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miércoles, 28 de mayo de 2014

Violencia, terror y narcotráfico en Buenaventura

Por Seminario Narcotráfico y Securitización.*

Casas completamente desocupadas, barrios parcialmente desplazados y controlados por grupos criminales, jóvenes masacrados, y mujeres intimidadas, son algunas de las frases características de los titulares de prensa que han hablado últimamente de Buenaventura. Además, las movilizaciones, las denuncias, los informes, los testimonios y las miles de voces de miedo y resistencia que han hecho visible la realidad del puerto, ponen ante el estado y la sociedad civil, escenarios de un conflicto cambiante, que exige a gritos llevar a cabo procesos y acciones de inversión social de corto y largo plazo que son mucho más complejas que las etapas de militarización que la población del puerto vive hoy.

Buenaventura es hoy un territorio de fronteras políticas, culturales y económicas, producto de años de migración e importantes desplazamientos poblacionales. Los escenarios de violencia que hoy caracterizan a esta ciudad, representan los límites ente la violencia y la convivencia, la ruralidad y la urbanidad, la ilegalidad y la legalidad, la destrucción y la conservación, y la pobreza y la riqueza. Entender los escenarios de violencia en Buenaventura como una reacción a las condiciones estructurales que le han acontecido históricamente, terminaría por respaldar una versión que se queda corta para entrever la complejidad de las dinámicas coyunturales en virtud de todos los elementos que coexisten en escena. Como elemento de poder, es necesario explorar más allá del ejercicio físico directo de la violencia y comenzar a indagar por gramáticas, estéticas y lógicas particulares que se desprenden del acto violento.

Una mirada al pasado
No fue hasta comienzos del XIX que el estado inicia algunos cambios importantes que transformaron la realidad de Buenaventura. La reactivación de la ruta Cali-Buenaventura, el nombramiento de un alcalde, notario, registrador, y del decreto que oficializó la apertura del puerto, permitieron demostrar el interes para darle un impulso economico al puerto que jugara un papel muy importante en las exportaciones de café durante todo el comienzo del siglo XX. Sin embargo, desde este momento la situación socio-económica de la ciudad comienza a dejarse de lado, situación que se perpetúa hasta el presente. Esto permite entrever una falta de voluntad política por mejorar la situación de la población en contravía al comercio portuario que empieza a presentar importantes resultados de bonanza económica. Diferencia que se acentúa, aún más, luego de la privatización del puerto el 21 de diciembre de 1993.

Su cercanía a Panamá y proximidad a países del Asia-pacífico y ciudades del este los Estados Unidos, ha convertido a Buenaventura en el puerto geoestratégicamente más importante del país. En congruencia con lo anterior, en Buenaventura se empiezan a dar dinámicas delictivas que la van convirtiendo en un caldo de cultivo para diferentes formas de expresión de la ilegalidad, desde la emergencia de grandes capos responsables de la exportación de las drogas ilícitas del Cartel de Cali a los Estados Unidos en los 80 y 90, hasta la conformación de pequeños traficantes locales, herederos del negocio del narcotráfico luego de la entrega de los grandes cabecillas de dichos carteles. A partir de 2000 suceden, por un lado, la mayor etapa de fragmentación del tráfico de drogas en la que se fortalece la articulación de actores nacionales e internacionales que participan de manera independiente y diferenciada en cada eslabón de la cadena productiva, y por el otro, una expansión de la siembra de coca y la arremetida de los paramilitares en la zona. Así, además de actores que hacen parte del proceso de producción, en Buenaventura también hacen presencia actores que actúan de intermediarios, encargados de hacer funcionar la red de transacciones, que en este caso no sólo son de orden internacional sino que involucra, también, a la primera etapa: el cultivo de la hoja de coca.

Como un fenómeno macro de transformación de las estructuras criminales, en Buenaventura se produce un fenómeno de expansión de las denominadas bandas criminales o neo-paramilitares (La Empresa, Los Urabeños), que nacen con el proceso de desmovilización del 2005, y que se expresan en una nueva forma de apropiación y adaptación de la violencia, y unas formas de control territorial que visibilizan procesos transitorios de re-territorialización de la misma. Los actores armados de los grupos criminales no son externos a estos territorios, sino que es a diferencia del paramilitarismo contrinsurgente, en esta fase sera la misma población de estas ciudades la que se está vinculando a las dinámicas del narcotráfico. Lo anterior, a través de un proceso de reconfiguración de las estructuras organizacionales del tráfico de drogas que hoy han llegado a presentar una cara cada vez más relacionada a formas de outsourcing criminal.

Violencia en Buenaventura
Buenaventura se configura como lugar de interés estratégico, pues su área marítima une al norte y sur del Litoral Pacífico y dentro del territorio colombiano este puerto es considerado como punto final de las rutas de exportación de la producción nacional de la droga ilícita proveniente, principalmente, de los departamentos de Cauca y Tolima. Así pues, Buenaventura se constituye como un lugar de conflicto en donde tienen lugar fuertes disputas por el control territorial por parte de varios actores armados ilegalmente; los cuales luego de cierta permanencia en este territorio, expanden sus repertorios de acción con tal de obtener mayor control sobre todas las actividades ilícitas que van desde narcotráfico hasta el cartel de robo y el contrabando de gasolina. La diversificación de las fuentes de financiación, además, es una de las características de las bandas criminales que ocupan los vacíos de poder que dejó, en distintas zonas del país, el proceso de Desmovilización, Desarme y Reintegración realizado durante una de las administraciones de Álvaro Uribe. Esto coincide con que desde los últimos diez años, Buenaventura se ha caracterizado por sufrir recurrentes episodios de violencia cargada, cada vez más, de barbarie y sevicia.

Claramente es un territorio de frontera, una puerta para la importación y exportación, lo cual se presta, infaliblemente, para el contrabando que va desde exportaciones ilegales hasta la entrada de insumos químicos para la industria ilegal, relacionadas al comercio de drogas ilegales, pero también al comercio de armas para la guerra y las redes de protección a la industria, y los bienes utilizados en los procesos de lavado de activos. Por lo tanto, el Pacífico terrestre de Buenaventura, así como su extensión marítima, se configura como un lugar de interés no sólo para el Estado y demás actores políticos, sino también para el narcotráfico en general que vincula bandas criminales (Paisas, Urabeños, Rastrojos, Empresa) y guerrillas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC).

Esta confluencia de intereses, hace de Buenaventura una población con indicadores de pobreza, marginalidad y violencia que se expresa entre 2003 y 2010, en cifras de aproximadamente 1900 personas muertas, de las cuales más de 1300 son jóvenes entre 15 y 35 años, es decir que el 67% de la población total víctimas son estas generaciones de jóvenes. Desde el 2000 se presentan denuncias, reportes de prensa, e informes de medicina legal que indican un aumento considerable de asesinatos, desplazamientos, masacres colectivas, amenazas y desapariciones forzadas que incluyen personas tanto inocentes como pertenecientes a los grupos criminales, o a las fuerzas armadas. Además de las víctimas que han sido líderes comunitarios, periodistas, activistas, etc. De hecho, durante el 2014, se han presentado más de 50 personas asesinadas y la Armada Nacional ha capturado a 41 personas de las cuales 12 son menores de edad y la Policía ha capturado a 60 miembros de las bandas criminales.

Impactos y cambios sociales
Por un lado, el descuartizamiento que se viene llevando a cabo hace varios años en Buenaventura, se hace público con la puesta en evidencia de las casas de pique. El aumento significativo de los desmebramientos, decapitaciones y torturas, hacen parte de técnicas del terror que deshumanizan al enemigo, pues más allá del ejercicio de matar, se expresan sistemas de normas y valores internos trasgredidos, manifestados en la corporalidad mediante la tortura, que anulan la subjetividad de la víctima. Por demás la agresión no va dirigida únicamente sobre quien se ejerce la acción; más bien se configura como un mensaje emitido, al resto de la población con el fin de hacer patente una advertencia para implantar terror colectivo, dejando en manos de cada individuo la responsabilidad de la existencia propia, nunca será culpa del verdugo. La violencia y la muerte dejan de ser elementos instrumentales que suprimen el obstáculo que el enemigo representa en la consecución de un fin, para demostrar un ejercicio de poder sobre el cuerpo hasta denigrarlo. También debe reconocerse que esta dinámica obedece a un cambio de repertorios que se inaugura con la llegada y arraigo del neoparamilitarismo que con el narcotráfico, involucran la disputa territorial por rutas estratégicas de tráfico de drogas.

Así, el narcotráfico ha gestado lógicas diversas de crimen. Una de ellas es la forma en que se racionaliza la violencia mediante la tercerización de la misma, como si se tratase de la prestación de un servicio. El ejercicio de la violencia se ha descentralizado dando lugar a pequeños focos de control, para regular la competitividad y especialización en la prestación de un servicio susceptible de ser contratado. En ese escenario, el papel del narcotráfico se expresa en tanto consumidor de ese tipo de violencia, representada en Colombia por las “oficinas de cobro” y los llamados sicarios a sueldo, sector que en general, contrata y coopta jóvenes de barrios marginales como ha venido dándose en aumento en Buenaventura. La tecnificación y la instrumentalización de la violencia, dejan ver que su ejercicio como práctica performativa ya no justifica un ideal político, la defensa de los propios, o una motivación emocional, sino que se vuelve un fin en sí mismo al estar mediada por una transacción económica.

Por ello, la situación actual de Buenaventura no se puede entender sin hacer una lectura adecuada de los elementos históricos mencionados y del contexto social y económico atravesado por dinámicas del narcotráfico, el conflicto armado y el capital privado. El gran ausente ha sido el Estado como protector de la población y principal combatiente de la pobreza, la escasez de oportunidades económicas, la negación o restricción de los servicios públicos, los conflictos y la represión del Estado mismo. Con todo y eso, la precariedad de las condiciones de vida de los habitantes de Buenaventura ha sido una constante histórica y aunque desde los años 70 se vienen estipulando políticas que ayuden a cambiar este panorama, la efectividad de dichas políticas, sin embargo, quedan en entredicho al ver la situación social en que está sumida la totalidad de la población. Recordemos dque de acuerdo al Dane el 80,6% de la población del puerto viven en condiciones de pobreza.

Finalmente, otra forma de dar cuenta de esa racionalización de la violencia, viene desde la idea de seguridad como política estratégica del Estado, que en nombre de la protección a la población despliega un proceso de militarización del espacio como una forma de control sobre el mismo. Se desconoce así que lo que se ataca es la consecuencia de un abandono histórico de la población, que permitió la emergencia de poderes y legitimidades locales. Por otra parte, las políticas de seguridad expresadas en la militarización dan cuenta de técnicas de gobernanza, que involucran variables económicas, pues recordemos el lugar estratégico que representa Buenaventura para la economía del país.

En virtud del neoliberalismo y la protección de las élites políticas y económicas en juego, se despliega todo un andamiaje político-militar, que desconoce las implicaciones sobre la población misma, pues su cotidianidad es invadida por un ambiente de intimidación que impide el desarrollo de las prácticas diarias a plena cabalidad, y que ya no es sólo ejercida por los actores armados al margen de la ley. A mayor escala, las implicaciones económicas y políticas rebosan las agendas de seguridad y económicas; a menor escala las repercusiones de la violencia en la sociedad civil inmediata a estos enfrentamientos está cobrando cada vez más la tranquilidad de muchos habitantes.

Militarización: ¿solución?
A corto plazo, son preocupantes todas estas generaciones de jóvenes que proyectan su vida a través de formas de ascenso social y económico asociadas a su interés por la vinculación formal o informal a las empresas criminales. Desde una perspectiva tanto individual como colectiva, su identidad se construye política, económica y socioculturalmente a través de lenguajes, relaciones de poder, prácticas económicas y saberes, que se expresan a través de los diversos repertorios de violencia que se han mencionado. Sin embargo, a mediano o largo plazo, la población de Buenaventura a futuro estará mayoritariamente constituida por aquellos niños que hoy incluyen en su memoria colectiva los gritos de las casas de piques y de torturas, que escuchan mientras intentan prestar atención al profesor(a) que enseña frente al tablero en su escuela.

Buenaventura no aguanta más. Mientras se militarizan los barrios, la sociedad es permeada por procesos de naturalización de la muerte a temprana edad, de transformación de las estructuras familiares en función de la deasparación y asesinato de los hombres jóvenes, de rupturas en la credibilidad de la población en las instituciones que representan autoridad y poder dentro de la sociedad, de reproducción de prácticas y relaciones sociales marcadas por la individualidad y de reproducción de factores de miedo dentro de la población.

A pesar de lo anterior, asesinatos como los de Luis Carlos Rentería de 29 años, las masacres y desapariciones colectivas de los jóvenes desde hace más de 10 años, están despertando movilizaciones y llamados de atención de la comunidad que sacrifica su seguridad y su vida, divulgando y denunciando los constantes crímenes, que hacen de uno de los puertos más importantes del país, un lugar de violencia invisibilizado y maquillado por discursos de securitización. Porque la violencia no son solo los asesinatos, violencia es la marginalidad y pobreza en que está sumida la totalidad de la población del Puerto colombiano más importante del país. Violencia es la indiferencia con la que el resto del país, se ha olvidado del Puerto.


* En este artículo colaboraron: Inge H. Valencia, Natalia Perez, Laura Torres, Olga Llanos, Cristian Erazo y Adolfo A. Abadia.

martes, 21 de enero de 2014

Las caras del Fallo (Documental)

El documental “Las Caras del Fallo” pieza audiovisual elaborada por el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Icesi, en el que se muestra las diferentes percepciones que los habitantes de San Andrés tienen frente al resultado del fallo de la Haya un año después, ha sido reconocido en portales digitales de cobertura nacional e internacional.

Elaborado por la Ph.D. en Antropología, docente de la Icesi, Inge Helena Valencia y producido por Alfred Robinson, Native Films, el documental muestra las miradas que están puestas sobre el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y sus nuevas fronteras.

Informes: Inge Helena Valencia, ihvalencia[@]icesi.edu.co | Profesora Tiempo Completo - Departamento de Estudios Sociales | (572)555 23 34 – ext. 8823

viernes, 21 de octubre de 2011

Cuerpo fuerte y alma sumisa: un análisis de una formación social racializada

Por Inge Valencia & Carlos Duarte.
Profesores del programa de Antropología
Universidad Icesi - Cali
Miembros de LaDirekta y el Centro de Pensamiento Raizal.

-A propósito de la asimetría racial y la polarización discursiva en la elección por la alcaldía de Cali-

Este texto intenta develar o aportar en la interpretación de las representaciones que se han puesto en juego entre dos de los candidatos con mayor opción de ocupar la alcaldía de la ciudad de Cali (María Isabel Urrutia por el Polo Democrático Alternativo y Rodrigo Guerrero por el movimiento de firmas independiente 'Pa' lante Cali'). Hemos decidido escribir este texto luego de chocarnos con un graffiti de la calle 10 con carrera 39, en el que se lee: “Negra HP. No, No nos vas a gobernar”. También es diciente que dicho juego de representaciones hace parte del propio diseño de campaña de la candidata del Polo, recorriendo la ciudad es posible encontrarse con carteles pegados en las paredes que dicen: “No le pegue a la negra, vote por ella”.

Negra HP. No, No nos vas a gobernarEnunciados como los anteriores invitan a repensar como a pesar de todas las celebraciones vinculadas al año internacional de la afrodescendencia, y de la asistencia multitudinaria al Festival de música del pacifico “Petronio Álvarez”, la estrategia racial opera como un recurso eficaz cuando el debate se desplaza de los espacios patrimoniales de la cultura hacia los escenarios efectivos del poder político. Este tipo de recursos, listos a ser utilizados, también nos invita a preguntarnos: ¿Cómo a pesar de 20 años de implementación de un estado multicultural, el racismo en tanto recurso político y social subsiste en los resortes imaginarios de la sociedad colombiana? ¿Qué papel juega la etnicidad en el escenario político caleño? ¿En este caso estaríamos hablando de fenómenos de oposición étnica, racial, o de clase social? ¿Cómo operan las estructuras del racismo, el getho y la exclusión en nuestros contextos contemporáneos?

Para tal efecto repasaremos dos escenarios en los cuales emergen las estructuras de racismo cotidiano, Un primer escenario tiene que ver con los comentarios y las frases que circulan en torno a la gente negra, y que siendo asimiladas y naturalizadas por la cotidianidad, son -en apariencia- desarmadas de las profundas cargas políticas con las que deambulan. Un segundo aspecto, tiene que ver con el papel que juegan los medios masivos de comunicación en la producción de los estereotipos racistas, y en la estructura fundamental del racismo. El objetivo final de este pequeño ejercicio será preguntarnos hasta que punto Cali puede ser considerada como una formación social racializada.

Primer escenario: las fronteras imaginarias y las metáforas del racismo
“Ese Niche si es mucha clase para manejar el balón”, “… uh, uh, uh eres como un simio negro bruto, “Corré negro HP, negro tenias que ser, para ser tan perezoso. Los anteriores comentarios emergieron hace 15 días en el remodelado estadio Pascual Guerrero. Era un partido Santafe – Deportivo Cali. Lo que nos llamó la atención no fue la vociferación de epítetos hirientes al rival, hecho común en cualquier partido de futbol, sino su evidente carga racial. En un 99% la hinchada apoyaba al Cali, pero los epítetos raciales no distinguían entre el verde caleño y el rojo santafereño, idénticas construcciones discursivas se utilizaban para los jugadores negros de ambas escuadras, incluso, eran voceadas por personas que bien podrían ser identificadas como “negras”.

En un contexto en el que la gente negra es cercana a un 54% del total de la ciudad (Dane 2005), la sociedad caleña es una formación social que inconscientemente recurre a la estigmatización racista. No es raro escuchar frases que asocian el color de la piel con connotaciones que abierta o simuladamente reducen el sujeto negro a su fuerza física o lo sumergen en rasgos hipersexuales: “sudando como negro”, “eso es cosa de negros”, “perezoso como negro”, “baila como negra”, “huele a negro”, “corre como negro”. También son comunes otros tipos de afirmaciones que reconocen los sujetos dentro de una matriz que los reduce a rasgos ingenuos o abiertamente infantiles: “tan lindo el negrito”, “… no son muy inteligentes… pero son simpáticos”, “tan alegres, los negritos”. Unas y otras construcciones discursivas, por lo general, ubican las poblaciones negras lejos de los espacios de poder legítimamente aceptados en la sociedad, más bien deambulan naturalizadas y despojadas de su profunda carga política e ideológica. Se reproduce por lo tanto, la metáfora que opone dialécticamente al buen salvaje, del salvaje peligroso. O, como sugiere Jaime Arocha, en la critica que realiza a la utilización del estereotipo “negro” en la película “Perro come perro”, “[…] se recurre a la representación común de “Cuerpo fuerte y alma sumisa”. Una representación con antecedentes tan antiguos como la novela el Alférez Real de Eustaquio Palacios, el clásico literario de la hacienda esclavista vallecaucana en el siglo XVIII. En opinión de Arocha, la reiteración de los estereotipos es uno de los medios a través de los cuales se propaga la ideología que sustenta el racismo. Si tenemos en cuenta que la relación precede los términos de la relación, es posible ir más allá para prever que la ubicación de la gente negra dentro de la metáfora de “Cuerpo fuerte (para la producción) y alma sumisa”, al mismo tiempo se demarca su némesis simbólica: “Cuerpo improductivo y espíritu rebelde”.

De esta manera, de una parte se da pie a un juego de estereotipos y gradaciones por ubicarse en una o en otra metáfora, dependiendo en donde se es ubicado por los otros, y en donde se realiza el proceso de autoidentificación de los individuos. De otra parte, las representaciones colectivas van identificando unas y otras metáforas en lugares geográficos reales y concretos que van dibujando toda una cartografía imaginaria del racismo: Agua blanca y Puerto Tejada son peligrosos, mientras que Juanchito es alegre y rumbero. De acuerdo con el sentido de los comentarios de Arocha, podría decirse que la sociedad caleña traza una frontera imaginaria, una especie de aseguranza para mantener la dominación simbólica, la cual se implementa por medio de sucesivas fragmentaciones poblacionales operadas en el lenguaje cotidiano.

Una primera distribución se encargaría de distinguir entre los negros y lo que no lo son, para luego desarrollar una segunda dicotomía entre los negros sumisos, que por medio de sus cuerpos fuertes -cuerpos para el capital- sostienen la producción, como en el caso de las cooperativas de corteros de caña. Al otro lado de la frontera habitan los negros rebeldes y ladinos, como el demonio Buziraco al que fue necesario desterrar con el monumento de las tres cruces; cuerpos asimilados como vagos e improductivos para el capital, como los grupos de Hip-Hop de Agua Blanca y Siloe. Incluso, cuerpos amenazantes para la dominación como el viejo Cinecio Mina, o el Consejo Comunitario de la Toma que encarnan la histórica resistencia frente al despojo territorial. Estamos hablando de una Zona Marginal habitada por cuerpos rebeldes y resabiados como el del Movimiento de los Corteros de Caña, cuerpos que con ritmo arrebatado y atonal reinscriben en su superficie las viejas historias de los cimarrones y contrabandistas de tabaco del río Palo.

Segundo escenario: Formación social, raza e ideología
Para Stuart Hall (1978, en Grossberg L.1996) la relación entre el racismo y los medios tocan directamente el problema de la dominación ideológica, dado que el principal campo de acción de los medios de comunicación es la producción, transformación y posicionamiento de las ideologías. Para Hall las ideologías no son accidentes o errores discursivos, por el contrario su poder reside en la extensión evocativa de sus argumentos, y en su capacidad para remitir a diversas constelaciones de significados. De acuerdo a nuestra línea argumentativa, el dispositivo ideológico se actualiza a través las mencionadas “metáforas del racismo”.

Como venimos de apreciar las metáforas del racismo dividen a la población de acuerdo al color de su piel en un esquizofrénico vaivén de atributos bondadosos y criminales. Dicha dinámica emerge con repetida frecuencia en los medios masivos de comunicación caleña. Por estos días, dichas metáforas han aparecido con virulencia refiriéndose al pulso electoral entre Rodrigo Guerrero y María Isabel Urrutia. A este respecto invito a revisar los términos en que dicho debate apareció en una columna de uno de los diarios de mayor circulación de la región. El diario el país publico el 11 de Septiembre de este año un texto escrito por Antonio de Roux bajo el lapidario titulo de “Vendió el alma”.

El autor comienza su texto “[…] manifestando mi admiración por los afrodescendientes. Me gustan su vivacidad y su espíritu alegre. En materia de agudeza mental no tienen nada para envidiar a las otras etnias y, por el contrario, su inteligencia emocional es mucho más desarrollada que la correspondiente a la mayoría de la población. Sin embargo, debo expresar mi desconcierto ante la manera como María Isabel Urrutia, candidata del Polo, viene adelantando su campaña a la Alcaldía de Cali.” Observemos entonces, como en la columna referida opera el discurso ideológico. En primera medida habría que reconocer como a pesar que las ideologías son emitidas por individuos, la ideología forma parte de las formaciones sociales en las cuales son afirmadas, en esa medida son profundamente inconscientes. Seguramente el autor no reconoce sus generalizaciones, cuando describe “la vivacidad y el espíritu alegre” de un conjunto poblacional tan diverso como el afrodescendiente. En gran medida, los procesos ideológicos del racismo funcionan de manera inconsciente, más que por intención consciente. Tal y como lo muestra Hall, “las ideologías producen diferentes formas de consciencia social, en lugar de ser producidas por aquéllas”.

Bien podríamos quedarnos en un marco analítico del racismo a partir de sus condicionamientos perceptúales entre la gente negra y los que no lo son. Sin embargo, “… la cuestión no es si los hombres en general establecen diferencias perceptuales entre grupos con diferentes características raciales o étnicas, sino más bien, cuáles son las condiciones específicas que hacen de esta forma de diferenciación algo pertinente socialmente y activo históricamente” (Hall Op. Cit). Es decir, hasta que punto el racismo es un recurso posible y efectivo dentro de la formación social en la cual se produce.

Si seguimos leyendo la columna de Antonio de Roux nos damos cuenta que el columnista acusa “La mutación de la otrora apacible campeona olímpica…”, en la medida que en opinión de Roux, la candidata Urrutía participa de una de las posiciones más radicales de la izquierda política del Valle del Cauca, encarnada en el senador Alexander López. A titulo seguido el columnista se muestra desconcertado por la denuncia de María Isabel en torno a que en Cali existe una oposición entre ricos y pobres, dentro de la cual la oligarquía busca utilizar todos sus métodos para acceder a la primera magistratura de la ciudad. Incluso, la candidata del Polo denunció como Rodrigo Guerrero utilizo sus vínculos y relacionamientos con el presidente Juan Manuel Santos, para favorecer su inscripción como candidato. Punto seguido, el autor compara la polarización de clase a la cual se refiere Urrutia con un oscuro caso de dopaje por el cual la deportista fue sancionada, y le pide que dado ese antecedente se abstenga de “[…] evitar dar lecciones sobre aquello en lo cual hemos fallado”. Así, de un debate que Urrutia había colocado alrededor de las condiciones socioeconómicas de la ciudad para explicar la polarización caleña frente a la posibilidad que una mujer negra asumiera la primera magistratura de la ciudad, el autor concluye: “A mi una cosa me queda clara en todo caso: no deseo que alguien sancionado por su comportamiento deshonesto o su descuido, que olvidó los valores inmensos de su etnia, que adoptó el discurso del resentimiento y la polarización, llegue a conducir los destinos de mi ciudad.

Para Hall, el racismo desde el punto de vista de su especificidad histórica, permite ver que su objeto es la organización —por el poder— en la formación social, en tanto configuración de posiciones y relaciones desiguales. Este punto de vista analítico considera el racismo como una forma —o una serie de formas históricamente cambiantes— de dividir y distribuir la población. Como vemos, Antonio de Roux niega la oposición propuesta por María Isabel Urrutia entre “ricos y pobres”, para fragmentarla en múltiples binarismos del resentimiento y la polarización social: inocente-culpable, honesto-deshonesto, cuidadoso-deshonesto. La verdadera cuestión para Hall no es cómo escapar del binarismo o negarlo, pues eso implicaría ignorar el contexto. Reducir el racismo a una sola relación binaria como la de pobres y oligarcas, olvida que muchos de estos epítetos son reproducidos y validados por los mismos sujetos racializados. Como mostraría Franz Fanon en su libro Piel negra, mascaras blancas, la gente negra reproduce -en no pocos casos- los estereotipos sobre su misma condición, y de muchas maneras busca lavar su condición moviendo la frontera imaginaria del color de la piel y los rasgos fenotípicos, hacia individuos idealmente más negros: el negro-azulado.

En lugar de ello, mas bien deberemos preguntarnos porqué reaparecen los binarios. Para Hall, cualquier binarismo es en realidad una diferencia sobredeterminada, el poder siempre sigue manteniendo los binarios en las realidades históricas: «Esto es posible debido a que el lenguaje y el poder no son lo mismo, sino que el poder interviene en el lenguaje (representación) para asegurar ciertos efectos. Como vemos en los múltiples adjetivos que mimeticamente se extrapolan desde la candidata María Isabel en la fragmentación binaria del columnista de Roux, hasta el extremo del graffiti citado al comienzo de este texto; en ambas construcciones discursivas es posible apreciar que a pesar de la existencia de “…ciertas características generales en el racismo. Aún más significativas son las formas en las que dichas características generales se modifican y transforman por la especificidad histórica de los contextos y los entornos en los cuales cobran actividad” (Hall Op. Cit.).

Por último, repasando uno de los comentarios de los cibernautas que visitaron la columna de Antonio de Roux, observamos que tal y como nos lo propone Hall, las ideologías “trabajan” construyendo para los lectores sus posiciones de identificación y conocimiento que le permiten “proferir” verdades ideológicas como si fueran sus legítimos autores. Alguien identificado como Gabriel61 escribió debajo de la columna referida:

“¿Y ustedes creen que una ignorante de todo lo anteriormente mencionado va a sacar a Cali del ostracismo en el que estamos?. Cali ya no tiene Caleños, además de haberse llenado de desplazados analfabetos y que no tienen idea de lo que es cultura, han llegado a Cali a despedazarla, a Ultrajarla,a irrespetarla...además de todo, también quieren ser alcaldes para depredarla más y dejarla inviable como ciudad. A una ciudad llena de sicarios y raponeros ningún empresario internacional la quiere mirar, no hay quién le inyecte capital”. Mié, 09/14/2011 - 3:51pm — Gabriel61

Es así como se transforman los binarismos asignados implícitamente a la candidata María Isabel. Las metáforas de cuerpo fuerte y alma sumisa se continua propagando en el juego de sus posibles evocaciones y adjetivaciones dentro de la formación social racializada. Esto no se debe a que necesariamente las evocaciones emanen de nuestra experiencia más íntima, unificada y auténtica, sino que por lo general nos vemos reflejados en las posiciones que hay en el centro de los discursos desde los cuales “cobran sentido” las afirmaciones que hacemos. Así es como los mismos “sujetos” (por ejemplo, las clases económicas o los grupos étnicos) pueden construirse de manera diferente en diferentes ideologías.

Bibliografía

AROCHA, Jaime (2008). Ideología y Racismo. El Espectador http://www.elespectador.com/columna85506-ideologia-y-racismo

DANE. 2005. Censo Poblacional.

DE ROUX, Antonio (2011). Vendió el alma. Diario el País. http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/antonio-roux/vendio-alma

FANON, Franz (1974). Piel negra, máscaras blancas, Editorial Schapiere, Buenos Aires.

GROSSBERG, Lawrence (2006). Stuart Hall sobre raza y racismo: estudios culturales y la práctica del contextualismo. Revista Tabula Rasa. Btá No 5.

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