Mostrando entradas con la etiqueta Justicia social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Justicia social. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Cuando la raza importa por el racismo

Por Lina Jaramillo.
Politóloga e Innovadora social en formación. Parte del equipo del Centro de Estudios Afrodiaspóricos de la Universidad Icesi.

Debo decir que me encantan los lugares públicos en los que puedo escuchar conversaciones ajenas. No me enorgullece hacerlo, pero en mi cabeza lo pienso como un ejercicio de etnografía cotidiana para entender el mundo. Es que los seres humanos somos complejos, llenos de matices, cargamos con un pasado y a veces siento que no nos esmeramos por construir un mundo más sensato para el futuro. Estaba sentada en un café esperando a encontrarme con un amigo. Me senté en las mesitas de afuera del local para prender un cigarrillo. Entraron dos señoras de mediana edad con aspecto juvenil. Eran mujeres mestizas (aunque seguro ellas se autodenominaban blancas), ambas emperifolladas de arriba abajo, con carteras de marca de quinta avenida que apuesto compraron en el barrio chino de Nueva York. Una de ellas, estaba impaciente porque no las atendían, el café estaba lleno, quedaba en una zona concurrida del oeste de Cali. Entre las meseras, había una mujer joven afro, con trenzas largas y bien peinadas. Era una mujer guapa. Una de las mujeres, mestiza y con el cabello rubio, le decía a la otra mujer que le hacía señas a la mesera afro: -no, no llamemos a la negra. Llamemos a la que esta en la barra mejor-. La señora le preguntó que por qué no llamaban a la mujer afro que estaba más cerca de su mesa. Y esta le contesto: -ayyy, porque estoy aburrida de esos negros. Te acordás de María? La muchacha de servicio de mi mamá? Pues si vieras como me contestó el otro día que fui a la casa de mi mamá, sólo porque le dije que se acomodara bien ese pelo. Es que ya no se les puede decir nada. Para mí que los racistas, son ellos. No uno-. Apenas la señora cambio de tema, yo sentí un zumbido en la cabeza que no me dejaba seguir escuchando y quede absorta en mis pensamientos, esperando que mi amigo llegará pronto. Recordé la película de Sembène, La Noire de..., en donde Diouna, una mujer senegalesa llega a Francia con el sueño de una vida cosmopolita y termina trabajando como empleada doméstica para una familia rica francesa que arrebata su sueño y su dignidad.

No puedo decir que a mi me duele igual que a las personas afro escuchar este tipo de barbaridades. No puedo ser tan ingenua y decir que siento lo mismo que ellos porque no es verdad. Pero sí puedo rechazar completamente esta clase de afirmaciones de cualquiera que todavía no pueda entender que la raza importa debido al racismo, como lo expresa Chimamanda Ngozi Adichie en su novela Americanah: “La raza no es biología; es sociología. La raza no es genotipo; es fenotipo. La raza importa debido al racismo. Y el racismo es absurdo porque tiene que ver con el aspecto de uno. No con la sangre que corre por sus venas. Tiene que ver con el tono de piel y la forma de la nariz, y los rizos del pelo”. Debemos dejar de decir que son los “negros” los racistas. Es como si repitiéramos esa frase para justificar a nuestros antepasados, o a nosotros mismos que todavía cargamos con ese lenguaje racista implícito en nuestra cotidianidad. Me avergüenza decir “nosotros” pero debo reconocer que en ese nosotros se encierran mis antepasados que me convierten en una persona mestiza. Claro está que yo lucho por erradicar de mí ese pasado del cuál no me enorgullezco ni un poquito. Me cuesta entablar una conversación con alguien que me diga que el tema de la raza es muy complejo. Claro que lo es, pero no podemos ser tan conformistas y huir de él. Todos los postmodernillos de hoy afirman no ser racistas porque tienen un amigo afro, o simpatizan con Obama, como si eso cumpliera su cuota antirracista, pero no estarían cómodos teniendo, por ejemplo, un jefe afrodescendiente.

Cómo me gustaría que esas dos mujeres supieran cuánto daño hacen esos comentarios, sencillamente porque siguen reproduciendo prácticas racistas de nuestros antepasados. No puedo decir que no distinguimos el color de piel o el pelo afro. Claro que lo hacemos, no somos ciegos y la diferencia es evidente. Pero cuan importante sería apreciar esa diferencia, no desconocerla. Aunque seamos diferentes por nuestros rasgos físicos o color de piel, ahí está la belleza de la diferencia. Necesitamos ser conscientes de ello, y de que hoy debemos garantizar la libertad de todos y todas, a desarrollar nuestras capacidades en igualdad de condiciones. O ¿por qué asumieron los jefes de Diouna que ella no podía vestir bien y comprar vestidos finos al llegar a Francia? ¿Por qué la condenan a servir en su casa como si implícitamente el ser afro la convirtiera en empleada doméstica?

Yo llevo pequeñas luchas en contra de la discriminación todos los días, bien sea en medio de reflexiones en reuniones familiares, en donde enseño a decir afro en vez de negro, o en mi trabajo en el Centro de Estudios Afrodiaspóricos. La mayoría de mis colegas son afrodescendientes y yo entro en el grupo de mestizos que trabajamos en un centro que se dedica a los estudios de la diáspora africana. Es curioso que cuando entré a trabajar al CEAF, llamaron al decano de la Facultad a la que se adscribe el Centro, a decirle que por qué me habían contratado para trabajar aquí si yo no era afro. También algunas veces cuando trabajo en espacios en donde la mayoría de las personas son afrodescendientes, algunas de ellas me miren con desconfianza, como si mi color de piel me imposibilitara trabajar en el Centro, creyendo que yo no merezco estar ahí. Yo he ignorado esos comportamientos, esas miradas, aunque me duelan a veces, por mi reafirmación constante de lo importante que es trabajar en el CEAF. No puedo culpar esas miradas de desconfianza, cuando seguramente esas personas recibieron las mismas miradas o peores, de personas con mi color de piel. Simplemente es injusto, aunque tampoco crea que las merezco porque yo no soy mi pasado.

Debo decir que a pesar de estos desencuentros, necesitamos seguir luchando por la reivindicación de los y las afrodescendientes, contra el racismo, las desigualdades e injusticias sociales. Las conversaciones y comportamientos de señoras como las del café, que quitan valor a la lucha constante en contra del racismo, una lucha histórica que debe estar abanderada también por nosotros, los que no somos afro, los que vemos más allá de las diferencias, a esos comentarios que aniquilan el espíritu. A entender también de donde viene la desconfianza ocasional de algunas personas afro por personas como yo, porque es también una lucha, al menos personal, de rechazar a nuestros antepasados que tanto daño ocasionaron. Creo honestamente en que debemos enriquecer nuestro espíritu, a no creer que el trabajo ya está hecho y que el racismo es cosa del pasado.

Tendremos mejores resultados en la construcción del mundo que caminamos a diario si nos apoyamos y complementamos entre nuestras diferencias.


domingo, 17 de mayo de 2015

Pal norte me voy. Migrantes ¿persiguiendo la libertad, el desarrollo y la justicia social?

La migración no es una anomalía, tampoco es positiva o negativa en sí misma. La migración es multicausal y para entenderla mejor es necesario considerar las motivaciones individuales y colectivas que llevan a migrar; los contextos particulares en los que se produce, y las estructuras socioculturales que incentivan o no la migración.

Por Luis Fernando Barón.
Laboratorio de Estudios Transnacionales
Universidad Icesi - Cali

“Lo más difícil de la migración es luchar contra la
incomprensión de la gente, la soledad y el silencio”
[1]

En el último año se han incrementado de manera exponencial las imágenes e historias de migrantes, tanto en los medios tradicionales como en los sociales (como YouTube, Facebook, Instagram). Así lo demuestran las fotografías y relatos de niños y jóvenes centroamericanos que viajan a Estados Unidos en busca de sus familias haciéndole el quite a la pobreza y la violencia; los retratos y narrativas de hombres, mujeres y niños del norte de áfrica que se embarcan por millares o naufragan en el Mar Mediterráneo huyendo de las guerras, el hambre y las pugnas culturales, o las dramáticas trayectorias de migrantes que, después de largas y traumáticas travesías, son deportados de Estados Unidos y de países europeos, debido a sus intentos reiterados por entrar a estos países sin los documentos legales que los autoricen.

De la misma manera en el último año se ha triplicado la presencia de migrantes indocumentados en Colombia. Además las estadísticas de la Unidad de Migración de muestran que el flujo migratorio en nuestro país ha aumentado, mostrando para el 2012 un aumento cercano al 18%, mientras que las estadísticas de la OIM (2013) revelan un incremento de más de medio millón en el número de colombianos que abandonaron el país en comparación al 2012, para un total de 4 millones 167 mil. Así, casos como como el de los ocho migrantes indocumentados de Ghana y Sudáfrica que fueron detenidos en Cali esta semana o de los números en aumento de los migrantes de Cali o Buenaventura hacia Chile, ya no parecen extraños en esta ciudad tan distante de las fronteras internacionales, pero tan cerca de los circuitos que pueden llevar a nacionales y extranjeros, principalmente, hacia Estados Unidos y Canadá, y en menor proporción a Perú o Chile. Y todos estos hechos nos llevan a preguntarnos ¿Y por qué migra esta gente? ¿Por qué están dispuestos a invertir inmensas cantidades de tiempo, dinero, e incluso la vida misma, para llegar a otro lugar que les ofrezca, real o fantasiosamente, una vida mejor?

En primer lugar, es importante aclarar que migrar es parte de la naturaleza humana. De acuerdo con los estudios disponibles, los humanos nos hemos movido de un lugar a otro, no solo como resultado de un asunto de sobrevivencia física o biológica, sino también como respuesta de nuestro carácter explorador y curioso. Migración también es producto de la búsqueda del placer que implica el movimiento, el cambio y la incertidumbre. Sin embargo, como afirma Castles (2010) “la utopía postmoderna de un mundo de movilidad sin fronteras no ha visto todavía la luz”, pues los cálculos mundiales muestran que sólo el 3% de la población global son migrantes, unos 85 millones de migrantes laborales, y entre 30 y 40 millones, son migrantes irregulares, es decir entre el 15% y el 20% del total (OIM 2008). De igual manera, como afirma Bauman (2008) el derecho a ser móvil no es para todo el mundo y es más selectivo y específico de ciertas clases y grupos sociales.

En segundo lugar, a pesar del sesgo negativo que se ha impuesto respecto a las migraciones, como un “problema social”, es importante tener en cuenta que los resultados e impactos de las migraciones son diferenciales, y tienen que ver con las visiones y expectativas de cada sociedad. Portes (2009), por ejemplo, ha mostrado que los flujos migratorios hacia países como Estados Unidos no han tenido necesariamente un efecto perverso allí, sino que incluso ha resultado más nocivos para los “países emisores” --como él los denomina. Lo anterior porque estos países tienen que lidiar con los efectos perversos que producen o las remesas en las economías nacionales, o el contacto de las bandas criminales, como las de las maras en Centro América, una vez empiezan a hacer parte de circuitos internacionales. De la misma manera hay perspectivas que muestran los efectos positivos de la presencia de los migrantes que vienen a contribuir en el desarrollo y mejora de las condiciones de vida, ayudando no sólo al aumento de los ingresos por la vía de los impuestos, sino a la diversidad, al desarrollo científico y tecnológico, tal y como sucede con los trabajadores agrícolas o los denominados DREAMers (soñadores en Castellano) en los Estados Unidos.[2]

En tercer lugar es importante mencionar que el problema de la migración no está en los procesos legales, controlados e incluso planificados de los que migran. Es decir, el problema no está en la movilidad de turistas, emprendedores, estudiantes, profesionales e incluso trabajadores que se mueven de un lugar a otro con diferentes documentos que los acreditan como parte de un proceso deseado, institucionalizado y legítimo. El problema está más bien en esos grupos de migrantes (no controlados, indeseados, ilegales) que entran a desafiar, en palabras de Portes, los órdenes establecidos (las estructuras de poder, clase, estatus y organizaciones), y las culturas (los sistemas de valores, normas, repertorios capitales e instituciones).

Entonces por qué migran estos últimos, que son los que más nos hacen alarmar como sociedad, y que tienen en jaque a los diseñados y ejecutores de políticas públicas y de acuerdos internacionales. Estudios de migración[3] desarrollados en la Universidad Icesi, en asocio con la Universidad de Washington, Seattle, muestran que estos migrantes siguen siendo mayoritariamente hombres pero que cada vez son más las mujeres que migran. Entre ellos, los más jóvenes, los más educados y sin hijos, migran en busca de mayor educación y de mejores condiciones de trabajo y ejercicio profesional que les asegure una vida buena: tranquila, con buenos ingresos y facilidades para mantenerse y gozar de los niveles de los países a los que van. Los menos jóvenes, los menos educados y con hijos, migran buscando asegurar un mejor presente y un mejor futuro para sus familias, principalmente para sus hijos, que han dejado en sus lugares de origen o que van llevando progresivamente. La mayoría de estos migrantes no ve su futuro en esos países y una vez cumplido los propósitos de sacar adelante a sus familias siempre piensan en regresar.

En relación con los contextos que estos migrantes identifican, se destacan la pobreza, el desempleo y las violencias (tanto política como familiar) de sus lugares de origen. Es importante destacar que este tipo de situaciones (locales) son confrontadas con la información y las historias que los migrantes obtienen de los medios de comunicación y de las redes sociales que ellos han tejido con ayuda de las Tecnología de Comunicación e Información (TIC). Para los más jóvenes se destacan los medios sociales (como Facebook, Instagram o Whatsapp), y para los más veteranos los teléfonos, y más recientemente Skype. Estos medios no sólo han ayudado a los migrantes a tomar las decisiones de migrar y a definir sus lugares de origen, sino también se convierten en una herramienta fundamental tanto para la sobrevivencia y la integración en los lugares a los que llegan, y en un soporte emocional y cultural que les permite mantenerse “conectados” con sus familias, barrios y países.

En lo estructural vale la pena anotar que los procesos de migración que estamos viendo están directamente relacionados con los regímenes sociales económicos y culturales que se han impuesto: la globalización[4], el (neo) liberalismo (económico y político), y el multiculturalismo que hacen de las violencias y la marginación social, la pobreza, la inequidad y la injusticia los principales motores de estos migrantes indeseados.

Referencias
Baron, L. F., Neils, M., & Gomez, R. (2013a). "Crossing new borders: computers, mobile phones, transportation and English language among Hispanic day laborers in Seattle". Journal of the American Society for Information Science and Technology - JASIST.

Baron, L. F., Neils, M., & Gomez, R. (2013b). Jobs and Family Relations: uses of computers and mobile phones among Hispanic day laborers in Seattle. Paper presented at the iConference, Fort Worth, Texas.

Bauman Z. Globalization: The human consequences, Polity. Cambridge.

Castles, Stephen. "Comprendiendo la migración global: una perspectiva desde la transformación Social". Relaciones Internacionales, núm. 14, junio de 2010 GERI – UAM

Escobar, Arturo (2008). Territorios de Diferencia. Lugar, movimientos, vida, redes, Duke University Press.

Portes, Alejandro. "Migración y cambio social: algunas reflexiones conceptuales", RES. Revista Española de Sociología, nº 12 (2009) pp. 9-37.

Notas
[1] Fragmento de entrevista a migrante realizado por Bryan Rebellón, integrante del Semillero de Investigación Migraciones, comunicación y cambio social, Universidad Icesi.

[2] Los DREAMers es un término usado en el movimiento de reforma de inmigración en Estados Unidos para referirse a los jóvenes inmigrantes que podrían beneficiarse con la Acción Diferida de la administración Obama para la Infancia Arrivals (DACA para su sigla en inglés).

[3] Ver por ejemplo: Barón, Neils & Gomez (2013), Crossing new borders. Computers, Mobile Phones, Transportation, and English Language Among Hispanic Day Laborers in Seattle, Washington. Ver Enlace 1 o Enlace 2.

[4] Globalidad imperial como la llamaría Arturo Escobar (2008), es entendida como el resultado de fuerzas de interacción en permanente cambio del pensamiento y la cultura europea, consideradas universalmente válidas y que aparentemente mantienen una subordinación de los saberes y prácticas culturales de la mayoría de los grupos no europeos. Este tipo de globalidad tiene una contraparte en el acto sistémico de encubrimiento del otro y la defensa del privilegio blanco en el mundo, no tanto el blanco fenotípicamente, sino la defensa de un modo de vida euro-céntrico que ha privilegiado históricamente a la gente blanca.

martes, 17 de junio de 2014

Reflexión sobre la paz

Columnista Carlos Herrera Rozo.

Hubiera querido tener una mayor participación en la elección del candidato a la presidencia de la república pero no siempre las cosas salen como uno desea. Comenzare por felicitar a todos los ciudadanos que votaron por la PAZ, e invitar a todos los que votaron por la GUERRA a reflexionar sobre la PAZ y el futuro de las nuevas generaciones de COLOMBIANOS. Se que quienes tuvimos la desgracia de nacer dentro del conflicto somos mas conscientes de los daños padecidos, del lastre que nos impide avanzar y, por lo mismo, de la inminente necesidad de llegar a acuerdos de PAZ que garanticen la libre convivencia.

Los pueblos Democráticos,sin excepción, cuando firmaron el contrato social lo hicieron conscientes de que sin el la libre convivencia devendría imposible. Es por ello que, la PAZ, es el mayor bien dentro de las democracias representativas, y que, sien el, todas las demás normas legales y los bienes que de ellas se desprendan desaparecerán o dejan de tener sentido practico toda vez que no podrán aplicarse en plenitud ni disfrutarse sin temor. Es por ello que, este preciado bien, la consecución de la PAZ,es una tarea que no solamente obliga al Ejecutivo y a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado,sino a todos los ciudadanos en su conjunto. porque todos somos los titulares del deber de reconciliación entre hermanos en el convencimiento de que la relación de fuerzas sea sustituido por relaciones de colaboración y entendimiento con la vista puesta en el bien común.

De todo lo anterior se desprende que no puede haber PAZ verdadera sin JUSTICIA SOCIAL. Si queremos acabar con el conflicto tenemos la necesidad ineludible de reestructurar el estado y por consiguiente la política, con mayúsculas, sin revanchismos que hagan fracasar los mas sinceros propósitos. Si no lo hacemos así solo alcanzaremos paces de componenda, como todas las ya firmadas, en las que absurdamente se reconoce una porción de PAZ O DE JUSTICIA SOCIAL que no se corresponde con los intereses ciudadanos ni da soluciones claras a los grupos en conflicto sino que hace caso a intereses espurios mas preocupados por sus privilegios que por los intereses de la nación. La PAZ conseguida de esta forma ni es justa ni, por lo mismo, equitativa, es una PAZ impuesta por el mas fuerte.

Si no cambiamos nuestra manera de pensar, si no somos capaces de ver al otro como nuestro legitimo contradictor con los mismos derechos, deberes y obligaciones dentro del marco constitucional vigente, no lograremos otra cosa que anestesiar las INJUSTICIAS SOCIALES con un pacifismo ramplón donde se vayan amontonando unas encima de otras nuevas querellas y demandas por el incumplimiento de la JUSTICIA hasta que, como siempre ha ocurrido, en nuestra patria verde y herida, la falsa paz establecida sea una montaña de injusticias que vuelva a reventar en mil llagas purulentas. Tienen que entender tanto los gobernantes como los gobernados que la PAZ no es la ausencia de GUERRA, ni un equilibrio entre fuerzas adversas, sino la búsqueda de un ORDENAMIENTO LEGAL BASADO EN LA JUSTICIA SOCIAL que exige darle a cada cual lo que se merece: Castigo, dentro de la ley, al criminal, resarcimiento de las victimas y garantía de que la INJUSTICIA no podrá seguir reinando para los desaprensivos en el uso de la fuerza para garantizar sus privilegios.

Invito a todos los Colombianos, especialmente a las gentes jóvenes, a releerse la historia de los últimos setenta y cinco años del país para, con ello, tener una mejor perspectiva de lo que ha ocurrido y de la urgente necesidad de llegar no a una Pax Romana simo a una PAZ pactada por todas las fuerzas vivas de la nación con el animo siempre dispuesto al buen entendimiento entre las partes por el bien común y por una JUSTICIA SOCIAL SIN FISURAS NI REVANCHISMOS.

Citare un par de ejemplos para hacer mas comprensible esta disertación sobre la PAZ:

Terminada la segunda Guerra Mundial, la sociedad de naciones se volcó en construir un nuevo orden mundial que preservara a las generaciones venideras de la tortura de la guerra instituyendo la norma del recurso a la fuerza solo en el caso excepcional de la legitima defensa y las medidas de mantener la PAZ apelando siempre al Consejo de Seguridad. Lamentablemente las supuestas “garantías” que se exigían pendían mas, y así sigue ocurriendo, de los intereses de las potencias que se sientan en el Consejo antes que proteger el bien común. Las Grandes Potencias se han dedicado por entero a proteger sus intereses geo-estrategicos y económicos sustentados en sus principios “democráticos” inicuos a costa de la ruina de generaciones enteras y del fracaso de las naciones que padecen sus decisiones: La reciente guerra contra IRAK promovida por el grupo de las AZORES, George W. Buhs, Tony Blair y Jose María Aznar es un claro ejemplo de este proceder, pero también el mantenimiento de guerras intestinas como ha ocurrido en RUANDA, Afganistán, Israel y Palestina, Nigeria, República Centro Africana, Colombia, República del Congo, Somalía, Sudan, etc,etc. todos estos países sujetos al expolio continuado de sus recursos naturales y, para conseguirlo, manteniendo por medio de la guerra, su fragilidad interna.

jueves, 29 de agosto de 2013

¿Esta familia apoya el paro agrario y popular?

Por Johanna Trochez.

¿esta familia apoya el PARO agrario y popular?En estos días de tanta agitación nacional por el Paro Agrario y ante sus tantísimos componentes, YO quisiera saber en particular...

  1. cuando va al supermercado, ¿prefiere el mercado de a bolsitas de $1000?
  2. ¿le encanta los enlatados, la granola, las salsas, las sopas, los cereales, los panes, las carnes frías, los quesos, los huevos, etc. y siempre escoge las marcas extrajera o “marca propia”?
  3. ¿merca en almacenes de cadena para poder pagar a crédito y conseguir aún más descuentos?
  4. cuando llego PriceSmart (cadenas de supermercados en general), ¿usted celebró por su negocio (por los insumos más baratos), por su hogar (economía y variedad “gringa” en su canasta familiar) y sus eventos (¡ahora los asados salen más baratos! (sarcasmo))?
...si seguimos podríamos llenar una lista infinita de preguntas a las que seguramente la mayoría respondería con un: SÍ. Y antes de cualquier cosa quiero que sepan que ES UNA CONSTANTE, PORQUE PARA TRISTEZA DE TODOS, EN COLOMBIA NOS VEMOS OBLIGADOS A ENTRAR EN ESE SISTEMA DE CONSUMO APÁTRIDA, EN EL QUE BUSCAMOS MANERAS DE QUE NOS ALCANCE EL DINERO MES A MES.

Entonces cuando digan “YO APOYO EL PARO” los invito también a (1) pensar a conciencia en lo que ello significa y asumirlo con acciones, (2) exigir al estado, las empresas, etc. por los cambios que garanticen que podamos hacerlo, (3) modificar nuestra filosofía de vida y sobre todo nuestros hábitos de consumo (hagamos en serio, todo lo posible), y (4) educar a los niños para que no les pase lo de nuestra generación que se olvidó de nuestras raíces campesinas, de amar lo que brota de nuestra propia tierra y que dejaron que las cosas llegaran a este punto en frente de nuestras narices.

Sugiero que nuestro apoyo vaya más allá de un grito de indignación y se convierta en un estilo de vida. Un estilo de vida de quienes realmente valoramos la labor de nuestro campesinado colombiano... ¡YO QUIERO APOYAR EL PARO! por mis raíces campesinas, porque quiero un mundo sin transgénicos y a la Colombiana para mi, para mis hijos, mi familia, amigos y para todos ustedes. ¡YO QUIERO APOYAR EL PARO! porque quiero que en unos años Colombia siga siendo un país de tradición agrícola.

¡Hoy me comprometo a hacer todo en cuanto pueda para que mi apoyo sea de acciones, sea de cambio!

Algunos enlaces que leí hoy:

sábado, 10 de diciembre de 2011

La primera medida económica es la Justicia Social

Columnista Carlos Herrera Rozo.

El desempleo en Colombia supera el 14.2%, en el caso del paro juvenil esa cifra se eleva al 20%, es más, en el caso de jóvenes de edades comprendidas entre los 16 y 18 años ese porcentaje es mucho más elevado. Si se tiene en cuenta que se considera un trabajo estable aquel que desempeñan por las calles de nuestras ciudades los vendedores de baratijas, especias, frutas, sexo, etc., etc. - entonces nos encontramos no con datos estadísticos, sino con la constatación de una catástrofe que el Estado oculta haciéndonos creer que el subempleo es un trabajo digno. Pero –y aquí está la sorpresa– no estoy hablando de porcentajes de 2011, sino de un problema larvado desde el siglo pasado.

Lo que está poniendo de manifiesto esta realidad, entre nuestro pasado y nuestro presente, es su desoladora gravedad: cada vez que el mundo desarrollado avanza o se ve sumido en una grave crisis económica, Colombia, en lo que al ciudadano se refiere, no retrocede unos pocos años sino que vuelve al punto de partida, es decir, de donde nunca hemos salido jamás porque las estadísticas, manipuladas por los gobiernos de turno, siempre mienten. Es como si el país entero estuviera atrapado dentro de una infernal máquina del tiempo que no nos deja abandonar el pasado, nos condena a la supervivencia en el presente, y no nos deja avizorar el futuro con esperanza.

Colombia un país felizEn este círculo vicioso dentro del cual no hacemos otra cosa que caminar en círculos, como Dante en el infierno, se imponen espurios intereses económicos sobre cualquier otra consideración y nos lo presentan como la panacea que nos ha de salvar de la miseria, sin percatarnos de que de la miseria no se sale mientras no haya justicia social. La sociedad colombiana, al parecer, no tiene memoria. No cae en cuenta de que lo que nos ofrecen, ya lo hemos vivido y que, como Prometeo, no paramos de subir y bajar la cuesta con nuestra carga de desesperanza al hombro, empezando siempre desde cero.

Este hecho me hace recordar con dolor al ángel vengador creado por los hermanos Coen que, implacable, acorralaba a sus víctimas y momentos antes de matarles les formulaba una pregunta: “Si la norma que has seguido te ha llevado hasta aquí, ¿de qué te ha servido?”.

Lo que termina por engrandecer o destruir a una nación no son los ciclos económicos que evolucionan al margen de lo humano y al vaivén de los intereses de los especuladores financieros, sino el buen funcionamiento de sus instituciones. Y, especialmente, de aquellas que tienen que ver con la Justicia social y el correcto funcionamiento del Estado de derecho

En nuestro caso, la “norma” es continuar en el pasado y la vamos a seguir también en el presente. Se limita a sanear las cuentas y a tratar de reactivar la economía independientemente de las penurias sociales y sus nefastas consecuencias, toda vez que ellas derivan a la desesperanza, hacia la criminalidad forzados por la necesidad. Cualquier otra reforma estructural que vaya más allá de lo estrictamente económico no tiene cabida en la cabeza de nuestros mono-sabios. Pero es un error. El progreso y la prosperidad futura no sólo van a depender de las reformas económicas, de la reforma del mercado laboral, del aumento de la competitividad, del saneamiento y la reestructuración del sector financiero, de la reducción de nuestra deuda pública y privada, sino que están ligada al buen o mal funcionamiento de la sociedad en su conjunto. Porque, en última instancia, lo que termina por engrandecer o destruir a una nación no son los ciclos económicos que evolucionan al margen de lo humano, sino al buen funcionamiento del Estado de derecho y, especialmente, de todo aquello que norma y regla la Justicia social y el Estado de derecho.

Si algo se está poniendo en peligro es el Estado de derecho en nuestro país- Además de las deficiencias ya conocidas de nuestro sistema político, económico y social, es la enorme corrupción que hemos desarrollado en estos últimos 50 años, desde la creación del pacto de Sitges y de Benidorm entre Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez, el 24 de Julio de 1956, para alternarse en el poder, cuyo coste, por si aún no nos hemos percatado, además de amoral y de pésima imagen internacional es fundamentalmente económico que ha lastrado y continua lastrando el desarrollo y el buen funcionamiento del país. Si fuera posible hacer un cálculo de lo que la corrupción representa en pérdidas económicas, tarea esta que se me antoja farragosa, seguramente el resultado sería una cifra colosal.

Para tener conciencia de la categoría del problema que nos consume y nos agobia, hay que entender que en Colombia la corrupción no sólo procede de una selecta minoría que hace y deshace a su antojo y que se reparte los negocios y el dinero público. Se trata de una enfermedad muy extendida que ha alcanzado todos los estamentos de la sociedad convirtiéndose en una verdadera plaga. Durante estos años, el país se ha desangrado en un torrente incontenible de “mordidas” cuyos montantes económicos son cada vez más disparatados. Y las prácticas corruptas han devenido en un ejercicio de puro y duro saqueo del erario público en el que están implicados políticos, lobbies empresariales, multinacionales, banqueros, concejales, sindicalistas, asociaciones “sin ánimo de lucro”, los cuerpos de seguridad del estado y grupos de personajes de todo tipo y pelaje que medran al lado, y sirviendo de mano ejecutora de quienes gobiernan. En consecuencia, la corrupción es el principal problema, muy por encima del movimiento subversivo y al cual el gobierno debe hacer frente con todos los medios que el Estado de derecho le otorga para erradicarlo. Es posiblemente, en mi concepto, este problema económico, el más grave que aqueja a los colombianos, especialmente a las nuevas generaciones de ciudadanos.

Por todo ello, si de verdad queremos salvar a Colombia del desastre económico y social, debemos, en primer término, contrarrestar el problema de la inseguridad jurídica, la parálisis crónica de los tribunales, la injerencia indebida y constante del poder político en la vida judicial, y particularmente, en determinadas sentencias que tienen que ver con la corrupción y los grupos paramilitares que han recibido un trato de excepción por parte del estado, consiguiendo con ello una justicia cojitranca que no le merece ningún respeto a la sociedad. Esta justicia a debe desaparecer del concierto nacional. Desde esta perspectiva, la primera y más urgente reforma de todas cuantas atañen directamente a la economía debería ser la de la Justicia como fundamento, sin el cual, el Estado de derecho y la democracia dejan de existir. Sin esta reforma fundamental, la prosperidad que tanto añoramos y que solo alcanzaremos, como dijera Sir Winston Churchill, “con sangre, sudor y lágrimas”, nunca estará a salvo: Y Colombia será por siempre el país del paro, de la violencia, del analfabetismo, de la condena a la supervivencia de las nuevas generaciones de ciudadanos y del riesgo de la quiebra económica. Un Estado fallido, tal como nos consideran internacionalmente algunas instituciones dedicadas al análisis de los países en vías de desarrollo, atrapado en la máquina del tiempo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
De Colombia para el mundo