Esta semana tuve la oportunidad de asistir al concejo comunitario de la TOMA, municipio de Suarez, Depto. del Cauca y presenciar el proceso de Consulta Previa “Salvajina Fase 2” entre la comunidad y algunos funcionarios de EPSA, empresa dueña y beneficiaria del proyecto Salvajina.
Como para refrescarles la memoria: La Salvajina es una represa construida por la CVC (Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca) en 1985 en el corregimiento de la Toma, Depto. del Cauca.
Durante la reunión del consejo comunitario me enteré de la situación de la gente respecto a la represa. A lo largo de todo este proceso se han desplazado de sus tierras una gran cantidad de familias de la zona (en su gran mayoría población afro), donde muchas de ellas se han visto obligadas a reubicarse en el oriente de Cali y otras ciudades del país. Esta situación a generado para la comunidad grandes impactos ambientales y culturales ya que antes de construida la represa el sustento económico de la comunidad se basaba en la pesca, la agricultura y la minería artesanal, mejor dicho la minería ancestral como ellos mismos la llaman o “minería ilegal” como ahora la está llamando el Gobierno por conveniencia. ¿Acaso estas tierras y estos ríos no son y han sido durante siglos el sustento vital de la existencia de estas comunidades?
Por otra parte, a la empresa dueña de la hidroeléctrica y a el Estado parece no importarles de a mucho los desastres sociales y ambientales ocurridos por causa de este megaproyecto durante estos 26 años. Ahora a la Empresa de Energía Eléctrica del Pacifico –EPSA (dueña de la represa desde el 94) le dio por desarrollar la “Fase 2” del proyecto, la cual consiste en la desviación del rio Ovejas a la Salvajina para aumentar la capacidad de generación de energía de la hidroeléctrica. Esta segunda fase, le traerá a la comunidad más problemas y miseria de la que ya ha padecido (mas despojo, más muertos y menos trabajo, salud, alimentos, pesca).
A quien sí no parece importarle ni poquito esta situación es al actual gobierno y su gran locomotora MINERA. Gracias a un comunicado del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL) me pude dar cuenta de que si bien, el territorio de la comunidad negra del Corregimiento de La Toma es de 7000 hectáreas, hoy gracias a los prósperos permisos de “nuestro” presidente Santos, 6500 hectáreas han sido solicitadas para exploración por la Anglo Gold Ashanti, la multinacional minera (Sur Africana) más perversa del planeta. Un camino rápido para que esta compañía pueda iniciar inmediatamente la explotación es a través de las 403 hectáreas de las concesiones, con licencias mineras EKE-151 (314 has) de Raúl Fernando Ruiz Ordoñez y BFC 021 (99 has) de Héctor Jesús Sarria, concesionarios estos que nunca han realizado ninguna actividad de exploración o explotación, y que no son parte ni están vinculados de ninguna manera con las comunidades y sus territorios. Dichas personas sólo ante la inminente compra de sus licencias por parte de la multinacional han iniciado un proceso de expropiación que busca impedir que los mineros afrocolombianos sigan desarrollando la explotación que de generación en generación ha mantenido vivo este corregimiento, la minería artesanal “ancestral” hoy mal llamada minería ilegal.
Lo que tal vez no vemos nosotros los “cómodos” habitantes de las urbes, en este caso de Cali es que el problema de la MINERIA a gran escala nos afecta a TODOS, ya que la explotación de mega minería de oro en alta montaña requiere para la obtención de 1 gramo de oro 1000 litros de agua por segundo y utiliza una gran cantidad de cianuro en las operaciones que requieren de la extracción por lixiviación, esto quiere decir que tanto la desviación del rio ovejas, como cualquier tipo de explotación de mega minería afecta de manera irreversible a todos los ríos que en su mayoría desembocan directamente a los grandes ríos, en este caso el Cauca, el cual nos abastece de agua potable a casi toda la ciudad.
Así que el problema ambiental y social de la MINERIA no está únicamente por allá en la montaña o en las comunidades rivereñas, es un problema que abarca en este momento a todo el país e incluso a todo el continente, es el problema del AGUA, de la vida y por tanto nos compete a todos.
miércoles, 2 de marzo de 2011
De la Salvajina a la Anglo Gold y al Grifo
jueves, 24 de febrero de 2011
MINAS: Progreso o Retroceso
"Primero, fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre. Ahora, es necesario civilizar al hombre en su relación con la naturaleza". (Víctor Hugo)
Una de las locomotoras económicas del presidente Juan Manuel Santos, consiste en fomentar el crecimiento de la inversión minera en el país, pero Colombia parece no estar lista para masificar esta práctica.
En el país se ha practicado la minería artesanal desde hace mucho tiempo pero los permisos otorgados a grandes empresas (en su mayoría extranjeras) se ha acelerado en este último periodo presidencial.
Los problemas para los pequeños mineros han aumentado con estas concesiones. Se busca sacarlos de las tierras cerrando las minas con la justificación de que no cumplen con los requisitos de seguridad y que no protegen al medio ambiente. Claro está, que la falta de control sobre estas minas hace que la vida de los mineros esté en constante peligro pero el cierre de éstas hará que aumente la problemática social del desempleo en las zonas que dependen de la extracción artesanal.
Los funcionarios del gobierno que controlan la explotación minera (un número limitado para la masificación de éste) no ayudan a la población de las regiones afectadas por la “ilegalidad” pues buscan la forma de cerrar las minas para otorgar la licencia de estas a empresas particulares principalmente extranjeras.
El gobierno se ha preocupado por la eliminación de la extracción artesanal de los minerales sin darse cuenta que es ésta la que verdaderamente ayuda a las comunidades en términos económicos pues si llevamos estas prácticas a términos ambientales, toda clase de explotación minera (grandes empresarios o pequeños artesanos) daña nuestro planeta y por ende nos hace daño a todos.
Por un lado, se afecta el agua pues la extracción de minerales se hace cerca de ríos que abastecen a las comunidades cercanas pero la prohibición solo ha pasado de ser del “11% del territorio colombiano (con la modificación del Código de Minas) al 13% del país” (Julio Fierro Morales). En contraste, antes de esta prohibición, “el 10% de los páramos ya estaban titulados para minería y el 47% adicional estaba siendo solicitado” (Julio Fierro Morales).
“En muchos casos es la sociedad local la que asume la mayor parte de los costos asociados a los efectos ambientales negativos” (Juan Pablo Ruiz Soto), y son quienes menos se benefician de esto cuando las minas son manejadas por extranjeros.
Por el otro, los cambios en el suelo hacen que las tierras se vuelvan “tierras inútiles”, entonces, cuando la madre naturaleza no tenga más recursos mineros para ofrecernos, solo quedarán desolación, hambre y enfermedades respiratorias en nuestro país. Obviamente para que esto ocurra falta mucho tiempo pero si no nos preocupamos desde ahora por el impacto ambiental de nuestras acciones y no tomamos mediadas al respecto, se puede acelerar la destrucción de la naturaleza.
Hay que esperar que los permisos para la explotación se den de forma que beneficien a las poblaciones de los alrededores (la historia muestra que estas zonas son las más afectadas por el daño al medio ambiente y por que las ganancias de esto no llegan a manos de dicha población) y no a particulares. Por ahora solo queda esperar que se dé una buena regulación y que se busque la conservación del medio ambiente.
1. http://cuentame.inegi.org.mx/economia/secundario/mineria/default.aspx?tema
2. http://www.elespectador.com/impreso/negocios/articulo-245791-mineria-locomotora-sin-control
3. http://www.elespectador.com/columna-231676-mineria-y-pasivos-ambientales











