Fecha de creación: Nov 10 2012
Fotógrafo(a): Natalia López
Propiedades de la imagen
Dimensiones: 2736 x 3648 píxeles
Tamaño: 2,08 MB
Resolución horizontal: 72 ppp
Resolución vertical: 72 ppp
Profundidad en bits: 24
Número de cuadrados: 1
Propiedades de la cámara
Flash utilizado: No
Longitud focal: 33,1 mm
Abertura relativa: F/5,2
Tiempo de exposición: 1/58 seg.
Modo de medición: Trama
Compensación de exposición: 0
Descripción:
Ella hizo un disparo rápido con su cámara en un espejo retrovisor que refleja la zona de los pasajeros. Vemos que el bus tiene pocos pasajeros y que cada uno de ellos ha decidido tomar el puesto cercano a la ventana. Es evidente que aquí no hay aire acondicionado, por lo que se hace necesario ocupar un “puesto refrescante” que permita la entrada de aire proveniente de la calle y que pueda sopesar así el calor de los cuerpos que habitan esta ciudad, esta “Cali-Caliente”. Pero tal vez no sea sólo por el calor que se adhiere a la piel de los individuos el que quieran ocupar estos puestos; puede ser que esta posición estratégica les permite divisar el paisaje urbano, lo que sucede allí afuera mientras sus ojos se posan rápidamente en aquello que alcanzan a ver mediante el movimiento que embarga su mirada. Hacerse en la ventana implica cierta disposición para clavar los ojos en el afuera, en el movimiento de la calle, en las huidas de los transeúntes, en los flujos instantáneos. En fin, implica observar a “vuelo de pájaro” un escenario cargado de escapes fugaces producidos por cientos de desconocidos que salen a la calle. El espejo retrovisor en últimas, nos hace mirar a aquellos individuos que posan sus ojos en un afuera imbuido de movimiento. El bus sigue en la marcha.
lunes, 22 de abril de 2013
Reflejo de pasajeros en movimiento
El sagrado corazón de Jesús
Fecha de creación: Abril 1 2013
Fotógrafo(a): Daniella Trujillo
Propiedades de la cámara:
Dimensiones: 1920 x 2560 píxeles
Tamaño: 992 KB
Resolución horizontal: 96 ppp
Resolución vertical: 96 ppp
Profundidad en bits: 24
Descripción:
8AM. Nada que llega el MIO. Estoy esperando en la parada que queda frente a la Universidad Javeriana. No me queda mucho tiempo, debo llegar a la oficina prontamente. A lo lejos, veo venir lo que esperaba como segunda alternativa. Una Ermita 1 se divisa desde donde estoy parada. Viene haciendo una especie de “zigzag” a través de los dos carriles que componen la calle. Parece ser que a esta hora de la mañana le ha dado al conductor una especie de afán-desespero por llegar a donde quiera que deba llegar. Levanto levemente mi brazo. La Ermita descarriada se detiene estrepitosamente. Subo y me siento en la primera fila.
He ahí un gran personaje el que me recibe: el Sagrado Corazón de Jesús estampado en el vidrio que divide la zona del conductor con la zona de los pasajeros. Hasta me sentí un poco intimidada. Su mirada alcanzaba a hacer contacto con la mía y sus manos parecían dirigirse hacia esta pequeña existencia. No sé si a ustedes les ha pasado esto, pero debo admitir que muchas veces sufro de timidez-nerviosismo cuando me percato que alguna imagen religiosa está diseñada de tal manera que sientes que te está mirando directamente. Esta no fue la excepción. La gran imagen del Sagrado Corazón de Jesús hace parte de la gran ornamentación perteneciente a muchos buses tradicionales de la ciudad.
En este caso, el vidrio ubicado detrás del asiento del conductor fue la zona elegida para estampar la figura de este gran ícono religioso. El bus entonces se convierte en el mecanismo de expresión, no sólo de una religión en particular, sino de la combinación de afinidades culturales y repertorios similares de creencias y gustos. Los conductores muchas veces imprimen, plasman e implementan objetos e imágenes en sus buses con los que- en algunos casos- se sienten identificados o, al menos, con los que encuentran alguna afinidad o gusto momentáneo. La figura de este personaje recibe a los pasajeros de este bus con las manos abiertas y con la mirada fija. Ojalá no todos los que se suban a esta Ermita se intimiden (como yo) con la mirada de un ícono de la religión católica. “No tengáis miedo” dicen por ahí.
domingo, 31 de marzo de 2013
La caja fuerte
Fecha de creación: Feb 7 2012
Fotógrafo(a): Natalia López
Propiedades de la imagen:
Dimensiones: 3648 x 2736 píxeles
Tamaño: 2,03 MB
Resolución horizontal: 72 ppp
Resolución vertical: 72 ppp
Profunfidad en bits: 24
Número de cuadrados: 1
Propiedades de la cámara:
Flash utilizado: No
Longitud focal: 5 mm
Abertura relativa: F/3,5
Tiempo de exposición 1/85 seg.
Modo de medición: Trama
Compensación de exposición: 0
Descripción:
Esta foto fue tomada por Natalia López dentro de un Recreativo 1 que estaba pasando por toda la 66 con calle quinta. Natalia se subió al bus y pudo ver en el instante que sólo había dos hombres allí, por lo que decidió tomar rápidamente las fotos mientras las miradas de ellos se posaban sobre su presencia femenina, juvenil. Lo que ella capturó en ese momento con su cámara, fue una gran caja fuerte que se encontraba ubicada en la parte trasera de la silla del conductor. ¿Una caja fuerte en un bus? Sí. Para muchos que ya olvidaron la indumentaria que -por lo general- porta un bus urbano de la estirpe empresarial de una Ermita, un Recreativo o un Papagayo, debe recodárseles que el dinero físico es el medio de transacción que da funcionamiento a esta lógica en la que un conductor transporta a unos pasajeros en conjunto. Dichos pasajeros pagan por ser llevados de un lado a otro (no a cualquier lado obviamente, puesto que la ruta que maneja el conductor tiene un trayecto previamente estipulado que el pasajero necesita conocer para saber si le es útil o no para llegar a su destino).
Volvamos a la caja fuerte. Decía que muchos de estos buses poseen cajas fuertes o cajones con llave donde los conductores almacenan sus ganancias del día. El dinero “contante y sonante” se mueve en este espacio y se intercambia entre el usuario y el que presta el servicio. El destino final de este dinero puede caer en las mismas manos del conductor o en las de su patrón que, luego le repartirá una porción de ello a su empleado. Lo que aquí quiero resaltar, es el hecho de que en el MIO esta dinámica es muy distinta, ya que el dinero que aportan los pasajeros para que se les preste un servicio de transporte nunca se le da directamente al conductor como pago. Por el contrario, el conductor del MIO no se involucra en este juego de pago mano a mano. Su sueldo no está medido por las ganancias que pueda recoger en el día de acuerdo al número de pasajeros que transporte. Su sueldo se mueve por otras lógicas laborales de carácter legal, pero en esta ocasión no me quiero alargar en este asunto. Lo que aquí me interesa ver, es que el valor del billete o la moneda dentro del espacio interno del bus del MIO se pierde en alguna medida. Lo que allí tiene valor como tal es la tarjeta electrónica, y ante todo, si está cargada o no. En muchas ocasiones las personas piden un pasaje a otro usuario y se lo pagan con su dinero para poder entrar a un alimentador o un expreso. Pero el mecanismo que realmente funciona como piedra angular de estas transacciones es una tarjeta que guarda en su sistema electrónico el monto de dinero que has decidido recargar.
La caja fuerte claramente pierde su utilidad en esta nueva lógica de servicios de transporte. El dinero se queda en manos de la cajera, y el conductor del MIO ya no es más que un individuo dedicado exclusivamente a desempeñar su labor transportador de personas. Sus manos están destinadas a tocar y a manejar un timón siguiendo una ruta específica. Sus manos ya no tocan ese papelillo que simboliza el capital que entra continuamente por ofrecer un servicio. Eso de la caja fuerte se está como oxidando.
sábado, 30 de marzo de 2013
Niño Jesús borroso
Fecha de creación: Mar 14 2013
Fotógrafo(a): Daniella Trujillo
Propiedades de la cámara:
Flash utilizado: No
Modo de medición: Trama
Compensación de exposición: 0
Descripción:
Esta foto fue tomada en una Ermita 1 que se dirigía de sur a norte por toda la Avenida Cañasgordas. Tuve que sacar mi celular para capturar lo que me proponía mostrar. Debo ser sincera, me dio miedo sacar mi celular en esa Ermita. Cosa muy diferente a lo que me pasa con el MIO porque allí el miedo no es tan latente y, por el contrario, he sacado muchas veces con tranquilidad mi celular para escuchar música o ver fotos. Tal vez el estar montada en esa Ermita no me transmitía tanta confianza para mi seguridad como lo era estar de pasajera en un MIO. Tal vez sería interesante analizar qué tan seguras se sienten las personas en un bus urbano-tradicional y qué tan seguras se sienten al montarse en el MIO. ¿Habrá alguna diferencia como me sucede a mí? Bueno, pero venía a hablar de otra cosa. Lo que quería mostrarles a ustedes era esa imagen medio borrosa en el fondo, donde sobresale la figura del niño Jesús en medio de María y José. No sé ustedes pero para mí, ¡bus bien emperchado debe tener su imagencita religiosa a como dé lugar! Se ha vuelto regla el tener dentro o fuera del bus fotos pegadas que hacen alusión a alguno de los tantos santos que adoramos en este país del Niño Dios. Y no sólo eso, las imágenes vienen acompañadas de frases que pueden ser sacadas de versículos de la biblia o de oraciones célebres que muchas veces hemos escuchado. “El señor es mi salvador”, “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” o “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, son frases que se convierten en calcomanías con brillantes que se adhieren a cualquier rinconcito o vidrio que haga parte de la infraestructura del bus. Es entonces como la religión en este espacio se revela de las maneras más inusitadas, en forma de figuras de santos pegadas en el techo que comparten espacio con dados de felpa, hamacas tricolor y perros que cabecean y lo miran a uno de reojo. Que el Niño Jesús nos proteja y de paso no permita que me roben. Amén.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Poema del bus urbano
Fecha de creación: 2005
lunes, 25 de febrero de 2013
El juego de la transacción
Fecha de creación: Feb 10 2012
Fotógrafo(a): Natalia López
Propiedades de la imagen:
Dimensiones: 3648 x 2736 píxeles
Tamaño: 2,00 MB
Resolución horizontal: 72 ppp
Resolución vertical: 72 ppp
Profunfidad en bits: 24
Número de cuadrados: 1
Propiedades de la cámara:
Flash utilizado: No
Longitud focal: 5 mm
Abertura relativa: F/3,5
Tiempo de exposición 1/58 seg.
Modo de medición: Trama
Compensación de exposición: 0
Descripción: 8:30 AM. Este es el monedero de una Ermita 1. La Ermita 1 está parqueada en el control de buses de Makro de Valle de Lili. Natalia decide abordar la Ermita 1. A Natalia le dice el conductor que está prohibido subirse allí a tomar fotos. Estratégicamente ella utiliza el discurso de que “éste es un trabajo para la universidad”. El conductor la deja pasar por la puerta del acompañante. Su discurso académico sirvió. En pocos segundos Natalia está en el interior de la Ermita 1 con su cámara en mano. Natalia comienza a disparar con su cámara. Capta en cuestión de segundos lo que desea mostrar allí adentro por medio de imágenes. El monedero. Volvamos al monedero ubicado al lado derecho del timón del bus. Atrás de éste se encuentran varios billetes de $1.000 organizados. Pocas veces vemos que el dinero está tan bien arreglado cuando abordamos un bus. Resulta que, en este caso el conductor se había tomado la molestia de organizar sus billetes y dejarlos listos para cuando comenzara el recorrido. Este dinero va a ser utilizado para los “vueltos”, para darle cambio a quienes no paguen la suma exacta de $1.600 al conductor cuando se suban al bus. La plata aquí se maneja de esta manera. El dinero es visible, la transacción se lleva a cabo mano a mano con el conductor. Puedes pedir que te lleven en $1.000 o hasta en $500. Esas son algunas de las ventajas de subirse a un bus como éste. Aquí cabe la posibilidad de negociar, de pedir el favor, de mostrar que sólo se tiene lo que se lleva en la mano (así no sea cierto). El conductor decide. A veces te hace bajar y otras veces te deja subir. El dinero lo maneja él. Las ganancias serán para él o por defecto para el dueño de su bus o buseta. Lo importante es que generalmente esta persona está en la capacidad de decidir. Monedas y billetes son los objetos que se intercambian de mano a mano. Este es el juego de la transacción física y concreta del dinero. No hay ninguna tarjeta o ticket que ocupe su lugar todavía en este espacio particular.
domingo, 24 de febrero de 2013
Los buses de Cali
Fecha de creación: Feb 7 2012
Fotógrafo(a): Natalia López
Propiedades de la imagen:
Dimensiones: 3648 x 2736 píxeles
Tamaño: 2,06 MB
Resolución horizontal: 72 ppp
Resolución vertical: 72 ppp
Profunfidad en bits: 24
Número de cuadrados: 1
Propiedades de la cámara:
Flash utilizado: No
Longitud focal: 6,8 mm
Abertura relativa: F/3,7
Tiempo de exposición 1/80 seg.
Modo de medición: Trama
Compensación de exposición: 0
Descripción: Los buses de Cali. No los llamaré de otra forma. Ellos van a ser mi objeto de investigación en esta ocasión. No me refiero a los buses del MIO, ni a sus expresos o alimentadores. Me refiero a esa Ermita, a esa Coomoepal o ese Papagayo que como buenos o malos caleños los hemos visto y/o utilizado en el navegar de nuestras vidas. Esos buses que ya no son tan numerosos, esos buses que lo dejan a uno oliendo todo el día a “exosto” porque arrancan apenas el piecito toca pavimento, y no dan tiempo ni de respirar otra cosa que no sea el delicioso gas de ese bien llamado “tubo de escape”.
La foto que pueden observar es de Natalia López. La hora en que fue tomada: 9:35AM. Se sube a un “Papagayo 7”, con el afán de llevar a cabo un proyecto. Digamos que en ese momento estaba interesada en eso que ahora a mí me interesa, en otras palabras: estaba subida en un “Papagayo 7” a las 9:35AM porque deseaba indagar sobre las dinámicas espaciales que toman lugar en los buses urbanos-tradicionales- de la ciudad de Cali. Su herramienta la cámara y la mirada de quien sabe lo que mira y desde dónde lo mira.
Aquí se enfoca en algo muy específico: el campo espacial donde el conductor desarrolla sus funciones principales. Diría que el manejar el bus y cobrarle a sus pasajeros podrían ser denominadas sus labores principales. Y es entonces como añadiría que el asiento, el timón, la palanca de cambios, los pedales y la caja monedera se convierten en los objetos que le permiten desarrollar ese accionar tan específico, esa labor tan particular que es la de llevarnos de un lado a otro por la valiosa suma de $1.600 pesos (sí, subió 100 pesos para aquellos afortunados dueños de automóviles que no se suben a estas cautivadoras piezas de transporte colectivo).
Finalmente, no puedo dejar pasar algo. La bola de billar. La bola roja que viene acoplada a la palanca de cambios. Ese objeto tan personalizado y característico de este tipo de espacialidades. La bola de billar encaja en este espacio y no en otro como el del MIO. La bola de billar desde mi perspectiva, es un ejemplo de una oportunidad, una manera, un modo en el que las subjetividades y las prácticas de estos conductores tienen lugar en una espacialidad particular: la del bus.












