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jueves, 2 de febrero de 2012

Aristóteles

Columnista Carlos Herrera Rozo.

Así como Platón, es el fundador de la dialéctica (encontrar la contradicción en la esencia de las cosas y no en el argumento del contrario como hacían los sofistas), su discípulo Aristóteles, es el fundador del sistema filosófico más poderoso del mundo antiguo, enraizado en las ciencias de su época, a cuyo desarrollo contribuyó en primera línea: ciencias biológicas, ciencias políticas, lógica formal. También es el creador de la teología natural y del monoteísmo filosófico, sobre el cual se apoyarían ulteriormente la teología judía, la cristiana y la musulmana.

Alejandro Magno (Estudiante) y Aristóteles (Prefesor)Nacido en Estagira (en el reino de Macedonia) hacia 384/383 a.n.e. –por lo que también se le conoce como el Estagirita .Su tutor, Próxeno, decidió llevarle a Atenas, para incorporarle a la Academia, donde fue discípulo de Platón durante veinte años (entre 367-366 y 347-346). A la muerte de Platón. Aristóteles se trasladó junto con Jenócrates a la ciudad de Assos, donde dirigió una escuela platónica. Se asentó luego en Mitilene (345-343), de donde pasó a la corte del rey Filipo de Macedonia, donde fue preceptor de Alejandro, el heredero, hasta que en 340 asumió el poder. Hacia 335 regresó Aristóteles a Atenas, y en competencia con la Academia fundó su propia escuela, en los jardines públicos del santuario dedicado a Apolo Liceo, de donde fue conocida como Liceo, y peripatéticos sus discípulos (por pasear bajo el perípatos, o paseo cubierto del jardín).

La frase

“Es posible que la mayoría, en la que cada individuo no es un hombre de talento, sea colectivamente superior a un grupo pequeño de los mejores… Siendo grande el número total, es posible que cada uno de sus componentes posea una parte de virtud y de prudencia… De esta manera, el público es mejor juez que los críticos, aun en composiciones musicales y poéticas: porque algunos juzgan una parte determinada, y otros una parte distinta, y todos juzgan colectivamente el todo… De acuerdo con esta teoría no es aconsejable confiar a las masas la responsabilidad y la autoridad final para elegir funcionarios del estado. Es probable, sin embargo, que esta forma de argumentar adolezca de algún error; en parte, a menos que el carácter de las masas sea absolutamente servil, por la razón ya aducida de que, aunque individualmente sean jueces inferiores a los expertos, en su capacidad colectiva son superiores o por lo menos iguales a ellos; y en parte porque existen algunos temas sobre los que no es el artista el único o el mejor juez, como por ejemplo todos aquellos aspectos cuyos resultados están abiertos a la crítica legítima de personas que no son maestros en ese arte. Así no es solo el constructor el llamado a juzgar de los meritos de una casa; la persona que la usa, es decir el que vive en ella, es mejor juez; de la misma manera, un piloto es mejor juez de las condiciones de un timón que el carpintero que lo ha hecho, o un asistente a un banquete apreciara la comida mejor que el cocinero que la cocinó”… “La virtud de un Ciudadano puede definirse como una relación practica, tanto como gobernante cuanto como súbdito, con las características, gubernativas, de una comunidad libre”.

Aristóteles, (Política, III)

La Obra: Política

Para Aristóteles el hombre es un "animal político" por naturaleza. Sólo los dioses pueden vivir aislados. La fuerza natural hacia la reproducción y la conservación inclina a los hombres a vivir unidos, primero en la familia, luego en la aldea (unión de varias familias) y finalmente en la ciudad-estado (ni muy pocos, ni demasiados habitantes). El buen funcionamiento de una ciudad-estado no se asegura solamente por aunar voluntades hacia un mismo fin; se requiere también de leyes sensatas y apropiadas que respeten las diferencias y eduquen a los ciudadanos para la responsabilidad civil dentro de la libertad (Aristóteles, en su mentalidad clasista griega, no concibe el derecho de ciudadanía ni para las mujeres ni para los esclavos).

Existen tres formas de legítimo gobierno: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno de los mejores) y república (gobierno de muchos). A esas formas rectas de gobierno se oponen la tiranía, la oligarquía y la democracia (Aristóteles entiende por "democracia" el gobierno de los pobres). No se puede decir cuál de las tres es mejor, pues la teoría concreta para un pueblo hay que deducirla de una indagación objetiva de las varias formas históricas de gobierno, y definir según las circunstancias cuál es más conveniente para un determinado estado (Aristóteles recogió y estudió las constituciones de 158 estados). En principio, toda forma de gobierno es buena si quien gobierna busca el bien de los gobernados.

El desafío aristocrático que Aristóteles lanza a la democracia proletaria no puede ser pasado por alto. Es posible que una democracia empírica sea la única que convenga a un orden amplio, heterogéneo y cosmopolita de la sociedad. La aristocracia solo puede ser apropiada ( como el mismo Aristóteles confiesa e insiste) para la pequeña y homogénea polis o comunidad. Esta será una guía digna de observación en la medida en que avancemos en nuestro estudio de las instituciones democráticas, a través de los siglos, hasta llegar a nuestros días. Quizás la democracia tenga que volver a mirar hacia atrás y buscar en la antigua polis como vincular más activamente al ciudadano del siglo XXI con las instituciones que rigen la sociedad en que vive para evitar la perene pregunta de ¿ es el Estado, la Sociedad de Naciones, la Iglesia, la Liga Mundial, la Aldea Global, los Partidos políticos o los Grupos Financieros los que, en última instancia, gobiernan la sociedad?

Aristóteles es el filósofo del sentido común, el filosofo de la clase media. El prejuicio a favor de esta clase es en él hereditario. Por esa clase entendemos aquí, no al pequeño comerciante, sino al pequeño propietario, al labriego que posee la tierras que trabaja, al profesional. Esta clase es la mejor, doctrina que encontrara eco en el siglo XIX. Era la clase social a la que pertenecía Aristóteles. Toda polis, afirma, tiene en si, al hombre muy rico, al medio y al muy pobre, y, cita a Fokulides quien dice; “Dentro del estado, la clase media es la que vive mejor, según creo. No ansío ser muy grande ni muy pequeño, sino estar justo en el punto medio”.

Es posible discutir y rechazar a Aristóteles por ser un gran burgués. Pero su inteligencia no reconoce distinción alguna de clases. Su filosofía propone una brújula que señala la cordura y el entendimiento de toda la raza humana. Su método científico fue el único que brindo alguna esperanza para comprendernos a nosotros mismos y a la naturaleza que nos rodea, método que tuvo vigencia durante dos mil años.

En la Ética a Nicómaco, Aristóteles, nos exhorta a que evitemos los extremos y escojamos “el término medio”, un modo de existencia practicado por el hombre virtuoso como forma de moderar los excesos del apetito. Quizás su apreciación sea cierta, pero ¿qué? , el resultado no dejaría de ser un encefalograma plano… el cual no estamos muy dispuestos a aceptar.

No debemos olvidar que los ciudadanos, en la Grecia Aristotélica, tenían que ser hombres, y hombres Griegos de tercera generación. Las mujeres no contaban; su función principal, aun hoy para algunos partidos políticos y algunas ideologías trasnochadas, era la de reproductoras de hombres y la atención a los deberes y obligaciones del hogar. Los trabajadores manuales también estaban descalificados porque los hombres debían dedicarse a una sola actividad, y, si el trabajo de los ciudadanos era la reflexión y la virtud publica, estos no debían realizar trabajos manuales. La democracia ateniense, de conformidad con estos principios, estaba formada por muy pocas personas. Para Aristóteles la igualdad entre las gentes conduce a la discordia. Por el contrario, la Jerarquía, conduce al orden. La Política de Aristóteles (¿?...) es un intento de justificar la desigualdad entre los hombres, empezando por la estructura familiar.

Para desgracia nuestra, LA POLITICA, continúa ejerciendo su influencia en nuestro mundo moderno, en la actualidad, y se sigue utilizando para justificar las relaciones de desigualdad entre hombre y mujer o entre patrón y trabajador, utilizando para ello, el muy políticamente correcto eslogan de la EXELENCIA, de conformidad con el canon de quienes lo imponen, en todas las actividades del humano vivir: Un vistazo critico, a nuestro alrededor, nos devuelve a esa dura realidad.

Para Reflexionar

    “No hay nada muy extraño en que a los corderos no les gusten los buitres, pero no es razón para guardar rencor a las aves de rapiña por llevarse a los corderos. Y cuando los corderos susurran entre ellos.-”Estos buitres son diabólicos y, ¿no nos da esto derecho a decir que cualquiera que sea lo opuesto a un buitre debe ser bueno?” No hay nada intrínsecamente equivocado en semejante argumento aunque los buitres miraran algo desconcertados y dirán: “No tenemos nada contra estos buenos corderos; de hecho los queremos; nada sabe mejor que un cordero tierno”.

    Federico Nietzsche

    La flecha que lanza el arquero puede matar o no matar a un hombre. Pero las estratagemas diseñadas por un hombre sabio pueden matar incluso a los fetos en el vientre de las madres.

    Kautilya. Filósofo Indio Siglo III A.C.

martes, 31 de enero de 2012

Platón

Columnista Carlos Herrera Rozo.

Platón: el amor idealFilósofo griego (Atenas, 427 - 348 a. C.). Nacido en el seno de una familia aristocrática, abandonó su vocación política por la Filosofía, atraído por Sócrates. Continuador del pensamiento Socrático se enfrentó abiertamente a los sofistas (Protágoras, Gorgias…). Tras la muerte de Sócrates (399 a. C.), se apartó completamente de la política; no obstante, los temas políticos ocuparon siempre un lugar central en su pensamiento, y llegó a concebir un modelo ideal de Estado. En Atenas fundó una escuela de Filosofía en el 387, situada en las afueras de la ciudad, que denominaron "La Academia", por encontrarse cerca al parque de Academos. En ella se estudiaba todo tipo de materias, dado que la Filosofía englobaba la totalidad del saber, especialmente la Lógica, la Ética o la Física y la Política. Pervivió más de novecientos años, hasta que Justiniano la mandó cerrar en el 529 d. C., y en ella se educaron personajes de importancia tan fundamental como Aristóteles.

A diferencia de Sócrates, que no dejó obra escrita, los trabajos de Platón se han conservado casi en su totalidad y se le considera por ello el fundador de la Filosofía propiamente dicha. La mayor parte de sus escritos están en forma de Diálogos, como los de La República, Las Leyes, El Banquete, Fedro o Fedón.

El contenido de estos escritos es una especulación metafísica, pero con marcada orientación práctica. El mundo del ser en sí es el de las ideas, mientras que el mundo de las apariencias, que nos rodea, está sometido a continuo cambio y degeneración. De otra parte, el hombre es un compuesto de dos realidades distintas unidas accidentalmente: el cuerpo mortal (relacionado con el mundo sensible) y el alma inmortal (perteneciente al mundo de las ideas). Este hombre dual sólo podría conseguir la felicidad mediante un ejercicio continuado de la virtud para perfeccionar el alma; y la virtud significaba, ante todo, la justicia, compendio armónico de las tres virtudes particulares, que correspondían a los tres componentes del alma: sabiduría de la razón, fortaleza del ánimo y templanza de los apetitos.

La completa realización de este ideal humano sólo puede realizarse en la polis, dentro de la comunidad política, donde el Estado da armonía y consistencia a las virtudes individuales. El Estado ideal de Platón sería una República formada por tres clases de ciudadanos -el pueblo, los guerreros y los filósofos-, cada una con su misión específica y sus virtudes características: los filósofos serían los llamados a gobernar la comunidad, por poseer la virtud de la sabiduría; mientras que los guerreros velarían por el orden y la defensa, apoyándose en su virtud de la fortaleza; y el pueblo trabajaría en actividades productivas, cultivando la templanza.

La frase: el mito de la caverna

    “Ahora –proseguí- represéntate el estado de la naturaleza humana, con relación a la educación y a su ausencia, según el cuadro que te voy a trazar. Imagina un antro subterráneo; que tenga en toda su anchura una abertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna, hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la cabeza a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen en frente. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor los alumbra, y un camino elevado entre ese fuego y los cautivos. Supón a lo largo de este camino un tabique, semejante a la mampara que los titiriteros ponen entre ellos y los espectadores, para exhibir por encima de ella las maravillas que hacen. -Ya me represento todo eso- Dijo. Figúrate ahora unas personas que pasan a lo largo del tabique llevando objetos de toda clase, figuras de hombres, de animales, objetos de piedra o de madera de manera que todo esto sobresalga del tabique. Entre los portadores de todas estas cosas , como es natural, unos irán hablando y otros pasarán sin decir nada. -¡Extraños prisioneros y cuadro singular! –dijo- Se parecen, sin embargo, a nosotros punto por punto. –dije- Por lo pronto, ¿crees que puedan ver otra cosa, de si mismos y de los que están a su lado, que las sombras que el fuego proyecta enfrente de ellos al fondo de la caverna? -¿Cómo habrían de poder ver mas –dijo- si desde su nacimiento están precisados a tener la cabeza inmóvil? Y respecto de los objetos que pasan detrás de ellos ¿pueden ver otra cosa que las sombras de los mismos? -¿Qué otra cosa sino?- Si pudieran conversar unos con otros ¿no convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas? -Por fuerza- ¿Se imaginarían oír hablar a otra cosa que a lñas sombras mismas que pasan por delante de sus ojos? -¡No, por Zeus! –exclamo- En fin, no creerán que pudiera existir otra realidad que estas mismas sombras de objetos fabricados. –dije- -Es forzoso por completo.”

La Obra: La República

Hace mucho tiempo que leí por primera vez La República, entonces, gajes de la juventud, pase a vuelo de neblí aligero sobre ella sin percatarme lo suficiente de su contenido, muy a pesar de que el mundo, tal como hoy, se estaba desboronando, desdibujándose lo que dábamos por cierto e imponiéndose, valiéndose de los medios de comunicación, un pensamiento “nuevo” en contra vía de las aspiraciones ciudadanas.

PlatónPara comprender mejor la obra de Platón debe tenerse en cuenta su trasfondo histórico que contribuyó a formarla, los acontecimientos en los que el filósofo intervino, directa o indirectamente: La derrota de Atenas en las guerras del Peloponeso; la muerte de Sócrates; su residencia en Atenas durante el gobierno de los Treinta Tiranos; la paz de Antalkidas; la decadencia del Estado-ciudad y de su vigorosa moral tradicional; sus viajes. Platón escribió durante años de depresión y crisis, no solo para Atenas, sino para toda su civilización.

Debo decir, que es Platón, sin lugar a dudas, el pensador político más profundo de su época. En conjunto Platón fue hostil a la democracia, pero su pensamiento fue evolucionando en la medida en que iba aumentando su experiencia como observador de la polis. Experiencias que deja plasmadas en La República y que posteriormente va modificando en El Político y en Las Leyes.

El Oráculo de Delfos había dicho a Sócrates que se conociera así mismo. Ees una orden a la conciencia individual. Sócrates pasó de la ciencia natural a la moral interior del hombre. Platón se dirige nueva mente hacia el exterior y descubrió que el hombre solo puede conocerse así mismo solo en sociedad (dentro de la polis) y que esta sociedad es el conocimiento extendido y general. Del escepticismo individualista de Sócrates pasamos al dogmatismo social de Platón.

La República y las Leyes son tratados comunistas. Platón aparte de otras sociedades primitivas es el primer comunista. A diferencia de los sacerdotes, con sus exigencias de ser mantenidos con las limosnas y contribuciones de los ciudadanos, de los mercaderes y de los poderosos, Platón propone un comunismo evolucionado, aunque debe advertirse que su comunismo también está destinado a unos pocos, a los directores espirituales, y aparentemente, con menos precisión, a la clase militar.

Centrémonos por ahora en La República donde Platón y su maestro Sócrates hablan de la justicia. ¿Justicia? Entonces en Grecia, como hoy en nuestro mundo contemporáneo no pasaba de ser más que un bonito ideal. La justicia social se está yendo al garete sin que la acción política, sujeta a los principios del mercado, haga nada por impedirlo. El mercado, que, desde el punto de vista conservador recompensa a los virtuosos y castiga a los holgazanes, comienza a dar muestras de su fracaso estruendoso, en forma parecida a como las instituciones griegas de la época de Platón hacían aguas: En el “Gorgias”, Platón combate seriamente la democracia. Reprocha a los políticos el haber buscado excesivamente el poder material de la ciudad, a enriquecerse personalmente en lugar de enseñar a los ciudadanos y así mismos la justicia y la moderación.

Platón escribió cosas muy importantes en la primera parte de La República, en el libro II, una vía hacia LA LIBERTAD. La cuestión que se planteaba era la siguiente: ¿Respetaría alguien la ley si no fuera por el miedo al castigo? ¿Buscaría alguien la justicia espontáneamente? ¿O se saldría ese alguien con la suya cada vez que se le antojara? Como de costumbre Platón dialoga con Sócrates y con algunos amigos. Glaucón, un amigo que quería que Sócrates hiciera la mejor defensa posible de la justicia cuenta una historia descorazonadora. Es el mito del anillo de Giges:

    En el antiguo reino de Lidia, un pastor, Giges, roba un anillo de oro del cadáver de un gigante. Cuando está sentado con otros pastores, Giges comienza a juguetear con el anillo, colocándolo en la palma de su mano. De repente se da cuenta de que los pastores están hablando de él como si no estuviera presente. Con la joya en la mano, ¡el anillo lo hace invisible!.- Glaucon prosigue-: Seguro de su descubrimiento, se hizo incluir entre los pastores que habían de ir a dar cuenta al rey. Llega a palacio, corrompe a la reina, y con su auxilio se deshace del rey y se apodera del trono.

Ahora bien, si existiesen dos anillos de esta especie, y se diesen no a un hombre justo y otro a uno injusto, es opinión común que no se encontraría probablemente un hombre de carácter bastante firme para perseverar en la justicia y abstenerse de tocar los bienes ajenos… En nada diferían, pues, las conductas del uno y del otro: ambos tenderían al mismo fin. El anillo de Giges sigue en manos de los Banqueros, los especuladores financieros, políticos y muchos otros desaprensivos que no piensan sino en su interés personal.

La República, desde nuestra perspectiva, es antidemocrática, ofensiva y extraña para nuestros gustos. En una sociedad democrática, en la que todos los ciudadanos nos creemos iguales, con los mismos derechos, deberes y obligaciones, y, con la codicia del vil metal adquiere, nos pone ante la gran disyuntiva. ¿Qué podemos hacer? La esencia del espíritu democrático es la libertad de pensamiento y acción, la competencia como núcleo central de la sociedad. Por lo mismo sufriremos siempre las consecuencias de los aspectos que más valoramos de nuestro sistema y que desde luego siempre serán mejorables. La República de Platón es una bella utopía que deja algunas enseñanzas que no debemos despreciar, tanto más cuanto que, el anillo de Giges sigue en la mano de alguien…

Platón muere en el 348 A.E. Ha muerto hace 22 siglos y, a diferencia de otros hombres, no conocemos dónde se encuentra sepultado. Pero gracias a su fe en el hombre, a la naturaleza del ser humano, a su amor por la verdad abstracta de esa naturaleza es lo que lo ha salvado del olvido. Los antiguos problemas, los que quiso solucionar, han vuelto a nosotros en su totalidad –o no se han ido-. Las antiguas respuestas tienen aun vigencia: Comunismo, democracia, proletariado, aborto, nudismo, eugenesia, feminismo, distribución de la riqueza, división del trabajo, lucha de clases, partidos políticos, corrupción, teorías y practicas científicas etc, etc.. Todos los problemas siguen aun entre nosotros en busca de solución. La visión Platónica se yergue nuevamente. Pero esa visión incide hoy, como en la antigüedad, sobre nuestra capacidad para darles respuesta a esos interrogantes: ¿Democracia, comunismo, fascismo, social democracia, sociedades abiertas, predominio de los mercaos, pensamiento único, confederación de estados? ¿Qué es la realidad?

miércoles, 25 de enero de 2012

Sófocles

Columnista Carlos Herrera Rozo.

Razón y pasión: la ética políticaDe conformidad con todo lo expuesto hasta ahora en “La democracia y su desarrollo” (ver) me permito presentarles dos textos de Sófocles. Lo haremos también con otros autores clásicos, que nos permitan una mayor comprensión del tema tratado. Debemos leer estas obras, no por presumir de intelectuales, sino porque comprendemos que releer a los clásicos nos conduce al máximo placer de la lectura, a desentrañar la vida, conocer sus misterios y, de alguna manera, reconocer nuestros más caros anhelos.

Leer es mimetizarse con lo leído y, en el mejor de los casos, identificarse con algún personaje para vivir en él la historia en primera persona, hacer parte de la ficción, relacionarse con la alteralidad, la nuestra, la ajena o la de la literatura que a diferencia de los amigos, del otro de carne y hueso, permanece intacta esperándonos para darnos sosiego o enseñarnos algo nuevo sobre la vida que vivimos día a día y todo lo que es inherente a ella; los amigos, la familia, los seres cercanos a los que queremos, por contingencias de la vida, pueden desaparecer, la literatura no.

Las grandes obras de la literatura, en el mundo de hoy, son aquellas que sobreviven a la actual era de la información más allá del cine, del gran hermano y de las series televisivas, aquellas que seguiremos leyendo y releyendo como Hamlet, El Quijote, El Rey Lear, Edipo Rey, Grandes Esperanzas, Cien años de soledad o cualquiera de las que glosemos en estas páginas. Por todo ello, nuestro autor es hoy Sófocles y sus obras Edipo Rey y Antígona.

Sófocles es uno de los tres grandes dramaturgos de la antigua Atenas, junto con Esquilo y Eurípides. Nació en Colona alrededor del año 496 a.C. Escribió la mejor educación aristocrática tradicional. De joven fue llamado a dirigir el coro de muchachos para celebrar la victoria naval de Salamina en el año 480 a.C. En el 468 a.C., a la edad de 28 años, derrotó a Esquilo, cuya preeminencia como poeta trágico había sido indiscutible hasta entonces. En el 441 a.C. fue derrotado a su vez por Eurípides en uno de los concursos dramáticos que se celebraban anualmente en Atenas. Sin embargo, a partir del 468 a.C., Sófocles ganó el primer premio en veinte ocasiones y obtuvo en muchas otras el segundo. Su vida, que concluyó en el año 406 a.C., coincidió con el periodo de esplendor de Atenas cuando el escritor contaba casi con noventa años. Pese a no comprometerse activamente en la vida política y carecer de aspiraciones militares, fue elegido por los atenienses en dos ocasiones para desempeñar una importante función militar.

SófoclesSófocles escribió más de cien piezas dramáticas, de las cuales se conservan siete tragedias completas y fragmentos de otras ochenta o noventa. Las siete obras conservadas son Antígona, Edipo Rey, Electra, Áyax, Las Traquinias, Fil octetes y Edipo en Colono. También se conserva un gran fragmento del drama satírico Los sabuesos, descubierto en un papiro egipcio alrededor del siglo XX.

Antígona y Las Traquinias fueron escritas posteriores a 441 a.C., Edipo Rey y Electra datan del 430 al 415 a.C. y se sabe que Fil octetes fue escrita en el año 409 a.C. Estas siete tragedias se consideran sobresalientes por la fuerza y la complejidad de su trama y su estilo dramático, y al menos tres de ellas Antígona, Edipo Rey y Edipo en Colono son consideradas unánimemente como obras maestras. Antígona propone uno de los principales temas del autor: el carácter de los protagonistas, las decisiones que toman y las consecuencias, a menudo dolorosas, de estos dictados de la voluntad personal. Edipo Rey, merecidamente famosa por su impecable construcción, su fuerza dramática y su eficaz ironía, fue considerada por Aristóteles en su Poética, como la más representativa, y en muchos aspectos la más perfecta, de las tragedias griegas.

La Frase

“Oh habitantes de mi patria, Tebas, mirad: he aquí a Edipo, el que solucionó los famosos enigmas y fue hombre poderosísimo; aquel al que los ciudadanos miraban con envidia por su destino! ¡En qué cúmulo de terribles desgracias ha venido a parar! De modo que ningún mortal puede considerar a nadie feliz con la mira puesta en el último día, hasta que llegue al término de su vida sin haber sufrido nada doloroso”.

La Obra: Edipo Rey

La más famosa de las tragedias griegas es sin lugar a dudas Edipo Rey. En ella hay algo particularmente amenazador y terrible. La historia surge de dos profecías entrelazadas procedentes del oráculo de Apolo: Layo y Yocasta tuvieron un hijo, el oráculo vaticino que aquel niño mataría a su padre. Layo, su padre, dominado por el pánico, envía al niño a recibir la muerte a un bosque. Años después, Edipo, un huérfano criado por el rey y de Corinto, un estado vecino, oye que su destino, según el oráculo, es matar a su padre y casarse con su madre. En síntesis un padre oye que será asesinado por su hijo y en consecuencia se deshace de él; del otro lado un hijo escucha que matará a su padre y se casara con su madre y por tanto huye del lado de quienes cree que son sus padres verdaderos.

La obra de Sófocles es una estructura de temores, una trama de sospechas que se apaciguan o se inflaman para al final quedar definitivamente aclaradas. La trama crea una ironía dramática, el espectador, el publico sabe lo que Edipo ignora, pero también crea la sensación de una ironía intrínseca de la vida. Sin quererlo, nos convertimos en aquello que queremos evitar, somos lo que odiamos: Edipo es grande porque a pesar de que lo que descubre constituye una sentencia, un peligro para él sigue adelante.

“Además, ¿estoy profanando el lecho del muerto, con estas manos que le quitaron la vida? ¿No soy un vil?
¿No soy la hez de la impureza?
A mis manos murieron todos….

Sófocles crea una enorme furia promovida por una enorme voluntad. La tragedia nos perturba porque sugiere que podemos ser inteligentes y rudos –Matar al padre y acostarse con la madre- sujeto por una fuerza irracional incontrolable. Así funciona el universo. Los hombres inteligentes, los poderosos no están exentos ni más libres que los tontos de cometer actos de barbarie. No es el destino el que nos acomete para que obremos en determinado sentido, no, es la falta de visión, de perspectiva, en síntesis la ceguera la que nos aparta de la verdad, del conocimiento así queramos alcanzarlo.

Federico Nietzsche en "El Origen De La Tragedia" afirma: “En Esquilo la nausea queda disuelta en el terror sublime frente a la sabiduría del orden del mundo, que resulta difícil de conocer debido únicamente a la debilidad del ser humano. En Sófocles ese terror es toda vía más grande, pues aquella sabiduría es totalmente insondable. Es el estado de ánimo, más puro, de la piedad, en el que no hay lucha, mientras que el estado de ánimo en Esquilo tiene constantemente la tarea de justificar la administración de la justicia por los dioses, y por ello se detiene siempre ante nuevos problemas. El límite del ser humano, que Apolo ordena investigar, es cognoscible para Sófocles, pero es más estrecho y restringido de lo que Apolo opinaba en la época pre-dionisiaca. La falta de conocimiento que el ser humano tiene acerca de si mismo –su ceguera- es el problema de Sófocles, la falta de conocimiento que el ser humano tiene de los dioses es el problema de Esquilo”.

ANTÍGONA

A continuación reproduzco uno de los más bellos pasajes de la literatura clásica: el diálogo entre Creonte y Antígona:

    CREONTE (a Antígona) Y tú, tú que inclinas al suelo tu rostro, ¿confirmas o desmientes haber hecho esto? ANTÍGONA Lo confirmo, sí; yo lo hice, y no lo niego. CREONTE (Al guardián.) Tú puedes irte a dónde quieras, ya del peso de mi inculpación. (Sale el guardián). Pero tú (a Antígona) dime brevemente, sin extenderte; ¿sabías que estaba decretado no hacer esto? ANTÍGONA Si, lo sabía: ¿cómo no iba a saberlo? Todo el mundo lo sabe. CREONTE Y, así y todo, ¿te atreviste a pasar por encima de la ley? ANTÍGONA No era Zeus quien me la había decretado, ni Dike, compañera de los dioses subterráneos, perfiló nunca entre los hombres leyes de este tipo. Y no creía yo que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que solo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuándo fue que aparecieron. No iba yo a atraerme el castigo de los dioses por temor a lo que pudiera pensar alguien: ya veía, ya, mi muerte –y ¿cómo no?—, aunque tú no hubieses decretado nada; y, si muero antes de tiempo, yo digo que es ganancia: quién, como yo, entre tantos males vive, ¿no sale acaso ganando con su muerte? Y así, no es, no desgracia, para mí, tener este destino; y en cambio, si el cadáver de un hijo de mi madre estuviera insepulto y yo lo aguantara, entonces, eso si me sería doloroso; lo otro, en cambio, no me es doloroso: puede que a ti te parezca que obré como una loca, pero, poco más o menos, es a un loco a quien doy cuenta de mi locura. CORIFEO Muestra la joven fiera audacia, hija de un padre fiero: no sabe ceder al infortunio. CREONTE (Al coro.) Si, pero sepas que los mas inflexibles pensamientos son los más prestos a caer: Y el hierro que, una vez cocido, el fuego hace fortísimo y muy duro, a menudo verás cómo se resquebraja, lleno de hendiduras; sé de fogosos caballos que una pequeña brida ha domado; no cuadra la arrogancia al que es esclavo del vecino; y ella se daba perfecta cuenta de la suya, al transgredir las leyes establecidas; y, después de hacerlo, otra nueva arrogancia: ufanarse y mostrar alegría por haberlo hecho. En verdad que el hombre no soy yo, que el hombre es ella si ante esto no siente el peso de la autoridad; pero, por muy de sangre de mi hermana que sea, aunque sea mas de mi sangre que todo el Zeus que preside mi hogar, ni ella ni su hermana podrán escapar de muerte infamante, porque a su hermana también la acuso de haber tenido parte en la decisión de sepultarle. (A los esclavos.) Llamadla. (Al coro.) Si, la he visto dentro hace poco, fuera de sí, incapaz de dominar su razón; porque, generalmente, el corazón de los que traman en la sombra acciones no rectas, antes de que realicen su acción, ya resulta convicto de su arteria. Pero, sobre todo, mi odio es para la que, cogida en pleno delito, quiere después darle timbres de belleza. ANTÍGONA Ya me tienes: ¿buscas aún algo más que mi muerte? CREONTE Por mi parte, nada más; con tener esto, lo tengo ya todo. ANTÍGONA ¿Qué esperas, pues? A mí, tus palabras ni me placen ni podrían nunca llegar a complacerme; y las mías también a ti te son desagradables. De todos modos, ¿cómo podía alcanzar más gloriosa gloria que enterrando a mi hermano? Todos éstos, te dirían que mi acción les agrada, si el miedo no les tuviera cerrada la boca; pero la tiranía tiene, entre otras muchas ventajas, la de poder hacer y decir lo que le venga en gana. CREONTE De entre todos los cadmeos, este punto de vista es solo tuyo. ANTÍGONA ¿Que no?, que es el de todos: pero ante ti cierran la boca. CREONTE ¿Y a ti no te avergüenza, pensar distinto a ellos? ANTÍGONA Nada hay vergonzoso en honrar a los hermanos. CREONTE ¿Y no era acaso tu hermano el que murió frente a él? ANTÍGONA Mi hermano era, del mismo padre y de la misma madre. CREONTE Y, siendo así, ¿cómo tributas al uno honores impíos para el otro? ANTÍGONA No sería a ésta la opinión del muerto. CREONTE Si tú le honras igual que al impío… ANTÍGONA Cuando murió no era su esclavo: era su hermano. CREONTE Que había venido a arrasar el país; y el otro se opuso en su defensa. ANTÍGONA Con todo, Hades requiere leyes igualitarias. CREONTE Pero no que el que obró bien tenga la misma suerte que el malvado. ANTÍGONA ¿Quién sabe si allí abajo mi acción es elogiable? CREONTE No, en verdad no, que un enemigo.. ni muerto, será jamás mi amigo. ANTÍGONA No nací para compartir el odio sino el amor. CREONTE Pues vete abajo y, si te quedan ganas de amar, ama a los muertos que, a mí, mientras viva, no ha de mandarme una mujer.

La Obra: Antígona

Como quiera que con frecuencia somos citados a ejercer el derecho ciudadano de elegir a nuestros representantes a los cuerpos colegiados y al jefe del gobierno, vale la pena antes de dicho ejercicio releer ANTÍGONA de Sófocles ya que se eleva como la tragedia que representa la máxima expresión de la libertad, la familia y el derecho natural frente al despotismo y a las razones de estado. Es también, guardadas las distancias y la forma de entender la vida, volver a lo griego, como valor fundamental de la civilización occidental. Cada vez que Antígona es representada, o simplemente leída, levantándose altiva, gloriosa y mártir muriendo en escena, ganamos de alguna manera la libertad y la democracia; y Sófocles, como diría José María Pemán, gana nuevamente la batalla de Salamina, y con ella, la civilización europea, al contrario, si se hubiere perdido, seriamos persas u orientales, y nuestro destino, seria diverso al que vivimos.

Pero volvamos a Antígona, a lo que ella representa: el pensamiento claro de la razón de la verdad frente a la razón de la política. Eteocles y Polinices, los hijos de Edipo, mueren peleando, en bandos contrarios, en el cerco y liberación de Tebas. Eteocles, del lado de la ciudad; Polinices, del lado de los sitiadores. Creonte, el déspota gobernante de Tebas, decreta que Eteocles sea enterrado con todos los honores que corresponden a los héroes que mueren por la patria; Polinices, en cambio, que murió del lado de los sitiadores, debe quedar insepulto como carnaza de los buitres y escarmiento de los Tebanos.

Conocido el decreto del déspota, ANTÍGONA, hija también de Edipo, se propone desobedecer el mandato y enterrar a su hermano. Antígona es sorprendida en su intento por los soldados y llevada presa ante el tirano que la increpa por su desobediencia recordándole que habrá pena de muerte para quien entierre a Polinices. Entre Antígona y Creonte se produce un diálogo que se eleva sobre el simple interrogatorio judicial de lo ocurrido y produce un choque entre la ley natural y la piedad familiar con la voluntad personal y arbitraria del tirano. Creonte sentencia según su poder material y su voluntad omnímoda. Antígona argumenta según la ley natural fijada por los dioses en el espíritu humano. Esta escena representa, sin lugar a dudas, el nacimiento de la libertad, de la dignidad humana, de la conciencia personal frente a cualquier tiranía: Antígona le grita a Creonte que sus decretos no tienen ningún valor en la región del Hades y que ella no nació para compartir el odio sino el amor. Creonte le responde pronunciando su sentencia de muerte y Antígona es enterrada viva en una cueva en la montaña. Hemon, el hijo de Creonte, corre a liberar a Antígona, su amada, y al encontrarla muerta se quita la vida...

Complejo de EdipoLa Tragedia de Antígona nos coloca frente a los valores humanos: La libertad, la dignidad, el derecho natural y la familia, en síntesis, la defensa de los derechos personalísimos del ser humano. Pero, y lo más importante, ante la exigencia de ser críticos ante los hechos y circunstancias que rodean nuestras vidas: actuar con recta conciencia. La exigencia ciudadana nos lo reclama. Son la reflexión en el análisis de los pros y los contras de los programas de los candidatos de los diversos partidos lo que ha de definir nuestro voto sin perder la perspectiva de lo que debemos defender: el futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos, nuestra propia dignidad como seres humanos y la libertad personal por encima de cualquier otro principio. Quien pretenda arrebatarnos los derechos adquiridos a lo largo de tantas luchas conseguidos debe ser señalado, por los ciudadanos, con el dedo de la ignominia y condenado a desaparecer de la escena política.

Por todo ello, y bajo estos principios, debemos votar por quien, dentro de sus programas, garantice la igualdad de derechos y obligaciones para todos los ciudadanos, LA PARTICIPACIÓN ACTIVA DEL PUEBLO EN LA GESTIÓN DEMOCRATICA: La razón de la verdad de la sociedad en que vivimos frente a la razón de las mezquindades políticas y las injerencias de los poderes facticos en las razones de estado.

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