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viernes, 21 de octubre de 2011

Cuerpo fuerte y alma sumisa: un análisis de una formación social racializada

Por Inge Valencia & Carlos Duarte.
Profesores del programa de Antropología
Universidad Icesi - Cali
Miembros de LaDirekta y el Centro de Pensamiento Raizal.

-A propósito de la asimetría racial y la polarización discursiva en la elección por la alcaldía de Cali-

Este texto intenta develar o aportar en la interpretación de las representaciones que se han puesto en juego entre dos de los candidatos con mayor opción de ocupar la alcaldía de la ciudad de Cali (María Isabel Urrutia por el Polo Democrático Alternativo y Rodrigo Guerrero por el movimiento de firmas independiente 'Pa' lante Cali'). Hemos decidido escribir este texto luego de chocarnos con un graffiti de la calle 10 con carrera 39, en el que se lee: “Negra HP. No, No nos vas a gobernar”. También es diciente que dicho juego de representaciones hace parte del propio diseño de campaña de la candidata del Polo, recorriendo la ciudad es posible encontrarse con carteles pegados en las paredes que dicen: “No le pegue a la negra, vote por ella”.

Negra HP. No, No nos vas a gobernarEnunciados como los anteriores invitan a repensar como a pesar de todas las celebraciones vinculadas al año internacional de la afrodescendencia, y de la asistencia multitudinaria al Festival de música del pacifico “Petronio Álvarez”, la estrategia racial opera como un recurso eficaz cuando el debate se desplaza de los espacios patrimoniales de la cultura hacia los escenarios efectivos del poder político. Este tipo de recursos, listos a ser utilizados, también nos invita a preguntarnos: ¿Cómo a pesar de 20 años de implementación de un estado multicultural, el racismo en tanto recurso político y social subsiste en los resortes imaginarios de la sociedad colombiana? ¿Qué papel juega la etnicidad en el escenario político caleño? ¿En este caso estaríamos hablando de fenómenos de oposición étnica, racial, o de clase social? ¿Cómo operan las estructuras del racismo, el getho y la exclusión en nuestros contextos contemporáneos?

Para tal efecto repasaremos dos escenarios en los cuales emergen las estructuras de racismo cotidiano, Un primer escenario tiene que ver con los comentarios y las frases que circulan en torno a la gente negra, y que siendo asimiladas y naturalizadas por la cotidianidad, son -en apariencia- desarmadas de las profundas cargas políticas con las que deambulan. Un segundo aspecto, tiene que ver con el papel que juegan los medios masivos de comunicación en la producción de los estereotipos racistas, y en la estructura fundamental del racismo. El objetivo final de este pequeño ejercicio será preguntarnos hasta que punto Cali puede ser considerada como una formación social racializada.

Primer escenario: las fronteras imaginarias y las metáforas del racismo
“Ese Niche si es mucha clase para manejar el balón”, “… uh, uh, uh eres como un simio negro bruto, “Corré negro HP, negro tenias que ser, para ser tan perezoso. Los anteriores comentarios emergieron hace 15 días en el remodelado estadio Pascual Guerrero. Era un partido Santafe – Deportivo Cali. Lo que nos llamó la atención no fue la vociferación de epítetos hirientes al rival, hecho común en cualquier partido de futbol, sino su evidente carga racial. En un 99% la hinchada apoyaba al Cali, pero los epítetos raciales no distinguían entre el verde caleño y el rojo santafereño, idénticas construcciones discursivas se utilizaban para los jugadores negros de ambas escuadras, incluso, eran voceadas por personas que bien podrían ser identificadas como “negras”.

En un contexto en el que la gente negra es cercana a un 54% del total de la ciudad (Dane 2005), la sociedad caleña es una formación social que inconscientemente recurre a la estigmatización racista. No es raro escuchar frases que asocian el color de la piel con connotaciones que abierta o simuladamente reducen el sujeto negro a su fuerza física o lo sumergen en rasgos hipersexuales: “sudando como negro”, “eso es cosa de negros”, “perezoso como negro”, “baila como negra”, “huele a negro”, “corre como negro”. También son comunes otros tipos de afirmaciones que reconocen los sujetos dentro de una matriz que los reduce a rasgos ingenuos o abiertamente infantiles: “tan lindo el negrito”, “… no son muy inteligentes… pero son simpáticos”, “tan alegres, los negritos”. Unas y otras construcciones discursivas, por lo general, ubican las poblaciones negras lejos de los espacios de poder legítimamente aceptados en la sociedad, más bien deambulan naturalizadas y despojadas de su profunda carga política e ideológica. Se reproduce por lo tanto, la metáfora que opone dialécticamente al buen salvaje, del salvaje peligroso. O, como sugiere Jaime Arocha, en la critica que realiza a la utilización del estereotipo “negro” en la película “Perro come perro”, “[…] se recurre a la representación común de “Cuerpo fuerte y alma sumisa”. Una representación con antecedentes tan antiguos como la novela el Alférez Real de Eustaquio Palacios, el clásico literario de la hacienda esclavista vallecaucana en el siglo XVIII. En opinión de Arocha, la reiteración de los estereotipos es uno de los medios a través de los cuales se propaga la ideología que sustenta el racismo. Si tenemos en cuenta que la relación precede los términos de la relación, es posible ir más allá para prever que la ubicación de la gente negra dentro de la metáfora de “Cuerpo fuerte (para la producción) y alma sumisa”, al mismo tiempo se demarca su némesis simbólica: “Cuerpo improductivo y espíritu rebelde”.

De esta manera, de una parte se da pie a un juego de estereotipos y gradaciones por ubicarse en una o en otra metáfora, dependiendo en donde se es ubicado por los otros, y en donde se realiza el proceso de autoidentificación de los individuos. De otra parte, las representaciones colectivas van identificando unas y otras metáforas en lugares geográficos reales y concretos que van dibujando toda una cartografía imaginaria del racismo: Agua blanca y Puerto Tejada son peligrosos, mientras que Juanchito es alegre y rumbero. De acuerdo con el sentido de los comentarios de Arocha, podría decirse que la sociedad caleña traza una frontera imaginaria, una especie de aseguranza para mantener la dominación simbólica, la cual se implementa por medio de sucesivas fragmentaciones poblacionales operadas en el lenguaje cotidiano.

Una primera distribución se encargaría de distinguir entre los negros y lo que no lo son, para luego desarrollar una segunda dicotomía entre los negros sumisos, que por medio de sus cuerpos fuertes -cuerpos para el capital- sostienen la producción, como en el caso de las cooperativas de corteros de caña. Al otro lado de la frontera habitan los negros rebeldes y ladinos, como el demonio Buziraco al que fue necesario desterrar con el monumento de las tres cruces; cuerpos asimilados como vagos e improductivos para el capital, como los grupos de Hip-Hop de Agua Blanca y Siloe. Incluso, cuerpos amenazantes para la dominación como el viejo Cinecio Mina, o el Consejo Comunitario de la Toma que encarnan la histórica resistencia frente al despojo territorial. Estamos hablando de una Zona Marginal habitada por cuerpos rebeldes y resabiados como el del Movimiento de los Corteros de Caña, cuerpos que con ritmo arrebatado y atonal reinscriben en su superficie las viejas historias de los cimarrones y contrabandistas de tabaco del río Palo.

Segundo escenario: Formación social, raza e ideología
Para Stuart Hall (1978, en Grossberg L.1996) la relación entre el racismo y los medios tocan directamente el problema de la dominación ideológica, dado que el principal campo de acción de los medios de comunicación es la producción, transformación y posicionamiento de las ideologías. Para Hall las ideologías no son accidentes o errores discursivos, por el contrario su poder reside en la extensión evocativa de sus argumentos, y en su capacidad para remitir a diversas constelaciones de significados. De acuerdo a nuestra línea argumentativa, el dispositivo ideológico se actualiza a través las mencionadas “metáforas del racismo”.

Como venimos de apreciar las metáforas del racismo dividen a la población de acuerdo al color de su piel en un esquizofrénico vaivén de atributos bondadosos y criminales. Dicha dinámica emerge con repetida frecuencia en los medios masivos de comunicación caleña. Por estos días, dichas metáforas han aparecido con virulencia refiriéndose al pulso electoral entre Rodrigo Guerrero y María Isabel Urrutia. A este respecto invito a revisar los términos en que dicho debate apareció en una columna de uno de los diarios de mayor circulación de la región. El diario el país publico el 11 de Septiembre de este año un texto escrito por Antonio de Roux bajo el lapidario titulo de “Vendió el alma”.

El autor comienza su texto “[…] manifestando mi admiración por los afrodescendientes. Me gustan su vivacidad y su espíritu alegre. En materia de agudeza mental no tienen nada para envidiar a las otras etnias y, por el contrario, su inteligencia emocional es mucho más desarrollada que la correspondiente a la mayoría de la población. Sin embargo, debo expresar mi desconcierto ante la manera como María Isabel Urrutia, candidata del Polo, viene adelantando su campaña a la Alcaldía de Cali.” Observemos entonces, como en la columna referida opera el discurso ideológico. En primera medida habría que reconocer como a pesar que las ideologías son emitidas por individuos, la ideología forma parte de las formaciones sociales en las cuales son afirmadas, en esa medida son profundamente inconscientes. Seguramente el autor no reconoce sus generalizaciones, cuando describe “la vivacidad y el espíritu alegre” de un conjunto poblacional tan diverso como el afrodescendiente. En gran medida, los procesos ideológicos del racismo funcionan de manera inconsciente, más que por intención consciente. Tal y como lo muestra Hall, “las ideologías producen diferentes formas de consciencia social, en lugar de ser producidas por aquéllas”.

Bien podríamos quedarnos en un marco analítico del racismo a partir de sus condicionamientos perceptúales entre la gente negra y los que no lo son. Sin embargo, “… la cuestión no es si los hombres en general establecen diferencias perceptuales entre grupos con diferentes características raciales o étnicas, sino más bien, cuáles son las condiciones específicas que hacen de esta forma de diferenciación algo pertinente socialmente y activo históricamente” (Hall Op. Cit). Es decir, hasta que punto el racismo es un recurso posible y efectivo dentro de la formación social en la cual se produce.

Si seguimos leyendo la columna de Antonio de Roux nos damos cuenta que el columnista acusa “La mutación de la otrora apacible campeona olímpica…”, en la medida que en opinión de Roux, la candidata Urrutía participa de una de las posiciones más radicales de la izquierda política del Valle del Cauca, encarnada en el senador Alexander López. A titulo seguido el columnista se muestra desconcertado por la denuncia de María Isabel en torno a que en Cali existe una oposición entre ricos y pobres, dentro de la cual la oligarquía busca utilizar todos sus métodos para acceder a la primera magistratura de la ciudad. Incluso, la candidata del Polo denunció como Rodrigo Guerrero utilizo sus vínculos y relacionamientos con el presidente Juan Manuel Santos, para favorecer su inscripción como candidato. Punto seguido, el autor compara la polarización de clase a la cual se refiere Urrutia con un oscuro caso de dopaje por el cual la deportista fue sancionada, y le pide que dado ese antecedente se abstenga de “[…] evitar dar lecciones sobre aquello en lo cual hemos fallado”. Así, de un debate que Urrutia había colocado alrededor de las condiciones socioeconómicas de la ciudad para explicar la polarización caleña frente a la posibilidad que una mujer negra asumiera la primera magistratura de la ciudad, el autor concluye: “A mi una cosa me queda clara en todo caso: no deseo que alguien sancionado por su comportamiento deshonesto o su descuido, que olvidó los valores inmensos de su etnia, que adoptó el discurso del resentimiento y la polarización, llegue a conducir los destinos de mi ciudad.

Para Hall, el racismo desde el punto de vista de su especificidad histórica, permite ver que su objeto es la organización —por el poder— en la formación social, en tanto configuración de posiciones y relaciones desiguales. Este punto de vista analítico considera el racismo como una forma —o una serie de formas históricamente cambiantes— de dividir y distribuir la población. Como vemos, Antonio de Roux niega la oposición propuesta por María Isabel Urrutia entre “ricos y pobres”, para fragmentarla en múltiples binarismos del resentimiento y la polarización social: inocente-culpable, honesto-deshonesto, cuidadoso-deshonesto. La verdadera cuestión para Hall no es cómo escapar del binarismo o negarlo, pues eso implicaría ignorar el contexto. Reducir el racismo a una sola relación binaria como la de pobres y oligarcas, olvida que muchos de estos epítetos son reproducidos y validados por los mismos sujetos racializados. Como mostraría Franz Fanon en su libro Piel negra, mascaras blancas, la gente negra reproduce -en no pocos casos- los estereotipos sobre su misma condición, y de muchas maneras busca lavar su condición moviendo la frontera imaginaria del color de la piel y los rasgos fenotípicos, hacia individuos idealmente más negros: el negro-azulado.

En lugar de ello, mas bien deberemos preguntarnos porqué reaparecen los binarios. Para Hall, cualquier binarismo es en realidad una diferencia sobredeterminada, el poder siempre sigue manteniendo los binarios en las realidades históricas: «Esto es posible debido a que el lenguaje y el poder no son lo mismo, sino que el poder interviene en el lenguaje (representación) para asegurar ciertos efectos. Como vemos en los múltiples adjetivos que mimeticamente se extrapolan desde la candidata María Isabel en la fragmentación binaria del columnista de Roux, hasta el extremo del graffiti citado al comienzo de este texto; en ambas construcciones discursivas es posible apreciar que a pesar de la existencia de “…ciertas características generales en el racismo. Aún más significativas son las formas en las que dichas características generales se modifican y transforman por la especificidad histórica de los contextos y los entornos en los cuales cobran actividad” (Hall Op. Cit.).

Por último, repasando uno de los comentarios de los cibernautas que visitaron la columna de Antonio de Roux, observamos que tal y como nos lo propone Hall, las ideologías “trabajan” construyendo para los lectores sus posiciones de identificación y conocimiento que le permiten “proferir” verdades ideológicas como si fueran sus legítimos autores. Alguien identificado como Gabriel61 escribió debajo de la columna referida:

“¿Y ustedes creen que una ignorante de todo lo anteriormente mencionado va a sacar a Cali del ostracismo en el que estamos?. Cali ya no tiene Caleños, además de haberse llenado de desplazados analfabetos y que no tienen idea de lo que es cultura, han llegado a Cali a despedazarla, a Ultrajarla,a irrespetarla...además de todo, también quieren ser alcaldes para depredarla más y dejarla inviable como ciudad. A una ciudad llena de sicarios y raponeros ningún empresario internacional la quiere mirar, no hay quién le inyecte capital”. Mié, 09/14/2011 - 3:51pm — Gabriel61

Es así como se transforman los binarismos asignados implícitamente a la candidata María Isabel. Las metáforas de cuerpo fuerte y alma sumisa se continua propagando en el juego de sus posibles evocaciones y adjetivaciones dentro de la formación social racializada. Esto no se debe a que necesariamente las evocaciones emanen de nuestra experiencia más íntima, unificada y auténtica, sino que por lo general nos vemos reflejados en las posiciones que hay en el centro de los discursos desde los cuales “cobran sentido” las afirmaciones que hacemos. Así es como los mismos “sujetos” (por ejemplo, las clases económicas o los grupos étnicos) pueden construirse de manera diferente en diferentes ideologías.

Bibliografía

AROCHA, Jaime (2008). Ideología y Racismo. El Espectador http://www.elespectador.com/columna85506-ideologia-y-racismo

DANE. 2005. Censo Poblacional.

DE ROUX, Antonio (2011). Vendió el alma. Diario el País. http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/antonio-roux/vendio-alma

FANON, Franz (1974). Piel negra, máscaras blancas, Editorial Schapiere, Buenos Aires.

GROSSBERG, Lawrence (2006). Stuart Hall sobre raza y racismo: estudios culturales y la práctica del contextualismo. Revista Tabula Rasa. Btá No 5.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Gubernamentalidad Neoliberal colombiana, su inducción represiva

Por Carlos Duarte.
Profesor del programa de Antropología
Universidad Icesi - Cali
Miembro del Centro de Pensamiento Raizal.

(Ver en Medvedkino)

A propósito de la Ley de víctimas: recordando la fase de introducción armada del actual modelo de gubernamentalidad neoliberal colombiano, a pesar de los dispositivos de olvido oficialistas.

La aprobación e implementación de la Ley 1448 de 2011 definirá el contexto del campo colombiano en los años a venir. Pero además, se supone que la Ley de Víctimas dotara a la sociedad colombiana de una política de Estado que reconocerá y garantizará los derechos de las víctimas y de la sociedad impactada durante décadas por graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario.

Medvedkino hace parte de: LA DIREKTA Es en referencia este último aspecto al que nos queremos referir brevemente. ¿Cuál es la relación entre la consolidación de una gubernamentalidad neoliberal y una política de atención a las victimas del conflicto? Evidentemente, el punto de articulación tiene que ver con los dispositivos de la memoria. ¿Qué recordaran las generaciones futuras? y ¿Cuáles serán los códigos para interpretar la historia reciente del país? En este sentido, cuando el recordar esta mediado por una indemnización económica estamos directamente en el campo de una gubernamentalidad neoliberal. Neoliberalismo es hacer de si mismo un empresario, un “empresario de si”. De acuerdo con el Nacimiento de la Biopolítica de Foucault, lo que el neoliberalismo, en su vertiente norteamericana pretende, es “[…] ampliar la racionalidad del mercado, los esquemas de análisis que dicha racionalidad presenta, y los criterios de decisión que ésta implica, a ámbitos no exclusiva ni predominantemente económicos: la familia y la natalidad, pero también la delincuencia y la política penal”. En este caso, el aspecto a ser digerido bajo los intereses del mercado son los dispositivos de “la memoria”. Cuando lo que se recuerda esta limitado por los bordes de una indemnización monetaria, fijada además bajo los términos de una tecnocracia judicial sustentada en “[…] enterrar definitivamente a los muertos” (Ver en Video No 4. La política oficialista del olvido (08:40 minutos), estamos hablando de la legitimación de una política del recuerdo cómodamente instalada en los terrenos del neoliberalismo.

De otra parte, en esa dinámica de recordar por fuera del mercado es imprescindible no olvidar que la fase actual de gubernamentalidad neoliberal no ocurrió solamente bajo los avatares del mercado mismo o la confrontación discursiva; su imposición hegemónica debió implementar además, toda una ofensiva militar y una concepción clasista de la justicia sobre los adversarios del campo político (Ver videos No 3 y No 2). Dicho adversario a lo largo de la década de los 80s – 90s serian las estructuras sindicales y los dirigentes sociales en defensa de los bienes públicos y las autonomías territoriales locales y regionales (Ver video No 4).

Comúnmente y sobre todo desde los discursos oficialistas se apela al equilibrio autónomo del mercado como máxima política, sin embrago dichas afirmaciones tienden a ocultar que liberalismo y neoliberalismo no son lo mismo. El problema del liberalismo es “[…] como una sociedad política puede dividirse para introducir un espacio ‘libre’ que seria el del mercado” (Foucault 2004:137)”; sin embargo el problema del neoliberalismo es el contrario, “[…] descubrir como puede arreglarse un ejercicio global del poder político bajo los principios de una economía de mercado. No se trata, entonces, de liberar un espacio vacío, sino de articular y proyectar sobre un arte general de gobernar los principios formales de una economía de mercado” (Ibíd.).

Si comprendemos estas diferencias podremos observar como se cierra el modelo neoliberal de gobierno para el caso colombiano, (Ver video No 4 “Eliminación de los obstáculos al programa económico neoliberal por medio de la judicialización de la protesta social” (03:00 minutos) y “La represión disciplinaria” (04:05 minutos)). Entonces bajo una gubernamentalidad neoliberal no solamente es importante el desplazamiento de los intereses políticos hacia los ordenes pragmáticos de la economía, al mismo tiempo el neoliberalismo necesita de “[…] una política activa y extremadamente vigilante” (Foucault Op. Cit.:138). Dispositivos de disciplinamiento que en el caso colombiano se articularon con las fuerzas armadas y el sistema judicial. Por paradójico que parezca, el neoliberalismo es una economía de mercado sin laissez-faire, es decir: una política activa sin direccionalidad. El neoliberalismo, por lo tanto se establece al contrario del laissez-faire, bajo el signo de una vigilancia y una actividad de intervención permanente. Es posible encontrar en todos los textos de los neoliberales abordados por Foucault “[…] la tesis de que el gobierno bajo un régimen liberal es un gobierno activo, es un gobierno vigilante, es un gobierno intervencionista, y lo hace con formulas que ni el liberalismo clásico del siglo XIX, ni el anarco-capitalismo estadounidense contemporáneo podrían aceptar” (Ibid.). Es así como la introducción del modelo neoliberal de gobierno bajo el cual se termino con el proyecto del Welfare State criollo, tuvo que pasar necesariamente por la eliminación de las barreras sociales que se mostraban contraria a su lógica privatizadora y de adelgazamiento de lo público.

En este contexto los invitamos a repasar el modelo de inducción armado y jurídico del actual modelo neoliberal de gobierno, recordando la obra del reconocido abogado y defensor de las causas sindicales Eduardo Umaña Mendoza, justo en el momento de su implementación sistemática, a lo largo de las décadas de los 80s y 90s. Desde el punto de vista de la obra práctica de Umaña, podremos rastrear el transito desde un ciudadano sujeto de derechos -homo juridicus-, el cual se organiza políticamente para demandar reformas democráticas y participativas en la toma de decisiones estatales, hacia su progresiva sustitución, desde el punto de vista técnico estatal, por la figura neoclásica del “homo œconómicus”. En este marco de relaciones un modelo neoclásico o neoliberal de gobierno, se constituye bajo la dualidad entre libertad y represión, de un lado propende por la libertad de las fuerzas del mercado, y del otro lado introduce los dispositivos de control estatal necesarios, para mantener un escenario propicio para la acumulación.

AUDIOVISUALES EDUARDO UMAÑA MENDOZA
Para ver los 4 audiovisuales con su respectivo counter temático por minutos, hacer Click Aquí para ir al sitio Medvedkino - LaDirekta (Etnografía Audiovisual Colombiana)

lunes, 29 de agosto de 2011

Ocularcéntrismo

Por Carlos Duarte.
Profesor del programa de Antropología
Universidad Icesi - Cali
Miembro del Centro de Pensamiento Raizal.

(Ver en Medvedkino)

Basta con echar una rápida ojeada al lenguaje que empleamos habitualmente para demostrar la ubicuidad de las metáforas visuales. “Ver” y “mirar” por ejemplo. Para nosotros el “ver” tiene relación con el registro de lo visual en términos sensibles, mientras que el “mirar” tiene relación con el “darse cuenta”. Así cuando generalmente “vemos” lo que hacemos es capturar información de lo visible y cuando “miramos” construimos interpretaciones de lo que “vemos”.

Más interesante puede ser encontrar que el “mirar” -la interpretación, esta estrechamente relacionada con lo “admirable”. Darnos cuenta “de” se vincula secretamente con aquello que nos sorprende visualmente. Esta vinculación es aún más sugerente cuando la apreciamos en conexión con otras lenguas. Así nuestro “mirar” esta vinculado con la palabra “mirabilía”, (lo “maravilloso”), expresión que vale la pena recordar seria cotidianamente utilizada en los días del encuentro entre Europa y America. Siguiendo con este ejercicio, el latín “mirabilía”, hace parte de una misma constelación de significantes al lado del francés “merveille” y del ingles antiguo “marvail”; los cuales en nuestros días, nos resuenan por medio de una industria cultural de innegable influencia en los circuitos de consumo masivo, se trata de la empresa norteamericana de comics “Marvel”. Lo visual en esta pequeña etimología de lo imaginario, vincula el conocimiento de lo sensible, con lo maravilloso, lo admirable y con el consumo cultural de los comics.

A esa impregnación ocular del lenguaje hay que sumarle el cúmulo de lo que podrían denominarse prácticas sociales y culturales imbuidas por lo visual. Para Hans Belting, el ser humano es el lugar de las imágenes, y es en cierto modo, un organismo vivo para las imágenes. Lo anterior se torna comprensible si se piensa que a pesar de todos los aparatos con los que en la actualidad enviamos y almacenamos imágenes, el ser humano es el único lugar en el que las imágenes reciben un sentido vivo: imagen-cuerpo, imágenes-dioses, guerra de imágenes, imágenes-recuerdo e imágenes-sueños. Entonces, si pensamos que el terreno de las imágenes, entendidas en tanto mediaciones simbólicas, son el campo en el que se definen los gustos (las industrias culturales), la política (los estados de opinión) y el arte (la intermedialidad), quizás podamos decir hoy, con un mayor grado de certeza que la pesadilla de Guy Debord se formaliza en la medida que nos sumergimos de lleno en un entramado de relaciones sociales mediadas por la espectacularización de sus simulacros, o de sus formas simbólicas.

Desde otro ángulo de observación, menos pesimista quizás, también podríamos coincidir con Martin Jay, en que dada nuestra extraordinaria variedad y variabilidad de prácticas visuales podemos afirmar que las culturas de nuestro tiempo son cada vez más “ocularcéntricas”, o dominadas por la visión.

lunes, 6 de junio de 2011

La metáfora del chivo expiatorio: algunos indicios para entender un estado de violencia generalizada en Cali

Por Carlos Duarte.
Profesor del programa de Antropología
Universidad Icesi - Cali
Miembro del Centro de Pensamiento Raizal.

Era sábado, temprano por la mañana, Cali como de costumbre se levantaba entre las trayectorias de trabajadores, deportistas, amas de casa y uno que otro enguayabado de la noche anterior, quienes se deslizaban en los buses azules del MIO. Sin embargo, esta imagen se vio interrumpida por la algarabía de una pareja que en cuestión de minutos pasó del alegato al insulto, y de la agresión simbólica a la puñalada fulminante. De acuerdo con la versión de los testigos, la pareja se subió en la estación de Chiminangos, se sentaron en el segundo puesto detrás del conductor. Luego en la estación de Manzanares, en la Carrera Primera con Calle 38, en medio de una acalorada discusión, el hombre saco su navaja e hirió de muerte a la mujer en el cuello.

Según el periodico el País, en Cali las cifras fatales se han disparado durante las últimas semanas. Los casos se presentan en un número alarmante por medio de heterogéneas metodologías de la muerte. No son solo las vendettas o ajustes de cuentas entre bandas. La violencia se ha venido manifestando en múltiples aspectos de la vida caleña, desde peleas entre grupos de estudiantes pertenecientes a colegios diferentes, hasta la agresión directa entre parejas, hermanos, padres e hijos. ¿Cómo podemos entender esta emergencia de la violencia? ¿Cuáles son los umbrales de agresión que una sociedad puede soportar? ¿Dónde se origina esta elección sistemática por la fuerza? Quizás en la medida que comprendamos mejor algunas de estas preguntas, podamos plantearnos soluciones que no apelen a la fuerza misma, vestida de represión, para controlar el fuego con más fuego.

Un primer paso en este sentido sería establecer ¿qué tienen en común los conflictos que son capaces de desencadenar la violencia entre seres humanos? Recordemos algunas palabras de aquel erudito asesino de ficción el Dr. Haniball Lecter: Codiciamos lo que vemos todos los días. Es la vista la que busca y localiza las cosas que queremos, que nos gustan y que deseamos. Y de esa contemplación también surgen las situaciones más trágicas: lo del diario es el cultivo de las pasiones criminales. Este memorable dialogo del "Silencio de los Inocentes", es un primer indicio que se ajusta perfectamente con el concepto de deseo mimético planteado por René Girard, un famoso antropólogo de la violencia y de las religiones. El deseo mimético se manifiesta como una disposición continua de los seres humanos a imitarse recíprocamente, y en esta práctica es inevitable la imitación del deseo de otro, para copiarlo y apropiárselo. Al intensificarse, el deseo mimético se convierte en obsesión recíproca para los rivales, y detona situaciones de conflicto que pueden llegar a resolverse por medio de la violencia.

Desde este punto de vista podemos plantearnos que la violencia puede desatarse a dos niveles: i) entre grupos excluyentes o con los cuales los límites de la socialización son mas distantes, nivel donde podríamos ubicar los ámbitos tradicionales del conflicto armado colombiano (entre clases sociales) o el de las bandas criminales (inter-grupales); y ii) entre los semejantes que comparten un mismo grupo de convivencia (jóvenes contra jóvenes, alumnos contra alumnos, hermanos entre hermanos). Es a este último nivel al que pertenecen los conflictos que atentan contra las instituciones y las convenciones sociales que nos parecen intocables como la familia o el matrimonio, y en los que este texto se enfoca.

¿Cómo nace este deseo que carcome por dentro, impulsándonos a devastar aquello que vivimos como sagrado? Para otro famoso antropólogo, Gregory Bateson, las relaciones violentas y conflictivas entre semejantes están atadas a problemas de incomprensión en la comunicación, y en la enunciación de mensajes contradictorios. Cuando en una relación asimétrica como la que puede existir entre padres e hijos, el padre le dice a su hijo: se como yo, tómame como modelo, imítame; pero al mismo tiempo le dice: no te conviertas en mi rival, por lo tanto no me imites! es evidente que surge una contradicción. Por lo tanto en caso de imitación, necesariamente se producirá un conflicto violento producido por la rivalidad. Para Bateson el tema de los dobles antagonistas que dirimen su conflicto en la intimidad y en una dependencia creciente, constituyen el primer paso hacia la rivalidad pública y violenta. Víctima y victimario están indisolublemente atados por un doble vinculo: el verdugo depende de la mirada de la víctima para reconocer en ella su incompletud, y la víctima -queriendo poseer la invulnerabilidad del verdugo- se acerca demasiado, tanto, que se expone al maltrato y al abuso prepotente.

La anterior es una de las múltiples superficies en las que este conflicto entre semejantes puede emerger. Sin embargo, otra superficie de emergencia que puede ser mas apropiada para el contexto caleño, es la sugestiva metáfora del chivo expiatorio. Rene Girard nos propone una lectura en la que el conflicto en tanto ritual es una solución frente a las tensiones colectivas. Para este autor a pesar que juego y ritual son términos antropológicos, su carácter simbólico no les impide ser catalizadores por excelencia de la violencia, así que lo simbólico es violento también. Los grupos humanos ocultan su miedo a auto-destruirse en una rivalidad sin fin (la venganza, una vez desatada no tiene más fin que la destrucción), para tal fin evacuan la violencia de todos contra todos, en un todos contra uno. El chivo expiatorio es la típica consecuencia de las asimetrías sociales conflictivas, es el fenómeno de los linchamientos y las agresiones a un arbitro de fútbol.

En el caso caleño los conflictos entre grupos marginalizados y excluidos socialmente, pueden ser contemplados como un desplazamiento del deseo mimético, y de la violencia sufrida a manos del sistema por cada uno de ellos. La violencia ejercida por un sistema de clases sociales sin oportunidades de ascenso social fomenta el auto-odio (por frustración, incompetencia, fracaso familiar, escolar). Dicho odio es mecánicamente dirigido hacia la víctima más cercana y accesible. Así la rabia del deseo frustrado que debería ser dirigida directamente hacia el sistema que les oprime (conflicto inter-grupal), es proyectada en su lugar hacia los miembros de la misma clase, grupo o casta social. En opinión de Angel Barahona, experto en antropología de la violencia, la progresión del deseo del otro en las comunidades oprimidas, o en los grupos de jóvenes, a menudo procede de una mediación externa (querer ser como), pasando por una mediación interna (querer conquistar al rival), hacia el escándalo que produce el rival en el sujeto (querer destruir al rival). Por lo tanto, la progresión conduce del deseo, a la envidia, al odio, que se transforma en auto-odio, para finalizar en el acto de rabia o furia. La espiral exponencial que se desata en la violencia entre pares puede acabar con la muerte del rival en tanto chivo expiatorio de una situación de marginación colectiva.

Para finalizar, quisiera retomar a Barahona, en la medida que este autor nos previene sobre la dificultad de identificar una situación de chivo expiatorio: el chivo-expiación nunca es tal cuando nosotros estamos involucrados. Por lo tanto la violencia esta mucho más cerca de lo que nos gusta admitir, no en tanto víctimas (lugar recurrente de la mayoría de análisis), sino en un lugar más oscuro y difícil de reconocer, nosotros en tanto verdugos. No solo recurre al ritual violento el apócrifo asesino de su pareja en el MIO. Abajo de la noticia del asesinato del MIO, en los comentarios de los cybernautas es posible leer frases como: “PLOMOOOOOOO CON ESA ESCORIA SOLO PLOMO”, o “AQUI LO QUE HACE FALTA ES UNA BUENA BANDA DE LIMPIEZA SOCIAL”.

Nuestra cultura nacional se ha venido acostumbrando a encontrar un chivo expiatorio (una víctima propiciatoria de la violencia) sobre la cual la multitud (los rivales unidos por el miedo a la auto-destrucción) pueden hacer una transferencia de violencia de sus propias rivalidades. Si el chivo expiatorio es asesinado, por medio de una segunda transferencia la víctima salva a la sociedad absorbiendo su violencia, canalizando la catarsis purificadora. Lo que la antropología nos enseña por medio de la metáfora del chivo expiatorio, es que bien sea en una relación en la que los fuertes descargan sobre los débiles, o en aquellas en las que las víctimas se rebelan, en ambos casos estamos frente a la activación de un mecanismo de violencia escalar, el cual de no ser sujeto a mediación-negociación, indefectiblemente comportará sacrificios de víctimas inocentes.

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