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martes, 10 de mayo de 2016

¿Es la impunidad el precio de la paz en Colombia?

Por Alejandra Galindo Ceballos.*

Como sabemos, la búsqueda de una salida negociada al conflicto armado en Colombia ha sido una constante con poco éxito durante décadas, sin embargo, durante los últimos treinta años hemos sido participes de las distintas fases de negociación política que se han llevado a cabo con grupos guerrilleros y paramilitares. Al igual que en otros países, concretar un Acuerdo de Paz que involucre a todas las partes del conflicto, resulta ser una tarea ardua, aún más si se trata de definir las estrategias de justicia transicional; Colombia, podría decirse que cuenta con experiencia en la cuestión, debido a que entre el año 2005 y la fecha, se han formulado políticas públicas, expedidas leyes y puesto en práctica los mecanismos de justicia transicional en justicia penal y rendición de cuentas para la desmovilización ,en ese entonces de las denominadas “AUC” (Autodefensas Unidas de Colombia)

A pesar de lo mencionado anteriormente, el modelo de justicia transicional que se imponga en este proceso de paz debe acompañado por mecanismos que narren la verdad, así como defiendan la construcción de memoria histórica ,aunque el compromiso renovado por mejorar la gobernabilidad seguramente se verá nublado ante los intereses mezquinos y la controversia política.

Las FARC-EP han manifestado en varias ocasiones que no están en la Habana para ir a la cárcel, por lo que cabe preguntarse si ¿están preparados para asumir los costos de un modelo integral de justicia transicional?

En respuesta a este cuestionamiento , tenemos dos panaromas por lo pronto. De un lado, la agenda de negociación de la Habana, no menciona con claridad los aspectos claves en justica transicional, ni los mecanismos para establecer responsabilidad penal individual y reparación, ni mucho menos los estándares nacionales e internacionales para satisfacer los derechos de las víctimas.

Por otro lado, las FARC-EP han logrado que no haya privación de la libertad , lo cual pone en peligro la sociedad civil en la medida en que no entreguen las armas. Todo esto aludiendo al principio de “rebelión” el cual es legítimo; empero, dicho principio encierra a quienes estén armados y tengan una pretensión política de cambiar el estado de las cosas . Ahora bien, no logro recordar ¿Cuál ha sido la pretensión política de las FARC-EP durante décadas? , pero si tengo presente que se han valido del terror, la extorsión, el secuestro, narcotráfico y homicidios para sostenerse.

En este orden de ideas ,el Acuerdo de Justicia Transicional enviado por la Procuraduría a la Fiscal de la Corte Penal Internacional, en el mes de enero, demuestra que no existen penas adecuadas, ni proporcionales a la gravedad del crimen cometido, sino sanciones simbólicas y manifiestamente groseras que ponen a Colombia en un intercambio de delitos sin ninguna garantía. Queridos lectores, que no se les olvide que sin justicia es imposible alcanzar la paz, la justicia transicional debe ajustarse al Estatuto de Roma por medio del cual se impongan penas equiparables a los delitos cometidos.

Ya sé, los colombianos estamos mal acostumbrados a transar con bandidos, permitimos que nuestro aparato judicial siga siendo socavado, que en nuestra cultura “el crimen page bien”, y que nos toque mamarnos a un montón de parásitos que jamás han contribuido al desarrollo de nuestro país, solo porque nos tienen convencidos de que la forma correcta de negociar es como se hace hoy en la Habana. La mentira tiene un gran poder de dominación.

* Publicado en el 10 de mayo de 2016 en ReEditor (ver)

miércoles, 29 de mayo de 2013

Los medios de comunicación como generadores de violencia. Una problemática y sus posibles consecuencias

Por Jhosef Eduardo Meza Cuesta.
Estudiante de Ciencia Política
Universidad Nacional de Colombia – Sede Bogotá D.C.

BETTO CARTOON - NarconovelasUn debate, de muchos que se han presentado en nuestro país hasta ahora. Casi siempre han tratado temas como la inclusión en la política, el conflicto armado, la economía nacional, etc. Este, sin embargo, es relativamente reciente; puede que se haya tratado tangencialmente desde hace muchos años, pero su connotación ha sido muy grande por lo menos en los últimos cinco o seis años, y gigantesca desde 2011 hasta ahora. Se trata de los medios de comunicación como generadores de violencia. Se puede hablar de varios medios en específico que pueden constituirse como tales, pero la televisión y sus contenidos, y especialmente los que se producen en Colombia, es un tema que está generando bastante controversia y puede tener consecuencias a corto y largo plazo en la realidad del país. Además, la televisión, debido a su cobertura y su gran influencia entre las masas hace que sea el medio de comunicación por excelencia que promueva la violencia, sin decir que otros medios como la radio y el internet no lo hagan.

El debate en torno a los contenidos violentos transmitidos por televisión tiene, como casi todas, dos partes: una, que sostiene que los medios de comunicación no pueden ser generadores de violencia por varias razones: uno, porque los programas que tienen contenidos violentos han sido hechos para “reflejar” la realidad del país; dos, su carácter investigativo hace que la temática que se trata sea mucho más seria y relevante; tres, las audiencias son “libres”de escoger los contenidos televisivos que quieran consumir y los que no. A pesar de que estos argumentos han sido defendidos fuertemente por los canales privados de televisión que hay en Colombia (Caracol y RCN), hay que sostener que los contenidos televisivos son generadores de violencia, especialmente si se toman en cuenta las fallas de los argumentos dados por dicha parte y lo que en realidad puede ocurrir con la televisión.

Primero que nada hay que decir específicamente cuales son los programas de televisión que pueden generar violencia: a lo largo de los últimos cinco años se han caracterizado mucho las narco-novelas que, como su nombre lo dice, tratan sobre el narcotráfico, y aunque cada programa puede presentar diferencias respecto a otras, básicamente tratan de eso; los realities show, en los que se puede evidenciar relaciones de poder y de conflicto mas que de sana convivencia; los noticieros de televisión –no todos- y los programas que se insertan dentro del genero periodístico de la crónica roja que generalmente transmiten información acerca de violaciones, asesinatos, robos, secuestros, etc.; y un tipo de programa que ha tomado relevancia en las últimas semanas conocido como para-novela que trata acerca del fenómeno del paramilitarismo en Colombia.

¿Por qué considerar que las fallas argumentativas de los “privados” pueden sostener que los contenidos expuestos generan violencia? Simplemente porque no explican como tal por qué dichos contenidos no generan violencia sino que apelan a otras cosas para defenderse como las expuestas anteriormente. Los argumentos expuestos por los contradictores, que van desde intelectuales reconocidos hasta blogueros, si toman en cuenta las potenciales y posibles consecuencias de su transmisión. Los más relevantes a considerar a corto plazo son: uno, en el caso de las narco-novelas, se legitima dentro de la población el accionar criminal y el comportamiento de las mafias del narcotráfico, y peor aún, se toma en cuenta a sus protagonistas como ejemplo a seguir[1]; en el caso de los realities show, debido a que se evidencian relaciones conflictivas, la gente sin criterio podría asumir que los objetivos que se proponen deben alcanzarse mediante prácticas que pueden ser tanto conspirativas como violentas[2]; en el caso de la crónica roja, se puede promover el pensamiento y comportamientos morbosos de la gente, que puede degenerar en violencia también; y en el caso de las para-novelas, se puede crear una imagen estereotípica de las personas que supuestamente hacen daño al país, como los estudiantes y profesionales de las ciencias sociales, los miembros de las universidades públicas y los grupos políticos de izquierda democrática, y por extensión a todo aquel que esté en contra del orden establecido en Colombia[3]; y una que se puede evidenciar actualmente, es que se refuerza el estereotipo del colombiano como mafioso, delincuente y asesino por parte de los extranjeros que ven los contenidos que se exportan a varios países de América Latina[4].

A largo plazo surgen varias consecuencias que pueden volver turbio el futuro del país: el principal podría ser el acrecentamiento de los niveles de violencia, así tenga o no éxito el proceso de paz con las guerrillas, debido a que nuestra generación y las futuras empezarán a adoptar la consecución de los objetivos por cualquier vía posible como legitima y el comportamiento violento como paradigma[5], por lo que engrosarían los ejércitos privados de la mafia o del paramilitarismo, o incluso formarían sus propios grupos ilegales; una segunda consecuencia a largo plazo sería la pérdida de legitimidad de los verdaderos lideres del país, provocando, en el menos peor de los casos, el fracaso de proyectos de modernización política y social porque no tienen la suficiente acogida, o en el peor de los casos, la persecución violenta de las personas que estén detrás de dichos proyectos al considerarlas como parte de la guerrilla[6]; como consecuencia de esto último, la imposibilidad de una modernización política, social y cultural del país, lo que acrecentaría las consecuencias anteriormente mencionadas.

Cuando se ha leído lo anterior, cualquiera se preguntaría porque ocurre esto. Solo hay una respuesta: dinero. Gracias a que los canales privados de televisión dependen financieramente de las pautas publicitarias y están controladas por oligopolios económicos que compiten entre sí[7] –el caso colombiano no es la excepción- que hacen tanto empresas privadas como movimientos políticos y el mismo Estado deben producir y transmitir contenidos que sean susceptibles de ser vistas por la mayoría de la población. Debido a que la gente, especialmente de los estratos bajos, no tiene suficiente discreción y criterio para seleccionar los contenidos televisivos, termina cayendo en esta lógica mercantilista y termina viendo cualquier cosa que se transmite, sin tomar en cuenta las consecuencias que esto puede traer no solo para las personas que los ven sino para la sociedad en su conjunto. ¿Por qué no transmitir contenidos culturales como documentales interesantes, o los viejos programas musicales que había hace muchos años, o educar desde la televisión para la convivencia y la paz? Porque simplemente no es rentable, y nada más.

En estos meses se han visto propuestas de solución a problemática que en cierto modo han dado resultado. Lo que hay que resaltar mucho y antes que lo demás es que el debate ya se está dando y debería llegar a ser un asunto político porque debe involucrar al Congreso de la República y a las autoridades competentes –como la Autoridad Nacional de Televisión-[8]. Una propuesta cuyo resultado desconozco es la de no hacer publicidad de ningún tipo durante la transmisión de dichos programas para impedir que los canales transmisores generen ganancias; es una buena propuesta porque eso les constituiría una pérdida significativa, pero considero que eso no es suficiente. Se necesitan medidas radicales y estructurales.

Para evitar que estas consecuencias se den, se debería hacer lo siguiente:

  • Educación para el televidente: no solo los estudiantes de educación básica y media, sino también los adultos deberían ser educados para ver televisión, creando así una conciencia crítica acerca de los contenidos que se transmiten en la televisión y promoviendo a su vez una televisión que aporte algo bueno a la sociedad.

  • Legislación nacional: es cierto que la Constitución de Colombia prohíbe la censura, pero lo que si podrían hacer el Congreso de la República y la Autoridad Nacional de Televisión es regular los contenidos que se transmiten en televisión, haciendo que algunos canales que incumplen las normas sean sancionadas debidamente.

  • Promoción de contenidos: el Gobierno Nacional y los canales privados de televisión deben promover contenidos sanos como programas de sano entretenimiento, programas culturales, entre otros, para la población, dejando de un lado las lógicas de mercado que promueven producciones mediocres y que promueven la violencia y tomando en cuenta las potencialidades que tiene la promoción de contenidos.

  • El papel de los actores sociales: la academia, los padres de familia verdaderamente interesados en el problema, las múltiples iglesias cristianas, otros grupos religiosos, los políticos y los gremios económicos deben actuar en conjunto para generar el debate, dando argumentos que permitan su solución y haciendo propuestas para crear una televisión sana que permita el fortalecimiento de la sociedad y no su fragmentación.

Notas

[1] LARA RESTREPO, Rodrigo. “Lo que va de un reality show a una medalla olímpica” en: http://www.elespectador.com/opinion/columna-369226-va-de-un-reality-show-una-medalla-olimpica. Fecha de consulta: 6de Abril de 2013.

[2] CELY ULLOA, Rafa. “Un país de caínes”, en: http://www.elespectador.com/entretenimiento/arteygente/medios/articulo-411588-un-pais-de-caines. Fecha de consulta: 6 de Abril de 2013.

[3] “Serie de TV sobre los Castaño molesta a la Universidad de Antioquia” en: http://www.eltiempo.com/colombia/medellin/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12672360.html. Fecha de consulta: 6 de Abril de 2013.

[4] VELASCO, Luz Adriana. “Narco novelas, en el ojo del huracán” en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3860636. Fecha de consulta: 6 de Abril de 2013.

[5] Cely Ulloa, Rafa. Óp. Cít...

[6] “Serie de TV sobre los Castaño molesta a la Universidad de Antioquia”, en: Óp. Cít.

[7] SARTORI, Giovanni. Homo videns. La sociedad teledirigida. Madrid (España), Santillana S.A. Taurus, 1998.

[8] DÍAZ BOHÓRQUEZ, Juan Camilo. “Los caínes de la televisión colombiana” en: http://www.eltiempo.com/blogs/padres_del_hoy/2013/04/los-caines-de-la-television-co.php. Fecha de consulta: 6 de Abril de 2013.

miércoles, 20 de julio de 2011

Entrevista a PhD. Bruce Bagley en la Universidad Icesi

Columnista A.oflodA.

Entrevista al profesor Bruce Bagley PhD, en ciencias políticas de la Universidad de California, profesor de la Universidad de Miami y Especialista en las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica con énfasis en el tráfico de drogas y los problemas de seguridad, visitó la Universidad Icesi los pasados miércoles 22 y jueves 23 de junio, para exponer sobre "Estados Unidos y el Hemisferio Occidental" y "El tráfico de drogas como un problema de la política internacional".

Además, realizó la presentación del libro: "La desmovilización de los paramilitares en Colombia. Entre el escepticismo y la esperanza" (ver), el cual fue compilado junto a Elvira María Restrepo, profesora de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami, y en el que hace un profundo análisis al proceso de desmovilización de los paramilitares en Colombia y del marco jurídico que lo regula.

Entrevistador: Vladimir Rouvinski Post-Doctorado, Instituto de Estudios para la Paz, Universidad de Hiroshima. Ph.D y Máster, en Ciencia Política, Universidad de Hiroshima. Máster y Licenciado en Historia de Relaciones Internacionales, Universidad Estatal Irkutsk, Rusia. Además, es el Director del Centro de Investigaciones de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (CIES), Universidad Icesi.


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