se imponen y posteriormente se naturalizan “categorías de percepción, de apreciación y valoración” (BOURDIEU,1994). En suma, la ‘conciencia consensuada’ no es exterior al sujeto, sino que le integra y le determina. Otra conclusión derivada de estas premisas es que la acepción dada por Noelle-Neumann a la opinión pública quizá no sea la más apropiada.

Para encontrar un significado más preciso de opinión pública remitámonos al capítulo La opinión pública no existe del libro de Pierre Bourdieu Sociología y Cultura. En ese texto el autor plantea que la opinión pública no es la que se manifiesta a través de las encuestas de opinión ni las elecciones, en tanto sus dinámicas parten de tres supuestos: Primero, que “cualquier encuesta supone que todo el mundo puede tener una opinión” (BOURDIEU,1994) o dicho de otra forma, que todos tienen la capacidad de producir una opinión. Segundo, que todas las opiniones tienen el mismo valor. La suma de ellas, concluye Bourdieu, conduce a la producción de “artefactos que no tienen sentido” (BOURDIEU,1994). Tercero, que hay un consenso en las preguntas que merecen ser formuladas en un cuestionario, lo que es igual a que hay un consenso en las problemáticas que deben plantearse.

Bourdieu piensa que los ejes temáticos que se imponen, y en torno a los cuales giran los cuestionarios, “están profundamente relacionad(os) con la coyuntura y dominad(os) por determinado tipo de demanda social” (BOURDIEU,1994). Esto implica que existe una subordinación de las problemáticas de las encuestas a intereses políticos, y que “ello determina con fuerza a la vez el significado de las respuestas y el que se atribuye a la publicación de resultados” (BOURDIEU,1994). Significa entonces que, para el autor, los sondeos de opinión son mecanismos que buscan dar el efecto de consenso. Con este propósito entran en juego algunas operaciones como la de ignorar las no-respuestas. Eliminar las no-respuestas tiene una implicación importante en el momento de analizar “lo que significa la pregunta así como sobre la categoría considerada” (BOURDIEU,1994), dado que cuanto más tensiones le genere una pregunta “más frecuentes serán las no respuestas dentro de esa categoría” (BOURDIEU,1994) de encuestados.

Uno de los imperativos, opina Bourdieu, en el momento de estudiar una encuesta es “preguntarse a qué pregunta creyeron contestar las diferentes categorías de personas encuestadas” (BOURDIEU,1994), teniendo en cuenta que no hay pregunta que no sea susceptible de ser reinterpretada conforme los intereses de las personas a quienes se les hace. Para algunos, por ejemplo, un problema puede ser de índole política, mientras que para otros puede ser de tipo moral. Esta variación en la percepción de un problema depende de la competencia política, del estrato social, del grado de escolaridad, del ethos de clase… Esto desde luego genera respuestas de género distinto, por lo cual la suma arbitraria de estas dentro de un artefacto como la encuesta constituye un absurdo. El autor identifica, de acuerdo con lo anterior, como defectos de las encuestas el hecho de que las preguntas que se formulan no son las que se hacen las personas de manera natural, asimismo, no se interpretan las repuestas “en función de la problemática en relación con la cual han respondido las diferentes categorías de encuestados” (BOURDIEU,1994).

Bourdieu cree que las encuestas de opinión son incapaces de captar “los movimientos de la opinión” (BOURDIEU,1994), debido a que los aprehenden en situaciones artificiales. El sondeo insta a que el sujeto exprese de manera aislada su opinión. Por el contrario, Bourdieu arguye que los individuos se encuentran ante opiniones que ya han sido formuladas por ciertos grupos, de modo que tomar una opción equivale a elegir a uno de ellos. En resumidas cuentas, para el autor “las opiniones son fuerzas y las relaciones de opiniones son conflictos de fuerza entre grupos” (BOURDIEU,1994).

Si la opinión pública no es el producto de una encuesta, ni mucho menos un tribunal de justicia como lo define sin fortuna Noelle-Neumann, ¿entonces qué es? La opinión pública es, a mi juicio, un discurso de legitimación de un orden social y de unas relaciones de dominación. La teoría de Bourdieu acerca de la legitimación respalda esta premisa. El sociólogo aduce que “cualquier ejercicio de fuerza viene acompañado por un discurso que está dirigido a legitimar la fuerza de aquel que la ejerce” (BOURDIEU,1994). En otras palabras, la opinión pública es el recurso mediante el cual se da la idea de que existe un consenso. Por medio de él se puede “legitimar una política y reforzar las relaciones de fuerza que la fundan o la hacen posible” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). En Introducción elemental a la obra de Pierre Bourdieu la legitimidad es “el proceso por el cual un dominante –que a su vez hace el objeto– comunica –de la parte de los dominados– un reconocimiento en el doble sentido del término: de una parte, su poder es reconocido, es decir, admitido, aceptado y justificado. De otra parte, los dominados también son reconocidos por la dominación misma en cuanto a sus contribuciones en la relación” (MORENO y RAMÍREZ, 2003).

Adicionalmente, en la relación de dominación es necesario que cada quien crea que ocupa el lugar que le corresponde, y que “los ocupantes de las posiciones dominantes (sean) considerados como servidores de intereses generales” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). Aquí es donde la opinión pública se desempeña como un discurso de legitimación del orden social y de las relaciones de dominación, al dar la ilusión de que un sujeto o una política cuenta con el respaldo de las mayorías. Esta dominación se manifiesta en el plano simbólico y no es necesariamente explícita, en tanto puede disimularse hasta hacerse imperceptible o hasta volverse aceptable y deseable.

Por un discurso de legitimación efectivo debe circular “un conjunto de representaciones, religiosas, míticas, políticas y demás, relativas a la realidad –sociedad, naturaleza, universo, etc.– que comparten tanto dominantes como dominados” (MORENO y RAMÍREZ, 2003). Paradójicamente el texto de Noelle-Neumann da un ejemplo que puede ilustrar cómo esa constelación de representaciones comunes es el principal mecanismo para la legitimación del poder. La autora hace mención de El Príncipe (1514), donde Maquiavelo plantea que son pocos los que se ven directamente afectados por un gobierno. Sin embargo,

“todos lo ven, y todo depende de que parezca, a ojos de quien lo ve, poderoso y virtuoso. ‘Al vulgo le guían las apariencias’. ‘No es, pues, necesario que el príncipe tenga todas cualidades deseables [misericordia, fidelidad, humanidad, sinceridad, religiosidad, etc.], pero sí mucho que pareciera tenerlas’” (NOELLE-NEUMANN, 1995).

Son esas ‘cualidades deseables’, que son comunes en el ideario de la relación de dominación, las que terminan integrándose al discurso de legitimación. Por tanto, en una sociedad como en la que vivía Maquiavelo, un gobierno debía justificar sus acciones políticas a través de discurso de moralidad y religiosidad. Paralelamente, en una sociedad occidental como la nuestra, dichas acciones deben estar enmarcadas y legitimadas por un discurso democrático e institucional, el cual puede ser artificialmente forjado por medio de encuestas, además de otras fuentes posibles de aquello llamado opinión pública (la academia, los medios de comunicación, las movilizaciones sociales, etc.). Esto nos lleva a pensar que la diferencia entre la opinión pública y esas ‘cualidades deseables’ de las que hablaba Maquiavelo es que la primera corresponde a un valor democrático contemporáneo, mientras que las segundas se tratan de valores morales del medioevo. Lo anterior parece señalar que la opinión pública es un discurso de legitimación, un eco distorsionado que los dominantes en las relaciones de poder disfrazan como la voz del pueblo, como la voz de dios.

Referencia Bibliográfica
BOURDIEU, Pierre (1994). La opinión pública no existe. En: Sociología y Cultura. México: Grijalbo.

MORENO, Álvaro y RAMÍREZ, José. (2003). Habitus. En: Introducción elemental a la obra de Pierre Bourdieu. Bogotá, Colombia: ILAE

NOELLE-NEUMANN, Elisabeth (1995). ¿Qué es la opinión pública? En: La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social. Barcelona, España: Edición Paidós

Marco jurídico para la Paz, Participación política y Justicia transicional

Por Jorge Acero Portilla.

¿De qué manera la aprobación del Marco Jurídico para la Paz y el acuerdo del Punto de Participación Política pactado en las Negociaciones de Paz en La Habana afectaría la administración de justicia, la garantía de no repetición, la búsqueda de la verdad, la construcción de la memoria y la reparación de las víctimas del conflicto armado en Colombia?

El 19 de junio de 2012 el Senado colombiano aprobó el Marco Jurídico para la Paz. Un año más tarde, en noviembre 6 de 2013, mediante comunicación oficial desde la Habana, Cuba, se informó que las partes negociadoras (la Delegación del Gobierno y las Farc) habían llegado a un acuerdo en el segundo Punto del Proceso de Paz, el cual aborda la Participación en Política de las Farc. Ambos elementos hacen parte del esfuerzo del Estado colombiano por embarcarse en un proceso de reajuste institucional que permita la finalización del conflicto armado, o al menos la finalización de hostilidades contra uno de los actores que intervienen en él; en este caso las Farc.

En primer lugar, el Marco Jurídico para la Paz es la referencia legal para el tratamiento jurídico que tendrán los guerrilleros de las Farc desmovilizados, una vez se reintegren a la vida civil. Este Marco introduce los artículos transitorios 66 y 67 a la Constitución, mediante los cuales se establecen las “prioridades y la selección de casos correspondientes a los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra; la renuncia condicionada a la persecución judicial penal de todos los casos no seleccionados; y la suspensión de la ejecución de penas seleccionadas” (ver).

El acuerdo sobre Participación Política consta de 15 puntos, pero queremos situar nuestra atención en los siguientes:

9. “Se harán cambios institucionales para facilitar la constitución de partidos políticos y el tránsito de organizaciones y movimientos sociales con vocación política para su constitución como partidos o movimiento políticos.

10. Se darán apoyos especiales a los nuevos movimientos que se creen en la fase de transición.

14. Habrá “un sistema integral de seguridad para el ejercicio de la política”, en especial para el nuevo movimiento política que surja de las FARC (ver).

Sin embargo, estas herramientas no se ajustan adecuadamente al concepto de Justicia Transicional, en tanto que en sus fundamentos desconocen en buena medida los principios y medidas que garantizan la no impunidad y la no repetición de las violaciones de derechos humanos. Para sostener esta afirmación debemos entender en primer lugar qué es la Justicia Transicional y, en segundo lugar, los pilares en los cuales se apoya. Para Jorge Errandonea, la Justicia Transicional es “aquella disciplina que pretende aportar soluciones y herramientas a las sociedades para enfrentar un legado de violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar en un momento determinado de la historia (puede ser reciente o más lejano) para llegar a una reconciliación nacional, para reparar a la víctimas y para lograr una convivencia pacífica en la cual no se vuelvan a repetir los mismos hechos” (ver). Asimismo, los pilares o mecanismos de los que se sirve esta disciplina son: la justicia retributiva, la búsqueda de la verdad, la reparación de las víctimas y la reforma institucional del Estado para garantizar la no repetición.

Aquí empezamos a dilucidar que, tanto el Marco para la Paz como el Acuerdo de Participación Política, dejarían insatisfechas la necesidad de justicia, verdad, prevención y reparación para las víctimas. Por un lado, el Marco abre una preocupante brecha judicial que tiene tintes de Amnistía, dado que los crímenes de lesa humanidad cometidos por las Farc podrían ser condonados, tal como lo establecen los artículos temporales 66 y 67 de la Constitución Política. Una crítica importante que puede hacérsele al Marco tiene que ver con la violación de pactos internacionales, entre ellos el Estatuto de Roma, que prevé la persecución, investigación y castigo efectivo para los responsables de crímenes atroces.

Ya en tres ocasiones en menos de un año, la Fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda, se ha manifestado en contra de dicho Marco. En noviembre de 2012, mediante el documento Situación en Colombia: Reporte Medio (ver), la Fiscal destaca el esfuerzo de la justicia colombiana en la condena en ausencia de guerrilleros por crímenes tipificados en el Estatuto de Roma. De igual manera, en ese mismo texto comunica su honda preocupación por la posibilidad que suscita el Marco de convertir a la justicia colombiana en una justicia inauténtica e ineficaz, dado que los procesos en contra de los crímenes de lesa humanidad no tendrían castigo.

La segunda intervención de la Fiscal tuvo lugar el 26 de julio de 2013 (ver) por petición de la Corte Constitucional, que buscaba un concepto de la CPI. Bensouda, a través de una carta dirigida al presidente de la Corte Constitucional, advirtió que no emitir una condena en contra de los perpetradores de crímenes graves, al igual que la no investigación y enjuiciamiento, equivale a una negación de la justicia y su descrédito. La Fiscal recordaba que el Estatuto de Roma, al igual que otros acuerdos internacionales, proscriben el dictamen de condenas inadecuadas que no tengan en cuenta la naturaleza de los crímenes perpetrados por los responsables, así como su forma de participación en los mismos, ya que esto invalidaría el proceso de justicia nacional. Y la Fiscal considera en inadecuadas, todas aquellas condenas que redunden en la suspensión de la pena de prisión para aquellos sujetos que se consideran con mayor grado de responsabilidad en la ejecución de crímenes de guerra y de crímenes en contra de la humanidad.

En la tercera declaración de la Fiscal, también a través de una carta fechada el 7 de agosto de 2013 y dirigida al presidente de la Corte Constitucional, señaló que seleccionar los casos de mayor responsabilidad en las violaciones de DDHH crea una “brecha de impunidad”. Esto implicaría que el Estado colombiano está en la obligación de investigar y castigar todos los crímenes tipificados en el Estatuto de Roma. De igual manera, desvirtuó el principal argumento que los defensores del Marco esgrimían para el sustento de esta selección de crímenes. Según este razonamiento, es lícito la elección de los crímenes emblemáticos y más graves que deberán ser juzgados, dado que el sistema judicial no daría a basto si se contemplara el juicio de la totalidad de ellos. Además, se trataría de la misma estrategia que emplea la CPI y otras cortes internacionales. A esto respondió la Fiscal Bensouda con la declaración de que tal recurso de selección “no debe interpretarse como una autoridad, precedente o directriz para interpretar los parámetros de las obligaciones jurisdiccionales internas” (ver). O en resumen: ninguno de los crímenes cometidos por las Farc debe quedar sin castigo.

Queda claro que el Marco para la Paz no tiene como referencia las leyes internacionales ni se articula con ellas en la administración de justicia. Lo anterior atenta contra la preeminencia del Ius cogens, cuya definición está consolidada en el artículo 53 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969: “una norma imperativa de derecho internacional general... aceptada y reconocida por la comunidad internacional de Estados en su conjunto como norma que no admite acuerdo en contrario y que sólo puede ser modificada por una norma ulterior de derecho internacional general que tenga el mismo carácter” (ver). En consecuencia, la pretensión de no punición que está expresada en el Marco Jurídico para la Paz va en contravía del Estatuto de Roma firmado y ratificado por Colombia, el cual asevera con claridad que los crímenes contra la humanidad son imprescriptibles y no admistiables.

En la carta del 26 de julio de 2013, la Fiscal Bensouda admite la posibilidad de una reducción -mas no una suspensión- de las penas, sólo bajo la circunstancia particular de que “el perpetrador cumpla condiciones de desmovilización y desarme, garantice la no repetición de los hechos delictivos, reconozca su responsabilidad penal, participe plenamente en los esfuerzos por establecer la verdad sobre los delitos más graves. Estas circunstancias sumadas a la prohibición de participar en la vida pública, podrían justificar la reducción de la pena, siempre que la condena inicial sea proporcional a la gravedad del crimen” (ver).

Encontramos aquí un punto de tensión entre las condiciones estipuladas por la Fiscal de la CPI, dentro del marco legislativo internacional del Estatuto de Roma, para el sometimiento de los victimarios a la ley y el Acuerdo de Participación Política convenido en La Habana. Para que un proceso de Justicia Transicional sea apropiado -y en alguna medida exitoso- no puede haber ni impunidad ni participación en la esfera pública por parte de los perpetradores de crímenes de lesa humanidad. Tanto el Marco como el Acuerdo, propician un escenario adverso para la reparación integral de las víctimas. Los cambios institucionales que debería emprender el Estado tendrían que ir en dirección de una Justicia Retributiva que satisfaga la demanda social de respeto a los Derechos Humanos, verdad y justicia, cambios sociales para la paz -que incluyan cambios socioeconómicos-, reparación y resarcimiento a las Víctimas.

El vetting es una herramienta que la Justicia Transicional plantea y que el Estado colombiano debe implementar concienzudamente, con el propósito de sanear de la administración y de los cargos públicos a aquellas personas que, teniendo en cuenta su actuación delictiva pasada, pueden ejercer o incitar a la violación de los Derechos Humanos desde sus posiciones de privilegio. El vetting, asimismo, debe emplearse para evitar que integrantes de las Farc y de otros grupos al margen de la ley lleguen a ejercer cargos públicos, dado que podrían entorpecer el desarrollo de procesos judiciales y evitar así el esclarecimiento de la verdad. Una conclusión que podemos colegir de lo anterior es que la Participación en Política de las Farc es contraproducente para las garantías institucionales de no repetición de violaciones a los Derechos Humanos.

Por otro lado, visto desde la perspectiva de la disciplina victimológica, el fenómeno de la Particpación en Política de las Farc suscitaría unas condiciones de revictimización. Aquí vale recapitular dos conceptos de la Victimología, a saber: la Victimización Primaria y la Victimazación Secundaria. Siguiendo al Licenciado en Psicología y Criminología César Augusto Giner, “la victimización primaria se centra en las consecuencias iniciales del delito, tanto en las de índole física como psicológica, social y económica (consecuencias objetivas); en la experiencia individual de la víctima (consecuencias subjetivas); y en la respuesta social al padecimiento de la víctima (tanto a nivel preventivo como en el resarcimiento de daños)” (ver). En ese orden de ideas, se hace notorio que la etapa de la respuesta social en la Victimización Primaria se vería obstaculizada por la falta de una condena judicial a los perpetradores de crímenes graves y por su participación en la vida pública.

En segundo término, la Victimazación Secundaria “nace fundamentalmente de la necesaria intersección entre un sujeto y el complejo aparato jurídico-penal del Estado. Consecuentemente, la victimización Secundaria se considera aún más negativa que la Primaria porque es el propio sistema el que victimiza a quien se dirige a él pidiendo justicia y porque afecta al prestigio del propio sistema. La Victimización Secundaria abarca las relaciones de la víctima con el sistema jurídico-penal, estudia en qué medida la relación de la Víctima con el sistema de justicia ha aumentado la victimización” (ver). De esta definición podemos intuir el riesgo que correrían las Víctimas que acuden a la justicia, ya que el aparato judicial se vería entorpecido o influenciado por los Victimarios que entonces ocuparían importantes lugares de poder en la esfera pública.

El anhelo de paz de diferentes sectores de la sociedad colombiana y algunas motivaciones políticas pueden ser los acicates primordiales para la consolidación de estrategias tendientes a brindar un clima propicio para la desmovilización de los grupos al margen de la ley. Parece ser que el Marco y el Acuerdo de Participación son condiciones sin las cuales no sería posible un acuerdo más general que dé fin al conflicto. No obstante, como hemos visto, los fundamentos jurídicos de estos dos elementos transicionales son contrarios al Estatuto de Roma y, por tanto, son viciados de nulidad.

Es claro que en condiciones de impunidad una sociedad no puede garantizar la consolidación del resto de pilares de la Justicia Transicional. Una reconciliación nacional no puede pensarse sin la sanción social de los culpables ni el reconocimiento de sus acciones criminales y la debida reparación a las Víctimas. Cualquier avance en este sentido se verá minado por la actitud de las Farc de no reconocerse como victimarios. De ahí se deriva la postura de no aceptar a nadie como Víctima de sus acciones. De acuerdo con el relato o reconstrucción histórica que elabora este grupo armado, son ellos los que ocupan el lugar de víctimas del terrorismo de Estado.

Más allá de que hay hechos históricamente verificables que sustentan hasta cierto punto el relato de persecución militar y político del que da cuenta las Farc, es preciso anotar el evidente sesgo que esta visión histórica supone. Por ello se hace necesaria una construcción de la memoria del conflicto equilibrada, cuya elaboración esté a cargo no sólo del gobierno o de las Farc, sino de las víctimas, ONGs, historiadores, académicos y el resto de la sociedad civil. Esta versión reconciliadora otorgaría una valoración justa a las acciones de los actores en conflicto y reconocería el lugar simbólico de sus Víctimas. De nuevo veremos aquí la necesidad de la búsqueda de la verdad y del acceso a la justicia efectiva de quienes han sido vulnerados en sus derechos, todo lo cual resulta impensable si no se plantean medidas punitivas acordes a los delitos cometidos.

Otro aspecto que habrá que evaluar es la manera en que las Farc pretenden participar en los medios de comunicación estatal o de naturaleza privada. Hasta ahora el Acuerdo de Participación en Política no permite dilucidar este punto, dada la vaguedad y generalidad del comunicado del 6 de noviembre. En ese sentido el texto expresa:

4. Se abrirán espacios en medios de comunicación institucionales y regionales para las propuestas de fuerzas políticas y movimientos sociales (ver).

El peligro que podemos atisbar con la apertura de espacios de comunicación institucionales y regionales a las Farc, sin haber concretado las condiciones y reglas precisas para el uso de estos medios, tiene directa relación con el valor de la memoria. Corremos el riesgo de que esta se distorsione a favor de los Victimarios y se incurra en justificaciones de los crímenes o se responsabilice a las Víctimas por la violencia.

Ahora bien, hay que aclarar que uno de los principios que rige a las Negociaciones en La Habana es “nada está acordado hasta que todo está acordado”, lo cual implica que aún no se cristalizan muchos de los puntos que conforman la agenda de negociación, incluyendo el relacionado con la reparación de las Víctimas del conflicto (punto 5). De cualquier manera, no deja de ser preocupante que estas disposiciones -así sean expresadas términos generales- no incluyan un acentuado enfoque Victimológico.

En conclusión, las disposiciones generales del Acuerdo de Participación en Política y del Marco para la Paz no dejan de preocupar, en tanto que los fundamentos de la Justicia Transicional exigen que haya punición en los casos de crímenes en contra de los Derechos Humanos. El primer reconocimiento y la primera reparación a las Víctimas de estos crímenes debe ser la condena de sus victimarios. Este ese erige como uno de los primordiales pasos de sanación social.

Finalmente, el Acuerdo de Participación Política y el Marco para la Paz crean un amplio margen de impunidad, ya que no se ajustan al Estatuto de Roma, y no garantizan el principio de no repetición, de modo que no contribuye en la satisfacción de la demanda social de respeto a los Derechos Humanos, de justicia, de paz, de reparación y resarcimiento de las Víctimas. Sin una justicia efectiva y auténtica, articulada en armonía con los pactos de justicia internacionales, no es posible una reconciliación nacional.

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