viernes, 25 de noviembre de 2011

Notas pacíficas

Por Juan Camilo Forero Urrea.

“Bienaventurados los imbéciles, porque de ellos es el reino de la tierra.” Andrés Caicedo

‎"es común en los colombianos que dicen "noh, ese tema no lo toque, ese no…" ¿pero por qué si es la realidad?, es como si dijeran "hablemos de los dientes de Garzón" y yo dijera "no, no señor, ese tema no"...pero porqué si es la realidad??
jajajaja"

“Man himself has become God and laughs at his destruction, In which we trust a secret government, Is now in total collapse”

Slayer- World painted blood.

Loco de niño, desquiciado cuando adulto. Un joven que en su afán de tener todo por decir, que en su terrible congestión angustiante de ideas quedó inerte, allí, en su máquina de escribir a los 25 años un 4 de marzo de 1977. Un niño “grande”, víctima de un aglutinamiento de palabras que desbordaban por sus ojos y resultaban en un tartamudeo cada vez más inentendible y discordante, víctima de traumáticos electro choques tras su primer intento de suicidio, hijo de un padre que lo desprecio por estar en “artes y esas pendejadas”, como él mismo diría en uno de sus diarios personales. En fin, muchas más cosas podríamos decir de este muchacho, víctima de un magnicidio que sucedería aún años después de su muerte cuando la juventud colombiana por fin se dignó a reconocerlo, fenómeno muy común en la historia de las sociedades injustas.

17 años antes de la muerte de nuestro primer personaje, un 24 de octubre, nacería otro de los mártires de nuestra zoociedad colombiana, como él mismo la llamaría posteriormente. Con una afición casi fetichista por burlarse de las infamias de un país que se retorcía entre hipocresía y sangre, y que ahora está mucho peor, pero con una capacidad única para hacerlas públicas y lograr el objetivo izquierdista por excelencia, de ser amado por su pueblo y terriblemente odiado por sus gobernantes. Asesinado un 13 de agosto de 1999 por razones obvias, sicariato que aunque todo el mundo ya sabe quién lo mando a ejecutar continúa aún en impunidad (también por razones obvias), inclusive para sus mismos actores materiales que quizás demandan protección amenazando testimonios.

Los ninisHago exaltación de estos dos personajes colombianos de los cuales no hay necesidad de pronunciar siquiera sus nombres ni conocer sus fechas para saber de quienes se trata, aunque a efectos de reconfortar también al lector ignorante diré que se trata de Andrés Caicedo y Jaime Garzón. Esto para pronunciar algo que también todo el mundo sabe pero que la godarria conservadora no se atreve a aceptarlo. Abusaré entonces de esta columna para expresar mi sincera, mal escrita, insultante y poco estructurada opinión.

He hecho mención de estos conocidos casos Colombianos en donde el uno es asesinado por la ignorancia y la indiferencia de una familia conservadora que no concebía a un hijo escritor, sexualmente ambiguo, tartamudo y cineasta; y otro asesinado por un sistema que se rehúsa a tener un ciudadano consiente, feróz, público, elocuente y sincero al cual su conciencia, como él mismo dijo en una entrevista, valia 7mil millones de pesos: “Los Rodríguez me preguntaron que si lo que quería era plata, yo les dije que sietemil, porque si al presidente le dieron seismil...” y esta mención no ha sido para necesariamente nada.

Tanto hoy como en nuestro pasado se ha visto una repulsión, como una reacción alérgica a las propuestas alternativas. Esto en los ámbitos intrincados, difíciles y previamente titulados como los políticos, como también en el espacio que se supone debe ser el espacio más libre y experimental del alma humana como lo son las artes.

En una época de violencia, de injusticia, de narcogobiernos y de clara insuficiencia gubernamental por ofrecer a un ciudadano la simple garantía de que, en su camino a casa, no se encontraría entre una fuerte balacera o la onda expansiva de un carro bomba, se asesina al único que se puso los pantalones (o se los quitó?) para denunciar estos hechos. En un país donde se reafirman las costumbres y la visión provinciana de Colombia del letarguismo mágico de nacondo, se infravalora al único que le dio paso a la literatura urbana, al realismo sanguinario de la sed de sexo, rock-n-roll, rumba, pepas y salsa.

Me causa una vomitiva repugnancia el increíble seguimiento mediático dado a la ya “libre” Nhora Valentina, hija de aquel alcalde Araucano, la cual se dio el lujo no solo de 15 segundos sino 15 días de farándula secuestrativa. Me cansé de recordar infinitas veces los otros cientos de ciudadanos secuestrados en el Cauca, o las aberraciones que suceden en el mismo Arauca, o los tantos absurdos proyectos de ley que el partido conservador y de la U han erigido con tanta propiedad casi que con un absurdismo record en estos últimos días... ¿Hasta cuándo tendremos que vivir en este deporte casi olímpico de supervivencia, en un país que cada vez se ve más devorado por las gigantes familias casi monárquicas dueñas de las instituciones reguladoras, de multinacionales y de los garosos intereses de “progreso” de este capitalismo salvaje? ¿Hasta cuándo cada uno de los sentidos de nuestros compatriotas hará caso omiso a las palabras del pueblo, de la sociedad, las “no sociedades”, inclusive de la misma naturaleza? ¿Hasta cuándo la gente recordará estas palabras si tan fácilmente se les olvida los mismos titulares de sus masacres en el mismo momento que inicia la sección de farándula?... eso que en su conciencia.

"Y hasta aquí los deportes, país de mierda".

1 comentario:

Claudia Maciel Santana Hernández dijo...

Comprendo muy bien la manera de protestar de Juan Camilo ante los hechos criminales de tales países, donde incluso acaban con la vida de seres indefensos e inocentes. Al leer me vino a mi mente la muerte de la ingenua actriz Marilyn Monroe, quien todos sabemos estuvo muy inmersa sentimentalmente al ex presidente Kennedy, a quien no le interesó para nada su fallecimiento ya que en la biografía de ella, escrita por muchos autores, su muerte queda en puntos suspensivos. Y se cree que no es como se pensó. Había muchos intereses políticos de por medio de los cuales ella estaba enterada y por su ambición al poder y prestigio político de tal hombre, no le convenía que ella hablara. Por eso digo que a ellos no les importa en absoluto acabar de la manera que fuere con la vida de gente inocente.

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