Tal y como parecen indicar las encuestas, sondeos de opinión y el fervor de jóvenes, mujeres, madres, hombres, indígenas, afro descendientes, campesinos y demás, el 2 de octubre va a ser una fecha histórica para la política y la sociedad colombiana, se van a refrendar los acuerdos logrados entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, con toda convicción vamos a votar SÍ. Los colombianos revestiremos de legitimidad esa negociación y nadie podrá, después, quitárnosla de las manos.
No obstante hay muchísimos retos, uno de ellos es la capacidad institucional del Estado colombiano. Éste ha sido un país que no ha podido responder de forma clara, oportuna y precisa a los fenómenos y necesidades de su población. No pudo responderle a los campesinos de Caldas y Tolima hace 52 años y se formó la guerrilla de FARC-EP; no pudo defender a los ganaderos y terratenientes del Urabá Antioqueño de esa guerrilla y se formaron los paramilitares; no pudo controlar amplias extensiones de tierra, ni sus fronteras y nacieron los narcotraficantes. Entonces, la historia reciente de Colombia, para no irme tan atrás, ha sido de debilidad institucional.
Por eso, el Estado que viene y que debemos construir entre todos porque el “Estado somos todos”, debe ser un ente político capaz de defender y proteger a los que están amenazados, ser capaz de ampliar la democracia sin que sea un riesgo pensar diferente, invertir en el campo con proyectos ambiciosos como lo son el mejoramiento de vías terciarias, la tecnificación de las siembras, el catastro rural, y las garantías de no repetición de este conflicto. Además debe mirar los grandes cinturones de miseria en las ciudades y responderle a tiempo a la desigualdad, la pobreza, la inseguridad y la violencia urbana.
EL 2 de octubre es el comienzo de la construcción de un país que no se ha logrado definir ni descubrir. Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla son muy diferentes a Bojayá, Buenaventura, Toribio, El Salado, Mapiripán, entre otros tantos municipios que han sufrido este conflicto armado que se pretende parar. Y el objetivo del Estado es hacer buena presencia en el último grupo de estas poblaciones mencionadas, lograr que todos los colombianos nos identifiquemos como una nación, más allá de los partidos de la Selección de Fútbol.
El Estado debe garantizar democracia, salud, educación, seguridad y empleo a los que el mercado ha olvidado. Y eso es un proyecto a largo plazo. El país se debe fortalecer en lo político y administrativo, y mirar el post-conflicto o post-acuerdo como una oportunidad para creer que ser colombiano significa algo más que violencia, droga, narcotráfico, guerrilla, autodefensa y corrupción.
Y para terminar es necesario tratar el punto, tal vez el más preocupante, de la corrupción. El Estado Colombiano del futuro no puede permitir que sus jóvenes se sigan matando en peleas de pandillas en las barriadas informales de las ciudades porque la asistencia social, la salud, la educación y la posibilidad de tener empleos dignos se la robaron unos pocos. En el futuro ni los niños y niñas de La Guajira y el Chocó se pueden seguir muriendo de hambre porque hay politiqueros que usan el ICBF como un fortín electoral y una caja menor. Y Colombia en el futuro debe tener unas instituciones fuertes y blindadas frente a los vínculos que puedan existir con la delincuencia y la criminalidad, no pueden haber alianzas nefastas entre miembros de la fuerza pública y traficantes –de lo que sea–.
Luego del 2 de octubre el próximo enemigo que hay que derrotar es la corrupción que genera pobreza, desigualdad, violencia e inseguridad.
miércoles, 21 de septiembre de 2016
El reto: la capacidad del Estado
viernes, 6 de mayo de 2016
Reflexiones acerca del poder soberano y la nuda vida
Hablar sobre la sacralidad de la vida y del rol que ésta desentraña en la configuración de un orden social establecido. Identificar desde el valor que se le atribuye a la vida de los ciudadanos desde el estado. El objetivo que persigue en última instancia este documento es mostrar cómo desde el estado se crea la excepción para ejercer soberanía sobre los cuerpos y el papel de la ley en esa nueva configuración. Estos son algunos puntos que se abordan en el presente texto, se analiza el papel de la soberanía expuesta por Agamben en el documento Homo Sacer: el poder soberano y la nuda vida. Y de cómo la retórica de la soberanía es el centro del estudio de la biopolítica, área de investigación que explica el giro de análisis de la soberanía de los estados ya no sólo sobre los espacios geográficos, sino que se centra en la soberanía del estado sobre los cuerpos.
De esta manera, Agamben expone en el texto que en el estado moderno la vida humana ha sido despojada de toda significancia. Homo sacer hace alusión a esa pérdida que sufre el ser humano, ya que como lo muestra el autor, en la antigüedad romana existía un rito que le permitía a un hombre quebrantar la ley de asesinar sin tener la correspondiente pena jurídica por tal hecho. Pero con la implementación de la excepción como norma, a la vida se le es despojado de todo significado y valor, tanto lo sagrado y como lo humano, y sólo queda un ser que puede ser utilizado y quebrantado.
Hablar de soberanía del estado sobre los cuerpos, nos permite pensar y replantear hasta dónde llega el poder del Estado. Es en la excepción donde se hace más evidente ese poder del estado, por intervenir en la vida de los sujetos, en sus rutinas, en sus prácticas, condicionándolos, y usándolos como una herramienta para alimentar ese poder. La excepción no hace referencia sólo al marco legal-jurídico en el que entran los estados durante una crisis, sino que se constituye en la ley por fuera de la ley. Y es que como lo muestra el autor, “la excepción soberana (como zona de indiferencia entre naturaleza y derecho) es la presuposición de la referencia jurídica en la forma en la forma de su suspensión” (Agamben; 1998:34). Una creación que intenta ocultar las creaciones internas desde lo externo, y con ello, legitimar las acciones propias en un estado en crisis.
Es de suma importancia en esta línea de ideas, que en el estado de excepción el soberano determina en qué casos de estado de excepción aquello que estará fuera de la ley, como lo muestra Agamben “Yo, el soberano, que estoy fuera de la ley, declaro que no hay un afuera de la ley” (1998:27), y sin embargo, muestra la excepción como un afuera. Esta paradoja que muestra el autor, permite pensarse entonces cómo por medio de herramientas jurídicas se crea la excepción, permitiendo al soberano ejercer soberanía sobre el homo sacer. Es como de esta manera que “en la excepción soberana se trata, en efecto, no tanto de neutralizar o controlar un exceso, sino, sobre todo, de crear o definir el espacio mismo en que el orden jurídico-político puede tener valor” (Agamben;1998:31).
De la anterior cita y de acuerdo a lo planteado durante la sesión, surge la inquietud de sí la soberanía sobre los cuerpos como homo sacer, se puede apreciar únicamente en estados de excepción del estado (ejemplo: campos de concentración, cárceles para terroristas, o durante el periodo de la esclavitud), no sería posible rastrear al homo sacer en las otras formas en las que el estado ejerce soberanía en un territorio. ¿Se puede hablar de homo sacer sólo cuando se vulnera la integridad física de un individuo en excepción? ¿Puede la excepción tener otras formas y otros componentes aparte de la violencia física?¿Podría ser entendida la situación de pobreza que enfrentan algunas comunidades una forma de excepción?
Bibliografia
Agamben, Giorgio (1998). Homo Sacer: el poder soberano y la nuda vida. Pre-Textos
jueves, 3 de marzo de 2016
¿Cómo los medios de masas configuran formas de vida social e imaginarios?
A la luz del texto de Lila Abu-Lughod (2005) Dramas of Nationhood. The Politics of Television in Egypt, me propongo a entender cómo los medios de masas configuran formas de vida social e imaginarios que permiten entender la idea de nación como un marco que definen (imponen) posturas ideológicas
La autora nos invita a mirar el impacto de la televisión en tanto a transmisor de mensajes, narrativas, imágenes y sentidos, en la vida cotidiana de los ciudadanos de una nación, como Egipto. Para ella, la televisión juega un importante rol en este proceso de configuración de un carácter hegemonizante del Estado-nación (Abu-Lughod, 2005). Para ello, la autora revisa el caso de Egipto y sostiene que su estudio se justifica por dos razones, principalmente, por un lado, la televisión puede dar cuenta de cómo se ha configurado el proceso de construcción de una cultura nacional, si se entiende como una institución; por otro lado, la televisión se ha involucrado en todo el proceso de construcción de nación y de sentimientos nacionales así como modelando imaginarios nacionales (Abu-Lughod, 2005).
Como antropóloga, su intención de fondo es hacer una etnografía del Estado(-nación) y para ello se ha propuesto rastrear cómo en Egipto se ha construido un imaginario de Estado-nación a partir de los medios masivos de comunicación, principalmente, la televisión. Por lo tanto, es importante partir de lo que se va a entender por estado-nación. Ella parte de la idea de comunidad imaginada (Anderson, 1991) y sugiere entender el Estado como un artefacto cultural. En este marco analítico, el Estado-nación constituye un modelo ordenador del día-día, y la autora lo ve cristalizado en las series que transmite los canales estatales de Egipto. Con esto en mente, metodológicamente, la autora propone una mirada articuladora, por un lado, de la circulación de sentidos, objetos e identidades culturales con perspectiva espacio-temporal difusa, y por el otro, de una etnografía multisituada identificando las conexiones con los "mundos" de la vida que se dan en diferentes lugares. Con esta propuesta, la autor intenta desentrañar las relaciones de las vidas particulares dentro de un sistemas más amplio (Abu-Lughod, 2005).
Dicho lo anterior, la autora reconoce que la televisión, mejor dicho, los programas y películas transmitidos por los canales nacionales, sus estrellas (actores/as) ofrecen formas de cómo naturalizar la nación. Lo que ocurre, por un parte, en la medida en que el ritmo de la cotidianidad se ve organizada según los tiempos de estos programas y por otra parte, porque trata preocupaciones nacionales "palpables": escándalos, corrupción, violencia, entre otros, articulando asuntos de orden estatal y religioso. En todo caso, la lógica detrás del asunto consiste en que por medio la televisión se imponen formas que modelan los componentes que inciden en la configuración ideológica de una nación.
Me causa inquietud, o más bien curiosidad, que la autora no registre (ni en la bibliografía) un texto como Homo Videns. La Sociedad Teledirigida (1997) o La opinión teledirigida. Videopolítica (1998) del italiano Giovanni Sartori (1997), quien aborda la relación de la televisión en su vínculo con la política y la construcción de ciudadanía, haciendo hincapié en el contenido que se transmite que condiciona el vivir y el convivir. Aunque Sartori se preocupa más sobre los tipos de contenidos (contenido/información frívola u objetiva) y cómo la televisión ha privilegiado el tipo de información que, el autor, entiende como carente relevancia “significante”. A esta conclusión llega el autor al advertir que la televisión ofrece un contenido que apela más al entretenimiento, distracción y diversión, que a la reflexión crítica. Lo que no debe constituir un asunto de desinterés pues, para Sartori, es la televisión, entre los demás tipos de medios de comunicación de su época, la principal fuente de información, es a partir de ella que los ciudadanos construyen su mirada sobre los asuntos cotidianos.
Lo que más me inquieta del asunto, es que para gran parte de la población que estudia el autor, la televisión es la única fuente de creación de opinión, para aprobar o desaprobar decisiones políticas. De esta forma, esta población solo puede opinar de la forma en que la televisión le induce (Sartori, 1998).
De ambas posturas, destaco su inquietud acerca de cómo la televisión (la cultura de la televisión como menciona Abu-Lughod, 2005) influye, tanto en la construcción de imaginarios, de símbolos, de identidades afín a un proyecto de nación particular, como en la determinación de los asuntos acerca de los cuales se opina, o al menos se tiene idea, en la cotidianidad social de los individuos que se constituyen como insumos para la toma de decisiones políticas.
Bibliografía
SARTORI, Giovanni (1998). “La opinión teledirigida. Videopolítica” [traducción al español por Valentina Valverde] en Claves de Razón Práctica, enero-febrero 1998, núm. 79.
ABU-LUGHOD, Lila (2005). Dramas Of Nationhood: The Politics Of Television In Egypt. (pags, 1-53, 111-134, 193-245)
ANDERSON, Benedict (1991). Imagined communities. London: Verso.
miércoles, 2 de marzo de 2016
¿Cómo etnografiar la realidad en la ilusión?
Comprender cómo se viven las versiones de aquellos conceptos que estructuran nuestros sentidos comunes en la cotidianidad pareciera ser un asunto central para la etnografía. Más allá de ser un ejercicio que nos invita a descubrir qué hay detrás de la ilusión, es un camino que nos acerca a la realidad que hay en ella. Al pensar en lo que significa realizar una etnografía del estado, valdrá la pena entonces volver sobre aquellas narrativas y representaciones que se han edificado en cada uno de nuestros escenarios compartidos a propósito de éste. No son pocas las ocasiones en las que nos referimos al estado como una estructura ubicada sobre nosotros la cual está ahí para determinar y vigilar comportamientos. Sin embargo, si volvemos a él pensándolo como una idea, como un marco de referencia al cual recurrimos para establecer diálogos y concretar relaciones, como una humana ilusión, el campo de posibilidades se abre. En este punto vale la pena preguntarse entonces ¿Cómo etnografiar la realidad en la ilusión?
Íngrid Bolívar (2011) y Ángela Rivas (2011), nos invitan a reflexionar sobre la manera en que ha sido abordado conceptual y metodológicamente el estado. Ambas propuestas resultan de gran utilidad por cuanto nos presentan elementos centrales que deberíamos considerar al momento de proponernos etnografiarlo. En “El problema es la falta de estado”. La dificultad de etnografíar al estado, Rivas (2011) llama nuestra atención sobre los obstáculos y posibilidades que se nos presentan al intentar aproximarnos al estado como un sujeto de estudio. Su naturaleza elusiva y polisémica, aquella que nos impide delimitarlo, localizarlo y acotarlo, así como la tendencia a reificarlo son algunas de las principales dificultades. Ahora bien, sobre el cómo sortear este tipo de obstáculos, la propuesta de Rivas (2011), muy cercana a la postura de Bolívar (2011), será ir a la cotidianidad, al momento, sujetos y contextos sociales que producen o reproducen narrativas sobre el estado o en su nombre. Buscarlo en los efectos que produce, en los procesos de simplificación de realidades complejas que se atribuye (censos, políticas públicas, análisis estadísticos, etc.), o en la manera en que se lo alude, son algunas de las rutas que harán posible una etnografía del estado.
Sandra Patricia Martínez (2013) en su artículo Hacia una etnografía del Estado: reflexiones a partir del proceso de titulación colectiva a las comunidades negras del Pacífico colombiano, nos presenta el caso del proceso de titulación colectiva agenciado por los pobladores negros del Alto Atrato como una excusa para aproximarse al quehacer del etnógrafo del estado. Retomando algunos de los planteamiento realizados por autores como Abrams (1988), Gupta y Sharma (2006), Mitchell (1991), Hansen y Stepputat (2001), Nuijten (2003), Gupta y Ferguson (2002), entre otros, sobre la definición o aproximación metodológica a la comprensión del estado, Martínez vuelve sobre el caso del Consejo Comunitario Mayor de la Organización Popular Campesina del Alto Atrato –Cocomopoca–, para conocer las representaciones que la gente construye en torno al estado a partir de la interacción con los funcionarios a cargo de la implementación de la política de titulación de tierras de comunidades negras (Martínez, 2013). A través del análisis de las prácticas y representaciones de los miembros de Cocomopoca, Martínez (2013) da cuenta de cómo “el estado se presenta como una forma de organización social compleja, como una arena de regateo, cálculo y negociación entre actores diferencialmente situados”. Al volver sobre el estado como un artefacto cultural construido a partir de prácticas y representaciones sociales, de la interacción entre ciudadanos y funcionarios, la autora nos invita a comprender la realidad en la ilusión.
Referencias
Bolívar, I. (2011). “Prácticas disciplinares y promesas de la etnografía: redescubrir el estado”. En Margarita Chaves (comp.) La Multiculturalidad Estatalizada, pp. 49-66. ICANH
Martínez, S. P. (2013). “Hacia una etnografía del Estado: reflexiones a partir del proceso de titulación colectiva a las comunidades negras del Pacífico colombiano”. En: Universitas Humanística, no.75, enero-junio, pp. 157-187.
Rivas, A. (2011). "“El problema es la falta de estado” La dificultad de estenografiar el estado". En: Margarita Chaves (comp.) La Multiculturalidad Estatalizada, pp. 43-48. ICANH
martes, 1 de diciembre de 2015
La falla estatal: una discusión vigente
Cuando uno se detiene a contemplar los modos de operación de ciertas naciones del primer mundo y de algunos organismos internacionales, se da cuenta que la discusión alrededor de la fragilidad estatal está vigente, inclusive con más ahínco en comparación con su contexto de emergencia. Pese a la inexistencia de un consenso entre pensadores, académicos y organizaciones sobre lo que significa un estado fallido o frágil, podemos señalar que un estado se considera de esta manera cuando sufre importantes déficits de autoridad, legitimidad y capacidad que le impiden alcanzar niveles óptimos de desarrollo, derechos humanos, paz y suministro de servicios básicos (Di John, 2010). Partiendo de este precepto, es importante preguntarse si es realmente útil hablar de estados frágiles, fallidos o débiles en nuestro contexto actual. Mi respuesta es: Sí. Y a continuación voy a explicar el por qué.
Para hablar de la utilidad de este concepto primero debemos preguntarnos para qué y para quién es útil. Como todo concepto, la fragilidad estatal tiene sus alcances y limitaciones. En este ensayo, quiero resaltar, precisamente, algunos alcances y limitaciones que nos ofrece esta forma de aprehender aquello que conocemos como el estado. En primer lugar, hablaré sobre el contexto de emergencia que pretende “justificar” el uso del término, llevándolo a un nivel de aceptación y vigencia en el contexto internacional. En un segundo instante, desplegaré algunos argumentos acerca de cómo esta aproximación se vincula con las diferentes expresiones de estados y la diversidad de formas organizativas de las sociedades. Finalmente, propongo una lectura a partir de lo expuesto anteriormente, señalando posibles caminos que permitan aprehender las “falencias” de los estados en los años venideros.
El fuerte y consolidado marco de trabajo que existe acerca de la falla estatal, sitúa esta discusión como un asunto de alta prioridad en la agenda global. Los años posteriores a la guerra fría, dejaron una sensación de amenaza permanente, especialmente en los estados occidentales, causada por la aparición de actos terroristas y variadas expresiones de violencia y criminalidad. Tales situaciones son consideradas como amenazas potenciales que pueden emerger en cualquier instante, causando caos y dolor. Para los estados occidentales fue muy fácil señalar que estos focos de inestabilidad se encuentran en los países sin estados fuertes. Éstos se consideran como lugares de fuertes brotes de conflicto armado y guerras civiles, o donde las instituciones estatales no cumplían sus funciones y estaban corrompidas.
Los estados del norte (Europa y Estados Unidos), el Secretario General de las Naciones Unidas y agencias multilaterales como el Banco Mundial, llamaron la atención sobre estos estados, denominándolos fallidos, por lo cual debían ser intervenidos para crear en ellos estructuras que permitieran la consolidación de un orden social estable, pacífico y democrático. Surgen de esta manera, una serie de intervenciones militares, un acaparamiento de las instituciones de gobierno, y también una intervención a nivel económico, que en muchos casos ha resultado en estructuras de oportunidad para el aprovechamiento de los recursos en tales territorios. Es así como la extracción de recursos se torna en una consecuencia perversa de la intervención internacional, que va mucho más allá de la contención de las amenazas globales al orden económico y político.
Para determinar cuáles son los estados fallidos, se han creado varios índices que miden la fragilidad estatal en diversos aspectos. Sobre ello, debe resaltarse que no hay estandarización en la medición, que hay varios índices con diversas formas de representar y medir la fragilidad. Cada índice privilegia algunos asuntos por encima de otros, haciendo difícil la comparación entre ellos. Además, no permiten permite dilucidar lo que sucede al interior de los estados, es decir, señalar las dinámicas intra-estatales y el comportamiento del Estado en el territorio que abarca. Así pues, para el sector de la comunidad internacional que coloca como tema central de su agenda los temas de seguridad, terrorismo, crimen organizado y crisis de gobernabilidad política, se observa que el objetivo primordial de adoptar este discurso es justificar la intervención internacional para controlar las amenazas que estos países representan para la estabilidad del orden global.
Por otro lado, es importante señalar que concebir a los estados desde la óptica de la fragilidad o éxito, es quedarse bajo una perspectiva que vuelve impositivo el tipo ideal de estado al estilo weberiano (1946). Es importante mencionar la existencia de una gran diversidad de estados, que son resultado de procesos históricos, de largo aliento, de dinámicas económicas, sociales, políticas y culturales muy particulares que han dado como resultado un tipo de sociedad. Por eso son importantes trabajos como los de Tilly (1989) y Mann (1993) en los que se aborda una perspectiva histórica de la formación del Estado. Si bien sus análisis resaltan elementos particulares de un cierto tipo de estados, estos autores advierten prestar atención a la multiplicidad y diversidad de procesos de formación estatal, así como a las condiciones de emergencia de un determinado estado, elementos clave para comprender la configuración actual de los estados. En esa medida, tener la pretensión de que todos los estados apunten hacia una misma dirección es una utopía que olvida las diversas manifestaciones sociales que existen en el mundo.
No todos los estados operan bajo las mismas lógicas ni tienen un modelo democrático liberal como sombrilla societal, y es aquí precisamente, que no por el hecho de no cumplir con un concepto de estatalidad orientado al monopolio del uso legítimo de la fuerza física dentro de su territorio, lo hace un estado fallido que debe ser intervenido por ser una amenaza. Autores como Di John et al. (2010), muestran que existen diversos estados que pese a tener estructuras corruptas y presentar altos niveles de violencia, son capaces de mantener cierto orden social. En otras palabras, es importante señalar que los puntos débiles de un estado no conllevan necesariamente a que se desate el desorden o a que no se puedan establecer ciertas formas de institucionalidad que sean duraderas y permitan encauzar los esfuerzos de los estados hacia el cumplimiento de sus funciones. Así pues, hay otro tipo de formas organizativas que intentan suplir las funciones del estado tal como lo muestran autores como North et al. (2009), quienes dan cuenta de la existencia de ‘estados naturales’ que son estables y perduran en el tiempo, sin necesidad de ser un ‘Open Access Order’ al mejor estilo de Weber.
Como ya lo mencioné anteriormente, los índices de medición de la fragilidad estatal nos dan una perspectiva general de la situación de cada país, pero bajo la adopción de unos parámetros arbitrarios y claramente intencionados. Se quedan cortos al mostrar las particularidades de los territorios, es decir, en auscultar más a fondo para establecer las razones por las cuales se habla de una falla estatal, ver el funcionamiento de las instituciones y hacer énfasis en las relaciones sociales, económicas, culturales y políticas que se tejen al interior de ellos. En esa medida, cuando se hace una lectura de las relaciones que se tejen a nivel social se puede observar que existen estructuras disonantes con las premisas del estado liberal moderno, las cuales tienen vicios de criminalidad, ilegalidad y corrupción. Tales formaciones pueden operar paralela o conjuntamente con el estado, logrando mantener cierta estabilidad, incluso bajo una lógica de acción individual y colectiva racional.
Creo que pensar en términos de niveles de fragilidad estatal le permite a los estados hacer una mirada sobre ciertos asuntos que pueden parecer importantes y que en cierta medida están dando una alarma acerca de la situación actual de los países. Sería bastante ingenuo pensar que un estado se autodenomine a sí mismo como un estado fallido y verse en estos rankings (como el realizado por The Fund For Peace) en color rojo o naranja, lo cual no debe ser muy agradable. Pero creo que este tipo de mecanismos pueden dar luces para que los estados tengan consideración sobre ciertos aspectos, privilegiando ciertos elementos y ver cómo podría darles manejo. En este sentido, habría que atender a cuestiones particulares de cada país como los relacionados con asuntos asociados a la diversidad de grupos étnicos y lenguas, a las organizaciones de la sociedad civil, de tipo religioso, entre otras. Es claro que no todos los Estados deben y quieren apuntar hacia el mismo rumbo, que la conjunción de estructuras de orden colonial y moderna como sucede en muchos países de América Latina ha dado origen a formas de gobierno con lógicas que distan del modelo de estado amparado en la democracia liberal.
Sería más importante echar una mirada a lo ocurrido en los procesos de configuración estatal, lo cual daría luces sobre por qué se estableció un tipo de orden y por qué no otro. En esta medida, el papel del científico social dedicado al análisis político, sería mostrar los posibles caminos a escoger para no repetir los mismos errores del pasado. Por ello, me inclinaré por decir que sí, que es válido retomar estos aportes sobre la fragilidad estatal para cuestionarlos y para resaltar que hay otras vías posibles para entender lo que sucede en el múltiple panorama institucional del orden global.
Referencia bibliográfica
Mann, M. (1993), ‘Nation-States in Europe and Other Continents: Diversifying, Developing, Not Dying’, Daedalus, Vol. 122, No. 3, pp. 115-140.
North, D., Wallis, J. and Weingast, B. (2009), ‘Violence and the Rise of Open Access Orders’, Journal of Democracy, Vol. 20, No. 1, pp. 55-68
Tilly, C. (1989), ‘Cities and States in Europe, 1000-1800’, Theory and Society, Vol. 18, No. 5, pp. 563-584
Weber, M. (1946) ‘Politics as a Vocation’, en H.H. Gerth and C. Wright Mills (eds), Essays in Sociology (New York: Macmillian), pp. 26–45.
Di John, J. (2010), ‘Conceptualización de las causas y consecuencias de los Estados fallidos: Una reseña crítica de la literatura’, Revista de Estudios Sociales, no. 37, 46-86.
viernes, 13 de febrero de 2015
Transferencia de políticas como fundamento de reforma: la identificación de mejores prácticas. Estudio aplicado para el caso Latinoamericano
Estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política
Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá D.C.
Columnista del periódico "El Campesino"
Las transferencias de políticas como un elemento que reforma y modifica los Estados, se vienen implementando desde los años 80’s o incluso antes-para algunos intelectuales que estudian el tema dividen estas reformas, pero para efectos de este trabajo no los tomaremos en cuenta-, dichas reformas para algunas teóricos constituyen un mecanismo de dominación que implementan los países del “centro” o países desarrollados, sobre países denominados “periferia” o en vía de desarrollo. Los defensores de esta teoría se encajan y argumentan sus puntos de vista, desde la teoría de la dependencia de las relaciones internacionales, en las cuales critican la transferencia de estás políticas, debido a que en muchas ocasiones al implementarlas no se tuvieron en cuenta los factores sociales, políticos y culturales de cada región, lo cual hizo que los resultados de eficiencia, eficacia y efectividad que trataban de implementar, de manera contradictoria terminaran siendo ineficientes, inefectivos e ineficaces, de esta manera procederemos a empezar con los antecedentes históricos, para analizar la situación actual, generar unas conclusiones y unas recomendaciones.
Antecedentes históricos
Cuando empezó la crisis económica del modelo weberiano en el cual los estados latinoamericanos empezaron a sumergirse desde los años 70, se empezó a abandonar el modelo Keynesiano enfrentándose a un modelo neoliberal, por medio de un consenso en el cual se consagró el pensamiento y el accionar que querían imponer desde el norte, países como Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido, quienes desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) habían planteado los reajustes a implementar para transferir políticas y reformar la estructura de los Estados Latinoamericanos, ante dicho consenso que se conoce como el Consenso de Washington desde donde se transferían buenas prácticas de gobernabilidad, tal y como lo expresa Ramírez Brouchoud.
Muchos países abandonan los planteamientos keynesianos por un retorno a ciertas concepciones liberales, las cuales quedan plasmadas en el denominado Consenso de Washington, gestado en 1989, cuando se lleva a cabo una reunión para discutir las políticas de ajuste estructural, con la presencia de funcionarios del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo, del gobierno de Estados Unidos, el comité de la Reserva Federal, y un selecto grupo de intelectuales y tecnócratas de diversas partes del mundo (incluso Colombia). (Brouchoud, 2009, pág. 122)
Estas reformas impulsadas desde la OCDE e implementadas por ciertos organismos internacionales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) son dignas de analizar con detenimiento, debido a que la forma que se eligió para que se implementaran estos reajustes que hacían parte de una transferencia de las buenas practicas identificadas por los países que la impulsaron, tenían medios coercitivos dentro de su accionar, pues se incluyeron como requisitos indispensables a modificar si querían acceder algún préstamo de estos organismos que en medio de una crisis, donde los países latinoamericanos no tenían más opción, se analizaba como una imposición tal y como lo expresa Andrew Nickson:
La primera fase de estas iniciativas de reforma, que fueron realizadas bajo estrictas condicionantes del FMI y el Banco Mundial, se enfocaron en tres áreas principales como medios para alcanzar un balance fiscal a nivel macroeconómico: estrategias de recorte, que comenzaron con la erradicación de nóminas fantasmas de trabajadores, seguidas de importantes reducciones de personal. Los recortes planeados se realizaron en Bolivia y en muchos otros lugares, como en África, cuya amplitud provocó serias pérdidas de mano de obra calificada. Esto también fue especialmente evidente en el caso de Perú (Agenda Perú, 1997: 11) Privatización de empresas públicas, lo cual generó un mínimo beneficio fiscal. (Nickson, 2002, pág. 67)
por un lado es cierto que estas reformas ayudaron a reducir el déficit fiscal, la implementación de lo que denominan las “cuatro E”, la Eficiencia, Eficacia, Equidad y el Entorno propicio no cumplió con las expectativas que se esperaban, ya que no se tuvieron en cuenta las condiciones de cada país, no se realizó un estudio diferencial que permitirá saber en qué países acorde a sus condiciones actuales necesitaban un acompañamiento diferente, o que países no cumplían los requisitos para que se implementara este modelo, de esta forma tratando de aumentar la eficiencia, la eficacia y la efectividad entre otras no obtuvieron los resultados esperados tal y como lo expresa Català a continuación:
Casi todas estas reformas se han intentado de modo y en intensidades muy diversas en los distintos países de la región. Con la excepción de Chile, se han hecho sin embargo de modo azaroso y asistemático, a veces hasta esperpéntico, como sucedía en Nicaragua, donde consultores muy sofisticados enseñaban metodologías de retribución por desempeño a funcionarios del gobierno en alemán. En realidad, sólo en Chile se daban las condiciones para introducir una reforma gerencial, pues es el único país que combinaba un nivel básico de racionalidad burocrática con niveles significativos de seguridad jurídica. Otros países con burocracias estables y legalidad formal, como Costa Rica y Uruguay, habían caído en el corporativismo y los privilegios. (Català, 2005, pág. 86)
Por otro lado y continuando con las reformas presupuestadas para mejorar la implementación de la política y darle un giro se reformaron los siguientes puntos: a) reforma de la legislación; b) reestructuración de la administración pública, especialmente los ministerios; c) renovación del sistema judicial; d) actualización de capacidades regulatorias; e) segunda fase de privatizaciones; f) reestructuración de relaciones entre los gobiernos locales y el nacional (Vilas, 2005) las cuales a su vez también trajeron algunos problemas que se evidencian en la situación actual de los países latinoamericanos.
Situación Actual
Este modelo administrativo privado, para politólogos es considerado como una oportunidad que se les da a las élites poderosas de alimentar la corrupción y el clientelismo dentro de la política pública, debido a que son entes privados quienes financian generalmente las campañas políticas de los gobernantes, quienes encontraron la manera de burlar la implementación de la NGP, ya que por medio de soluciones informales encuentran la forma de sacar provecho de la reestructuración de los ministerios como Brouchoud lo identificó en el ordenamiento interno colombiano.
Una constante es la falta de coordinación dentro de la administración y la proliferación de soluciones informales. Así, cuando los ministerios no funcionan, se crean nuevos organismos por fuera de la estructura administrativa global; cuando los funcionarios públicos son ineficientes, se nombran funcionarios ad hoc. De esa manera, se potencia la corrupción, la conducta clientelar y oportunista. (Brouchoud, 2009)
el ánimo de mitigar esto, países como Colombia implementaron lo que denominan Medición del rendimiento del sector público que tiene como fin último impedir que estas situaciones se presenten. Sin embargo a raíz del clientelismo impulsado por los entes privados inmiscuidos en la política es frecuente que cada gobierno de turno realice designaciones de personal no idóneo o innecesario que se nombra por clientelismo; consecuentemente no se aplican (o se hacen de manera laxa) controles al desempeño, al manejo de los recursos, entre muchas otras cuestiones que evidencian que la implementación de la nueva gestión pública, sirve para acrecentar –en algunas ocasiones- la corrupción y el clientelismo.
Por otro lado, Barzelay en su libro “The New Public Management: Improving Research and Policy Dialogue” evidenció que este modelo al enfocarse en los productos, en muchos casos descuidan los resultados, descuidando la planificación de la política. Esta preocupación estaba arraigada principalmente en la tesis PPA que el gobierno es potencialmente un instrumento de mejora colectiva, reforzada por la tesis de la gestión estratégica que toda la actividad de la organización es idealmente orientada a la consecución de los objetivos institucionales, estratégicos. Schick fue argumentando que la atención no balanceada a las salidas estaba siendo parcialmente compensada por el lanzamiento de una estratégica de todo el gobierno proceso de planificación a principios de 1990 o en palabras del mismo Barzelay:
Second, by focusing on outputs, ministers and top officials paid insufficient attention to outcomes— that is, planning for policy accomplishments. This concern was primarily rooted in the PPA thesis that government is potentially an instrument of collective betterment, reinforced by the strategic management thesis that all organizational activity is ideally geared to achieving strategic, corporate goals. Schick went on to argue that the unbalanced attention to outputs was being partially redressed by the launching of a government-wide strategic planning process in the early 1990s. (Barzelay, 2001)
Conclusiones
La transferencia de buenas prácticas impulsadas desde modelos ajenos tanto a la cultura, como al desarrollo de un país es un factor condicionante que puede llegar a limitar el desarrollo de una nación, si estas prácticas interfieren en el correcto proceso de autoaprendizaje que debe tener cada actor, en este caso el Estado, con el propósito de ajustar sus políticas y su accionar acorde a lo que solicita cada uno de los territorios en los que se va a implementar la política pública. De ahí que muchos teóricos arraigados en la teoría de la dependencia de las relaciones internacionales, critiquen y la vean como una forma de intervención en la soberanía Estatal.
Un ejemplo de lo anterior lo plantea Nickson (2002), quien evidencia una característica del sistema de la administración pública en Latinoamérica, la cual consiste en la tradición centralista del caudillismo. La cultura política del personalismo se afianzó históricamente en el marco de escasas oportunidades laborales, poca estabilidad en el empleo y una constante rotación burocrática, tradicionalmente mal pagada y sobrecargada en algunos sectores y, en otros, sin funciones claras. El empleo público se convirtió en un fin en sí mismo, como “premio” por un favor político, como resultado de un intercambio de influencias.
Como recomendaciones finales, podemos establecer que cuando se habla de buenas prácticas, se debe entender como el ejercicio voluntario de un actor receptor el cual es autónomo de considerar cuales son o no los lineamientos que acorde a su territorio puede implementar, y no es un ejercicio de imposición en el cual, personas externas y ajenas al territorio indican qué es lo mejor o no para implementar en un contexto alejado, pues de esta forma estaríamos cayendo en uno de los errores que trata de corregir la Nueva Gestión Pública que es la centralización excesiva, la cual desde el centro coordina políticas de regiones periféricas, que básicamente fue lo que realizaron los países como Reino Unido y Nueva Zelanda, quienes desde contextos alejados propusieron mediante la OCDE principios para una gerencia pública más estable y duradera en otros territorios.
Bibliografía
Barzelay, M. (2001). The New Public Management: Improving Research and Policy Dialogue.
Brouchoud, M. F. (2009). Las reformas del Estado y la administración pública en América Latina y los intentos de aplicación del New Public Management. Estudios Políticos, 115-141.
Català, J. P. (2005). DE LA BUROCRACIA AL MANAGEMENT,DEL MANAGEMENT A LA GOBERNANZA. LAS TRANSFORMACIONES DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICASDE NUESTRO TIEMPO. Madrid- España: Rumagraf, S.A.
Nickson, A. (2002). Transferencia de políticas y reforma en la gestión del sector público en América Latina: el caso del New Public Management. Revista del CLAD Reforma y Democracia, 60-75.
Vilas, C. M. (2005). Entre tecnócratas globalizados y políticos clientelistas". Argentina.
sábado, 9 de junio de 2012
Reflexiones sobre el poder
Hoy me pregunto qué es el poder, por qué tanto interés en ello, por qué buscamos controlar a otros y eso qué tiene que ver con la información. Pues bien, el poder no es dinero como podrían pensar unos, el dinero compra intereses, soborna por favores, calla verdades e ideas muy valiosas; el dinero se hizo para controlar, pero es ineficiente; como todos hemos visto el caos se desata cuando no nos disponemos a obedecer por dinero, cuando gritamos verdades sin importar si van a ser oídas o no. Es obsoleto si realizamos que hay algo, de verdad, más allá del dinero y sus hechos de acción. El dinero pierde poder y con ello control o pierde control y con ello poder, que joder se pierden los dos.
Existe siempre la idea globalizada -para usar la ridícula terminología actual- de que el control por parte de unos es efectivo, esa idea se rompe o ha estado rota y remendada. Somos felices siendo guiados, “es que es más sencillo no pensar y dejar que otros se ocupen de eso” dicen unos, “no tengo tiempo” replican otros y a los ingleses les sabe dulce el cacho de la monarquía, los Norte Americanos, con todo respeto, son los dueños del control por medio del miedo y sus “miedos de comunicación” de las estrategias desinformativas y acá, en el sur, como buenos presagios continentales buscamos lo mismo, se han dado cuenta que una mente independiente no tiene control, que la información es PODER, que el internet es información al instante, información incendiaria, unos la usan para propiciar falsas rebeliones, como Egipto y Siria, entre otras naciones, lo que resulta siendo una forma fácil de cambiar de mando sin debilitar la estructura, una buena forma de mantener al señor matanza y su machine gun funcionando.
¿Por qué los derechos de autor importan tanto y, de repente, justo después del boom del internet (hace varios años) y de las redes sociales que son capaces de comunicar todo un continente y más, en cinco minutos a lo sumo? ¿Por qué es importante evitar que ciertos medios de información en internet, como los visuales por ejemplo: los videos en YouTube, donde es más accesible a todos y logra comunicar naciones y continentes? Pues porque se pierde el control de esos unos, porque se informa debidamente, no esos periódicos manchados de sangre y dinero o los noticieros desinformativos que tanto pesar causan en los verdaderos comunicadores ¿un titulo de grado, más especialización y quién sabe qué más, para qué? Para afirmar que los falsos positivos no son falsos, para cubrir noticias de este tipo como la muerte de un niño a manos de su madre (no es que sea un desalmado, es que en la realidad colombiana esto sucede a diario y no es justo que le dediquen casi una semana un caso de estos obviando lo importante “cortinitas de humo”) Para seguirle el Twitter a un expresidente que manejó el país como su finca ¿cómo es que se llamaba? A sí, paramilitarlandia o el Ubérrimo, próspera para cultivar fusiles y cavar fosas comunes.
Bloquean los más fieles medios de comunicación, el quinto poder como lo llaman unos, queriendo evitar dejar al pueblo con algo de mente para generarse ésta y muchísimas más preguntas. La iglesia fue efectiva con los viejos y adultos, pero la iglesia no puede con una mente estudiada. El Estado cambia o pretende cambiar la educación y así disminuir la calidad educativa, agregándole a esto los límites al internet que piensan implantar ¿qué queda? La televisión, la radio, la prensa (o deberían llamarla presa) y la iglesia para adoctrinar este pueblo indígena e incauto que se ha atrevido a pensar y blasfemar sobre lo que es la verdad.
Por eso en resumidísimas palabras, el poder es una capacidad, es la capacidad de “ver más allá de lo evidente” de no tragar, ni entero ni migajas, de saber comunicarse y conocer, de no perder los estribos ni de la vida, ni de la sociedad. A recuperar el poder.











