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lunes, 5 de diciembre de 2011

La reforma de la ley 30 nos recuerda cosas

Por Sofía Usman Salazar.

Reforma a la Ley 30En este periodo del año se ha venido agitando una cuestión de gran polémica en los últimos días. Claramente mantengo mi posición al respecto.

Se trata de la reforma a la ley 30. Que es un conjunto de puntos que, si bien podrían traer alguno que otro beneficio, ponen en peligro, en gran parte, la forma de financiación de las universidades públicas y su autonomía. Explicaré esto.

A pesar de que no se menciona directamente la privatización de universidades públicas, si hay un punto de la reforma que puede ser el eslabón para que desencadene la privatización de las universidades. Este hace referencia a las formas de financiación. Según este aspecto, los dineros que el Estado otorga a la universidad directamente, ahora serían entregados a fondos de cooperativas como del carácter de Colciencias. Éstos cederían los dineros a la universidad pero en forma de créditos, teniendo esta última que asumir el pago de ciertos intereses, además de no recibir directamente los fondos necesarios para su funcionamiento. Así podría avanzarse considerablemente la deuda hasta el punto de tener que cerrar la universidad pública o cederla al sector privado, que pudiera saldar su cuenta.

Por otro lado está la cuestión de la autonomía. Afirmo que se disminuye la autonomía porque al pasarse los dineros a estos fondos, se va a implementar una bolsa de competencias que consiste en otorgarle capital financiero a la institución que más se acomode a los intereses de la cooperativa. De este modo decisiones administrativas y académicas que debería tomar principalmente la comunidad educativa, quedan relegadas bajo la subordinación de estas cooperativas. Por ejemplo: la gama de posibilidades de las investigaciones se deberá ceñir al escenario que propongan las cooperativas, es decir a sus necesidades e intereses, para obtener su financiamiento.

Sin embargo veo que no todo está perdido. Después de haber erradicado el proyecto en el congreso, han pasado una serie de airosos acontecimientos que alivian la agitación sufrida por muchos estudiantes y personas en general del país. Hemos presenciado una consecución de marchas que a medida que se llevaban a cabo, mayor es la población que apiñan y más variados los estilos de protesta. Esto realmente me tiene sorprendida, confieso que nunca hubiese imaginado a los estudiantes que tanto queremos a los tombos, besándose con ellos como símbolo de una protesta pacífica. BesatónLa besatón, la marcha nocturna, carnavalesca y el desnudo, fueron algunos de los aspectos más sobresalientes que identifico como atípicos de las marchas que en general he presenciado. Sobretodo estas nuevas características me parecen hasta conmovedoras, pues participando de ellas no se ve como un sufrimiento el reclamar derechos propios de todo ciudadano, sino como un incentivo para aclarar dudas, construir lazos sociales y, desde mi perspectiva sociológica, sobretodo, ver directamente el momento, así parezca efímero, en que la sociedad se une en torno a un objetivo y pone todos sus esfuerzos, creatividad y disposición para conseguirlo por los medios que cree adecuados, realmente esa experiencia me pareció muy enriquecedora.

De otro lado están todos los altibajos que esto puede tener. Por ejemplo darse cuenta de la situación en otros países como en Chile, en donde el paro se ha extendido un largo periodo y un problema principal es la no formación de las masas estudiantiles en lo referente a buscar salidas de su crisis. Los cándidos malentendidos conyugales al presentarse situaciones como la Besatón. El asombro de gran parte de la población al ver el desnudo como forma de protesta, y en la otra mano la perspectiva y conciencia global que tienen los que lo hacen, sabiendo que es ya una forma asimilada de protesta en varios países de Europa. Estudiante besa a un policiaY no puede faltar el cuadro tan conmovedor que es ver un policía dejándose besar por una estudiante, que significa para mí visualizar esa figura fetichizada de monstruosa, insensible, violenta y opresora, como un simple ser humano con iguales posibilidades de sentir, añorar y aspirar y soñar cosas como nosotros. Y que puede también estar siendo afectado por las medidas del gobierno, así le toque asumir aquel trabajo ya estigmatizado.

Por último me alegra saber que felizmente la reforma se retiró del congreso el día 16 de noviembre, demostrando con esto la fuerza potencial que tiene la sociedad civil y sobretodo recordándonos que la tiene, siendo ésta como un suelo casi inagotablemente fértil en el que se pueden formular y construir organizadamente múltiples proyectos para mejorar las condiciones de vida de la misma. También nos recuerda que está en todo el poder y tiene todas las posibilidades de ser escuchada por su agente representante que se es el Estado.

EL TLC con EE. UU.: ¿para quién es bueno?, ¿para quién es malo?

Por Luis Miguel Carvajal.

Así se titula una entrevista que le hizo María Isabel Rueda a Alberto Carrasquilla para el periódico “El Tiempo”. En dicha entrevista, se destaca que los mayores beneficiados son los jóvenes y los consumidores (especialmente de leche y arroz).

Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados UnidosEn mi casa, se consume demasiada leche y también arroz, tanto así que entre 4 personas gastamos alrededor de una bolsa de leche diaria. De pronto se podrían beneficiar mis padres, al ser ellos los que la mayoría de las veces compran la leche porque sería más económico aun comprarla. Sin embargo, no estoy seguro de la medida en que una bolsa de leche (o de pronto el paquete de 12) pueda disminuir su precio. Efectivamente, gran parte de las personas consumen leche en las ciudades, tanto así que es el primer alimento que consumimos cuando nacemos (leche materna –de pronto también nos beneficia el TLC en ese aspecto-). Por otro lado, también consumismos arroz (demasiado): arroz con pollo, arroz con carne, arroz con salmón, arroz en el sancocho, arroz cuasi-chino, arroz con huevo, empanada de arroz, etc... no es el primer alimento que consumimos al nacer, pero forma parte de nuestras vidas. Además de los alimentos, también manejamos automóviles y electrodomésticos, por mi parte, no puedo esperar el momento en que me compre un automóvil (40% más económicos con el TLC -después de 10 años según “El Tiempo”-) o en que comience a manejar mi primera lavadora, incluso me encantaría poder hacerme un jugo con la “Jack LaleyPowerJuicer”, pero tendré que esperar a tener empleo, ganar mucho dinero (para el carro, la “Jack LaleyPowerJuicer” y más aún para la gasolina, de pronto no tanto para el arroz y la leche) y entonces voy a agradecerle al presidente Santos y al presidente Obama por seguir las tendencias neoliberales que rigen el mercado global.

Haciendo un paréntesis (más adelante vuelvo a hablar sobre la leche y el arroz), me pregunto qué pasaría con las series de televisión o con las emisoras radiales. Según Holman Morris, tengo entendido que los canales de televisión estarían obligados a emitir 50% de programación nacional y otro 50% de programación estadounidense. En términos de Alberto Carrasquilla, supongo que ese aspecto incentivaría a actores y productores de la televisión nacional a ser más competitivos para poder ganar más rating. Por mi parte, podré verlos con un plato de changua mucho más barato que antes del TLC y por eso no me quejo. De igual forma, voy a poder jugar “Xbox 360” y comprarme todos los juegos de forma totalmente legal. Lo único que me preocupa es que pase lo que en las tiendas de comida de los colegios o las universidades, en donde cuando el producto baja de precio, lo que venden cuesta lo mismo que siempre o un poquito más porque “todos necesitamos vivir de algo”.

EL TLC con EE. UU.: ¿para quién es bueno?, ¿para quién es malo?Más que depender de aranceles y otra clase de impuestos, el consumo de bienes depende de quienes lo consumen, de que tan legítimas crean que sean los distintos medios de obtener dichos bienes. Si por comprar una “Pony Malta” en la universidad Icesi de Cali me cobran $1.700, el problema comienza cuando la compro y me gasto parte del dinero que tenía para el bus de vuelta a mi casa, no comienza cuando le suben el precio. También tenemos un problema cuando los jóvenes que en Colombia comen galletas “Oreo”, jugamos “Xbox”, tienen automóvil, toman jugo que hacen en la “JakLaleyPowerJuicer” no constituyen ni el 20% de la población colombiana. Entonces me pregunto en realidad ¿El TLC a quién beneficia y a quién perjudica?

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Crónica de una suerte re-anunciada.

Por Luis Alejandro Espinosa García.

Aún recuerdo la primera vez que asistí al Festival Petronio Álvarez. Corría el mes de agosto del año 2007 y una amiga llevaba un par de meses hablándome de él al mismo tiempo que me insistía en que la acompañara al dichoso festival. Pronto llegó el día del evento, del que sinceramente no sabía qué esperar en lo más mínimo, porque no me gusta hacerme expectativas que posiblemente puedan resultar falsas o engañosas. Así, al llegar al Teatro al aire libre Los Cristales (primera sede del evento) fui testigo de una experiencia difícil de describir con palabras. Teatro al aire libre Los CristalesLo primero que sentí fue el olor a pescado frito mezclado con una esencia dulzona pero pesada que en el momento no lograba descifrar, pero que más tarde me enteré que provenía de las empanadas de camarón (las cuales no pude probar porque soy alérgico a los mariscos). Cuando toda mi atención estaba puesta sobre la comida que allí vendían, me percaté de los sonidos que llegaban a mis oídos: la marimba y los tambores jugueteaban rápidamente sobre la tarima alegrando a un centenar de personas que trataban de seguir el ritmo con sus aplausos. Cuando nos acomodamos dentro del público, compramos una caneca de viche por 5 mil pesos y nos dispusimos a disfrutar del espectáculo, bailando y cantando, que duró hasta alrededor de las once y media de la noche. La vestimenta de los anfitriones era muy parecida a la de los artistas que se subían a tocar a la tarima: las mujeres con sus polleras de colores llamativos y sus cabellos recogidos, y los hombres con camisas entreabiertas de colores claros, en perfecto contraste con la tez oscura de sus cuerpos. La combinación entre la gastronomía, la música, las artesanías y la gente hicieron de este lugar y ese momento, una verdadera galería cultural donde era posible caminar de puesto en puesto para degustar una muestra de comida con un currulao de fondo, mientras conversaba amablemente con la gente que se encargaba de recibir y atender a los asistentes, los anfitriones del pacífico.

Festival Petronio ÁlvarezPara nadie es un secreto la condición actual y las dimensiones del festival hoy día. Relato esta experiencia anterior porque hay una cuestión particular sobre la fiesta que me intriga y sé, que al igual que yo hay varios, que se preguntan lo mismo: ¿a qué se debe semejante cambio en tan poco tiempo?

Este año, inexplicablemente una grandísima cantidad de conocidos tenían planeado asistir y me invitaron cordialmente a que los acompañara. Como no podía acompañarlos a todos al mismo tiempo, decidí hacer algo parecido a lo que había hecho 4 años antes. Escogí una amiga y me fui con ella al evento, esperando reunirme con más gente en el lugar. Afortunadamente, antes de salir para allá estuvimos en un conversatorio realizado en la Universidad Icesi con algunos artistas que se presentaban este año en el Festival, y para mi sorpresa prácticamente todo el tiempo discutiendo sobre la misma temática: los artistas consideran que el Petronio ha cambiado en su estructura, ha perdido elementos primordiales de su esencia e incluso se ha degenerado a causa de esta masificación la cual, creen ellos, ha sido impulsada por las élites políticas para hacer del festival un circo más para la masa de votantes. Para que entiendan de lo que les hablo, voy a continuar con mi relato.

Llegamos al lugar aproximadamente a las 6 de la tarde del miércoles 24 de agosto de 2011, con nuestras maletas colgadas en la espalda como dos típicos universitarios caleños. Como las calles aledañas al Estadio Pascual Guerrero estaban cerradas con vallas de contención de la policía a causa del evento, el taxi nos dejó cerca de la Iglesia el Templete y tuvimos que caminar hacia el lugar. Mientras me acercaba iba entendiendo lo que decían los artistas en el conversatorio, los ríos de gente que se vertían en el estadio eran gigantescos, la fila para entrar me tomó casi una hora y mientras la hacía me repartieron aproximadamente unos 15 volantes de publicidad política que nunca miré ni siquiera de reojo, sino que a medida que me los iban entregando los iba botando a la basura. Iglesia El Templete by Fabian Andres RuizCuando llegamos a la primera entrada, en las extenuantes requisas de la policía me hicieron deshacerme de mi lapicero, portaminas y resaltador, al igual que una cajetilla de cigarrillos y un encendedor; la multitud de asistentes parecía más cercana a lo que uno puede ver en un concierto de salsa o reggaetón en la Feria de Cali que a la experiencia de autenticidad cultural que habíamos vivido hace cuatro años en Los Cristales. Al cruzar la entrada el tumulto se hacía más evidente, los cientos de personas que estaban entrando en ese momento caminaban al mismo paso despacioso dirigiéndose hacia la fuente del sonido, al interior del estadio, donde se escuchaba una canción del pacífico que sonaba por los parlantes, pude identificar un bajo eléctrico armonizando detrás de las marimbas y los tambores, por lo cual me percaté de que la música no era en vivo, lo que quería decir que no había empezado el concurso musical todavía, algo de suerte para nosotros. Sin embargo, al entrar al estadio definitivamente el primer olor que sentí fue el de los baños públicos que quedan justo al lado de la puerta del lado occidental de la tribuna, la única entrada habilitada ese día para la audiencia. A medida que avanzaba me sorprendía cada vez más la cantidad de gente que veía en el lugar, y otra cantidad que estaba allí a causa de la primera: es decir, más de 500 policías custodiando cada rincón del estadio con la ayuda de otros 300 guardas cívicos que hacían lo mismo.

Lo primero que hice cuando entré fue contactar a un grupo de amigos que ya estaban adentro esperándonos, así que pasamos a los pasillos que están atrás de las tribunas para encontrarnos con que allí habían ubicado todos los puestos de licores artesanales, por lo cual decidimos comprar algo para empezar a aclimatarnos. Fue entonces cuando me llevé la ingrata sorpresa de que la caneca de viche costaba 12 mil pesos, y que inclusive a un amigo extranjero le habían cobrado ese día 15 mil pesos por la misma caneca. Después de regatear como buen colombiano, logramos que nos la vendieran en 10 mil pesos; sólo entonces nos dispusimos a acomodarnos en el público, ya que en contados minutos iba a empezar el festival y, con él, la música en vivo. Cuando por fin llegamos a la parte interior del estadio experimenté una mezcla de emociones. Por un lado, me sentí muy a gusto con la remodelación que le hicieron por motivo del mundial juvenil que recién se había jugado en Colombia. Ya que me considero un gran fanático del fútbol, no pude evitar sentir cierta satisfacción al saber que nuestra ciudad goza actualmente de un escenario tan hermoso y vanguardista para el deporte local, como es el nuevo Pascual Guerrero. Estadio Pascual GuerreroPor otro lado, no podía dejar de pensar en las críticas que los conferencistas del pacífico habían hecho en uno de los pequeños auditorios de mi universidad a medida que mi experiencia en el Petronio se iba convirtiendo más en lo que había vivido en Rock al Parque en Bogotá: una multitud sofocante que se reúne para ver al ídolo hacer su magia. Con la diferencia importante de que aquí seguramente no más de un 2% de los asistentes sabían realmente el nombre del artista que tenían al frente.

Cuando nos acomodamos en la tribuna occidental nos encontramos con seis amigos que a pesar de tener dos canecas de viche casi acabadas, estaban sentados en las sillas como si estuvieran presenciando un partido de la primera B, o algo muy aburrido. Acto seguido les pregunté por qué estaban tan cabizbajos, y ellos me hicieron caer en cuenta de que el espacio en la tribuna era demasiado reducido como para que un grupo de 6 personas pudiera interactuar, ni siquiera bailar, cómodamente. Entonces me di cuenta de que la pista atlética estaba habilitada para el público y decidimos bajar allá a probar si era más cómodo, lo cual comprobamos cuando llegamos abajo. Apenas llegamos pudimos sentarnos en el suelo, formando un círculo en el cual podíamos comunicarnos fluidamente, cosa que era imposible en la tribuna debido al ruido y a la ubicación lineal en la que estábamos. Cuando estuvimos abajo, tuvimos la oportunidad de bailar un buen rato aproximadamente hasta las 11 de la noche, cuando dieron por terminado el primer día del XV Festival Petronio Álvarez, y de la misma forma nosotros dimos por terminado nuestro día al irnos a nuestras respectivos hogares para interiorizar y reflexionar sobre la experiencia que acabábamos de tener. Sin embargo, yo me sentía incompleto.

Platos típicos del pácificoPor ningún lado había visto los puestos de comida y ni siquiera había sentido los olores de la cocina pacífica surcar la brisa que fluye en los alrededores del barrio San Fernando. Por eso, al otro día en la Universidad pregunté a cuanta persona había visto el día anterior, que si sabía de la existencia de la muestra gastronómica, a lo que todos me contestaron que efectivamente, la muestra gastronómica estaba ubicada en la parte de atrás de la tribuna norte del Estadio. El jueves fue imposible ir al Festival por cuestiones académicas, pero el viernes decidí ir porque no podía creer que el Petronio hubiera perdido esa capacidad de conmoverme estimulando cada uno de mis sentidos. Me negaba rotundamente a que fuera así.

Ese día llegué más tarde al estadio, aproximadamente a las 8 de la noche. Para mi asombro, no estaban permitiendo la entrada de más público al interior del Pascual, porque según ellos ya estaba copado. La historia del día anterior se había repetido, pero esta vez multiplicada por tres. Había tres veces más gente, y por tanto había tres veces menos espacio para caminar, tres veces mayor cantidad de policías y el triple de basura tirada en el piso. En la parte de atrás, donde estaban ubicados los puestos de comida, en la Plaza de Banderas habían ubicado un segundo escenario que también estaba totalmente repleto y al que tampoco estaban permitiendo la entrada por esa misma razón. Entonces nos ubicamos en un pequeño parque justo al lado del escenario, lleno de grandes árboles y en el cual hay una estación de policía que da la cara a la avenida quinta. Compramos de nuevo la consabida caneca de viche y nos sentamos a escuchar el distorsionado ruido mezclado de los dos escenarios, cosa que hacía poco placentero mi segundo día en el Festival. Cuando sentí un poco de hambre me dirigí hacia la zona de comidas, y que sorpresa me llevé cuando me pidieron 15 mil pesos por un plato de pescado frito. Precio que me quitó enseguida las ganas de estar allí. Volví al lugar donde estaban mis amigos, justo en el momento en que a unos 30 o 40 metros se formaba una pelea entre dos grupos de jóvenes, precisamente detrás de la estación de policía de la que salieron unos diez agentes a controlar la situación golpeando a diestra y siniestra a los implicados en la pelea. Afortunadamente no pasó a mayores y el evento continuó sin percances. Pero ya no había ninguna razón para quedarme en ese lugar. Haciendo un balance rápido, el viche costaba lo mismo que el aguardiente y te deja una resaca diez veces peor, la comida costaba más del doble que el año pasado y realmente la aglomeración de gente no era algo muy cómodo porque eso había evitado nuestra entrada al festival. Ahora estábamos sentados en un parque, tratando de adivinar qué era lo que estaba cantando la banda que tocaba en el escenario más cercano a nosotros a partir de un sonido por demás indefinible. Allí estuvimos hasta las 12 de la noche. En ese momento decidimos irnos para la Calle del Pecado a empezar una fiesta que creímos iba a comenzar con nuestra llegada al estadio, pero en lo cual nos equivocamos.

La Calle del PecadoLa Calle del pecado es una cuadra larga conformada en su mayoría por hoteles de 7 u 8 pisos que se llena de gente alrededor de los artistas que salen a tocar sus tambores después de que termina la “fiesta” en el Petronio Álvarez. Es una continuación de la fiesta, más no del festival. Es decir, no venden comida típica ni tiene relación formal con el evento, pero la gente que acude es en su mayoría gente que salió del estadio y quiere continuar su noche con un ambiente más o menos parecido. Había alrededor de mil personas (demasiadas para una sola cuadra) tomando, fumando, comiendo y bailando al ritmo de los tambores que imprimían la única alegría a la calle. Los olores más evidentes eran los de la comida callejera que allí se vendía, la cual no tenía nada que ver con el pacífico. Eran chuzos de res, chorizos y pinchos asados al carbón, cuyo aroma se mezclaba con el del cannabis que un gran número de personas estaban disfrutando en ese momento.

Mientras tomábamos viche en la Calle del pecado, me puse a pensar si habría alguna forma de responder mi interrogante y llegar a una conclusión. Tenía que recoger opiniones de varias personas y a partir de ahí construir mi propia conjetura. Estaba seguro de que no me sentía a gusto con el cambio, ya lo había experimentado en carne propia, pero mi objetivo era descifrar la razón por la cual el Festival había pasado de ser una muestra cultural bien organizada y auténtica, a un “monstruo” cultural casi que amorfo y muy desorganizado. Ya contaba con las opiniones de los maestros que las habían expuesto en un espacio académico, y las cuales resumían que el cambio estructural del Festival se debía a influencias políticas que habían descubierto en él un espacio perfecto para hacer campaña electoral. Era hora de recoger algunas opiniones en la calle acerca de lo que las personas habían vivido este año en el festival. Decidí preguntarle a varios conocidos que sabía que habían asistido a versiones anteriores. Mi pregunta fue bien clara: quería saber por qué ellos creían que el festival se había convertido en lo que es actualmente.

A pesar de que todas las respuestas eran claramente diferentes había algo particular en todas. De ahí saqué mis primeras conclusiones. El festival se había hecho gigantesco por sí solo. La misma experiencia maravillosa que yo había vivido hace 4 años, había atraído cada año más y más gente. De la misma forma, los propios anfitriones se dieron cuenta de que la sociedad caleña es un gran consumidor en potencia (cosa que explica la subida exponencial de los precios). Hecho que no fue ajeno a las élites políticas, las cuales se decidieron a impulsarlo como “un espacio para mostrar y compartir la cultura del pacífico”. Lo que vino después es en definitiva lo que el mercado le hace al arte: masificación mediante la mercadotecnia. Y con la masificación se pierde calidad, organización y autenticidad. Es el precio que debieron pagar los dueños del Festival (la comunidad afro-pacífica) por crear un evento grande que les permitiera sacar el mayor provecho económico a su cultura.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Latinoamérica: La región más próspera del mundo

Por Camilo Medina.

Es curioso ver cómo nos lamentamos constantemente de la condición socioeconómica de nuestro continente, aun más sabiendo de nuestras privilegiadas condiciones tanto de suelo como de ubicación geográfica; personalmente yo me pregunto, dejando por fuera tanta teoría y especulación, por qué los del norte se “desarrollaron”, será ¿la gente?, ¿suerte?, ¿territorio?, ¡No! o por lo menos eso creo yo.

Latinoamérica: La región más prospera del mundo.Los del norte, y con esto me refiero a países del mal llamado “primer mundo”, han tenido procesos de industrialización más prósperos y precoces que los países latinoamericanos. Aquí es menester dejar claro que este proceso lo tomo de forma anacrónica. En mi concepto, este rápido desarrollo ha sido gracias a un factor clave, la integración regional. Un arma poderosa pero de doble filo, es utopía y realidad, es tenerlo todo y a la vez nada. Puede sonar a cliché pero reitero que nuestro gran tesoro es nuestra gente. Esto es cierto y a veces por ingenuos pecamos, sin embargo allí está uno de los factores que en el caso de proponérnoslo realmente nos hará grandes, fuertes y unidos ya que tenemos una sola raíz, un mismo mito fundacional. No nos dejemos engañar por esos imaginarios que lanzan y vemos a diario impulsados generalmente por países desarrollados para conservar su mano de obra, los que hacemos el trabajo sucio y recibimos menor retribución.

Hay cientos de artistas, políticos, obreros y ciudadanos que sueñan y luchan por ver este continente unido, trabajando mano a mano, sin embargo, ciertas riñas ideológicas, algunos incidentes y un fuerte tráfico de influencias no han permitido en los últimos años que ese gran sueño al final del túnel se convierta en realidad.

Latinoamérica tiene todo para ser un gran pueblo, de hecho lo es, pero no podemos vivir divididos, en Mercosur, Unasur, CAN, entre otros. Estas organizaciones más que unión nos crea barreras. Es cierto todo tiene un comienzo pero ¿no creen que estamos tratando de comenzar hace muchos años?, no podemos esperar más mientras vemos que las naciones industrializadas nos roban nuestra materia prima, nuestras ideas y nuestra gente. Tenemos todo para ser una gran región. Quiero dejar claro que no estoy proponiendo un supra-estado estilo URSS, sólo algo de integración real, efectiva y eficiente. Que en vez de quitarnos mercados, bombardearnos, robarnos y discutir, pongamos lo de mejor de cada nación a servicio de una cooperación regional que busque el beneficio de nuestro continente. El estilo de la Unión Europea no está mal para empezar, y si esa cantidad de países enanos, con suelos improductivos y poco territorio pudieron ¿por qué nosotros no?

sábado, 26 de noviembre de 2011

¿Qué es hacer etnografía?

Por Daniel Hidalgo.

Desde que comencé este avatar disciplinario, de un bachiller atareado de indecisiones a un estudiante universitario de antropología, parte de mi tiempo se ha enfocado en explicar ¿qué significa, cuál es el campo laboral y qué hace la antropología? Estas y más preguntas con respuestas que varían de persona en persona me han llevado a enfrentarme a preguntas y respuestas que ni siquiera en mi mente se habían resuelto. Una de ellas ha sido, como me lo preguntó una vez un amigo que estudia ingeniería de sistemas en la ICESI, -bueno y ¿qué es etnografía?-

Qué es etnografía y qué es hacer etnografía, ambas remiten a diferentes respuestas, sin embargo el hacer etnográfico seria la pregunta que respondería con más seguridad. Hacer etnografía es... no sé, pero cuando alguien relevante para mí me lo pregunta (como mi amigo), la respuesta que me evoca está inundada de experiencias, de emociones, de risas, de desilusiones y desafíos. Tal vez es fácil sintetizarlo todo en una definición, la más clásica, o tal vez no, pero sin embargo, me toma unos segundos mientras me avasallan los recuerdos de mis experiencias pasadas. Es algo parecido como cuando se nos pregunta a los que estudiamos Antropología ¿qué es Antropología? es tantas cosas al mismo tiempo, y tal vez suene muy romántico, pero para cada quien es lo que para él o ella se ha enfocado esta holística disciplina y formas de ver el mundo en su vida. En un sentido clásico y a grandes rasgos, la etnografía es: la metodología de preferencia por el antropólogo, herramienta de análisis que se caracteriza por ser más cualitativa que cuantitativa y estar basada en lo que se denomina observación participante.

Tribu PosmodernaMi primera observación participante: cuando por primera vez hice un ejercicio descriptivo en segundo semestre, me veía enfrentado a preguntas como: ¿cómo sería mejor escribir, en primera o tercera persona? ¿Qué tipo de detalles deberían estar descritos, todos y cada uno de los que había observado, o solo los que a mi parecer serian útiles? Pues, a pesar del conocimiento que había recibido sobre la etnografía en las aulas, enfrentarse a ella me resultaba desafiante. La poca experiencia, o tal vez la poca pericia de mi parte en el asunto, me hacia cuestionar mis modos de abordaje. Además, debía ponerme de acuerdo con mi compañero con el que estaba haciendo la descripción. Jugar con el medio, tal vez hacerme de espía y camuflarme con la gente mientras anotó las observaciones, como las novelas de espionaje. Ese tipo de ideas pasaron por mi cabeza pero no, tenía que darle un sentido más estricto y maduro a este primer abordaje; estaba a punto de enfrentarme a la herramienta de trabajo más importante como estudiante de antropología y futuro antropólogo.

Mi compañero y yo habíamos consensuado escoger el parque del Perro como un lugar de encuentro y de referencia nocturno con ciertas peculiaridades, en donde se evidencian varias dinámicas sociales que se mezclan: la música y sus diversos géneros, la comida y sus diferentes tipos y sabores, el cigarrillo, el licor, la marihuana. En sí, la tesis era cómo este lugar se tornaba tan propicio para ser un centro de encuentro por la misma gente que lo frecuentaba y, por su localización, en donde convergían diversos grupos de personas, practicando diversas actividades en un mismo espacio.

De igual manera, nos resultaba llamativo abordar un espacio que, conocido y frecuentado por muchos como un lugar recreativo, se transformará en un objeto de estudio de la antropología para unos pocos como nosotros. De forma que, cuando llegamos al parque, un sitio que yo frecuentaba muy seguido, el hecho de haberlo escogido y observado como un objeto de estudio me parecía algo inquietante, porque era una manera de interactuar con el medio y comprender la forma como nos comportamos y funcionamos en ciertos espacios públicos desde una perspectiva diferente a la que normalmente estamos condicionados.

Sin embargo, cuando acudimos al método etnográfico, generalmente, como lo hemos estudiado en los textos clásicos antropológicos: “Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas” (1935) de Margaret Mead o en “Los argonautas del Pacífico Occidental” (1922) de Bronislaw Malinowski, entre otros. El etnógrafo se ha enfrentado solo al campo, es un ser único dentro de una comunidad distante y diferente a él, la otredad. Él se piensa y piensa a los demás, con su único compañero no ajeno a él, el cuadernillo de campo.

Seguramente estas ideas y experiencias sobre la etnografía se alejan mucho de lo que podría ser una respuesta corta, rápida y concreta. Pero, de alguna manera, la forma en que he desarrollado un discurso sobre lo qué para mí ha sido la etnografía, pone en evidencia la complejidad de esta disciplina y el tipo de experiencias que producen sus métodos de análisis que compenetran las emociones y personalidades de sus investigadores con el entorno y con lo que significa la disciplina. Fue así, como mi desafío frente a mi primera observación participante fue motivada por una reflexión de este tipo. Mi afán por no ser una oveja más del rebaño, me motivaba a independizarme de una sola forma de ver, sentir y entender el mundo para tratar de comprenderlo en su diversidad, a partir de la herramienta por excelencia del antropólogo, la etnografía.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Notas pacíficas

Por Juan Camilo Forero Urrea.

“Bienaventurados los imbéciles, porque de ellos es el reino de la tierra.” Andrés Caicedo

‎"es común en los colombianos que dicen "noh, ese tema no lo toque, ese no…" ¿pero por qué si es la realidad?, es como si dijeran "hablemos de los dientes de Garzón" y yo dijera "no, no señor, ese tema no"...pero porqué si es la realidad??
jajajaja"

“Man himself has become God and laughs at his destruction, In which we trust a secret government, Is now in total collapse”

Slayer- World painted blood.

Loco de niño, desquiciado cuando adulto. Un joven que en su afán de tener todo por decir, que en su terrible congestión angustiante de ideas quedó inerte, allí, en su máquina de escribir a los 25 años un 4 de marzo de 1977. Un niño “grande”, víctima de un aglutinamiento de palabras que desbordaban por sus ojos y resultaban en un tartamudeo cada vez más inentendible y discordante, víctima de traumáticos electro choques tras su primer intento de suicidio, hijo de un padre que lo desprecio por estar en “artes y esas pendejadas”, como él mismo diría en uno de sus diarios personales. En fin, muchas más cosas podríamos decir de este muchacho, víctima de un magnicidio que sucedería aún años después de su muerte cuando la juventud colombiana por fin se dignó a reconocerlo, fenómeno muy común en la historia de las sociedades injustas.

17 años antes de la muerte de nuestro primer personaje, un 24 de octubre, nacería otro de los mártires de nuestra zoociedad colombiana, como él mismo la llamaría posteriormente. Con una afición casi fetichista por burlarse de las infamias de un país que se retorcía entre hipocresía y sangre, y que ahora está mucho peor, pero con una capacidad única para hacerlas públicas y lograr el objetivo izquierdista por excelencia, de ser amado por su pueblo y terriblemente odiado por sus gobernantes. Asesinado un 13 de agosto de 1999 por razones obvias, sicariato que aunque todo el mundo ya sabe quién lo mando a ejecutar continúa aún en impunidad (también por razones obvias), inclusive para sus mismos actores materiales que quizás demandan protección amenazando testimonios.

Los ninisHago exaltación de estos dos personajes colombianos de los cuales no hay necesidad de pronunciar siquiera sus nombres ni conocer sus fechas para saber de quienes se trata, aunque a efectos de reconfortar también al lector ignorante diré que se trata de Andrés Caicedo y Jaime Garzón. Esto para pronunciar algo que también todo el mundo sabe pero que la godarria conservadora no se atreve a aceptarlo. Abusaré entonces de esta columna para expresar mi sincera, mal escrita, insultante y poco estructurada opinión.

He hecho mención de estos conocidos casos Colombianos en donde el uno es asesinado por la ignorancia y la indiferencia de una familia conservadora que no concebía a un hijo escritor, sexualmente ambiguo, tartamudo y cineasta; y otro asesinado por un sistema que se rehúsa a tener un ciudadano consiente, feróz, público, elocuente y sincero al cual su conciencia, como él mismo dijo en una entrevista, valia 7mil millones de pesos: “Los Rodríguez me preguntaron que si lo que quería era plata, yo les dije que sietemil, porque si al presidente le dieron seismil...” y esta mención no ha sido para necesariamente nada.

Tanto hoy como en nuestro pasado se ha visto una repulsión, como una reacción alérgica a las propuestas alternativas. Esto en los ámbitos intrincados, difíciles y previamente titulados como los políticos, como también en el espacio que se supone debe ser el espacio más libre y experimental del alma humana como lo son las artes.

En una época de violencia, de injusticia, de narcogobiernos y de clara insuficiencia gubernamental por ofrecer a un ciudadano la simple garantía de que, en su camino a casa, no se encontraría entre una fuerte balacera o la onda expansiva de un carro bomba, se asesina al único que se puso los pantalones (o se los quitó?) para denunciar estos hechos. En un país donde se reafirman las costumbres y la visión provinciana de Colombia del letarguismo mágico de nacondo, se infravalora al único que le dio paso a la literatura urbana, al realismo sanguinario de la sed de sexo, rock-n-roll, rumba, pepas y salsa.

Me causa una vomitiva repugnancia el increíble seguimiento mediático dado a la ya “libre” Nhora Valentina, hija de aquel alcalde Araucano, la cual se dio el lujo no solo de 15 segundos sino 15 días de farándula secuestrativa. Me cansé de recordar infinitas veces los otros cientos de ciudadanos secuestrados en el Cauca, o las aberraciones que suceden en el mismo Arauca, o los tantos absurdos proyectos de ley que el partido conservador y de la U han erigido con tanta propiedad casi que con un absurdismo record en estos últimos días... ¿Hasta cuándo tendremos que vivir en este deporte casi olímpico de supervivencia, en un país que cada vez se ve más devorado por las gigantes familias casi monárquicas dueñas de las instituciones reguladoras, de multinacionales y de los garosos intereses de “progreso” de este capitalismo salvaje? ¿Hasta cuándo cada uno de los sentidos de nuestros compatriotas hará caso omiso a las palabras del pueblo, de la sociedad, las “no sociedades”, inclusive de la misma naturaleza? ¿Hasta cuándo la gente recordará estas palabras si tan fácilmente se les olvida los mismos titulares de sus masacres en el mismo momento que inicia la sección de farándula?... eso que en su conciencia.

"Y hasta aquí los deportes, país de mierda".

Los indignados colombianos son los estudiantes

Por Carlos Liévano.

Por estos días los indignados ocupan planas en los medios internacionales y aunque el nombre de indignados se le atribuye al movimiento 15-M en España, los jóvenes han protagonizado innumerables y significativas manifestaciones a través de la historia, prueba de ello es el llamado mayo de 1968 y lo que quedó de él en Colombia con el movimiento estudiantil de 1971, por no mencionar otros casos.

Evento: La reforma a la ley de educación superior: ley 30; Mayo 10 del 2011Sin duda alguna, el año 2011 si ha sido el de los indignados. Comenzando por la ola de democratización de medio oriente donde los jóvenes jugaron un papel importante para que junto con la población civil tumbaran presidentes en Túnez y Egipto; continuando con los jóvenes de países europeos como Grecia, España, Italia, Inglaterra, Alemania y otros que se han cansado del modelo económico neoliberal que en la práctica ha demostrado ser un fracaso y protestan por más control a las entidades financieras, contra el constante recorte de los derechos fundamentales como la salud y la educación, y hasta por el medio ambiente y reformas democráticas.

Si bien los indignados en el mundo no solo son jóvenes y estudiantes, ellos juegan un papel clave en las marchas y manifestaciones por su espíritu joven, rebelde y crítico. Además porque tienen un permanente y cotidiano contacto con las redes sociales, las cuales en muchos casos han servido como medio efectivo de comunicación y masificación de los mensajes. Los indignados también son los trabajadores, los maestros, el comerciante, el empresario y hasta la ama de casa que directa o indirectamente se ven afectados por el modelo y la crisis económica con sus respectivas consecuencias, algunas de ellas ya mencionadas.

Mi posición es, que aparte de los trabajadores de Pacific rubiales y otras manifestaciones aisladas, los indignados colombianos principalmente han sido los estudiantes. A continuación voy a explicar el porqué de dicha afirmación: las constantes manifestaciones de los estudiantes este año que han colmado las principales calles del país tienen una sola causa, la reforma a la ley general de educación, la famosa ley 30 de 1992.

Cuál es la confrontación entonces entre la propuesta del gobierno y la posición de los estudiantes frente a ello? La propuesta del ministerio de educación habla de una ampliación de recursos para aumentar cobertura con calidad en la educación superior, más recursos para las universidades públicas y más créditos educativos con el ICETEX.

Marcha en contra de la reforma de la ley 30Si eso pinta tan bueno, entonces ¿por qué se oponen los estudiantes? es la otra pregunta. Se oponen porque desde hace 19 años no se incrementa la base presupuestal medida por el IPC, sin tener en cuenta que cada año aumenta la población estudiantil que debe ingresar a la universidad y gastos de funcionamiento y planta laboral, porque 22 de las 32 universidades públicas tienen un desfinanciamiento de 660 mil millones de pesos lo que las ha obligado a que en los últimos años el 50% de los recursos de su funcionamiento sea por autofinanciación de la misma universidad. Porque definitivamente no se resuelve el problema de financiación de la universidad pública que es a lo que debería apostarle el país para su desarrollo. Pero no, simplemente se quiere aumentar la cobertura para mostrar mejores resultados sacrificando de esta forma la calidad. El gobierno ahora se quita la responsabilidad de subsidiar una matrícula por subsidiar la demanda, es decir, dar un crédito educativo para que el mismo estudiante se financie su carrera educativa.

Los indignados estudiantes le apuestan a una educación que avance hacia la gratuidad y una mayor cobertura, que tenga altos estándares de calidad y que le sirva al desarrollo del país y al de sus propios intereses. Por eso, como los estudiantes chilenos, los estudiantes colombianos se encuentran en paro nacional indefinido y le han apostado a la movilización como el único camino para luchar contra las regresivas leyes del gobierno. Así como a derogar esta ley, a sentarse con el gobierno a construir una nueva ley de educación pues nunca se les ha tenido verdaderamente en cuenta. Mientras esas condiciones no se den, el paro nacional estudiantil será indefinido y los estudiantes seguirán siendo los indignados colombianos a la espera de que los demás sectores sociales del país se le sumen y los apoyen en su justa causa.

Que no se les llame desinformados ni se les estigmatice la protesta, que Santos y su ministra ni con mentiras ni con astucias lograra engañar a la comunidad universitaria.

jueves, 24 de noviembre de 2011

¿Votar o Botar?

Por Luis Alejandro Espinosa García.

Desde hace algunos días, mis padres y conocidos me han preguntado por quién pienso votar en las próximas elecciones de consejos locales y alcaldía. A lo cual mi respuesta fue tajante: no quiero votar. Las críticas no se hicieron esperar: “eres un irresponsable, un ciudadano de bien tiene que votar así sea en blanco, no te vayas a quejar después si no votas hoy”, entre otras...

Mi argumento es el siguiente. Estoy realmente cansado de ver cómo son elegidos los gobernantes en Cali. En primer lugar, ninguno de los candidatos me llama la atención en lo absoluto, sin embargo este no es ni el lugar ni el momento para enumerar las razones por las cuáles pienso eso. En segundo lugar, así suene algo a frase de cajón y probablemente a excusa barata. La masa de electores es ignorante, pasional y volátil. Votan por el político que se muestre más cercano a ellos mediante sus prácticas clientelares y su imagen de campaña, en vez de votar por las mejores ideas. Su voto es personalista y no programático. Muchos dirán que esto se debe a que el gobierno no invierte en la educación de las clases más necesitadas, pero esto me lleva a deducir que estamos en un círculo vicioso que pareciera no tener fin: si la masa sigue eligiendo políticos mal preparados y que se sirvan primero a sí mismos y a su gente, nunca vamos a tener educación de calidad para todos.

La idea de los que me critican es que si yo no ejerzo mi derecho al voto, no tengo la autoridad moral para reclamar después por una mala administración. Pareciera ser que ellos asumen que lo que me hace ciudadano es el hecho de votar, pero no pueden estar más equivocados. Desde que nací en este terruño soy ciudadano colombiano; y así participe o no del sufragio, es suficiente el ser ciudadano para gozar del derecho de hablar sobre mi país en cualquier dimensión: política, cultural o económica. El hecho de votar o no, no me hace más o menos colombiano que ninguno de ustedes.

Todo esto trae a colación dos cuestiones sobre las cuales las sociedades democráticas vienen discutiendo hace tiempo. En primer lugar ¿debería ser el voto un deber cívico, es decir, obligatorio y sujeto a sanción? Y por otro lado está la cuestión del abstencionismo como una expresión válida de la voluntad en una democracia. No quiero detenerme a discutir la primera, porque es un tema que exigiría mucho tiempo y ejercicio filosófico, y tal vez sería como tratar de probar la existencia o inexistencia de dios. Es decir, probablemente es algo que se reduce a cuestiones fundamentales de la subjetividad: el hecho de ver la participación política como un deber más que como un derecho. Lo único que voy a decir sobre esto es que afortunadamente, Colombia y Venezuela (quien lo tuvo en el pasado) son los únicos países de América del Sur donde el voto no es obligatorio de ninguna forma.

Aún cuando en los regímenes democráticos se asocia a la ciudadanía un deber cívico o moral: votar, y en algunos ordenamientos se convierte hasta en deber jurídico. El abstencionismo electoral aparece con el sufragio mismo yconsiste simplemente en la no participación en el acto de votar de quienes tienen derecho a ello. El abstencionismo electoral, que se enmarca en el fenómeno más amplio de la apatía participativa, es un indicador de la participación: muestra el porcentaje de los no votantes sobre el total de los que tienen derecho de voto. En las elecciones del fin de semana pasado (domingo, 30 deoctubre de 2011) el porcentaje a nivel nacional de abstención fue de 57% y en Santiago de Cali fue de 42%. Sin embargo, es una manifestación que esconde una pluralidad de motivaciones, las cuales pueden variar casi que con el individuo.

El día que valga la penaAhora bien ¿cuál es mi finalidad al no votar? Existen personas o grupos de ellas que no lo hacen porque están en total desacuerdo con el sistema político, con la democracia misma. Existen otras que son partidarias de no votar con la intención de que otros también lo hagan. De esta manera entienden que las elecciones pierden legitimidad debido a su bajo escrutinio. La idea es que la clase política asuma su papel de representante del Pueblo y no de las élites, presionada por dicha situación.

Podría decir que estoy de acuerdo con lo anterior hasta cierto punto. Soy consciente de que no logro nada tangible absteniéndome. En mi caso, lo hago simplemente porque siento que no tengo otra opción y porque puedo. No quiero verme obligado a elegir entre unos grupos de políticos (para mí) retrógrados, incapaces, corruptos y egoístas. No elijo porque no hay ninguna opción que me llene y no pienso votar por votar. Dejándome llevar por la imaginación, si viviese en mi ciudad natal (Bogotá) la decisión sería difícil porque es una ciudad que por una u otra razón ha sido cuna de buenos políticos, buenos candidatos (igualmente no quiero entrar a discutir por qué digo esto); y probablemente votaría por Gustavo Petro. Pero vivo y ejerzo mis deberes como ciudadano en Cali, es por eso que mi elección es no elegir. Entre otras cosas porque considero que el voto en blanco no sirve para nada en esta democracia, a no ser que sea la opción escogida por una amplísima mayoría, cosa que no va a pasar por la razón que ya expuse: la masa electoral es ignorante y pasional. No quiero pasar por pesimista antes que realista. No me queda más que la esperanza de que en Cali surjan nuevos líderes o (algo menos probable) que hagamos un “ensayo sobre la lucidez” y mediante el abstencionismo o el voto en blanco hagamos historia y revoquemos un círculo vicioso que pareciera no tener fin.

La ciudadanía no se queda en la cédula

Por Alejandra Galindo.

¿Indignados?... Yo los llamaría “Movimiento de rehabilitados mentales”. Ya era hora de que por lo menos unos pocos colombianos despertáramos de ese sueño sin fin, aquel que produce más aturdimiento y Alzheimer que una borrachera; lastima el efecto retardado de esta enfermedad y las consecuencias que han traído a nuestro país. La reciente ola, cabe resaltar que es emitida desde las principales potencias mundiales, ha traído un efecto positivo a Latinoamérica. Disculpen, se me olvidaba decir: ésta no fue iniciativa de los líderes políticos, el imperio norteamericano o los grandes monstruos económicos. Fueron y son personas como tú y como yo, ¡querido lector!, aquellas que critican aquel modelo neoliberal que prometía maximizar ganancias, comercializar sin restricción, la desregulación y entre otras políticas que traería verdaderos beneficios a nuestro pueblo colombiano, caso particular aplicadas por nuestros honorables ex presidentes Samper, Pastrana y Gaviria, en fin. Por lo menos, desde mi punto de vista el empobrecimiento desmedido no es algo favorable, aunque si piensa diferente lo respeto. Solo le propongo una invitación: pase por cualquier semáforo de la República de Colombia.

Pequeño pero lo tienenSi bien, nuestra apertura económica llega en los 90', desde ahí hemos sido devorados por los grandes monopolios. Solo recientemente, gracias al surgimiento de los indignados en Madrid y decenas de personas que protestaron en Roma, New York, Canadá, Chile, México, Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador entre otros, el movimiento ciudadano ha empezado a difuminar aquellos límites que nuestra propia mente ha ido alimentando a través de la historia por medio de discursos hegemónicos y sin fundamentos. ¡Hoy! una nueva esperanza hace escurrir mis lágrimas. Jóvenes dispuestos a cambiar el destino de una nación, a romper los esquemas de la avaricia corporativa, y, lo más sorprendente, dispuestos a exigir una verdadera democracia que por muchos años no ha sido la tiranía de la mayoría sino la de los pocos privilegiados. Razón por la cual me quito el sombrero. Es más, con tanto regocijo, estaría dispuesta a militar en el Partido Verde así nunca llegue a tener claro el destino político de mi país. Una vez más: ¡Gracias ciudadanos!, así no tengamos un ágora, somos una sola voz.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Casi no llega: Festival Internacional de cine de Cali

Por Alejandra Erazo.

Hay una noticia vieja que hace días me pica. El pasado 22 de junio se anunció que sí se realizará la tercera versión del Festival Internacional de cine de Cali, inaugurado en el 2009 bajo la dirección artística del cineasta caleño Luis Ospina. Lo anterior fue afirmado más de un mes después de que Carlos Rojas, el entonces Secretario de Cultura y Turismo, hubiera confirmado la cancelación del evento por falta de fondos. Esto causó mucho revuelo cuando sucedió hace unos meses. Varios medios de comunicación reportaron que su restablecimiento en la agenda pública sucedió como respuesta a la reacción de académicos y cinéfilos que protestaron contra la decisión.

III Festival Internacional de cine de CaliDesde su primera versión, el Festival se ha configurado como una muestra y certamen de cine independiente, en contraposición al comercial. Considerándome una amante del cine, pienso que esto trae muchos beneficios para Cali, principalmente porque logra exponer a los ciudadanos a otras visiones del mundo con las cuales no tendríamos contacto por fuera de estos espacios. Sin embargo, también he notado que el Festival se está configurando como un evento elitista y excluyente. Si bien la intención inicial fuese la contraria, su aplicación ha resultado diferente. Más no creo que esto se deba a la indiferencia del público, sino al contenido exhibido. Como ya dije, el cine independiente nos acerca a múltiples realidades que no son visibles en las producciones de Hollywood, por ejemplo. No obstante, este cine también es más difícil de ver e interpretar, precisamente por la novedad de sus propuestas visuales, conceptuales y estéticas. Por su misma apuesta por la vanguardia cinematográfica, el Festival se ha convertido en un escenario que apela mayormente a cierto tipo de público, aunque desde la iniciativa de la Alcaldía y de sus promotores se haya dirigido a la ciudadanía en general. Personalmente creo que el cine independiente tiene mucho más para aportar que las fórmulas clichés que normalmente se ven en la pantalla grande. Por esto, celebro un Festival que privilegie la proyección de este tipo de cine y, sobretodo, un Festival que descentre a Bogotá como productora de la oferta cultural.

Por todo lo anterior, me uno a las voces que protestan contra el recorte de presupuesto para la tercera versión del Festival este año ¿Cómo espera la Alcaldía que este evento se consolide como representativo de la ciudad si los líos presupuestales afloran tan sólo al tercer año de su nacimiento? Se podría argumentar que existen otros proyectos que requieren mayor financiamiento del municipio, como los programas de educación, vivienda, salud y alimentación, y sobre esto estoy de acuerdo. Sin embargo, no creo que esto signifique que se le deba restar importancia a un proyecto que también aporta al beneficio de la sociedad, dándonos herramientas para pensar el mundo y acercarnos a sus multiplicidades. El presupuesto para todas las iniciativas “culturales” de la Alcaldía, podría salir del sueldo de los guardias cívicos que charlan en las esquinas o de la dudosa repavimentación de vías en buen estado. Pero este no es un problema que se vaya a resolver para la muy próxima tercera versión del Festival y en la cuarta ¿quién sabe? Si fueron tantos los esfuerzos para sacar el evento a flote este año, su realización se me hace aún más incierta con el cambio de mandato al recientemente elegido Rodrigo Guerrero. Con sinceridad espero que el Festival no se convierta sólo en un recuerdo, sino que perdure para que pueda ser vivido por muchas más personas.

Ver programación: III Festival Internacional de Cine - Cali, 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

Otra de las megasobras del Doctor Ospina.

Por Olga Llanos.

“Como cualquier máscara, puede seducir y distraer de modos atrayentes, pero llega a un momento en que deseamos descubrir qué hay detrás. Si la máscara se rompe o es violentamente rasgada, puede aparecer el terrible rostro del empobrecimiento de Baltimore” (Harvey; 2007; 160)

Cali es una ciudad de contrastes, irregularidades y contradicciones; una ciudad estancada por sus delirios y aspiraciones de “gran ciudad”; una extensión de tierra rica en sonidos, colores y caos. Que delicia Cali, que delicia esos compases de salsa que irrumpen en mi sistema, cada vez que ella me permite entenderla y vivirla. Todo esto no es Cali. Cali es mucho más; es miedos, risas, flujos descodificados que alteran nuestros órganos hasta ocasionarnos esquizofrenias perpetuas, un delirio de inseguridad y peligro constante, un escalofrío esperado cada vez que damos un paso y nos atravesamos con una sombra desconocida, una sombra que habita la ciudad, que se adueña de ella con cada pisada al andar. La primera impresión es de un cuerpo no muy definido, que arrastra bultos o en su defecto una carreta que parece más una prolongación de sí, que un instrumento de trabajo.

Cali es una ciudad que espera, como bien lo dijo Caicedo, pero que difícilmente le abre las puertas a los desesperados, a los errantes, a los sin nombre, a los recicladores, en este caso particular. Esta población que viene a ser una capa considerablemente grande en la ciudad, como resultado de innumerables migraciones de todos los rincones del país, ha sido objeto de amplias discusiones desde el año 2008, época en que Iván Ospina se posiciona como alcalde de la ciudad. Su llamativa, pero poco consumada propuesta de los 21 Mega proyectos, en apariencia alentadora, engendró una propuesta de vivienda de interés social en el terreno donde se ubicaba anteriormente el vertedero de basura más grande de la ciudad: El basurero de Navarro. Éste fue clausurado obedeciendo a los intereses de muchos ciudadanos preocupados por el peligro ambiental que representaba. Sin embargo se ignoró casi por completo la situación de la gente para la que ese vertedero constituía su hogar y su fuente de ingresos. Aún hoy este proyecto ve obstaculizada su materialización, por falta de cumplimientos de las reglamentaciones ambientales y de garantías de seguridad para los posibles beneficiarios. Además no se había logrado establecer claramente una propuesta que cobijara de manera permanente a los afectados. Dentro del proceso los recicladores se movilizaron como comunidad y lograron victorias legales que se vieron reflejadas en la sentencia T291 de 2009. Tras este suceso se han venido estableciendo acuerdos de conciliación entre el gobierno y la comunidad, que si bien tiene un objetivo común no está exenta de conflictos internos entre los recicladores. A pesar de esto la comunidad se ha consolidado como tal desde hace ya muchos años. El punto de inflexión que potenció la movilización y organización de los recicladores a nivel nacional fue el desafortunado suceso en la universidad libre de Barranquilla en 1992, que involucró a más 11 recicladores muertos, cuyos cuerpos eran utilizados como material pedagógico por estudiantes de medicina y para la comercialización de órganos. Vemos cómo desde mucho antes han sido blanco de atropellos y silenciamientos que vienen desde las leyes mismas, que buscan constantemente argumentos para alejarlos de sus quehaceres; quehaceres que, si prestamos atención, se han convertido en una industria que resulta ser muy rentable.

No es un secreto que el negocio de las basuras en el país ha sido redescubierto como un nicho económico considerablemente rentable, razón por la cual “curiosamente” ha caído en manos de concesionarios, provistos de grandes avances tecnológicos, lo cual representa una pérdida para los recicladores, que no cuentan con herramientas apropiadas para realizar su labor. En el 2009 los hijos del ex presidente Uribe, inauguraron una empresa de manejo de residuos, que estaba abarcando el negocio de las basuras cual monopolio y estaba afectando seriamente el trabajo de los recicladores, que en tal caso, estaban perdiendo sus clientes. Este es un negocio que, según Emsirva en la declaración de la sentencia anteriormente mencionada, es libre, y se convierte cada vez más en un campo altamente competitivo, en donde los recicladores, al no contar con el avance tecnológico de las grandes industrias, se ven perjudicados.

Hasta julio del presente año los recicladores representaban un problema y una noticia que suscitaba interés. Hoy la agenda mediática no dedica espacios que den cuenta de la situación actual de esta comunidad. Resulta pertinente agregar que si esto consiste en una estrategia de silenciamiento, ha sido extraordinariamente efectiva. ¿Dónde quedó todo ese movimiento que logró tomar tanta fuerza y protagonismo durante la primera mitad del presente año? ¿Que va a pasar ahora, con el cambio de dirigente?

El alcalde Ospina se posicionó promulgando determinadas nociones de desarrollo en sus proyectos de megaobras, que hoy se ven reproducidas por varios de los candidatos a la alcaldía de Cali. Valdría la pena pensar, tras este corto pero entorpecido periodo, cuál es la concepción de desarrollo que se maneja en las propuestas, ya que fácilmente un discurso desarrollista puede establecer una pantalla que recubra las desigualdades y fragmentaciones que constituyen a Cali. Entonces ¿desarrollo para quién? Todo esto, porque tras un juicioso seguimiento del proceso del reciclaje en la ciudad, cuesta pensar que la situación de tanta gente haya sido solucionada de un día para otro. De manera que no está de más dejar planteada esta cuestión, esperando que las condiciones, tanto de los ex recicladores de navarro, como de muchos otros en el país no siga siendo una realidad que se esconda tras un discurso de progreso y desarrollo, que busque por todos los medios mercadear la ciudad a costa de muchos; una realidad que enfrenta a diario escenarios de limpieza social, de indiferencia y de irrespeto. Gracias a estos mismos discursos esta dimensión de la sociedad aparenta ser lejana. Sin embargo, no hay que ir muy lejos para darnos cuenta de qué tan crudo es el día a día de esta comunidad. El 31 de diciembre del 2009, 42 personas resultaron gravemente intoxicadas tras consumir una natilla con pesticida, suministrada por personas no identificadas, que se movilizaban en una camioneta por el sector el calvario, en el centro de la ciudad. Es de saber que este barrio resulta ser el lugar de residencia de una gran cantidad de recicladores e indigentes, que quizás poco o nada tengan que ver con la inseguridad de la ciudad, contra la que las improvisadas organizaciones de limpieza social chocan. Casualmente este sector, además de ser vulnerado por este tipo de agresiones explícitas, debe hacer frente a las agresiones difusas de una administración basada en la indiferencia, que con lo único que responde es con desalojos e injusticias, lo cual se ve reflejado – otra vez “ curiosamente”- en la construcción de otro de los grandes megaproyectos: la construcción de “ciudad paraíso”. Este proyecto, así como muchos otros, ha tenido un costo social lo suficientemente alto como para gestionar al menos este tipo de reclamos.

Cali no deja ser lo que se dice que es. Su cara bonita sigue exaltada y su faceta no tan atrayente sigue estando en el fondo de las discusiones. La ciudad sigue siendo hoy una colcha de retazos, en donde el desarrollo no es coherente y está en constante tensión por las tendencias de inclusión y exclusión de unas capas de la sociedad. ¿Qué será, pues, del corazón insigne del actual alcalde? ¿Habrá un nuevo latir que cobije a todos por igual? Esperemos que el periodo que se acerca no se fundamente en la elaboración de nuevos proyectos de renovación urbana y en la tendencia a la monopolización de las empresas privadas de aseo, aspectos que perjudican directamente a la comunidad recicladora.

martes, 18 de octubre de 2011

UNA SILLA VACÍA

Por Diana Marcela Aranda Quiroz.

En el 2010, la abstención en Colombia se mantuvo en los niveles históricos y en la pasada elección presidencial alcanzó el 51%. Según datos de la registradora Nacional, de los 29.983.270 ciudadanos convocados a las urnas, ejercieron este derecho ciudadano 14.699.845. En las elecciones pasadas (2007) para elegir los representantes a la alcaldía y gobernación, se presentaron múltiples irregularidades como la trashumancia (acción de inscribir la cédula y votar en lugar distinto a aquel en el que se reside) y financiación ilegal de campañas. Además de que los ciudadanos no se tomaron el trabajo de informarse sobre quienes se encontraban vinculados a estos graves hechos, la abstención tomó de nuevo protagonismo en esta fecha. Abstencionismo en Colombia Tres años más tarde, el actual gobernador del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía, luego de solicitar vacaciones y dejar designado al jefe jurídico de la Gobernación, es destituido por participación indebida en política y se inicia una investigación para corroborar el uso indebido de recursos públicos durante su gobierno.

En muchos países votar constituye una responsabilidad legal del ciudadano; usualmente se imponen multas, humillaciones públicas, se niegan servicios y beneficios de programas gubernamentales, a los no votantes.

Países Europeos como Bélgica y Luxemburgo, e incluso países latinoamericanos como Costa Rica, Brasil y Argentina, adoptaron esta medida logrando un objetivo primordial: asegurar niveles de más alta votación, incrementando así la legitimidad de las instituciones públicas y del programa de gobierno.

Haciendo un atento seguimiento a nuestras cifras históricas de abstención, resulta contrastante encontrarse con porcentajes de hasta el 66% y observar las atrocidades cometidas durante dichos gobiernos; al mismo tiempo, es inconcebible que, aún presenciando los malos manejos, las políticas devastadoras y la corrupción desaforada, nuestras cifras de abstención se mantengan en una línea divisoria entre la legitimidad y la desaprobación… ¿dónde está nuestra responsabilidad ciudadana?

Esto me hace imaginar una reunión en torno a una gran mesa donde participan varias personas, cada una ocupando un lugar y tras dicha conglomeración observo detenidamente un espacio disponible; a ninguna persona le hace falta una silla, todas se preparan para empezar el debate pero en aquel sitio vacío, el viento reconoce la ausencia del ser que nunca llegó.

La imagen no es más que una expresión crítica de nuestra participación. ¿Cuántas veces no hemos dejado de criticar las malas acciones de los personeros del Estado por temor, desinterés o por amiguismo a pesar de que fuimos nosotros quienes los elegimos?

¿Cuántas veces no hemos observado indiferentes, detrás de una pantalla, cómo se mantiene una guerra y se dan tantos homicidios, mientras que tomamos un refresco y regocijamos la mirada en cada sorbo?, ¿cuántas veces no escuchamos hablar de fraudes, de corrupción, de perversión y codicia, de pobreza y miseria, mientras nos encogemos de hombros y balbuceamos desacuerdos inútiles? peor aún, ¿cuántas veces hemos contemplado la verdadera situación del país tras cruzar una calle y cuántas veces hemos visto cometer injusticias y silencianmoa nuestras reacciones simplemente con una fría mirada?-.Creo que muchas…

Así que aquel ser inconsciente, que nunca toma su lugar, somos nosotros. No podemos esperar que un pequeño grupo de personas lleve el rumbo de lo que será el resto de nuestras vidas, que resuelva las crisis que durante años nos han agobiado y logre establecer la paz que no se ha conseguido a pesar de tantos intentos. Los problemas de nuestra comunidad nos competen a todos y es nuestro derecho legítimo reclamar y opinar, como lo es permitido en una verdadera democracia.

Cabe aquí, muy a propósito, aquella frase de Antonio Gramsci (1919): "Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza” .

La responsabilidad de elegir los representantes, nuestras políticas y nuestro futuro está en nuestras manos; como ciudadanos somos quienes legitimamos el poder del Estado, así como su corrupción. La abstención es una muestra más del abandono de la realidad que nos acongoja.

El voto no debe convertirse en un símbolo del olvido o en una decisión fundamentada en la ignorancia. Es hora de hacer valer nuestros derechos y ejercer nuestro poder. No seamos conformistas con lo que vemos, es necesario observar; que nuestra solidaridad no sea solo en palabras, sino que se muestre en hechos. En nuestras manos está la capacidad de generar grandes cambios.

Una gran mujer entonaba a viva voz: “sólo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente, que la resaca muerte no me encuentre, vacía y sola sin haber hecho lo suficiente…" pues ahora le pido a Dios que nuestras capacidades, nuestras decisiones, nuestra participación democrática y nuestros derechos no queden verse reflejados en una silla vacía.

Información adicional

  1. http://www.frasecelebre.net/Frases_De_Antonio_Gramsci.html

  2. http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/A/abstencion_alcanzo_el_51/abstencion_alcanzo_el_51.asp

  3. http://www.colombia.com/actualidad/Especiales/20100530/38767/colombia-mantuvo-la-abstencion-historica

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