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sábado, 30 de octubre de 2010

¿De qué se ríe?

Por Mario Benedetti .

(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

usté conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países

ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles

cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple

cómo traicionan
usté y los otros
los adulones
y los seniles

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde

y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve

después de todo
usté es el palo
mayor de un barco
que se va a pique

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

viernes, 8 de octubre de 2010

Canción der boga ausente

Por Candelario Obeso.

Qué trite que etá la noche,
La noche qué trite etá;
No hay en er cielo una etrella
Remá, remá.

La negra re mi arma mía,
Mientra yo brego en la má,
Bañao en suró por ella,
¿Qué hará? ¿Qué hará?

Tar vé por su zambo amao
Doriente sujpirará,
O tar vé ni me recuerda...
¡Llorá! ¡Llorá!

La jembras son como toro
Lo r'eta tierra ejgraciá;
Con acte se saca er peje
Der má, der má.

Con acte se abranda er jierro,
Se roma la mapaná...
Cojtante y ficme? laj pena!
No hay má, no hay má!...

Qué ejcura que etá la noche,
La noche quéejcura etá;
Asina ejcura é la ausencia
Bogá, bogá!

viernes, 1 de octubre de 2010

Ayer

Por Mario Benedetti.

Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente

ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente

ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de reproche

fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.

martes, 28 de septiembre de 2010

Elegía a “Desquite”

Por Gonzalo Arango.

Sí, nada más que una rosa, pero de sangre. Y bien roja como a él le gustaba: roja, liberal y asesina. Porque él era un malhechor, un poeta de la muerte. Hacía del crimen una de las más bellas artes. Mataba, se desquitaba, lo mataron. Se llamaba “Desquite”. De tanto huir había olvidado su verdadero nombre. O de tanto matar había terminado por odiarlo.

DesquitLo mataron porque era un bandido y tenía que morir. Merecía morir sin duda, pero no más que los bandidos del poder.

Al ver en los diarios su cadáver acribillado, uno descubría en su rostro cierta decencia, una autenticidad, la del perfecto bandido: flaco, nervioso, alucinado, un místico del terror. O sea, la dignidad de un bandolero que no quería ser sino eso: bandolero. Pero lo era con toda el alma, con toda la ferocidad de su alma enigmática, de su satanismo devastador.

Con un ideal, esa fuerza tenebrosa invertida en el crimen, se habría podido encarnar en un líder al estilo Bolívar, Zapata, o Fidel Castro.

Sin ningún ideal, no pudo ser sino un asesino que mataba por matar. Pero este bandido tenía cara de no serlo. Quiero decir, había un hálito de pulcritud en su cadáver, de limpieza. No dudo que tal vez bajo otro cielo que no fuera el siniestro cielo de su patria, este bandolero habría podido ser un misionero, o un auténtico revolucionario.

Siempre me pareció trágico el destino de ciertos hombres que equivocaron su camino, que perdieron la posibilidad de dirigir la Historia, o su propio Destino.

“Desquite” era uno de esos: era uno de los colombianos que más valía: 160 mil pesos. Otros no se venden tan caro, se entregan por un voto. “Desquite” no se vendió. Lo que valía lo pagaron después de muerto, al delator. Esa fiera no cabía en ninguna jaula. Su odio era irracional, ateo, fiero, y como una fiera tenía que morir: acorralado.

Aún después de muerto, los soldados temieron acercársele por miedo a su fantasma. Su leyenda roja lo había hecho temible, invencible.

No me interesa la versión que de este hombre dieron los comandos militares. Lo que me interesa de él es la imagen que hay detrás del espejo, la que yacía oculta en el fondo oscuro y enigmático de su biología.

¿Quién era en verdad?

Su filosofía, por llamarla así, eran la violencia y la muerte. Me habría gustado preguntarle en qué escuela se la enseñaron. El habría dicho: Yo no tuve escuela, la aprendí en la violencia, a los 17 años. Allá hice mis primeras letras, mejor dicho, mis primeras armas.

Con razón... Se había hecho guerrillero siendo casi un niño. No para matar sino para que no lo mataran, para defender su derecho a vivir, que, en su tiempo, era la única causa que quedaba por defender en Colombia: la vida.

En adelante, este hombre, o mejor, este niño, no tendrá más ley que el asesinato. Su patria, su gobierno, lo despojan, lo vuelven asesino, le dan una sicología de asesino. Seguirá matando hasta el fin porque es lo único que sabe: matar para vivir (no vivir para matar). Sólo le enseñaron esta lección amarga y mortal, y la hará una filosofía aplicable a todos los actos de su existencia. El terror ha devenido su naturaleza, y todos sabemos que no es fácil luchar contra el Destino. El crimen fue su conocimiento, en adelante sólo podrá pensar en términos de sangre.

Yo, un poeta, en las mismas circunstancias de opresión, miseria, miedo y persecución, también habría sido bandolero. Creo que hoy me llamaría “General Exterminio”.

Por eso le hago esta elegía a “Desquite”, porque con las mismas posibilidades que yo tuve, él se habría podido llamar Gonzalo Arango, y ser un poeta con la dignidad que confiere Rimbaud a la poesía: la mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. Pero la vida es a veces asesina.

¿Estoy contento de que lo hayan matado?

Sí.

Y también estoy muy triste.

Porque vivió la vida que no merecía, porque vivió muriendo, errante y aterrado, despreciándolo todo y despreciándose a sí mismo, pues no hay crimen más grande que el desprecio a uno mismo.

Dentro de su extraña y delictiva filosofía, este hombre no reconocía más culpa, ni más remordimiento que el de dejarse matar por su enemigo: toda la sociedad.

¿Tendrá alguna relación con él aquello de que la libertad es el terror?

Un poco sí. Pero, ¿era culpable realmente? Sí, porque era libre de elegir el asesinato y lo eligió. Pero también era inocente en la medida en que el asesinato lo eligió a él.

Por eso, en uno de los ocho agujeros que abalearon el cuerpo del bandido, deposito mi rosa de sangre. Uno de esos disparos mató a un inocente que no tuvo la posibilidad de serlo. Los otros siete mataron al asesino que fue.

¿Qué le dirá a Dios este bandido?

Nada que Dios no sepa: que los hombres no matan porque nacieron asesinos, sino que son asesinos porque la sociedad en que nacieron les negó el derecho a ser hombres.

Menos mal que Desquite no irá al Infierno, pues él ya pagó sus culpas en el infierno sin esperanzas de su patria.

Pero tampoco irá al Cielo porque su ideal de salvación fue inhumano, y descargó sus odios eligiendo las víctimas entre inocentes.

Entonces, ¿adónde irá Desquite?

Pues a la tierra que manchó con su sangre y la de sus víctimas. La tierra, que no es vengativa, lo cubrirá de cieno, silencio y olvido.

Los campesinos y los pájaros podrán ahora dormir sin zozobra. El hombre que erraba por las montañas como un condenado, ya no existe.

Los soldados que lo mataron en cumplimiento del deber le capturaron su arma en cuya culata se leía una inscripción grabada con filo de puñal. Sólo decía: “Esta es mi vida”.

Nunca la vida fue tan mortal para un hombre.

Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?

Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas.

Gonzalo Arango

Fuente

Obra negra. Santa Fe de Bogotá, Plaza & Janés, primera edición en Colombia, abril de 1993, p.p.: 42 - 44.

Movimiento vanguardista colombiano: El Nadaísmo

«Mañana nueva del planeta,
la revolución ya incendia el cielo,
hay una nueva estación.
Cinco son las estaciones de la tierra:
Verano, Invierno, Otoño, Primavera,
Revolución»

Rafael Lema Echeverri

El término Nadaísmo fue usado por primera vez por Gonzalo Arango en 1958 en su texto Primer manifiesto nadaísta (1993)[1]. Con este nombre se dio a conocer un movimiento literario colombiano que surgió como «protesta social», como un “movimiento vanguardista deliberadamente rebelde, iconoclasta[2] y revolucionario” (Lagos, 1977:99). El nadaísmo se caracterizó por ser una «poesía rica en imágenes»[3] plasmada en papel por el puño y letra de escritores ―como diría Ramiro Lagos (1977)― “aburridos del mundo, porque nada cambia”.

Gonzalo Arango El nadaísmo aparece en Colombia en un contexto de violenta coyuntura política. En 1957, un levantamiento popular[4] derrocó la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla. A continuación, se constituyó una «Junta Militar» que dirigió al país hasta que a finales de 1958 el bipartidismo colombiano, representado en los partidos Liberal y Conservador, firmó el pacto de paz llamado «Frente Nacional»[5]. Durante los siguientes 20 años los partidos políticos que alguna vez motivaron al pueblo a levantarse en guerra contra sí mismo, ahora “se sucederían en el poder […] la vieja clase dirigente que había sido la principal promotora de la violencia” (Ospina, 2008:37).

Revolución

una mano
más una mano
no son dos manos
son manos unidas.
Une tus manos
a nuestras manos
para que el mundo
no esté en pocas manos
sino
en todas las manos.

Gonzalo Arango

Jotamario El nadaísta Jotamario escribió sobre este movimiento lo siguiente: el nadaísmo nació en medio de una sociedad que, si no había muerto, apestaba, […] apestaba a las más sucias maquinaciones políticas, […] apestaba a genocidios, apestaba a miserias, apestaba a torturas, apestaba a explosiones, apestaba a pactos[6].


[1] Gonzalo Arango fundó el nadaísmo en 1958 [Microsoft Encarta 2007, Definición: Gonzalo Arango].
[2] El término iconoclasta viene del griego εἰκονοκλάστης y traduce, literalmente, «rompedor de imágenes». En el texto se usa esta connotación para hacer referencia a aquella persona que niega y rechaza la merecida autoridad de maestros, normas y modelos [http://www.rae.es/iconoclasta].
[3] En el Primer manifiesto nadaísta Gonzalo Arango (1997) define la poesía como “toda acción del espíritu completamente gratuita y desinteresada, […] un acto solitario del Ser, […] una aspiración de belleza solitaria”.
[4] Los estudiantes, los partidos políticos y los empresarios jugaron un papel importante en la promoción de la movilización popular con la intención de forzar la renuncia del dictador que había sido, recientemente, reelegido para un nuevo cuatrienio a partir del 1958 [Microsoft Encarta 2007, Definición: Colombia-Historia].
[5] El Frente Nacional fue una coalición liberal-conservadora que pactaría el cese de la violencia entre éstos partidos. Este pacto consistió en el aleatorio «intercambio del poder presidencial» entre el bipartidismo colombiano de 1958. [Microsoft Encarta 2007, Definición: Frente nacional].
[6] Fragmento sobre la definición del Nadaísmo de la enciclopedia Microsoft Encarta 2007.


Bibliografía

ARANGO, Gonzalo (1993). Primer manifiesto nadaísta. Bogotá, Colombia: Obra negra. [La obra original se publicó por primera vez en 1958].

ENCICLOPEDIA: MICROSOFT ENCARTA 2007. 1993-2006 Microsoft Corporation.

LAGOS, Ramiro (1977). “De la vanguardia al nadaísmo”. En Anales de literatura hispanoamericana, Vol. 6, pp. 97-107. Madrid, España: Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense [la obra fue escrita en Greensboro (EE.UU.) - University of North Carolina]. http://revistas.ucm.es/fll/02104547/articulos/ALHI7777110097A.PDF

OSPINA, William (2008). ¿Dónde está la franja amarilla?. [Colección Bolsillo] Bogotá, Colombia: Grupo Editorial Norma S.A.

viernes, 24 de septiembre de 2010

La poesía es un arma cargada de futuro

Por Gabriel Celaya.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.


Dos versiones de una misma arma: la poesía

La poesia es... - Paco Ibañez


Joan Manuel Serrat - La poesía es un arma cargada de futuro

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