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miércoles, 4 de marzo de 2015

Los gais no son mejores padres o madres

Columnista Hugo Andrés Arévalo González.

Aunque estoy de acuerdo con la reivindicación de los derechos humanos y aunque es comprensible la resistencia a través de la acción y del discurso de determinados grupos sociales, como por ejemplo las minorías, y recientemente la comunidad LGBTI; hay que pensar cuidadosamente las formas de solicitar y participar, teniendo en cuenta los contenidos del discurso. Y en el caso de adopción de niños y niñas por parte de personas gais, se ha se construido un discurso social (tanto desde personas homosexuales como heterosexuales) con una tendencia similar a este texto del autor que se hace llamar “Cordobés Sensato”:

Mientras tanto, ustedes, colombianos heterosexuales, defensores de la constitución y de la familia y fieles creyentes de su Omnipresente Dios, preocúpense por seguir teniendo hijos a diestra y siniestra, abandonándolos, maltratándolos, educándolos de la manera más indigna. Que mientras tanto nosotros, homosexuales, nos preocupamos por cuidar animales, poner lindas a sus mujeres, curándolos cuando estén enfermos, educando a sus hijos, construyendo sus casas, entre muchas otras cosas, porque nos los creo tan ignorantes para pensar que homosexuales solo hay en una salón de belleza.

El fragmento en mención, es un texto ejemplo, de la punta de lanza de los discursos sociales que dentro de su lucha por reivindicarse, sólo profundizan y legitiman su segregación.

Por supuesto: todas las personas deberían tener derecho a adoptar a niños y niñas, casarse, etc., independientemente de la condición humana que tengan. Sin embargo, en este tipo de olas discursivas, se evidencia lo que en psicología social se conoce como "prejuicio benévolo" en la categoría de sesgos intergrupales. Los sesgos intergrupales, vienen siendo aquellas concepciones erróneas que tenemos sobre los grupos a los cuales pertenecemos, o sobre grupos ajenos a nosotros. Se suelen calificar a estos grupos por ser grupos, es decir, por estar en colectivo, y no por estar conformados más bien por individuos, personas. Esto facilita que cuando pensemos sobre alguien, lo hagamos frecuentemente de manera generalizada, calificando a su grupo y no a la persona, tal y como ha sonado el discurso que aparece en el párrafo anterior, en el que el autor desde su posición individual, al pertenecer a una minoría social, piensa de manera prejuiciosa que todas las personas gais desean adoptar a niños y niñas; y que los gais son las únicas personas en el mundo que se preocupan por la naturaleza, los animales, etc.

El texto de “Cordobés Sensato”, es similar a otro discurso muy común en ciertos escenarios sociales. Los psicólogos sociales Peter Glick y Susan Fiske, ejemplifican al respecto:

Algunas formas de sexismo son, para el responsable, subjetivamente benevolentes, caracterizando a las mujeres como criaturas puras que deben ser protegidas, respaldadas y adoradas. Esta idealización de las mujeres implica simultáneamente que son débiles y más apropiadas para los roles convencionales del género; ser puestas en un pedestal es limitarlas, pero el hombre que pone a una mujer en un pedestal lo interpreta como aprecio hacia ella, en vez de restricción, (y muchas mujeres están de acuerdo).

Concluye el profesor de psicología, Scott Plous al respecto: “Todos estos estereotipos parecieran halagos, y todos tienen un granito de verdad en que el estereotipo describe con exactitud algunos miembros del grupo, pero son todas generalizaciones excesivas que reducen un grupo diverso de personas a un solo tipo: un estereotipo”.

El hecho de responderle a la lógica agresiva de los discursos sectarios de las diferentes formas de dominación social, con el mismo tipo de estructura pero desde el bando contrario sea cual sea, sólo acrecienta el abismo de la violencia simbólica, que lamentablemente muchas veces ha pasado al plano material sin mucha dificultad.

Se puede evidenciar entonces cómo ese discurso de que sólo las personas gais "son buenas" o adoptarían a los niños en condiciones favorables por encima de una familia heterosexual, cae por su propio peso en el mismo saco prejuicioso. Tal cual lo afirma la periodista Virginia Mayer en dos comentarios en su cuenta de Twitter (el primero): "Ese argumento de que se deben dejar adoptar a las parejas del mismo género a los niños abandonados por parejas heterosexuales es flojo”. Y el segundo: “No todos los niños que hay para adoptar fueron ‘abandonados’ por parejas heterosexuales. Eso es tan sesgado como es la homofobia".

Finalmente, lo último que le beneficiaría a un niño o niña para que fuese adoptado, sea cual sea la condición de sus progenitores, es creer que un tipo de persona es mejor que otra. Ni los estudios en mano de Viviane Morales, sirven para generalizar la individualidad y decir quiénes son más aptos o quiénes no para ser padres o madres; como también el hecho de trasladar el discurso de la competencia económica (mejor-peor) al plano emocional y afectivo como éste, sólo nos seguirán obstaculizando el camino para construir de verdad un nuevo país.

domingo, 24 de marzo de 2013

Carta de una hija a su madre homofóbica

Por Loca Des-genérica.

¡Hola! soy yo de nuevo. La loca des-genérica quien escribió hace tiempo… ¿Noviembre? ¿Diciembre? No lo recuerdo muy bien (ver). Mi memoria varía, al igual que lo hacen mis escritos junto con mis emociones... ¿A algunos de ustedes no les ha pasado que logran escribir grandes cosas en los peores momentos? Pues ese es mi caso en concreto.

Aunque para ser sincera, esto ya no se puede catalogar como emoción, sino más bien como sentimiento. Uno que me acompaña después de que la vida en un “hogar” se convirtiera en un infierno, la cárcel donde me siento como un animal enjaluado que no hace más que “acostumbrarse” a su encierro.

Lo que encontrarán a continuación son sólo pensamientos que giran en torno a ese(os) sentimiento(s); lo titulé “Carta de una hija a su madre homofóbica”, porque es exactamente lo que sucede conmigo en esto momentos. Mi situación no es la mejor, a pesar de que ella haya querido que se volviera más llevadera y “tranquila”... digamos que sin tantos aspavientos.

Sin más rodeos, los dejo con este escrito en el que sólo reflexiono sobre la tristeza, la melancolía y mis silencios...

Y tanto tú como yo nos escondemos, nos evitamos, evadimos... No hablamos. No tenemos nada de qué hablar a pesar de que no nos hemos visto desde aquella fatídica charla en la que dijiste todo, te desahogaste, mientras yo te miraba entre callada y atónita por creerme capaz de... eso.

Somos dos desconocidas bajo el mismo techo compartiendo el mismo aire pero en mundos separados, dispersos. En este momento no existo, sólo soy un pobre holograma pútrido que te pesa en la espalda y sé que se te hace un nudo en el cuello... la garganta se te cierra, la voz se te escapa y por eso me gritas.

No te culpo. Estás presa en tus esquemas, tus bocetos de "normalidad"... de dilemas raros en donde sabes que sigo siendo yo, sólo que conociendo algo de mí que algunas/algunos conocen de antemano porque muy probablemente no me juzgarían con la vara que tú has venido a hacerlo.

Dices que le darás tiempo al tiempo... que yo diluya mi estado “transitorio” para seguir mi vida desde cero. Que me aleje de todo ese mundo cuando me siento metida de lleno. Cuando me siento mejor aquí que en otra parte. Nunca me he sentido normal, menos teniendo al ejemplo perfecto de Ella. Sé que tiene sus errores y la amo así, pero hay cosas que no se le pasan a nadie, ella es MEJOR que yo. Sí. Lo es. Así todo el mundo diga que no, que también tengo cosas buenas, que soy “buena”.

Por algo la recuerdan, por algo saben qué es lo que ella quiere. Siempre ha tenido más claro que nadie quién quiere ser, para dónde quiere ir, hacia dónde volar. Yo por mi parte, cumplo el papel de oveja negra de la familia para ti: primero, desertora de una carrera que no era la mía; segundo, soy bisexual o lesbiana (la misma mierda da, según tú y tus argumentos); tercero, no he seguido las reglas, tus reglas ni las de muchos; cuarto, a duras penas si en mi familia me extrañan o saben qué putas seré un día en la vida; quinto, ¿de quién estarás orgullosa? Claramente, de mí no será; sexto, ¿te parece poco?.

¿Sabes? debiste haberme dicho que soy una puta lacónica... empero, preferiste esconderte detrás de palabras escogidas y sutiles con las que no pretendías hacer daño. O quizás ese fue el motivo de hablarme de aquella manera. “Hacerme entrar en razón”, que lo que he hecho me enterrará en el infierno... el escarnio familiar y social... es lo que te preocupa, ¿no? Para ti estoy enferma de la cabeza, del alma, del espíritu. Solo soy una pobre drogadicta, ladrona, asesina que se merece todo tu irrespeto, tus gritos, tus gestos de asco y tristeza. Sé que piensas que no criaste a una lesbiana, bisexual o lo que sea. En tu cabeza no cabe esa idea. Y te atormentas con la noción de qué pensará la sociedad en que tú, una persona hecha y derecha en el camino de la religión, pase por esto.

Pensarás que así es como te pago por lo que has hecho; después de que has luchado contra viento marea, dolor y guerra para mantenernos. Debes verme como si yo fuera un engendro endemoniado, el que necesita tu lástima, tu compasión o tus rezos. Mi sexualidad no es una enfermedad, es una opción de vida que elegí después de hacer un examen concienzudo de mí y mis sentimientos.

No me encasillo en categorías definidas... me gustan las personas, me atraen las personas extrañas, valientes, intrépidas, divertidas. Esas personas son las que me gustan. ¿Qué sentido tiene ver si tiene vagina o pene?

Los discursos biologisistas no sirven conmigo... la anatomía no es lo importante, lo principal aquí son los sentimientos. Y si no puedes entenderlo así, pues espérame un poco, dame un pequeño plazo y me largaré sin dejarte rastro de la que un día osó llamarse hija tuya, cuando puede que hasta reniegues de eso.

A duras penas me diriges la palabra, a duras penas si puedes mirarme. Pareciera que tanto asco te doy que no sos capaz de hacerme sentir persona, sino un monstruo de esos salidos de tu Biblia. No quiero tu compasión, mucho menos tu lástima, pues no estoy enferma, enfermedad el cáncer o el sida.

No invoco tu presencia, me incomoda el simple hecho de que tu amargura se note en tu discurso o argumentos. Tampoco quiero la de Ella, por eso ni siquiera le hablo. Quizás ella te mencionó algo al respecto. Y lo siento, pero por ahora, no puedo hablarle de la misma manera, ya no la busco, por eso tampoco logro encontrarla.

Odio tanto esa sensación. Esa de que me hagan sentir como una puta descarada que... qué cosas raras habrás pensado y que tu imaginación retrógrada te dejó recrear.

Igual, eso ya no importa. ¡Me quiero largar ya! Para cualquier parte, para cualquier lugar. Prefiero estar en una pocilga, antes que aguantar que personas que consideré que me amaban por encima de todo, me traten como si fuera una puta, una extraña, una enferma moral-mental.

martes, 13 de noviembre de 2012

Reflexiones de una loca des-genérica

Por Loca Des-genérica.

¡Hola!, espero que esta no se convierta en una carta cualquiera. Bueno, realmente no será una carta cualquiera, porque para quien la lea, la encontrará cargada de cosas positivas y negativas además de tinta, mucha tinta negra. Pensamientos van y vienen. Confluyen entre sí y a veces se contradicen, se pelean, luchan como si no hubiera fin.

De ahí que sea una loca quien lo escriba y des-genérica se debe a todas esas artimañas del lenguaje que hay que tener en cuenta porque alguien más se las inventó, las popularizó y la aceptaron porque sí. Des-genérica no es una palabra que haya podido inventar sola, surge pensando en aquel festival celebrado aquí en Cali “Des-genérate”, el cual busca introducir desde ámbitos culturales/recreativos el respeto a la diversidad sexual y la identidad de género.

Sí. Sé la cara que estarán haciendo algunos. Pero no puedo evitarlo. La situación parece grave y resulta apremiante que dejen de vivirse todo tipo de discriminación y exclusión que se reproduce en variedad de establecimientos: familiares, educativos, religiosos y ¡gubernamentales! Ni qué decir de los medios de comunicación. Sin comentarios después de escuchar cómo se promovía el bullying a través de un programa radial denominado “Ay mariquita”… no mencionaré nombres.

¡Es un atropello cuando la comunidad LGTBI ha ganado tantas cosas!

Y ¿qué hace la gente? Verla como algo normal, referirse a ella como un juego, esconderse detrás del micrófono y los supuestos colores de la bandera gay… ¿qué más?

Esta carta, como ven, no es nada convencional. Es una forma de gritarle al mundo hasta niveles exagerados de ovación que las cosas pintan bien, pero a veces son peor. Así que, este será mi conductor y mi voz en este momento de parquedad, embriaguez emocional, en la que todo puede ser escoria o el paraíso prometido al que todos soñamos con llegar (aclaro, el paraíso creado por cada uno/una de nosotros/nosotras). De modo que, lo que a continuación encontrarán tiene que ver con mis subjetividades, desconocimiento y aprendizajes a lo largo de mi carrera como… dejemos eso para después. Lo importante aquí es lo que quiero decir, no mi identidad o quién sabe qué más.

Cuando al parecer las cosas van tan bien, se atraviesan los putos problemas… Me gustaría estar terminando. Esperando a graduarme en febrero, a más tardar en agosto y finalizar con esto definitivamente… Irme de la casa, vivir junto a ella (¿para qué dar tantas vueltas?) con ella y compartir mis cosas, mis triunfos, mis derrotas. Mis alegrías y mis tristezas, mis silencios y mi ruido con la música, tarareando para mí o cantando para e…

No quiero que la alejen de mí por ser como soy, por lo que representa nuestra relación para esta puta sociedad de mierda. No pretendo quitarle su oportunidad de ser alguien en la vida. Tampoco he querido dañarla por ningún motivo. Si toda su felicidad radicara al alcance de mi mano. Haría cualquier cosa por ayudarla, por protegerla y verla feliz, tranquila, sin tantos problemas que la aquejan y atormentan.

No quiero ser un estorbo en su vida. A veces, preferiría pasar como un cero a la izquierda, como si yo no existiera, ni importara…

Sin embargo, la quiero. Me encanta. Y a menos que sea ella quien me pida que me vaya, me quedaré a su lado hasta que esto termine… indefinido… puede que mucho más allá de lo que puedo esperar. La quiero. Y vale la pena tomarse esas molestias. Ella ha luchado contra todo pronóstico a pesar que llegó al punto en que no pudo más. Su decisión ayudó a que yo tomara la mía. No tengo remordimientos por lo sucedido aquel día. Cambió mi vida. Me llena como pensé que nadie lo haría.

Es única, auténtica, coqueta, mi amiga, mi compañera. Sólo me gusta hacerla sonreír. Que pinte arcoíris con sus carcajadas, que regale luceros en cada mirada, que obsequie ternura con cada caricia. Por eso, no puedo ver cómo su mundo puede destruirse por ser quién es. Es tan especial, tan única, tan hermosa. Tan ELLA. Así como tampoco puedo aceptar que en esta casa, a la que llamo hogar, tenga que esconderle mis sentimientos por quien vino a salvarme.

Porque me limitarían a ser la “enferma”, la que “necesita de Dios” para que la “proteja” de las seducciones de un “diablo” que habita en cada uno de nosotros y a veces, nos “extirpa” la pizca de voluntad que nos queda. Luego pienso en los demás miembros de mi familia… y tengo la triste certeza de que nadie me apoyaría con esto.

¡Maldita enfermedad! la homofobia es la enfermedad que carcome a mi familia, escudándose en argumentos de religiosidad que poco o nada tienen que ver conmigo o lo que soy… lo que descubro paso a paso mientras estoy con ella.

¡Mi declaración es esta! ¡Me gustan las personas y qué hay de malo en que sea así! ¡No por eso somos inferiores, no por eso nos merecemos sus caras de angustia, repugnancia o abusos! mucho menos merecemos violencia, maltratos, bullying, muerte o suicidio...

¿Qué rayos pasa con esta sociedad?, ¿hasta dónde tendremos que llegar para aceptar a la otra/otro?, ¿qué tiene de malo querer a alguien, desearlo con intensidad, hacerlo feliz?, ¿qué tiene de malo enamorarse, soñar, sonreír?, ¿por qué restringir nuestra libertad de sentir esas mariposas en el estómago cuando la/lo ves pasar por ahí?

Que alguien haga el favor y me explique… ¿por qué no se nos deja amar?, ¿por qué no se nos permite demostrar nuestro afecto y nuestra felicidad?, ¿por qué escondernos como lo hago yo bajo la firma de loca des-genérica?, ¿por qué actuar para los demás?, ¿por qué cambiar?

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