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jueves, 23 de junio de 2016

No, a mí no se no me olvida...

Por Johanna Trochez.

NO, a mí no se no me olvida bojayá, el nogal, las tomas guerrilleras, los collares, cilindros y correos humano-bomba, las minas antipersonales, los asesinatos, el reclutamiento de niñxs, las violaciones, los abortos forzados, el narcotráfico, los secuestrados, la privación de la libertad entre jaulas y cadenas, el daño ambiental, la minería ilegal, el desplazamiento, la perdida de nuestros soldados… Y mucho menos olvido mi propia historia, mi niñez asustada, el sonido de un disparo, el secuestro de mi abuelo, su posterior enfermedad que lo dejo en cama hasta el final de su vida, las “vacunas” que ha pagado mi papá y familiares por años para trabajar “tranquilos”, los secuestros y asesinatos de amigos y vecinos, la finca, nuestra casa de la que una vez salimos y por años no se nos permitió volver, el atentado a mi papá con balas y puñal, los “retenes del ejercito del pueblo” en la vía Cauca-Huila, inevitables cada temporada de vacaciones para ver a mi papá, los camiones de café incautados, robados y quemados, la quiebra, la toma de Quilichao y los bombazos que hacían retumbar mi ventana… esos y otros sucesos similares o peores que nos pasaron, a mi, a usted, a un conocido u otro colombiano y por los que lloró mi tierra, mi pueblo, las familias colombianas, mi familia, yo…

NO, a mí no se olvida y alguna vez segada en rabia clame venganza, aún me da irá cada atentado y el cinismo de los actores del conflicto, los errores del gobierno actual y los pasados y podría ponerme en el lugar de aquellos que hoy están en contra y entender sus motivos, renegar del acuerdo, gritar venganza y firmar por el NO…

Y sin embargo, NO puedo, no he perdido la sensibilidad, la empatía y el sueño del cambio. NO puedo acostumbrarme a la guerra como parte de mi vida y en el camino aprendí que “la violencia debe ser siempre el último recurso”. NO puedo, porque yo creo en la vida y respeto profundamente a las víctimas reales; los campesinos, los habitantes de las zonas en conflicto, las familias de militares y otros grupos armados, los niñxs hijxs de la guerra, los que empuñan verdaderamente las armas a diario. NO puedo porque soy mamá, y en mis manos está el ejemplo de amor y perdón que tanto merece mi hijo, el mismo ejemplo que me han dado mis papás.

Hoy, quiero creer que la paz es posible y prefiero creer porque representa mi anhelo por un futuro con capítulos que no hable de balas, odios y muerte. Creo en la necesidad del perdón y la reconciliación, en el cambio del discurso y de aptitud/actitud como acción y confío en los escenarios de reflexión, pedagogía e intervención como lugar común para la construcción de futuro, reintegrarse a la vida después del caos, transformar, curar el alma y hacernos más humanos.

Este no es el final de nuestros problemas, tan sólo es un inicio, una invitación a que hagamos posible la paz y sembremos flores en vez de odio y mierda… ¡Salud! - "...Creo en un país en paz, creo en la salvación, creo en la democracia y eso es un norte demasiado largo" ‪#‎ElÚltimoDíaDeLaGuerra‬

viernes, 6 de noviembre de 2015

A propósito de la adopción homoparental. Opiniones después del fallo de la Corte

Por Johanna Trochez.

La realidad es que los modelos de familia, hace tiempo, dejaron de ser uno solo y podría decirse que con todo lo que se ve y vive a diario, urge la consideración de nuevas estructuras familiares con una visión en mayor sintonía con la realidad; de hecho, las familias diversas existen, y desde tiempo inmemorial.

Yo apoyo la idea de que la copaternidad y comaternidad de hijas(os) es una realidad que no debería "prohibirse" sólo por una cuestión de orientación sexual. Y al respecto, en mi más humilde y respetuosa posición, respecto los diferentes puntos de vista, creencias religiosas o prácticas socio-culturales. Creo también que ante esta situación cabría preguntarse: (1) si es preferible que niñas(os) sin padres continúen estando abandonados, negándoles la posibilidad de tener un hogar, que les brinden amor, protección, cuidado y oportunidades, que les enseñen a ser seres humanos de bien y garanticen su bienestar. (2) si está bien que a niños/as de padres biológicos homosexuales se les prive de la compañía y convivencia de su padre/madre por su orientación sexual. Sinceramente, no lo creo. Para mí, mientras que un padre/madre sea una fuente de amor, respeto, y sea un buen ejemplo de honestidad, humanidad y compromiso con el bienestar de su hijo/a, siempre será más seguro/a estar a su lado.

Ahora bien, respecto a las opiniones que sugieren preguntar primero a los menores sobre quienes podrían/desearían ser sus padre/madre, padres/madres adoptivos, quiero dejar muy en claro que estoy totalmente de acuerdo. Es más, considero que la opinión de los menores debe ser la base sobre la cual tomar una decisión. En todos los casos, se debe poner en primer plano al menor y sus derechos sobre el deseo o interés de la pareja adoptante. El asunto de la discordia es que este factor debería ser igual de preponderante en todos los casos, independientemente de que las parejas adoptantes sean heterosexuales o homosexuales. A la final, la contraparte en este asunto no es la sociedad, ni las leyes, ni la religión, ni siquiera la ciencia... la contraparte es aquella niña o aquel niño, quien debería tener siempre la total liberta de expresar sus deseos y argumentos sobre el modelo de familia con el cual desearía vivir. Y si no está de acuerdo con algo, o si le gusta, no debía ser obligada(o). Además, creo que toda adopción, independiente del tipo de pareja, debería ser, por supuesto, el resultado de un proceso arduo de investigación y evaluación de las familias que se postulan. Además, el proceso debería incluir un seguimiento a la familia para garantizar que el menor este en buenas manos.

Por último, cito un comentario que alguna vez puse por ahí... “En definitiva, el único problema relevante que encuentro para las posibles niñas y niños adoptados por homosexuales, no sería la mal llamada "anti-naturalidad" de los padres/madres sino, por el contrario, la presión social y constante discriminación en la vida diaria (vecindario, familias, colegios, etc.) a la que estarían expuestos y sometidos las nuevas familias. Este sí que sería un factor que en todos los casos llegaría a afectar negativamente el desarrollo de las niñas(os)/jóvenes si no se toman las medidas y soluciones adecuadas”.

jueves, 29 de agosto de 2013

¿Esta familia apoya el paro agrario y popular?

Por Johanna Trochez.

¿esta familia apoya el PARO agrario y popular?En estos días de tanta agitación nacional por el Paro Agrario y ante sus tantísimos componentes, YO quisiera saber en particular...

  1. cuando va al supermercado, ¿prefiere el mercado de a bolsitas de $1000?
  2. ¿le encanta los enlatados, la granola, las salsas, las sopas, los cereales, los panes, las carnes frías, los quesos, los huevos, etc. y siempre escoge las marcas extrajera o “marca propia”?
  3. ¿merca en almacenes de cadena para poder pagar a crédito y conseguir aún más descuentos?
  4. cuando llego PriceSmart (cadenas de supermercados en general), ¿usted celebró por su negocio (por los insumos más baratos), por su hogar (economía y variedad “gringa” en su canasta familiar) y sus eventos (¡ahora los asados salen más baratos! (sarcasmo))?
...si seguimos podríamos llenar una lista infinita de preguntas a las que seguramente la mayoría respondería con un: SÍ. Y antes de cualquier cosa quiero que sepan que ES UNA CONSTANTE, PORQUE PARA TRISTEZA DE TODOS, EN COLOMBIA NOS VEMOS OBLIGADOS A ENTRAR EN ESE SISTEMA DE CONSUMO APÁTRIDA, EN EL QUE BUSCAMOS MANERAS DE QUE NOS ALCANCE EL DINERO MES A MES.

Entonces cuando digan “YO APOYO EL PARO” los invito también a (1) pensar a conciencia en lo que ello significa y asumirlo con acciones, (2) exigir al estado, las empresas, etc. por los cambios que garanticen que podamos hacerlo, (3) modificar nuestra filosofía de vida y sobre todo nuestros hábitos de consumo (hagamos en serio, todo lo posible), y (4) educar a los niños para que no les pase lo de nuestra generación que se olvidó de nuestras raíces campesinas, de amar lo que brota de nuestra propia tierra y que dejaron que las cosas llegaran a este punto en frente de nuestras narices.

Sugiero que nuestro apoyo vaya más allá de un grito de indignación y se convierta en un estilo de vida. Un estilo de vida de quienes realmente valoramos la labor de nuestro campesinado colombiano... ¡YO QUIERO APOYAR EL PARO! por mis raíces campesinas, porque quiero un mundo sin transgénicos y a la Colombiana para mi, para mis hijos, mi familia, amigos y para todos ustedes. ¡YO QUIERO APOYAR EL PARO! porque quiero que en unos años Colombia siga siendo un país de tradición agrícola.

¡Hoy me comprometo a hacer todo en cuanto pueda para que mi apoyo sea de acciones, sea de cambio!

Algunos enlaces que leí hoy:
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