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lunes, 18 de marzo de 2013

Cuando el imperio pregunta...

Columnista Victoria Berta.

"¿Desea usted que las Islas Falkland conserven su estatus actual como un Territorio de Ultramar del Reino Unido? Sí o No".

Nuevamente, una problemática sobre la Cuestión Malvinas ha copado las primeras planas de los diarios más importantes del mundo, pero esta vez, ni Argentina ni Inglaterra fueron los principales protagonistas. Por el contrario, en esta ocasión lo fueron los falklanders, y lo hicieron por medio del voto.

En un momento en que Argentina está llevando a cabo una política exterior muy activa en busca del reconocimiento de la soberanía sobre las islas Malvinas, se produjo lo que Gran Bretaña tanto esperaba: el referendum de las Islas Malvinas. Convocado por las autoridades locales, el mismo tenía por objetivo que los habitantes de las islas expresaran su posición sobre si continuar o no siendo un territorio del Reino Unido.

Lo que debemos preguntarnos es lo siguiente: ¿Cuánto tuvo que ver Gran Bretaña en todo esto? y ¿Cómo afecta el referéndum a la problemática de la soberanía?

Sin embargo, antes de empezar a desarrollar los resultados del referéndum, creo necesario presentar en detalle cuál es la situación actual de las islas “Falkland”:

Desde 1993, estos territorios están agrupados en la Ukota (United Kingdom Overseas Territories Asociation), asociación cuya finalidad es promover los intereses de sus integrantes, y fortalecer la fraternidad y las relaciones colectivas e individuales con Gran Bretaña. La misma está ligada a la Commonwealth of Nations, organización de países que comparten lazos históricos con la corona británica y que tiene por objetivo la cooperación internacional en el ámbito económico –por sobre todas las cosas- y político (más precisamente, las islas se encuadran dentro de los denominados Territorios Británicos de Ultramar, circunscripción que se encuentra bajo soberanía exclusiva del Reino Unido).

Y aunque la ONU la haya declarado en reiteradas ocasiones que Malvinas debe ser considerado uno de los tantos casos de descolonización y, por lo tanto, ha reconocido la existencia de una disputa entre Argentina y el Reino Unido por su soberanía (incluso, en 1985, las Naciones Unidas rechazó la propuesta británica de aplicar el principio de libre determinación de los pueblos), este último ha aprovechado su poderío para manejar la situación a su antojo y, por ejemplo, ha “dotado” incluso de una Constitución a los isleños. El gran problema de esta Carta Magna es que aparenta ser democrática y los fundamentos para afirmar esto son los siguientes: primero, si bien los isleños gozan un gobierno propio, la figura del gobernador es elegida por la reina Isabel II; y segundo, es el gobierno británico quien se encarga de la protección militar, las relaciones exteriores y los asuntos de negocios.

Partiendo de esta base es que analizaremos el referéndum:

Aunque en las islas residen un poco más de 2500 personas (en este número no incluimos los civiles que viven en ella pero que trabajan en la guarnición militar, ni mucho menos los miles de soldados británicos que conforman la base militar-imperial más austral del continente americano –una de las más grandes de Sudamérica-), tan sólo 1672 integran el padrón, pues para gozar de este privilegio es necesario tener siete años de residencia y toda la documentación al día. De esta forma, si bien en la votación participó el 92 % de los empadronados, la realidad es que sólo un poco más de la mitad de los habitantes de las islas pudo expresar su opinión.

En cuanto a los números que arrojó, 1513 personas (el 98,8 por ciento del padrón) votaron a favor de que las islas mantengan el estatus político actual, y tan sólo tres lo hicieron en contra (y un voto fue impugnado). Este masivo voto por el “Sí” era fácil de preverse, ya que durante la votación en ningún momento se pudo apreciar alguna manifestación contra el control británico (algo que la prensa nacionalista argentina esperaba de los 10 argentinos que habitan allí) y porque, demostrando su inclinación por el “Sí”, muchos isleños fueron a votar con todo tipo de vestimenta, paraguas y demás accesorios adornados con la bandera británica o la de las Falkland (banderas que se asemejan mucho entre sí [1].

Ante estos resultados, los gobiernos de ambos Estados dejaron en claro su posición antagónica frente a la disputa por la soberanía: el primer ministro James Cameron, cuyo objetivo es que el concierto internacional ratifique los intentos de autodeterminación de los falklanders para descartar así todo tipo de reclamo argentino por la soberanía de estos territorios insulares, declaró que "los argentinos deben respetar el principio de autodeterminación", y que "mientras los isleños quieren seguir siendo británicos, siempre vamos a estar ahí para protegerlos”. Del otro lado, basándose en su estrategia diplomática de reclamos pacíficos, y la búsqueda constante del apoyo de otros Estados, Argentina apunta a que los dos países involucrados puedan debatir un tema de vital importancia como es la soberanía (algo que el país sudamericano tuvo que resignar incluso en la firma del tratado de paz –Tratado de Madrid-, cuando el gobierno de Menem tuvo que abrir el “paraguas a la soberanía”); y por ello es que la embajadora Alicia Castro considera al referendum ilegal, una expresión de deseos que no tiene ningún valor para el Derecho Internacional pues “no está supervisado por la ONU y ni siquiera el Reino Unido pidió a la ONU que lo hiciera”.

En relación a la primera pregunta planteada debemos decir que si bien el referéndum es una medida concretada por los propios habitantes de las islas, el mismo fue impulsado por el gobierno británico, que -una vez estipulado para el mes de marzo- se encargó de promocionarlo como el medio ideal para que en el mundo se oiga la opinión de los isleños. En palabras de Cameron: "los isleños están haciendo oír su voz en un referéndum". Sin embargo, para Argentina, quienes están haciendo oír su voz son también británicos que residen en las islas (en una de las declaraciones de Castro podemos apreciar esta postura: "sólo los ciudadanos británicos -que residen en aquellos territorios insulares coloniales- participan, y es organizado por británicos, para británicos con el fin de que digan que tienen que seguir siendo británicos".

La celebración de un referendum en un territorio disputado por Gran Bretaña no es una novedad, ya que una estrategia similar aplicó en Gibraltar – territorio que disputa a España- en 1967. En este caso, invocando a la Resolución Nº 1514 (de 1960), los ingleses convocaron a que los habitantes a decidan si querían ser británicos o declararse independientes, pero los españoles lograron que la ONU desconozca sus resultados argumentando que la población del estrecho no era originaria del lugar. Llama la atención que, tanto en el caso de Malvinas como en el de Gibraltar, las opciones a votar se reducían a continuar perteneciendo al imperio o no, descartando toda posibilidad de que el otro Estado en disputa (Argentina para el primer caso y España para el segundo) pueda ser considerado una alternativa de votación.

De todas formas, si lo que se pretende con este plebiscito es brindar una solución a la disputa entre ambos países por la soberanía, Gran Bretaña se está equivocando al apartar del juego a Argentina, porque lo único que logra es convertir a este recurso en un instrumento aún más ilegítimo de lo que es. Los organismos internacionales han declarado en innumerables ocasiones que la única alternativa posible es negociación entre los dos estados, y por ello es que exigen – aunque sin lograrlo- que Gran Bretaña acepte reunirse con Argentina (algo que en la actualidad parece imposible por los constantes enfrentamientos entre los representantes de ambos países).

En fin, resulta tragicómico escuchar al primer ministro británico resaltar la importancia de escuchar la opinión de los habitantes del territorio en disputa ya que, por ejemplo, esto es algo que ni si quiera se interesaron en saber de los habitantes de Hong Kong cuando lo devolvieron a China en 1997, tras usurparlo por 99 años.



[1] Gran parte de las colonias y territorios británicos adoptaron los colores y el modelo de la bandera británica para crear la suya.
[2] En el pasado mes de febrero, los 54 países de África se pronunciaron a favor del reclamo argentino por la soberanía de las islas. Ver: www.horadeopinion.com.ar/

lunes, 26 de noviembre de 2012

Facebook: un campo de batalla online

Columnista Victoria Berta.

Incentivado por las repercusiones que produjo mi primer artículo (leer), intentaré por medio de los siguientes párrafos continuar con el análisis de la “Cuestión Malvinas” a través de fuentes no convencionales. Esta vez puntualizo mi mirada en Facebook.

Si hiciéramos un recorrido por los grandes inventos del siglo XX, notaríamos que la industria de la guerra ha sido su principal promotor. Pero como no es nuestro objetivo explayarnos sobre cada uno de éstos, sólo nos limitaremos a hablar del vehículo que ha revolucionado las formas de comunicación: estamos hablando de Internet.

Falkland-FacebookTan solo 45 años han pasado de la creación de Internet a manos del Departamento de Defensa estadounidense, y sin embargo se ha transformado en la vía de comunicación más importante -hasta el momento- del siglo XXI. Dentro de esta comunidad online que se ha gestado, la empresa estadounidense Facebook cual ha logrado, junto con Twitter y Youtube, convertirse en uno de los principales sitios que la sociedad global utiliza como medio de comunicación, pues más de 1.000 millones de personas -alrededor de uno de cada siete habitantes de la Tierra- tienen una cuenta en este sitio.

Como era de esperar, argentinos e ingleses se han apropiado de estos medios para expresarle al mundo su versión sobre los hechos que los han enfrentado, lógicamente, haciendo hincapié en la guerra de 1982; y, como existe un gran número de grupos y páginas, nos limitaremos a analizar los más importantes, teniendo en cuenta que en reiteradas ocasiones se produce el intercambio de comentarios entre unos y otros. Por ello es que, del lado argentino, hemos seleccionado los grupos “Las Malvinas son argentinas” y “Argentinos Patriotas y soberanos (misión Malvinas)”, mientras que por el lado británico el grupo “Falkland Islands Desire The Right”, el cual utiliza como fuente de muchas de sus publicaciones Sean Penn you are a Twonk, the Falkland are British.

Rechazo y condena“Las Malvinas son argentinas” (ver) es un grupo que, como bien lo refleja su descripción, tiene por objetivo “mantener viva la memoria de los caídos en la guerra de Malvinas” y “sostener la soberanía -argentina- sobre las islas”, pues entiende que lo ocurrido es un caso más de “ocupación colonizadora ilegal”. A lo largo de sus publicaciones, este grupo se reduce a resaltar el heroísmo de cada uno de los jóvenes soldados argentinos que se expusieron a enfrentar un aparato militar profesional, con gran tradición bélica, y a reclamar una solución pacífica al conflicto aún vigente y por ello es que podemos encontrar frases como: “Las Malvinas no son una base militar británica, son argentinas y los argentinos queremos paz, soberanía y democracia”. En concordancia con sus objetivos, incentiva a sus seguidores a difundir la página para demostrar a los usuarios de Facebook que son muchos los que coinciden con esta línea de pensamiento, de ahí que encontremos constantemente publicaciones como la del 28 de abril de 2010: “Vamos, inviten gente para que se una a esta página, así somos más y podemos seguir peleando por lo que nos pertenece”. Cabe destacar que esta propuesta de comunicar al mundo sus ideales se refuerza con la presentación de la información básica de la página en dos idiomas: castellano e inglés.

Totalmente distinta es la página “Argentinos Patriotas y soberanos (misión Malvinas)” (ver). Con 567 seguidores, la comunidad de Argentinos patriotas -así se autodenomina- busca “debatir nuestra soberanía, el estado de nuestras Fuerzas Armadas y la gestión del Ministro de Defensa de turno” a través de la presentación de artículos periodísticos, fotos y publicaciones de blogs. Claramente, sus publicaciones apuntan principalmente a aspectos militares del conflicto y es por ello que, si bien en algunos casos remarcan el heroísmo de los soldados argentinos -por medio de relatos de vida de personas concretas que fueron a la guerra-, no dotan el recuerdo con tintes nostálgicos, como sí lo hace en el Facebook “Las Malvinas son argentinas”. Constantemente reclaman un desarrollo militar para Argentina (y por ello encontramos entre sus publicaciones notas del blog Desarrollo y defensa, el cual considera que “sin desarrollo no hay defensa”, o información detallada sobre los aviones y armas que posee el Ejército argentino) porque entienden que la única solución es por esa vía.

Entre los grupos que se encuentran posicionados a favor de Gran Bretaña y de la independencia de las islas, encontramos el ya mencionado “Falkland Islands Desire The Right” (Ver). Al igual que la comunidad de Argentinos patriotas, este grupo resalta constantemente aspectos militares; en este caso se hace hincapié en el poderío que la marina británica posee y en cómo podría este factor condicionar las relaciones entre isleños y argentinos. Un ejemplo de este posicionamiento es la publicación del día 18 de agosto de 2012: “Argentina. Try to be a NICE NEIGHBOR!” (acompañada de la imagen de un buque de guerra), reforzado por el comentario de uno de sus seguidores, “can Argentina come out to play?”. Sin embargo existe un rasgo particular en esta página, un recurso ofensivo que no hemos encontrado en ninguno de los Facebook de argentinos: la crítica a las decisiones políticas y económicas que el gobierno argentino aplica en el ámbito interno y las bromas hacia los referentes políticos del momento. Ejemplos de ello son las críticas que esta página realiza a la inflación, los casos de corrupción e inestabilidad económica que este país afronta, pero también la comparación del gobierno actual con el régimen nazi. Las contestaciones de argentinos respecto a dicha acusación son pocas pero generalmente consisten en resaltar la agresividad y la incoherencia de las acusaciones -textualmente: “totalmente ofensivo. No fomenta el diálogo y el respeto, y no soy seguidor de este gobierno pero llamo a la concordia y al humor SANO. Construyamos puentes de paz, sin una retórica ofensiva”.

Notoriamente encontrarnos una diferenciación en la concepción de guerra que poseen argentinos y británicos, e incluso entre argentinos. Por el lado argentino, si bien notamos que -lógicamente- ambos grupos razonan desde el lugar del “derrotado en el campo de batalla”, existen dos posturas totalmente distintas entre si. “Las Malvinas son argentinas” plasma en su discurso la nostalgia de haber perdido a una generación de jóvenes por una guerra planeada por el gobierno militar de turno para legitimar su poder y por ello es que sólo entiende como viables las soluciones democráticas y diplomáticas interestatales; mientras que “Argentinos Patriotas y soberanos” legitima la guerra pero esta adopta un carácter netamente revanchista, una suerte de “darle su merecido a los ingleses”. Cabe resaltar que, en la Argentina del siglo XXI, esta forma de pensamiento sólo se reduce al círculo militar.

El pensamiento que presentan las páginas de Facebook inglesas es consecuencia directa de una sociedad que posee basta experiencia en guerras (muchas de ellas producto de su expansión imperial) y que además Inglaterra es considerado uno de los países que mejor equipada está para este tipo de enfrentamientos. Cuando un país invierte un alto porcentaje de su PIB en sus Fuerzas Armadas significa que el camino belicista siempre es una posibilidad para dar solución a este tipo de problemas, pero no debemos olvidar que la sociedad -implícita o explícitamente- acepta que grandes cantidades de dinero sean destinadas a ello.

El ser humano se adapta fácilmente a los cambios que los avances tecnológicos proponen, y Facebook es una muestra clara de ello. Claro está que son muchas las ventajas que esta vía de comunicación posee, pero debemos ser conscientes que también produce efectos negativos los cuales podemos identificar fácilmente en los grupos analizados anteriormente: es una forma de comunicación totalmente indirecta e impersonal, excluye del mundo cibernético a quienes no poseen internet, todo tipo de cuenta puede ser hackeable, entre otras.

El elemento sobre el cual nos explayaremos es la impersonalidad. Si bien cada usuario posee un perfil, el tipo de comunicación indirecta que internet propone favorece a que nos animemos a decir cosas que de otra forma no diríamos; y más aún en el caso de las páginas o grupos de Facebook en los que, por ser anónimas, podemos encontrar posiciones e ideas totalmente extremistas. Esto es lo que ocurre tanto en grupos argentinos como británicos, donde las soluciones militaristas y la imposición de condicionamientos violentos a las relaciones entre ambos Estados son ideales y mencionados en reiteradas ocasiones (el más claro ejemplo es el de “Falkland Islands Desire The Right” y su publicación: “Argentina. Try to be a NICE NEIGHBOR!”).

Hace tan sólo 20 años, un investigador de las ciencias humanas se dirigía a periódicos, cartas y todo tipo de documentos escritos en hojas de papel, y los complementaba con testimonios orales para poder realizar un análisis de su sociedad contemporánea. Hoy en día, este análisis sería incompleto si sólo se utilizaran este tipo de fuentes. Internet ha producido un gran cambio en las formas de comunicación de los seres humanos, y más aún, ha alcanzado un grado de desarrollo y madurez tal que ha permitido entramar una red capaz de construir una “polis virtual” en la que se pueden reflejar, entre otras cosas, luchas sociales, económicas y políticas. Por ello es que, desde mi punto de vista, resulta indispensable un perfeccionamiento metodológico para el abordaje de fuentes como Facebook o Twitter, algo que aún no se ha logrado.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Malvinas o falkland: un análisis cultural de la problemática

Columnista Victoria Berta.

Malvinas o falkland: un análisis cultural de la problemáticaComo paso previo al desarrollo del análisis resulta necesario destacar mi postura: Malvinas es uno de los varios ejemplos de imperialismo de ocupación en nuestro continente. Un modelo de control que se asemeja mucho a la política imperialista del siglo XIX, basada en la penetración y apropiación efectivas de una potencia sobre un territorio totalmente ajeno a ella, y al cual logró convertir en colonia (ya sea militar, económica o de ambas características). Si nuestro pensamiento pretende concretar la unión latinoamericana en pos del fortalecimiento de la región frente a la hegemonía de las potencias mundiales, además de fomentar la integración interestatal e intersocietal, debemos comenzar a enfrentarnos colectivamente (actuando como bloque y ya no como países separados) a los casos concretos de imperialismo en "Nuestramérica".

El siguiente artículo introductorio es el primero de una serie que intentará reflejar la situación de Malvinas de una forma totalmente distinta de lo que se viene realizando. Por ello analizaré, a través de fuentes no convencionales, cómo la “Cuestión Malvinas” se traslada a distintos ámbitos de la sociedad civil. Me propongo que los lectores tengan la posibilidad de leer un análisis sobre esta problemática que no esté plagado de academicismos, un academicismo que sólo la reduce a la disputa entre el Estado argentino y el inglés por la soberanía de las islas. Así, a lo largo de unos pocos párrafos, resaltaré las peculiaridades de los discursos de ambos países y los diversos símbolos que han favorecido la legitimación de sus reclamos con el objetivo de mostrar que la disputa por Malvinas se ha instalado en el ámbito cultural, consolidándose como uno de los espacios de tensión más utilizados por los Estados y sus sociedades. Intentaré dejar a un lado las pasiones y la militancia –aunque puede que en algunos momentos no lo logre- para poder resaltar lo más objetivamente posible este tipo de aspectos curiosos que inconscientemente naturalizamos y hasta pasamos por alto.

La primera peculiaridad que he notado es que ambos países han creado una historia que los presenta ante el mundo como “víctimas” del conflicto. Curiosamente, en los dos relatos la víctima sufre una “invasión” (irrupción ilegal que legitima todo tipo de reclamo al concierto internacional), proceso con el que cada uno se refiere a diferentes sucesos muy distantes entre sí.

Los argentinos consideran que fue en el siglo XIX –más precisamente en el año 1833- cuando el comandante Onslow invadió Malvinas, obligando a los argentinos establecidos allí a abandonar suelo isleño. Seis meses después de este episodio, un grupo de criollos que trabajaban en la zona se sublevó en desacuerdo con la nueva situación: su líder era el mítico gaucho Antonio Rivero (luego de varios meses, la rebelión fue sofocada y sus protagonistas juzgados). La intervención británica en territorio sudamericano reveló varios aspectos de la política internacional, entre ellos cuán ambigua y relativa resultaba la Doctrina Monroe, principalmente por la no intervención de Estados Unidos.

Por el contrario, para los ingleses Argentina invadió las islas, cuando el ejército nacional desembarcó en ellas y desplegó su bandera en 1982, momento en el cual el país sudamericano estaba sometido a una dictadura regida por la cúpula del Fuerza Armada. Desde hacía varios años que las Malvinas formaban parte de la Commonwealth of Nations -organización de países independientes que comparten lazos históricos con la corona británica (a excepción de Mozambique) cuyo fin es la cooperación internacional en el ámbito político y económico- y por tal motivo el Reino Unido decidió enviar allí un “ejercito de liberación” con el objetivo de proteger a los Falklanders del yugo de los argentinos.

Uno puede notar una segunda peculiaridad con sólo mirar un calendario; a pesar que ambos países conmemoran Malvinas, cada uno lo hace en una fecha distinta pues cada celebración apunta a rememorar un hecho histórico distinto y como consecuencia, le otorgan diferentes -u opuestos- valores y sentimientos.

Para la sociedad argentina existen dos fechas que recuerdan Malvinas. La primera de éstas es la conmemoración del 2 de abril, en la cual se busca mantener viva la memoria de los “caídos en Malvinas” y sostener el reclamo de soberanía sobre estas mismas, ya que, desde el punto de vista de la mayor parte de los argentinos, éste es un caso más de ocupación colonizadora ilegal.

La segunda no es muy conocida ya que, a diferencia de la primera, no es una celebración oficial sino más bien una fecha que principalmente posee una carga simbólica para los excombatientes (de hecho ni siquiera es feriado nacional y en el calendario no hay información al respecto): el 14 de junio, bautizado como el "Día de la máxima resistencia". Aquí lo que se intenta resaltar es el coraje de los jóvenes soldados argentinos, quienes afrontaron con valentía el avance británico con muy pocos recursos militares, alimentos y preparación, en una guerra contra un ejército profesional de un país con una basta tradición bélica.

Malvinas o falkland: un análisis cultural de la problemáticaInglaterra y los Falklanders reivindican la liberación que el ejército británico logró en el año 1982, tras casi dos meses de enfrentamiento con Argentina. Por ello el 13 de junio es el liberation day to all the Falkland Islanders and those British sailors, soldiers, marines and airmen who liberated them (el día de liberación de todos los Falklanders y de todos los marineros, soldados, marinos y aviadores que los liberaron). También en este día recuerdan a sus 255 soldados caídos en la guerra.

A partir de mencionar brevemente las fechas patrias de cada país uno puede apreciar que las mismas reflejan el resultado de la guerra de 1982, ya que se identifica un posicionamiento más nostálgico proveniente de quien fue derrotado en el enfrentamiento (Argentina) y un posicionamiento más celebrativo, producto de lo que una victoria implica (Gran Bretaña).

En ellas también se puede identificar la imagen que cada parte -y dentro de cada una de ellas Estado y su sociedad- ha creado de sus soldados (y que desde mi punto de vista también es consecuente del desenlace de la guerra).

Los británicos identifican a quienes fueron a combatir como “héroes de la patria”, y lógicamente esto tiene mucho que ver con que el belicismo es una de las políticas más adoptadas por Gran Bretaña a la hora de afrontar este tipo de problemáticas que podrían ser dialogadas (desde 1950 Argentina ha reclamado –sin éxito- ante organismos supraestatales como la ONU que este país acepte sentarse a dialogar y buscar soluciones pacíficas al conflicto).

Malvinas o falkland: un análisis cultural de la problemáticaLa imagen que el común de los argentinos posee podemos apreciarla claramente en la situación presente que deben soportar quienes hoy simplemente son considerados “excombatientes” (término que ha desplazado a otras denominaciones existentes). Desde que finalizó la gesta, el 2 de abril se ha convertido en un día en que los jóvenes soldados que pelearon por la soberanía de las islas han reclamado al Estado -pero también a la sociedad- mayor contención y asistencia, medios que favorezcan su reinserción en el mercado laboral, ayuda económica para quienes han quedado imposibilitados de trabajar y demás reivindicaciones que naturalmente deberían haber sido otorgada a quienes sufrieron física y psicológicamente una decisión tan radical como es afrontar una guerra.

viernes, 20 de abril de 2012

Sin soluciones en el horizonte de Malvinas

Por Juan Pablo Milanese.
Director del programa de Ciencia Política
Miembro de Redintercol
Universidad Icesi - Cali
marzo 8, 2012.

(Ver en Portafolio.co)

Las exploraciones petroleras han despertado más atención sobre el archipiélago.

Todos los años, con distinta intensidad, la cercanía del 2 de abril despierta en Argentina una serie de reclamos por la soberanía de Malvinas.

Este año, además, la conmemoración de los 30 años de la guerra de 1982, potencia el dinamismo de un gobierno argentino particularmente activo en ese campo y una sociedad que, independientemente de las diferencias políticas de sus partes, tiende a reaccionar frente al tema con posiciones escasamente reflexivas que repercuten en las decisiones del primero –pocos temas son tan susceptibles de manipulación demagógica como este.

Hacemos referencia a una sociedad que, hasta hoy, sólo mostró una autocrítica parcial con respecto a la inexplicable reacción manifestada tres décadas atrás, cuando asumió como una gesta patriótica el irresponsable arranque de un gobierno militar al que culpó por no haber ganado la guerra y no por haberla tenido.

Pero esta lógica de confrontación no se agota de este lado del Atlántico.

Estudiantes de Doxa - Sin soluciones en el horizonte de MalvinasDe hecho, aunque con distintas características y menor intensidad, también es usada por parte del Gobierno inglés que exhibe una anacrónica posición pseudocolonial –las islas son consideradas por el Comité de Descolonización de la ONU como un territorio no autónomo administrado por el Reino Unido–, acompañada por gestos simbólicos hostiles como la visita a las islas del príncipe William en condición de miembro de las Fuerzas Armadas.

Se establece así, un juego de suma cero en el que Argentina sólo está dispuesta a negociar si sobre la mesa se pone el tema de la soberanía, mientras que Inglaterra únicamente lo haría si esto no se hace. De este modo, las políticas de ambos gobiernos, más que resolver un problema internacional, aparentan estar dirigidas a la opinión pública doméstica, frente a un tema que despierta una intensa irracionalidad, y que se ‘justifica’ bajo la premisa de una comunidad de sentimientos que impide desapasionarse.

Sin embargo, escondidos detrás de la demagogia y más allá del chauvinismo social y del debate abstracto relativo a la detención de soberanía sobre el territorio, hay diversos argumentos de peso que debieran discutirse.

El principal, las exploraciones petroleras que han despertado una mayor atención sobre el archipiélago.

Pero estas no sólo se proyectan en los yacimientos existentes alrededor de él, sino en el reclamo potencial sobre territorios submarinos de la Antártida, ricos en hidrocarburos, y que Gran Bretaña –usando las islas como plataforma– podría reclamar en el futuro. Recordemos que, en esa línea, existe un precedente cercano como consecuencia de los avances que ocho países del hemisferio norte realizaron sobre la división de una amplia proporción del subsuelo marino en el Ártico, en junio del 2011.

Respondiendo a esta situación, el Gobierno argentino desplegó una estrategia novedosa, y en varios aspectos inteligente.

La presidenta Cristina Fernández determinó el abandono de una posición estrictamente unilateral para enfrentar el problema de manera regional. En tal sentido, logró el apoyo de varios de los vecinos, legitimando su acción y contribuyendo simultáneamente a deslegitimar la británica, con el efecto negativo de aumentar los costos de la ocupación.

Aunque vale insistir que no existe un consenso al respecto. Mientras que varios gobiernos la han apoyado sin restricciones, otros se han mostrado dubitativos o, incluso, contrarios a acciones como el bloqueo de sus puertos a barcos con bandera de Malvinas.

A pesar de ello, no está claro que esto vaya a traducirse en resultados tangibles. Sobre todo por las posturas inflexibles basadas en una rígida –e inútil para el caso– idea de soberanía absoluta e indivisible.

Dentro de este marco de análisis, como se mencionó, ninguno de los dos está dispuesto a ceder algo de terreno, condición necesaria para la viabilidad de cualquier tipo de acuerdo. Mientras tanto, el statu quo continúa beneficiando a Gran Bretaña.

¿Pero a quién perjudica más intensamente la situación actual?

Son los kelpers –habitantes de las islas desde 1833 y primeros colonizadores civiles de las mismas– los principales afectados.

La falta de flexibilidad en las posiciones de ambas administraciones los mantiene atrapados en una tensa posición. Situación agravada por la presencia de un gobierno argentino que no los reconoce como sujetos de derecho al intentar forzarlos a aceptar una ciudadanía y un gobierno que no desean.

El resultado final es un círculo vicioso en el que ambos países le prestan una atención exagerada a una dimensión específica del asunto –de moderada importancia– quedando relegado el debate esencial y haciendo muy poco viable cualquier tipo de solución.

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